Los negocios domésticos, los deberes
sociales, los estudios, las facultades
del espíritu y del corazon, ofrezcamos
todo esto á Dios: mi querida
señora, sed amable para él, humilde
y paciente por él, y tendréis un
tesoro de horas afortunadas; no de
horas sin pesares, pero sí dichosas,
porque estarán en armonía con vuestra
conciencia y con el divino modelo;
allí está el mérito; allí está la
paz; allí está la caridad; allí está la
fuerza.