--¡Parece, continué yo riéndome de la horrible cara que me puso, parece
que sólo se ofrece á Dios lo que el mundo ya no quiere, lo peor y lo
más feo! ¡Todas las mujeres excesivamente devotas son solteronas viejas
ó que se han vuelto muy feas, y á mí me parecen criadas del diablo!
Jesus es muy hermoso: su madre es hermosísima, y se deben disgustar de
los santurrones de ambos sexos. Y luégo, yo sé, porque lo dice la
Historia Sagrada, que Abel elegia para el altar del Señor sus más
bellos y sazonados frutos, sus más frescas y perfumadas flores: estos
dones los consumia la llama divina, y los de Caín quedaban intactos,
porque llevaba al altar lo peor que tenía. ¡Luégo esta señora se parece
á Caín, pues no se dedicó al Señor cuando era jóven y bonita, sino
ahora que ya no es lo uno ni lo otro!
Una carcajada acogió esta salida, más sincera que cortés, y más lógica
que agradable para la señora de gran virtud.