Estas 24 horas hemos tenido buen tiempo, con vientos del SSE al SE, à
las seis de la tarde vimos la tierra que estaba del N, cuarto del NO, 5
grados al E ó ESE, distancia de la mar cerca; cosa de una legua; la
tierra mas al O era punta de piedras. A las siete de la mañana vimos los
navios de la Ensenada de Barragan, y á las tres de la tarde dimos fondo
en los pozos en frente de esta ciudad de Buenos Aires, à poco mas de
tiro de fusil de la orilla del agua, en tres brazas y media.
El bergantin nombrado _San Martin_, (alias la tartana San Antonio),
volvió de segundo viage al puerto de San Julian, al descubrimiento de
aquella costa, y conducir sal para el abasto de esta ciudad de Buenos
Aires, de cuenta de su armador D. Domingo de Basabilbaso, vecino de
ella. Saliendo de este puerto el dia 7 de Octubre de 1753, llegó à su
destino el dia 17 de Noviembre de dicho año, à los 24 dias de su salida;
y habiendo hecho su carga de sal, à los 27 dias de haber salido de aquel
puerto, el dia 9 de Enero de 1754, entre diez y once de la noche
naufragó á distancia de dos millas, en frente de la fortaleza de esta
ciudad, en el viril del banco que esta à la entrada del parage que
llaman _los Pozos_, salvándose toda la gente, y ninguna parte de su
carga, equipages de la tripulacion, ni el casco, por haberle brevemente
cubierto las arenas; y no habiéndose libertado ningun diario de los
pilotos, declaran estos y la demas gente de su tripulacion, lo
siguiente:
Primeramente; que cuando llegaron á dicho puerto de San Julian, no
encontraron ninguno de los cuatro hombres que dejaron el viage
antecedente, ni tampoco sal alguna arrimada al puerto, como contrataron
cuando se quedaron; y que de las armas, bastimentos, canoa, carreta y
demas cosas que les dejaron, encontraron solo la carreta cerca del
puerto y la canoa barada y atravesada en tierra, con dos escopetas
dentro, y en la isla se hallaron cuatro sacos de maiz y uno de afrecho y
un marranito: y se discurre que dichos tres hombres se hubiesen ido
tierra adentro, llevando consigo las demas armas, municiones y
bastimentos, sin poderse hallar ningun vestigio.
A los siete dias de haber llegado à aquel puerto, andando ocho hombres
en solicitud de agua, encontraron à distancia de tres leguas varias
lagunas de agua dulce, que corria en abundancia, y en este tiempo se
hallaron con 150 indios à caballo, y pensando les pudiesen hacer daño
procuraron retirarse á su embarcacion. Estos los atajaron sin hacerles
daño alguno, antes sí muchas demostraciones de amigos, y los llevaron en
sus caballos hasta el puerto.
A pocos dias despues, en las expresadas lagunas hallaron mas de 1,400
indios è indias, con sus hijos, y les recibieron con la misma paz y
cariño que antecedentemente, y dicen son de grande estatura, tanto
hombres como mugeres, y que entre ellos habria como 600 hombres de
pelear, y tienen tres caciques, uno de ellos españolado: que tenian sus
tolderias de cueros de guanacos, de cuyas pieles hacen mantas para
taparse, y cojinillos para andar á caballo en recados ó albardones de
cuero de caballo; y las dichas mantas, y cojinillos teñidos de varios
colores muy alegres, y otros de pinturas mas ordinarios. Tienen
bastantes caballos, fuertes y buenos, y gastan frenos de palo, y tal
cual indio con espuelas grandes de fierro à la moda de las que gastan en
el reino de Chile. La situacion de las tolderias estaba á dos ó tres
leguas del puerto, entre unos cerros grandes, en una hoyada ò valle,
donde tenian agua llovediza en unos zanjones echos de la misma lluvia, ó
con su industria, y el agua era muy abundante y buena. No tenian otras
armas que bolas, y de los arcos de fierro de los barriles y pipas, que
quedaron el viage antecedente, habian hecho cuchillos y sables. La
ocupacion de los indios es todo lo mas del tiempo cazar todo género de
animales que hallaban, como son, huanacos, avestruces, quirquinchos y
otros, que es lo que abunda en aquel parage; y aunque hay muchos patos
de varias clases, gaviotas y otros pájaros, no los podian tomar, porque
sus armas no les ayudaban, y se admiraban mucho de ver que con la
escopeta, con que solian tirar algunos de la tripulacion, mataban tres ò
cuatro pájaros de un tiro. Lo que hacen es en bajamar tomar muchos
huevos de dichos patos y pájaros, de que hay mucha abundancia, y se los
comian crudos llevaban á sus tolderias.
