I.

¡Dulce palabra, que consuela de todas las penas! ¡Oásis de la vida,

retiro santo de la mujer, albergue grato del hombre! ¡Cuánto debemos

estimarte todos los que sabemos lo que es amar y sentir!

_¡Mi casa!_ El que tiene siquiera con el pan diario, debe contar como

la primera, como la más suave y grata de todas las felicidades, el

poder pronunciar estas palabras.

La casa debe ser el santuario de la mujer y el sitio donde debe

hallarse mejor que en otro alguno; y sin embargo, vemos mujeres que

pasan su vida de fiesta en fiesta y que apénas entran en su hogar más

que para comer y dormir.

Yo las compadezco profundamente, y siempre que las veo recuerdo una

triste historia que voy á referir á mis lectoras.

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 199 / 399 题