La verdadera gracia, la gentil coquetería, la distincion en los modales
son inseparables de la modestia, y por lo tanto, la mujer más
destituida de atractivos personales puede ser encantadora si es modesta.
Pocas, muy pocas nacen completamente hermosas, y así la mujer debe
buscar todo aquello que realza sus gracias personales; porque esto,
léjos de ser una falta, es un homenaje á la Providencia, puesto que se
manifiesta estimacion hácia las ventajas y los dones que nos ha
concedido.
La exageracion en el traje y en el peinado casi nunca sienta bien, sea
cualquiera la figura y facciones de la que la use.
La modestia impide que llamemos la atencion, y por eso evita casi
siempre el ridículo.
El buen gusto no es el uso de los adornos pomposos, de los colores
fuertes, de las formas extraordinarias en los vestidos; por el
contrario, en el tocado y adorno de una mujer de buen gusto preside
casi siempre una gran sencillez, y la sencillez es uno de los preceptos
de la modestia.
Ademas, la modestia no sólo se acomoda á todas las fortunas, sino que
embellece las posiciones más medianas.
El lujo de los pobres es la limpieza, como dijo el malogrado Sué.
Si á una limpieza exquisita se reune el buen gusto y esa coquetería
propia del hogar doméstico y necesaria en la mujer, ésta se hará
admirar en todas partes.
Vosotras, madres respetables, que por la medianía ó escasez de vuestra
fortuna sufrís tanto con las privaciones de vuestras hijas; vosotras
que, al contemplar con orgullo su belleza, llorais de sentimiento por
no poder adornarla segun vuestro deseo; creedme, si son modestas y
virtuosas, vuestras hijas alcanzarán más simpatías con su sencillez que
las opulentas damas que carecen de esta amable cualidad.
El mundo, es verdad, rinde vasallaje á la opulencia, pero sólo rinde
culto á la virtud; aplaude los talentos brillantes, el fausto, todo
aquello, en fin, que deslumbra; pero al mismo tiempo trata de empañar
esos talentos con los tiros de la envidia.
Únicamente ama y estima verdaderamente á la modestia, porque la
modestia es la base de muchas virtudes; y semejante á una perfumada
diadema que adorna una cabeza herida, recrea con su celestial aroma á
la sociedad, encubriendo los defectos de quien la posee.