Las indias tienen su ocupacion en levantarse por la mañana temprano, ir
á traer los caballos à sus tolderias y ensillarlos, para que los indios
vayan à cazar, dándoles primero su almuerzo de carne azada ó cocida de
aquellos animales, y entredia se ocupan en descarnar las pieles y
cocerlos con nervios de los mismos animales, con aleznas de espinas,
pintarlas y adornarlas para el uso de ellas, de los toldos, y para sobre
los caballos en que andan los indios: y tienen la precaucion de que la
caza que toman hoy les sirve para comer mañana, y así viven hasta que se
les apura la caza ò llega el tiempo de mudarse á otra parte.
Tanto indios como indias, comian bien, y aun con mejor gusto que su
bastimento, las miniestras y carne salada que diariamente se les daba
guizada en la embarcacion, à la cual venian algunas veces á comer lo que
se les daba, y ver la embarcacion que les admiraba mucho, y mas cuando
dispararon un cañon. Pero diariamente venian porcion de indios al
puerto, á donde se les llevaba de dichas miniestras y carne salada, y
ellos igualmente ofrecian à la gente si querian comer de aquellas sus
viandas, trayéndoles carnes de los animales que mataban. Solo uno de los
caciques con su gente se reconoció bebia vino y aguardiente cuando le
daban, pero los demas nó, pues con un solo vasito pequeño que se les
dió, se brindaban muchos unos á otros, mojando el dedo en el aguardiente
como quien toma agua bendita, lo tiraban para arriba y despues se
metian el dedo en la boca y se daban golpes en los pechos, que era la
demostracion que hacian.
Son aficionados con extremo à abalorios y cuentas, y todo género de
chucherias y cosa de ropas y lienzos, aunque sean pedacitos, y tambien
cascabeles y vasinicas; lo que se reconoció por lo que de todos los
dichos gèneros les dió el capitan, para cuyo fin los remitió dicho
armador: y en alguna manera les sirvieron de bastante, porque como
tienen tanta aficion á cosas de fierro, de las pipas de la aguada que
tenian en tierra deshicieron una para aprovecharse de sus arcos de
fierro, y habiéndoles regalado abalorios, cascabeles y de todas las
demas cosas que llevaron, suspendieron, pues sino, aunque estaban por
muy amigos, su mucha aficion les hubiera impedido á no deshacerlas
todas, como hubiera sucedido, sino les hubieran regalado con dichas
chucherias. No obstante tuvieron por bien devolverlas à bordo de la
embarcacion, y quedaron tan agradecidos de estos regalos, que desques se
ofrecieron à ayudarles á acarrear la sal al puerto, y ellos tambien
regalaban al capitan bastantes mantas y cojinillos pintados, y ofrecian
que darian mas si les daban de aquellos juguetes, y encargaron que á
otro viage, segun sus señas se comprendia que habian de volver por la
primavera, que es la estacion que se reconoce tienen elejida para vivir
en aquellos parages les trajesen muchos abalorios, cuentas, cascabeles,
medallas y otros miriñaques, espuelas y frenos de fierro, ofrecièndoles
que les darian muchas de aquellas pieles, piedras bezares, lana de
huanaco, aunque algunos dicen que era de vicuña: pero como todo naufragó
no se ha podido averiguar la realidad y distincion de dicha lana. Uno de
los caciques traia su poncho bueno, y tambien tal cual traia poncho;
pero estos los cuidaban mucho. Tambien se reconoció que los caballos de
los indios tenian miedo de llegarse à los bueyes, pues á mucha fuerza
les hacian acercarse á ellos.
