I.

Empezaré copiando un bello y elocuente párrafo del ilustre escritor

frances Mr. Jules Janin, que servirá como de tema y sumario á las

desaliñadas líneas de este pobre artículo.

Vosotras,--dice á las damas parisienses,--pagais muy caro el ir á ver

tragedias llenas de exageraciones, ejecutadas en verso, por buenos ó

malos actores: el dinero que gastais sin placer, por lo que llamais

vuestros placeres, deberiais llevarlo allá arriba, cerca del cielo,

bajo los techos donde el estío es abrasador, y donde en el invierno se

tiembla de frio; en esas alturas dolorosas, ¡Dios sólo sabe cuántos

dramas crueles podriais encontrar! ¡Dios sabe si enjugariais lágrimas

verdaderas! En esos sitios, visitados por vosotras, os sentiriais

bendecidas, amadas y alabadas; desde el fondo de los corazones

conmovidos, las lágrimas que vertierais serian muy dulces.

«¿Por qué vais, pues, á vuestras fiestas, á vuestros espectáculos, á

vuestras exposiciones, á vuestras matanzas? Allí verteis lágrimas

estériles, sobre buhardillas de tela pintada y compadeciendo el corazon

desgarrado de una mujer, que despues cenará perfecta y alegremente:

allí la orquesta es la que agita vuestros nervios, y las ficciones las

que exaltan vuestra imaginacion. Id á buscar las desgracias verdaderas;

y por la noche, en lugar de soñar con tiranos de melodramas, armados de

puñales y de copas llenas de veneno, soñaréis con las desgracias que

habeis socorrido; veréis á la madre de familia cuyo hijo habeis

salvado, y oiréis las bendiciones del anciano. ¡Hé aquí los dramas que

traen paz al alma, y á la noche sueños dulces, y consoladores!»

Este predicador mundano y elegante ha encontrado, observando lo que

pasa en derredor suyo, los acentos puros y nobles de la verdad, y nada

mejor podemos hacer las mujeres que seguir su consejo.

No es la desgracia que se ostenta la más digna de compasion y de

lástima: es la que se oculta; la que se avergüenza de sí misma: es la

que vive bajo las apariencias de la decencia, la que está valerosamente

combatida por la dignidad.

¡Cuántas y cuán diversas fases tiene la desgracia! Desde la escasez,

donde empieza la pobreza, hasta la miseria que es su último grado, la

desgracia se presenta á nuestros ojos mil veces al dia, pasa al lado

nuestro, nos implora, y nos tiende la mano á cada instante, sin que nos

apercibamos ó queramos apercibirnos de su presencia.

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 104 / 399 题