IV.

Hay otra tercera clase de personas á las que se les figura que les

falta todo, á causa de una modestia que ya llega á ser como una

dolencia del ánimo.

Esta clase es tambien desgraciada, y quizá más que ninguna, porque

cuando falta la completa estimacion de sí mismo no hay valor para nada,

y el alma está en una angustia contínua.

No hay nada que me cause más lástima que el ver á una persona dominada

por una timidez excesiva; porque hay muy pocos sufrimientos morales que

se puedan comparar á éste.

La vanidad es á la vez osada y feliz; el descontento de la vida es

altivo y algunas veces amargo; pero la excesiva modestia, el pobre

concepto de sí mismo, es un mal gravísimo y de difícil curacion.

_¡Yo no valgo nada!_

Este pensamiento es terrible, amargo, desconsolador, y poco á poco va

empequeñeciendo el ánimo y amenguando insensiblemente el valor moral é

intelectual de quien le abriga.

Todos valemos algo; todos somos útiles en la tierra; todos llevamos en

el alma el grano de oro, la centella divina que, en un momento dado,

puede enriquecer y alumbrar, y todos debemos estimarnos para que nos

estimen, porque la primera condicion de la dignidad es el conocimiento

de la propia valía.

Apelemos, pues, á la razon para hallar el justo medio, que está tan

léjos de la excesiva vanidad como del extremo descontento, y tengamos

equidad para los demas, á la vez que la tenemos para nosotros mismos.

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 145 / 399 题