Tres ò cuatro dias antes de la salida de la embarcacion se vinieron à
despedir los indios del capitan y su gente, y volvieron à encargar que
les llevasen de aquellas cosas, pues daban á entender su mucho
agradecimiento con demostraciones de amistad, y que querian entablar
correspondencias y tratos, señalando por los dedos que à las tantas
lunas, segun se discurre, volverian: y con esto se fueron tirando la
costa adelante al sur.
Confirma dicha gente que hay muchos pastos y buenos, como tambien
abundancia de leña, aunque de árboles bajos, pero fuertes. Y hácia él
ONO descubrieron otras quince salinas mas, y entre ellas una muy
especial, en seco, que es menester partirla con achas y azadas: la que
está distante del puerto de tres à cuatro leguas, y al rededor de ella
se observò la particularidad que, cavando media vara apartado, se halla
agua dulce, buena y con abundancia.
A dichos indios no se les pudo comprender cosa alguna de su lengua, ni
tampoco que nacion era; y sucediò que à las primeras veces que se vieron
con la gente, oyeron una india que dijo, _adios paisano_, y habiéndola
solicitado no la pudieron hacer decir otra palabra mas que la dicha, la
que repetia à tenor de la gente nuestra que le preguntaba, ni fué
posible comprenderla quien se la enseñó, ó á donde la aprendiò, ni que
hablase otra palabra en castellano, aunque le dijeron muchas, por ver si
las entendia y tampoco lo consiguieron. Y deseando el referido D.
Domingo de Basabilbaso, armador, y por esta razon descubridor de aquella
costa y su contenido, tomò apunte de varias palabras que les tomaron la
tripulacion para que al hacer otro viage mandase à su costa un
intérprete y lenguaraz, por los deseos que tiene en hacer este servicio
à S.M., descubrièndole aquellos parages incultos, pero al parecer
ocupados de inumerables indios, como se evidencia por el acaso
siguiente; y es, que el dia 17 de Enero de 1754, llegaron à esta ciudad
de Buenos Aires 18 ó 20 indios del partido del cacique Bravo, para dar
noticia al Señor Gobernador y Capitan General, como habian tenido una
funcion muy sangrienta con los indios que en el mes de Julio del año
pasado de 1753, vinieron á insultar, robar y matar en el partido que
llaman de la Matanza, y que en la accion mataron muchos indios, entre
ellos tres caciques, los cuales hice venir à mi casa, y por los
lenguaraces que traian les hice preguntar si sabian el significado de
las palabras que habia aprendido mi gente, tomadas de aquellos indios, y
entre ellos huvo, uno el mas alto, que tendria muy cerca de 2-1/3 varas,
bien formado y no muy renegrido, y con efecto comprendió algunas de
ellas, y el no comprenderlas todas seria por lo mal que las aprenderian
dicha mi gente, demostrando el indio alegria en solo oirlas; y
preguntàndole que como siendo del partido del cacique Bravo, (quien le
tenia dado el grado de capitan) comprendia aquellas palabras de indios
que habitaban tan distantes de los de su partido, me respondió que
porque eran de su nacion nombrada _Tehuelches_, de la cual se separó
pequeño y vino á parar al partido de dicho cacique. Y habièndole
preguntado que si se acordaba de aquellos parages donde nació, y me dijo
que sí, y que habia muchos indios mas que en ninguno de los varios
partidos que por la Sierra y Pampas conocia, y que todos eran de grande
estatura y buena gente; y tambien que su cacique tenia tratado
casamiento de una hija suya con uno de los caciques mas pròximos á su
partido, y que estos, aunque en muy larga distancia, se comunican con
los que andaban por la costa. Con cuyo motivo le regalè y encargué
encarecidamente que si los cuatro hombres, que se discurre se internaron
del puerto de San Julian, llegasen à su partido, los recogiese y
convoyasen á esta ciudad, que le gratificaria bien su trabajo, lo que
admitió gustoso: añadiendo que con motivo del nuevo casamiento se veria
con los de su nacion y se lo encargaria tambien, y que pasase la noticia
mas adelante, y sobre todo, que me prometia traermelos, ò avisar de su
paradero; con cuyo medio es fácil se consiga que dichos cuatro hombres
vuelvan á esta ciudad, como hay ejemplar de dos marineros de un navio
ingles, que perdiéndose en en aquella costa, é internàndose, vineron à
parar á esta ciudad.
