Áun la mujer que ha quedado libre por la muerte de un marido que valia
poco, queda más oprimida con su libertad que ántes se hallaba con su
esclavitud, porque en el mismo sufrimiento, llevado con resignacion,
hay siempre consuelo, como compensacion otorgada por el cielo al deber
cumplido; la vida sin deberes es una vida estéril, triste, más triste
que la que tiene rudas obligaciones que llenar.
Es preferible vivir en el dolor á vegetar sin emociones y sin afectos;
es preferible sufrir á no sentir nada.
Las palabras deber y sacrificio son incomprensibles para las almas
débiles y los espíritus viciados; mas para las organizaciones escogidas
y nobles están llenas de encanto, y en el cumplimiento del deber, en la
abnegacion del sacrificio, hallan sublimes compensaciones.
¡Ay de aquella que no tiene deberes que cumplir! ¡Más ganaria en
tenerlos muy rudos!
Sólo cuando la mujer ha llegado al invierno de la vida es cuando puede
considerarse un tanto libre á costa, sin embargo, de estar más aislada.
Con los cabellos blancos puede salir, recibir é ir á todas partes sola;
pero, ¡á cuán subido precio habrá comprado esa independencia!
--La vida acaba donde termina el amor--dice San Bernardo, y nunca como
en la vejez se ansía inspirar y sentir afecciones verdaderas y
legítimas.
Amemos los lazos que nos unen al deber, y no ambicionemos una libertad
de que no sabemos qué uso hacer cuando el alma conserva su santo pudor.