¡La casa! ¡El hogar!
¿Dónde se descansa mejor, dónde se halla mayor satisfaccion y un
bienestar más dulce?
Id á las fiestas más espléndidas del mundo, y será raro el que no
volvais á vuestra casa con el cuerpo y el espíritu igualmente
fatigados; pero en la dulce tranquilidad de vuestra casa, jamas
estaréis solos: los muebles, los libros, el piano, el periódico que os
trae las más lindas novedades de la moda, el pajarito que canta en su
jaula, el ramo que os da su perfume, todos estos objetos os parecen, y
con razon, otros tantos amigos que os sonrien y os aman: allí no hay
decepciones, allí no hay envidia ni maledicencia; allí todo es paz,
calma, armonía y reposo; allí, desde la sagrada imágen que escucha
vuestros ruegos, hasta las macetas de vuestro balcon, todo os es
querido, como queremos cuanto vive de nuestros cuidados.
La mujer que no se halla bien _en su casa_, será en vano que busque la
dicha en el ruido y las fiestas; porque en el mundo y entre su más
espléndido bullicio, el alma huérfana está tan aislada como en las más
vastas soledades, como en los más espantosos desiertos.