Que es cuanto se ha podido adquirir, con acuerdo y uniformidad de las
declaraciones del capitan, sus pilotos y tripulacion. Y ahora, como ha
sucedido el naufragio y pèrdida de la embarcacion y su carga, que valia
lo menos 10,000 pesos, se está tratando de otro armamento para seguir la
expedicion à expensas del expresado D. Domingo de Basabilbaso, por estar
constante en hacer este servicio á su Rey y Monarca, el Señor D.
Fernando VI, que Dios guarde y prospere por muchos años.
* * * * *
_Relacion que ha hecho el indio paraguay, nombrado Hilario Tapary, que
se quedó en el Puerto de San Julian, desde donde se vino por tierra á
esta ciudad de Buenos Aires_.
El dia último de Marzo, ó primero de Abril de 1753, que fué à los 15 ò
16 dias de haber salido el bergantin, nombrado _San Martin_, del Puerto
de San Julian en su primer viage, en los cuales hubo frecuentes lluvias,
se acercaron á la isla como 200 indios, y con la bajamar pasaron al
rancho que tenian hecho los tres hombres que se quedaron, è
inmediatamente empezaron à tomarse todos los bastimentos que tenian, de
bizcocho, yerba y tabaco, y deshicieron los barriles de carne salada,
tocino y agua para aprovecharse solo de los arcos de fierro, arrojando
la carne y tocino, y despues se fueron. Al dia siguiente volvieron á
acabar de llevar lo poco que habia quedado, juntamente con la ropa que
tenian fuera de su cuerpo; y aunque el dicho Hilario confiesa que no
conoció en los indios accion ni inclinacion de querer hacer daño à su
persona, antes bien al contrario, pues los indios le manoseaban á él y à
su compañero, sin atreverse ni querer quitarle ropa alguna de la que
tenian puesta, con poca reflexion determinò salir de aquel parage con
otro (su compañero) indio chino, llamado José, por miedo que no le
matasen, por no tener ya cosa alguna que tomar de su rancho. A que se
agregó, que el gallego, nombrado Santiago, á la primera vista de los
indios se fué ocultamente y sin decir nada, de miedo de ellos, tirándose
á escapar por la parte opuesta de ahí à donde habian avistado los
indios, sin saber lo que se hizo. Viéndose en estas confusiones, por
último se resolvió á salir de aquel parage con su compañero José, y lo
egecutó por la noche, tomando el rumbo para venirse á Buenos Aires por
la costa del mar: y por ella vinieron caminando á pié sin ninguna
providencia, mas que unos avios de encender fuego, y dos perros
pequeños, los cuales solían cazar algunos zorrillos y otros bichos con
que trabajosamente se alimentaban. Pero lo mas penoso era la falta de
agua dulce, por lo que a la orilla del mar hacian _cazimbas_, con lo que
se humedecían las bocas, pues lo salado de ella les permitía beber muy
poco, porque se les seguia mayor daño: como le sucediò al nombrado José,
que por haber bebido algo mas se enfermò, de modo que á las tres semanas
de haber caminado en esta forma, quedó tan aniquilado que no pudo
proseguir, por mas que le animaba Hilario, siendo la mayor pena su
excesiva sed, pues tenia la boca sin la mas leve humedad.
