La reputacion de bufo está hoy á la moda, y, sin embargo, me parece la
ménos envidiable de las reputaciones.
Me gusta la seriedad en los hombres, y más áun en las mujeres.
No obstante, á mi juicio, el carácter de la seriedad en ambos sexos
debe ser muy diferente. La seriedad varonil debe ser grave; la femenil,
dulce.
La seriedad en la mujer, significa y debe llamarse _dignidad_; en el
hombre es simplemente _seriedad_.
Repito que no me gustan los hombres chistosos: por lucir una gracia,
por hacer alarde de ingenio, sacrificarán á su hermano, á su mejor
amigo.
El chiste es siempre resbaladizo y peligroso; muchas veces es cruel:
nada respeta, á todo se atreve, y por lo mismo prueba poca altura de
sentimientos.
Pascal lo ha dicho: _palabras chistosas, mala alma_; y ésta es una de
las verdades terribles del gran pensador.
Pero si el chiste es desagradable y antipático cuando lo usa un hombre,
no sabria expresar lo odioso que me parece en una mujer.
La prefiero sentimental, romántica; prefiero uno de esos figurines
atrasados, del tiempo de los poetas melenudos y llorones; una de esas
mujeres que se rodeaban el rostro de tirabuzones (propiamente dicho) y
bebian vinagre para palidecer.
Á lo ménos aquéllas lo amaban todo, todo lo lloraban, todo lo
compadecian; y ésa es la mision de la mujer, ya sienta con mesura, ya
exagere la expresion de sus sentimientos.
El chiste lo materializa todo, y el tomar la vida por su lado material
es odioso tratándose de nuestro sexo. La mujer debe vivir sólo por el
sentimiento y para el sentimiento: una mujer chistosa es una triste
anomalía en su especie: más simpática es á mis ojos, como he dicho
ántes, la romántica, y más lo es tambien la marisabidilla, porque ésta
ama, como la otra, alguna cosa: ama el estudio y tiene la noble
ambicion de poseer talento; pero las mujeres chistosas se inmolan á lo
más prosaico, á lo más miserable de la tierra, sin mirar jamas al
cielo, patria del alma.