Una ilustre escritora de nuestros dias ha dicho, «que la amistad es una
necesidad del corazon y que el amor es un lujo del mismo.»
Me parece esto muy cierto, y áun creo que deberia añadirse á tan bella
frase, «que la amistad es un beneficio para el alma.»
Un hombre nunca confesará á la mujer á quien ama que está pobre ó
exhausto de recursos; pero se lo dirá á su amigo.
La amistad es un comunismo de penas y de placeres, de dicha y de
llanto, al que nada se puede comparar, cuando está basado en profunda y
verdadera estimacion; pero esto lo encuentran pocos hombres, áun ménos
mujeres, y no se puede tampoco conseguir sin poner mucho de tolerancia
y generosidad, pues no hemos de exigirlo todo sin dar nada.
Se ha notado mil veces que la amistad más acendrada ha nacido de los
más extraños contrastes; y todos los dias estamos viendo amigos unidos
por el más tierno afecto, que son muy diferentes en caractéres y
costumbres.
Pero en nuestro sexo, entre las mujeres, la amistad es muy difícil, y
casi pudiera decirse que es imposible; porque la emulacion quebranta el
afecto apénas éste ha nacido, ó la irreflexion hace ofrecer un cariño
que en breve se conoce que es imposible dar, ya por incompatibilidad de
caractéres, ya por convencernos de que las bellas prendas que
suponiamos no existian más que en nuestra imaginacion entusiasta.
Es, pues, mil veces preferible á sufrir un desengaño el reflexionar
ántes de ofrecer nuestra amistad y estar seguras de que la persona que
á primera vista nos parece simpática, es--á lo ménos por las cualidades
del corazon--digna de ella; porque no hay nada más ridículo que esos
lazos, tan pronto formados como llegados á su más íntima estrechez y
que se rompen en breve, con un estrépito que hace formar mala idea del
carácter y del corazon de la mujer.