El Hilario se detuvo allí dos dias, por ver si por aquel contorno
encontraba alguna agua dulce para refrescarle, pero no lo pudo
conseguir; y viendo el mal estado de su compañero, y sin poderle
remediar, porque no le sucediese otro tanto, determinó dejar á su
compañero con bastante sentimiento, llorando tan fatal suceso, y tomó su
derrota, con sus dos perros: y á los tres dias encontró una laguna
pequeña rodeada de porcion de guanacos que habian consumido toda el
agua, dejando solo la humedad entre el lodo, y llegó tan fatigado que se
consolaba con poner la boca sobre aquella humedad, que no obstante le
sirvió de algun corto alivio. Habiéndose acercado un poco mas á la
orillas del mar, consiguió matar un lobo marino con un palo que llevaba,
y luego se bebió la sangre de él, que le supo muy bien, y haciendo su
fuego se lo comieron entre él y sus perros, y el pellejo se lo sacó en
disposicion que le pudiese servir para echar agua. Y siguiendo su
camino, á los dos dias llegó á donde habia un manantial pequeño, en el
cual se refrigeró él, y sus dos perros, y discurriendo poder socorrer á
su compañero le pareció inútil, pues le contemplaba ya muerto: por lo
que llenó el cuero de lobo de agua, siguiendo su rumbo, que regularmente
era como media legua distante del mar, manteniéndose con varios
animalitos y bichos que él y sus perros tomaban, y bebiendo cosa corta
del agua que llevaba en el cuero para conservarla. Así fué caminando,
hasta que encontró un brazo de mar que se internaba un poco, en donde
habia porcion de lobos marinos, con lo que él y sus perros saciaron su
hambre y sed, y de ahí fué siguiendo, con la pension de faltarle el
agua, porque toda la que hallaba era salada, aunque estaba en lagunas
algo distante del mar: y siguiendo varios dias sin comer porque nada se
encontraba, uno de los dos perros corrió una bandada de avestruces, y se
alejó tanto que se perdió, cuya falta le sirvió de congoja, pues le
contemplaba como compañero, y que por él remediaba algunas veces sus
necesidades. Y por último halló unas matas que tenian una especie de
fruta redondita y negra, con lo que se mantenia trabajosamente: y aunque
bajaba á la costa á su pesca de lobos marinos, ya no los habia. Pero
caminando algun tiempo, encontró un riachuelo de agua dulce que se
internaba tierra adentro, bastante angosto, pero con mucha corriente y
hondo, y á la boca que hacia el mar tenia poca agua: no obstante no lo
pudo vadear, y encontrando en sus orillas muchos maderos de sauces
secos, que se conocia eran traidos de adentro con la corriente, pudo
lograr echar uno de ellos al agua, embarcándose en él con su perro, y lo
pasó, costándole algun trabajo por la corriente.
