La esperanza es hermana de la fe.
Quien no abriga la fe en su corazon, no puede ser consolado por la
esperanza.
Nada son, nada valen, ni para nada sirven las esperanzas que hace
brotar la ambicion.
La esperanza, si no va sostenida por su madre la Religion y por su
hermana la fe, es tan débil que muere al nacer.
Las ilusiones toman con frecuencia el manto de la esperanza; le dividen
en pedazos, se cubren con ellos y van á visitar las cabezas enfermizas
y los corazones estragados de los mortales.
Éstos las confunden con la esperanza; las acogen con amor, las
acarician, las abrigan, y las pérfidas, despues de haber saciado su sed
en la savia de su cerebro, huyen riéndose descompasadamente, y dejando
las más espantosas tinieblas en el espíritu débil que las acogió.
--¿Por qué la esperanza se deja robar y desgarrar su hermoso manto? me
preguntaréis acaso.
Y yo os contestaré:
--La esperanza deja sonriendo que las ilusiones se apoderen de él, y al
mirarlas volar sobre la tierra, exclama satisfecha:
--Corto será vuestro reinado: el mio es más hermoso y duradero, pues
cuando abandonais á los míseros mortales desengañados y abatidos, á mí
toca volar á reanimarlos y á prestarles consuelo. Vuestra mision es
herir, la mia curar las heridas que haceis.
Y en efecto, vedla al lado de todos los dolores de la vida.
Vedla sentada junto al que llora, reclinada en el lecho del moribundo.
Vedla velar las tumbas de los muertos.
Vedla, en fin, hasta en el cadalso, mostrando el cielo con su blanca
mano al delincuente que espira arrepentido.