IV.

La verdadera gracia, la gentil coquetería, la distincion en los modales

son inseparables de la modestia, y por lo tanto, la mujer más

destituida de atractivos personales puede ser encantadora si es modesta.

Pocas, muy pocas nacen completamente hermosas, y así la mujer debe

buscar todo aquello que realza sus gracias personales; porque esto,

léjos de ser una falta, es un homenaje á la Providencia, puesto que se

manifiesta estimacion hácia las ventajas y los dones que nos ha

concedido.

La exageracion en el traje y en el peinado casi nunca sienta bien, sea

cualquiera la figura y facciones de la que la use.

La modestia impide que llamemos la atencion, y por eso evita casi

siempre el ridículo.

El buen gusto no es el uso de los adornos pomposos, de los colores

fuertes, de las formas extraordinarias en los vestidos; por el

contrario, en el tocado y adorno de una mujer de buen gusto preside

casi siempre una gran sencillez, y la sencillez es uno de los preceptos

de la modestia.

Ademas, la modestia no sólo se acomoda á todas las fortunas, sino que

embellece las posiciones más medianas.

El lujo de los pobres es la limpieza, como dijo el malogrado Sué.

Si á una limpieza exquisita se reune el buen gusto y esa coquetería

propia del hogar doméstico y necesaria en la mujer, ésta se hará

admirar en todas partes.

Vosotras, madres respetables, que por la medianía ó escasez de vuestra

fortuna sufrís tanto con las privaciones de vuestras hijas; vosotras

que, al contemplar con orgullo su belleza, llorais de sentimiento por

no poder adornarla segun vuestro deseo; creedme, si son modestas y

virtuosas, vuestras hijas alcanzarán más simpatías con su sencillez que

las opulentas damas que carecen de esta amable cualidad.

El mundo, es verdad, rinde vasallaje á la opulencia, pero sólo rinde

culto á la virtud; aplaude los talentos brillantes, el fausto, todo

aquello, en fin, que deslumbra; pero al mismo tiempo trata de empañar

esos talentos con los tiros de la envidia.

Únicamente ama y estima verdaderamente á la modestia, porque la

modestia es la base de muchas virtudes; y semejante á una perfumada

diadema que adorna una cabeza herida, recrea con su celestial aroma á

la sociedad, encubriendo los defectos de quien la posee.

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 171 / 399 题