IV.

Nada hay más grande, más sublime, más poderoso que Dios: y sin embargo,

él nos ha mandado llamarle de _tú_ en las oraciones que ha hecho con

sus ángeles y que por boca de éstos y de sus apóstoles nos ha

trasmitido para implorarle y darle gracias: _Padre nuestro que estás en

los cielos_, dice el cristiano cada dia: _llena eres de gracia_,

pronuncia al saludar á María con el ángel; entre Dios y sus hijos no se

conoce el _usted_, y sería una burla sacrílega é impía emplearle con el

Criador y su divina y amantísima Madre.

¡Padres, que sois la imágen del Criador en la tierra! ¡Madres, que

habeis recibido de la Madre comun de nuestro sexo el ejemplo de la más

santa y heroica ternura! Si sois buenos é irrepensibles, no necesitais

de nada más para inspirarles respeto, porque la tierna niñez, la pura

adolescencia, aman la virtud y respetan la dignidad: mas si por

desgracia se encuentra entre ellos alguno cuya índole indómita necesita

de rigor, usadlo á su tiempo, seguros de que, si es oportuno, os

considerarán siempre como sus mejores amigos, y revestidos ademas por

Dios de un poder semejante al suyo, que os permite castigarles y

premiarles en este mundo; que vuestro amor vaya acompañado de dignidad,

y que hallen siempre vuestro seno preparado á recibir su cabeza

culpable, y vuestra mano armada del castigo que ha de rehabilitarles;

de este modo oiréis siempre en torno vuestro estas dulces y

consoladoras palabras, que tanto bien hacen al corazon, que son la

única ventura positiva de la tierra:

--¡Padre mio! ¡Madre mia! ¡Qué buenos sois! ¡Yo os amo más que á todas

las cosas del mundo!

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 187 / 399 题