¡Pequeñas, bellas y delicadas virtudes! ¡Perlitas puras de la cadena de
la vida, hecha de tanto hierro! ¡Yo os amo, os venero y os llamo en
auxilio mio á todas horas! ¡Os necesito, porque adoro vuestra belleza!
¡Abridme vosotras los corazones y conquistadme afectos! ¡Sed mis
protectoras, y que vuestro dulce y santo perfume anuncie mi presencia!
Amables y lindas jóvenes que leeis estas líneas, mejor sentidas por mi
corazon que trazadas por mi mano: la virtud que resulta de todas estas
pequeñas virtudes reunidas, es tambien una gran virtud, como es bello y
admirable un mosaico compuesto de partículas diminutas y delicadas;
pero esta gran virtud que poseeréis practicando las pequeñas, no es
fea, sino bella, adorable, llena de poesía y de gracia: esta gran
virtud os exige el ser agradables, bonitas, elegantes, afables y
dulces: os ordena cultivar vuestro talento y vuestras gracias, y es la
sola verdaderamente grande y digna de ser ofrecida al Dios, todo amor,
todo grandeza, bondad y misericordia.