III.

Hay una cosa, sin embargo, que preserva del dolor de carecer de los

bienes que envidiamos en otros, y que evita el desaliento.

La vanidad.

Las personas muy vanas creen lo que poseen perfecto, seductor,

inmejorable.

He visto hombres muy graves, hombres de mundo, hombres serios, atacados

de esa feliz dolencia hasta un punto increible, y digo feliz, porque el

modo de ver las cosas los que tal defecto tenian, era para ellos un

elemento de constante y completa dicha.

¿Se habla delante de esas gentes de la distribucion de la casa que cada

uno habita?

Ninguno la tiene mejor que la suya.

¿Se habla de caballos?

Los suyos son de la más pura raza.

¿De un buen sastre?

El suyo tiene un nombre glorioso en los anales de la aguja.

¿De perros?

Ellos los poseen de castas desconocidas.

¿De la belleza de alguna mujer?

Su esposa ó su prometida llaman la atencion general cuando se presentan

en público.

¿De buena mesa?

Su cocinero tiene que ir á casa de sus amigos, cuando tienen

convidados, para hacer alguno de esos platos de que él solo posee el

secreto.

¡Oh dicha de la vanidad! ¡quién pudiera disfrutarte!

Estas personas son muy felices, pero son, en cambio, sumamente molestas.

Prefiero tratar con un pobre sér agobiado por un descontento incurable;

prefiero tener á mi lado á un misántropo, á tener que soportar la necia

vanidad de un tonto, cansada para el dichoso, ultrajante para el

triste, antipática á todos.

Las personas vanidosas son las que ménos simpatías tienen: porque no se

contentan sólo con la competencia; quieren sobresalir en todo y por

todo, quieren siempre ocupar el primer lugar, y no comprenden que están

ofendiendo siempre á cuantos hablan con ellos.

Personas he visto que estando fatigadas, no sólo por penas morales,

sino por privaciones materiales, han tenido el empeño de hacer creer á

todos en su felicidad y en su riqueza, y no por dignidad, que esto

hubiera merecido alabanza, sino por vanidad, por necio deseo de

inspirar envidia á otros que padecian las mismas ó más crueles penas

que ellos.

¡Triste aberracion, que sólo les traia antipatías y enemistades de las

personas á quienes herian y humillaban!

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 144 / 399 题