II.

Si el mundo llamase á la religion y á la fe; si no desdeñase la

benéfica influencia con que constantemente éstas le brindan, la

esperanza haria fecundos á tantos genios como se agostan con el soplo

amargo del escepticismo: habria más gloria, poder y felicidad; no

abortarian tantas empresas, grandes en su concepcion, porque no serian

mezquinas en sus medios, y Dios no dejaria caer su mano airada sobre

nuestras cabezas.

La esperanza es la que guía todos nuestros pasos en el sendero del

bien; la madre sufre todos sus dolores, todas sus penas, no por el

egoismo que encierra la idea de que sus hijos le paguen en la

ancianidad cuanto por ellos sufrió, sino alentada por la _esperanza_

generosa de contemplarlos un dia fuertes, virtuosos y felices.

El soldado arrostra los peligros del combate, porque la _esperanza_ le

enseña á lo léjos una corona de inmortal laurel.

El marino reza en la tempestad á la Reina del cielo, porque tiene su

_esperanza_ cifrada en tan cariñosa y compasiva señora.

Á mí me conoce y ama como una amiga.

La tengo sentada frente á mí, en mi mesa de escritorio.

La encuentro en el templo, apoyada junto al altar.

La veo en mis largos y solitarios paseos mecerse en las ramas de los

árboles.

La oigo en la campiña cantar con los pájaros.

Á su risa brotan en Mayo las flores de mis balcones.

Á su arrullo me duermo.

Á su dulce llamamiento me despierto.

Ella cortó hoy mi pobre pluma para escribir estas líneas.

Ella hace veloces y alegres las horas de mi trabajo.

Ella, en fin, es mi mejor amiga.

Los pesares del corazon, los sinsabores del alma, los amaños de la

sociedad, las intrigas del poder, las injusticias de los hombres, los

desengaños del mundo, las decepciones más amargas, los dolores más

hondos, todo lo alivia la blanda sonrisa de la esperanza.

El desgraciado sufre sus dolores con paciencia, porque la _esperanza_

le promete el alivio de ellos en la tierra, ó el precio de su

resignacion en un mundo mejor.

El mártir soporta heroicamente sus tormentos, porque _espera_ el cielo

que la fe le descubre.

El poeta pasa sus breves dias con la cabeza abrasada, sus noches sin

sueño, y sus amargos desengaños, _esperando_ conquistarse un glorioso

renombre, que le compense de todas sus fatigas.

Mas ¡ay! todas estas esperanzas se convierten en vanas ilusiones, si la

religion y la fe no las sostienen.

Oid á Alfonso de Lamartine en sus _Meditaciones_, en ese libro,

consuelo de los corazones heridos, encanto de las almas tiernas y

bálsamo de la amargura del desengaño: oidle, y si yo no os inspiro gran

fe al rogaros que _espereis_, tenedla al ménos en el gran poeta, cuya

inteligencia parece haber sido iluminada por el mismo Dios.

«Alúmbrate con la antorcha de la esperanza hasta en las sombras mismas

de tu muerte, seguro de que la Providencia no tiende lazo alguno á tus

pasos; cada aurora la justifica; el universo entero se fia de ella;

sólo al hombre ha ofrecido dudas; pero su venganza paternal confundirá

la duda infiel en el abismo de su bondad.»

Sí; no hay duda que la bondad suprema no confunda en el abismo de su

misericordia sin límites. No hay vacilacion en un alma pura, que no sea

sostenida por la fe é iluminada por la esperanza.

¡Amantes y virtuosas madres! ¡Vosotras, que sois los únicos seres para

quienes mi voz puede tener algun poder, enseñad á vuestros hijos, desde

el momento en que su inteligencia pueda comprenderos, á _creer_, á

_esperar_ y _amar_!

Hacedles ver que toda la ciencia de los mortales debe circunscribirse á

este círculo, tan estrecho pero tan fácil, y que únicamente la fe y la

esperanza pueden labrar su dicha en esta vida, y conquistar el reino

eterno que Dios nos tiene prometido.

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 182 / 399 题