Ningun sér que ama á otro sér apasionadamente es completamente digno de
compasion, porque no es completamente desgraciado.
Un afecto profundo ocupa la mayor parte de la vida, y á veces la llena
toda.
Es verdad que muchas veces este amor es pagado con ingratitud, y que
estas pasiones suelen tener su calvario y su cruz; pero hay en el amor
una exaltacion que hace preferir el martirio por la persona querida, á
la más completa felicidad sin ella.
El primero de los amores, el más grande, el más puro, el que da al
corazon una felicidad más perfecta, es el divino: el amor á Dios,
supremo consolador de todos los males, padre tierno y previsor, que
jamas nos abandona; ese amor llena, no sólo la vida, sino tambien el
alma, de la dicha más completa y más dulce.
Despues del amor divino hay algun amor mundano, que á fuerza de ser
grande llega hasta el heroismo, y que aunque contravenga algunas veces
á las leyes del deber, se hace perdonar, ó disculpar al ménos, por ser
inmenso.
Hay tambien quien ama á sus padres con la mayor ternura: y del amor á
los hijos creo inútil hablar, porque hay muy pocas mujeres que no sean
capaces de sacrificar á su amor maternal hasta su propia vida.
En la amistad se han visto tambien ejemplos admirables de grandeza y
abnegacion, y dos damas holandesas, las fundadoras de la novela en su
país, vivieron unidas desde su juventud más tierna por los lazos de una
amistad tan sólida, que han pasado á ser citadas como ejemplo hasta
nuestros dias.
Todo esto es posible, y lo vemos cada dia; todas estas variantes del
amor se admiran, se comprenden y las alabamos con razon; pero hay otra
clase de amor que no es noble, ni grande, ni disculpable siquiera, y de
este amor voy á tratar en el párrafo siguiente.