Debo hablar de una cosa que he omitido hasta aquí, para dedicarle un
capítulo aparte, pues es de gran importancia en la vida de la mujer.
Esta es la tolerancia, que algunos confunden con la indulgencia, y que
es, en efecto, muy semejante á esta plácida y encantadora virtud.
No es tan bella, sin embargo; pero es en cierto modo más útil y más
necesaria.
La tolerancia tiene límites más estrechos que la indulgencia, y rara
vez degenera, como ésta, en una perjudicial debilidad.
La falta de tolerancia absoluta puede traer graves disgustos, y áun
grandes desastres; una mujer que se queja á su marido de la falta de
respeto de otro hombre, le expone á un lance desagradable siempre;
terrible muchas veces.
¡Cuántos sinsabores evita en situaciones semejantes un poco de
tolerancia!