A la orilla de este rio habia algunos sauces pequeños, y habiéndose
refrescado, siguió su derrota; y á una semana de haber caminado, avistó
unas serranias muy altas, ásperas é intransitables, desde tierras
adentro hasta la orilla del mar, de modo que para salir de su aspereza
se bajó á la playa, y cuando bajaba el agua, caminaba: cuya estacion le
duró dos semanas: y aun despues caminaba por el campo, avistaba algunas
sierras pequeñas y montes, encontrando tambien algunos montecitos de un
árbol, nombrado chañar, cuyas frutas, aunque muy escasas, solian templar
su hambre, ayudado con su poca pesca y otros bichitos del campo que
podia lograr: pues ninguno reservaba, por inmundo que fuese, porque para
él todo le era comida delicada y gustosa, siendo lo peor y mas trabajoso
que le faltaba algunas veces; pues asegura que en la estacion de su
viaje se le pasaban ya los cuatro, ya los seis dias sin comer ni un
bocado, en lo que se afirma muy de cierto y aun le parece que hubo
temporada de dos semanas. Pero como es un indio tan poco experto no se
le ha podido averiguar el tiempo fijo que tardaba en las estaciones de
un tránsito á otro, sin saber hacer cuenta ni por dias, ni por semanas,
ni por meses, ni por lunas. Y así al cabo de estas estaciones, que no
sabe el tiempo que tardó, pues unas veces dice que serán dos meses,
otras tres, y otras uno, llegó á un rio de agua dulce muy caudaloso, que
lo halló yendo desviado de la costa como cinco leguas, é ignora la
situacion hácia la boca del mar, pero asegura que será muy grande por
ser el rio muy ancho y caudaloso. Apenas se acercó, cuando vió venir á
sí dos indios á caballo con sus lanzas, con cuya vista pensó ir á ver la
de Dios: pero llegándose los indios á él, le cogieron de los brazos,
preguntándole ¿qué hacia por aquellos parages? segun demostraban por las
señas. Pero ni uno ni otro se entendian, y al fin permitió su fortuna
que se acordasen que era de la especie humana, pues sea por esto, ó
porque le vieron hecho un esqueleto de flaco y consumido, siendo por su
naturaleza bien fornido, se condolieron de él, y mostrándolo lo
condujeron un poco mas adelante, en donde habia como unos 20 toldos de
indios con sus familias de mugeres y hijos, y le recogieron en unos de
los toldos, y le daban de comer avestruz, venado y caballo que son sus
manjares, y le daban de sus cueros para que se tapase y durmiese, por
ser la estacion muy fria por las heladas que cayan. De este modo lo
pasaba razonablemente, hasta que logró restablecerse, poniéndose capaz
de andar á caballo, è ir con ellos á cazar y correr yeguas cimarronas,
que ya habia algunas: y despues de algun tiempo dispusieron pasar el rio
los indios con las familias, y lo ejecutaron á nado en unas pelotas de
cuero, en donde se ponian ellos con sus mugeres y sus hijos, y dentro
ponian los toldos, que son de cueros de caballos, y con guascas, ó
cuerdas de cuero amarradas de los caballos, que tienen muy especiales
para pasar el rio, se echaron, las pelotas y pasaron todos con felicidad
á la otra banda, y alli volvieron á acamparse, siendo su egercio el
cazar avestruces en venados y otros bichos y animales para comer,
pasándose muchísimo tiempo en jugar, perdiendo cueros de caballo que se
ganaban los unos á los otros, y no se reconoció que huviese ningun
cacique entre ellos, pues todos igualmente mandaban y tenian sus
pendencias, y á veces habia varias muertes. Tambien solian ausentarse 6
ú 8, y despues de algun tiempo venian con caballos que, segun se
reconocia, los hurtaban de otros indios, y algunas veces no venian todos
los que fueron, por lo que se comprendia que eran muertos por los
enemigos. Estos solian venir á su campo, y tambien se llevaban caballos,
que regularmente sucedia de noche: y este modo de vivir observó todo el
tiempo que estuvo entre los indios, que no puede decir cuanto, pero diré
que experimentó mucho frio y mucho calor en varios tiempos y parages,
