Hay imágenes que se graban en el alma y van formando una historia
secreta é ignorada de todos, aparte de la triste historia de la vida.
Hablo de los recuerdos; de los recuerdos que nos acompañan y nos
consuelan en las rudas pruebas por que atravesamos y nos hacen
llevaderos los dolores presentes, trasladándonos con el pensamiento á
otras épocas más dichosas.
El presente es muchas veces doloroso. El porvenir, oscuro.
Sólo en el pasado es donde se puede encontrar un pedazo de cielo azul
para dejar errar la fantasía, como ave triste y enferma que ha quemado
sus alas al atravesarlos desiertos de la vida.
¿Por qué esto?
¡Ay! porque la doliente humanidad cree siempre más dichoso el dia que
pasó que el que espera; porque, como dice Chateaubriand, _¡en la
sociedad, cada hora abre una tumba, y hace verter una lágrima!_
La esperanza, esa deidad consoladora que, envuelta en diáfanos velos,
sonrie á los niños en la cuna y acaricia al hombre, se deja ver pocas
veces en torno de la mujer; flota á lo léjos como la sombra de un
sueño, y como sombra se desvanece cuando va á asirla su débil mano.
Para la mujer es más grato, más dulce, más consolador el recuerdo.
El recuerdo queda en su corazon.
La esperanza no hace más que vagar ante sus ojos.