I.

No hace muchos dias que me hallaba yo por la noche en casa de una

señora, que tiene dos hijas encantadoras.

La mayor, llamada María, cuenta diez y seis años, y es perfectamente

bella, y ademas un ángel de bondad y de dulzura.

La segunda, nombrada Isabel, es mucho ménos bonita y su aspecto es

constantemente triste y desapacible.

La madre prefiere á la mayor, y, fuerza es confesarlo, hay muchas

personas que la prefieren tambien.

La noche de que voy hablando me fijé con más atencion que de costumbre

en la expresion del semblante de Isabel, y hallé en ella alguna cosa de

acre, de amargo y triste.

--¿Qué tiene? le pregunté á su madre, mostrándola á la pálida niña, que

muda é inmóvil permanecia en un rincon.

--Tiene celos de su hermana mayor, me respondió.

--¡Celos! repetí, eso no puede ser; los celos son hijos del amor; si

estas dos niñas tuvieran otra edad, y amáran al mismo hombre, podria

decirse que Isabel tenía celos de María. Así es imposible.

--¿Acaso los celos sólo pueden nacer del amor?

--Sólo: no habiendo amor no hay celos: lo que Isabel siente es envidia.

--¿No es la misma cosa?

--No, señora; en los celos hay cierta nobleza y cierta abnegacion; en

la envidia todo es pequeño y miserable; pero la envidia puede curarse,

y la curacion de los celos es muy difícil, si no imposible.

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 15 / 399 题