durante el tiempo que estuvo con los indios. Pues, despues que
estuvieron algunos dias á las orillas de aquel rio, se mudaron á otro
parage, siempre buscando las aguadas para sí y sus animales, y caza con
que mantenerse en lagunas ó arroyuelos; que nunca volvieron á encontrar
mas rio, y fueron muchas las mudadas que hicieron los indios de sus
toldos: pero como se reconocia que se acercaban á las campañas de Buenos
Aires, y como ninguno de los indios se metia con él para hacerle daño,
se mantuvo entre ellos, y solo les preguntaba la distancia que habria
hasta la costa del mar: y unas veces le parecia que estaria como 6 ú 8 ó
10 leguas, y otras se dejaba ver desde lo alto de algun cerro. Por fin
llegaron á las cercanias de estas campañas, y él lo reconocia por la
abundancia que habia de yeguas cimarronas de que se mantenian: y un dia
se destacaron 12 indios, y preguntó, aunque por señas, porque nunca se
entendieron, ¿qué destino llevaban? y pudo comprender que venian á las
campañas de Buenos Aires, y les dió á entender que él los queria seguir,
y no se lo impidieron. Y tomando su caballo mancarron viejo, que desde
el principio le dieron, se enderezó á seguirlos, y resagándose, vino la
noche, y dejó el rumbo, tomándole hácia la costa del mar, que caminando
toda aquella noche y el medio dia siguiente, se puso en ella, y á las
orillas de un pequeño riachuelo, con algunos sauces, á su sombra sesteó:
y á hora de visperas vió venir á él un indio á caballo que le dió
bastante susto, pero el tal indio era de la gente del cacique, que
nombran D. Nicolas Bravo, quien de paz comunica y comercia con esta
ciudad.
Llegó pues el indio á donde estaba nuestro Hilario, haciendo juicio que
el caballo era uno que se le habia perdido y lo andaba buscando: y
habiéndose podido entender un poco, porque el indio hablaba en
castellano, con mucho gusto lo acarició, y le dijo que se viniese con él
que pronto lo pondria en Buenos Aires. Y tomando su camino, poco despues
de haber anochecido, se hallaron en una toldería que era la del indio y
gente del cacique Bravo, que estaba situado en el parage que llaman el
Zanjon, en donde fué bien recibido, y aquella noche mataron el caballo
de Hilario y fué la cena que tuvieron: y no dejó de estrañarlo, pues mal
correspondia el recibimiento que le habian hecho, y el matarle su
caballo. Pero al dia siguiente por la mañana le dieron otro caballo muy
bueno, y pidió que le diesen de comer carne de vaca, y se la trajeron, y
lo mismo hicieron en los 15 ó 20 dias que estuvo con ellos.
Estos indios le preguntaban por sus compañeros que se habian quedado en
San Julian, pues tenia encargo de D. Domingo de Basabilbaso para
recojerlos y conducirlos á Buenos Aires, y les habia ofrecido que los
regalaría, y que algunos de ellos habian estado en su casa, con motivo
de ser tesorero de guerra, y en ella se les subministraba la yerba y
tabaco, y el Señor Gobernador los regalaba por ser amigos, hermanos y de
paz; (que estas eran sus palabras) y con esta ocasion les habia
agasajado y hecho sentar en sillas, encargándole mucho los cuatro
hombres; los tres de su voluntad, y un negro huido, que su navio dejó en
el Puerto de San Julian: y así le dijeron, que siempre que quisiere irse
á Buenos Aires, que se lo dijese para darle lo necesario. Despues de
dicho tiempo dijo Hilario que se queria venir, y le dieron un buen
caballo y lo trajeron convoyado de cuatro indios hasta un fuerte que
está en las fronteras de las estancias de esta ciudad, á donde le
entregaron, con encargo de que le condujesen, como así se ejecutó.
Llegando á esta ciudad el dia 6 de Enero de este presente año de 1755,
en donde se halla con ánimo de volverse á embarcar para el tráfico de la
sal y descubrimiento de la costa, y á pedimento de D. Domingo de
Basabilbaso, hizo esta declaracion en Buenos Aires, á 12 de Enero de
1755, y no firmó por no saber escribir.