La verdadera cortesía nace de la bondad del corazon y es la llave que
nos abre todos los corazones; es la expresion ó la imitacion de las
virtudes sociales; y estas virtudes son las que nos hacen útiles y
agradables á las personas con quienes tenemos que vivir.
En sociedad se perdona rara vez una falta de cortesía, porque no hay
otro modo de demostrarse afecto y benevolencia que las mutuas
atenciones, triviales en la apariencia, pero que muchas veces nos
conquistan afectos profundos y sinceros.
Una visita de atencion, el sencillo y cordial ofrecimiento de un libro,
de un grabado de modas ó de una pieza de música, un simple recado que
manifieste interes, nos abren á veces un corazon bueno y leal, cuyo
cariño es eterno.
Verdad es que la cortesía impone algunas molestias; pero es como un
freno saludable que nos impide entregarnos á nuestras pequeñas
pasiones; es decir, es como un velo delicado con el cual podemos cubrir
nuestros defectos, impidiéndoles salir á la luz y mostrar toda su
fealdad.
La amabilidad, la cortesía son como precisas en la edad juvenil, en esa
edad en que el corazon, sin penas aún y sin sacudimientos, debe estar
todo dispuesto á la dulzura y á la indulgencia.
Nada es más bello y nada hace formar mejor y más noble idea del
carácter de una jóven que la deferencia y las atenciones que consagra á
los amigos de sus padres; algunas veces estos amigos son ancianos, y su
trato, por consecuencia, es poco entretenido, porque adolecen de mil
rarezas; pero los padres acogen, no sólo con benevolencia, sino con
cariño á las jóvenes amigas de sus hijas; sonrien con tierna
indulgencia oyendo sus conversaciones superficiales y sus juegos
ruidosos, y encuentran en sí mismos algun destello de alegría que
mezclar á la de aquéllas, no porque ellos se diviertan, sino porque las
ven dichosas.
Una jóven no debe consentir jamas que la antigua amiga de su madre
ocupe un asiento incómodo, teniendo ella otro mejor; debe escuchar
cuanto diga con aspecto de verdadero interes, y ceder en todo á la
opinion de las personas mayores que han adquirido la triste ventaja de
la experiencia.