El Dr. D. BERNARDO VERA Y PINTADO, nació el año 1780 en Santa Fé de la
Vera-Cruz, ciudad natal del jesuita D. Javier Iturri y de D. Juan Baltazar
Maciel, afamados por su literatura.
Ligado por relaciones de parentezco á la familia del teniente general D.
Joaquin del Pino, que mas tarde fué Virey de Buenos Aires, se trasladó
con este á Chile el año 1799. En la Universidad de San Felipe completó su
carrera literaria graduándose en cánones y en leyes.
En esta real Universidad, para recibir grados por aquella época, era
preciso prestar seis exámenes solemnes: cinco de instituta y uno de
cánones y leyes en el cual se absolvian, cuando menos, treinta y tantas
proposiciones relativas á ambas facultades. Los catedráticos eran cuatro:
dos de _prima de leyes_, uno de _decreto_ y otro de _instituta_. Los
jóvenes que se dedicaban al foro, no solo concurrian á la Academia de
práctica, sino tambien al estudio de algun abogado de nombradía durante
los cuatro años del curso jeneral de derecho. La Universidad percibia
_cien reales_ por cada grado.
El Dr. Vera se distinguió desde muy temprano y se granjeó la simpatía de
los hijos de Chile, _por sus talentos_ y _su carácter jeneroso_, segun
la espresion de uno de ellos. Desempeñó varios destinos públicos antes
de la revolucion y formó numerosos discípulos en la Academia práctica de
jurisprudencia que estuvo algunos años bajo su direccion.
El primer suceso que atrajo la atencion pública sobre su persona al
abrirse la era que comienza en 1810, fué un acto despótico del presidente
Carrasco. Urgido este por los conflictos que le rodeaban al recrearse la
revolucion, tomó una medida que vino á mostrar toda la popularidad del
Dr. Vera. Siguiendo aquel mandatario los consejos de la Audiencia, se
decidió á poner presos á aquellos individuos que mas indicados estaban
de conspiradores ante el partido peninsular. Fué el Dr. Vera uno de los
tres que en la noche del 25 de Mayo cayeron en poder de la fuerza armada,
estando en una casa particular. Trasladados á un cuartel, se les hizo
salir inmediatamente, y en la alta noche, para el puerto de Valparaiso
escoltados con 12 dragones á caballo. Llegados allí los pusieron á abordo
del fragata Astrea; en donde, y mas tarde en el castillo de San José, se
les siguió una causa.
Los padecimientos de aquellos patriotas irritaron los ánimos de los
Santiagueños, y el Cabildo tuvo el noble corage de interesarse por su
suerte ante la autoridad de Carrasco. Pero, equivocado este mandatario
sobre la situacion de las cosas y afectando una enerjia que no era natural
en su carácter, hizo que los detenidos en la fortaleza de San José se
embarcasen en la corbeta _Miontina_ próxima á zarpar para el Callao. Vera
quedó en tierra so pretesto de enfermedad.
Mientras tanto los principales vecinos de Valparaiso que habian tomado
relacion con los presos, se interesaban por su suerte é influian para
que se revocasen las órdenes del Presidente. La solicitud que con este
objeto le dirijieron, llegó á la capital el 11 de Julio y con ella se tuvo
un conocimiento exacto de la aflijida situacion en que se encontraban
aquellos que eran ya considerados como victimas de la causa del pueblo.
Subió de punto la exaltacion de este. Juntóse por todas partes la
poblacion en corrillos, y como resultado de la voluntad jeneral se pidió
la reunion estraordinaria del Cabildo. Verificóse esta; pero muy al
principio de la sesion se convirtió en _Cabildo abierto_, es decir en una
asamblea de notables en la cual podian estos discutir y deliberar en razon
de lo estraordínario de las circunstancias y la gravedad del objeto.
Aquella reunion de ciudanos nombró una diputacion cerca del Presidente,
la cual fué desairada por éste. Entonces el pueblo le notificó en términos
mas enérgicos su voluntad, y despues de varios incidentes que agravaron el
descontento general y los motivos de queja del vecindario, se vió Carrasco
en la necesidad de separarse del mando, pretestando el mal estado de su
salud. Este fué el primer paso á la independencia de Chile.
El 18 de Setiembre se efectuó en aquella república el mismo cámbio
político que habia tenido lugar en Buenos Aires, el 25 de Mayo de 1810.
Cuatro dias despues de aquella fecha entró en Santiago el Dr. Vera.
“Volvió este á la capital (dice el historiador español de la revolucion de
Chile, el P. Martinez) con innumerable acompañamiento de los personages de
la ciudad que en carruages y á caballo lo recibieron y entraron como en
triunfo, celebrando y admirando á este sugeto como á una de las primeras
columnas que debian de erijir y sostener el plan de la revolucion.”
Instalado el primer congreso chileno fué nombrado el Dr. Vera secretario
de ese cuerpo teniendo por compañero de taréas al famoso clérigo de
la buena muerte Camilo Henriquez. Uno y otro pertenecian al partido
republicano como decididos parciales del Dr. Rozas, el Moreno de la
revolucion chilena.
Estos dos amigos consagraron tambien sus talentos á despertar é ilustrar
el espíritu público por medio de los escritos periódicos. Asi que se
pudo obtener una imprenta, fundó Camilo Henriquez el primer periódico
que conoció el pueblo chileno, con el título _la Aurora_. Vera fué su
cooperador incansable, y sus articulos llevan por firma el siguiente
anagrama de su nombre ó de sus dos apellidos: _David Parra y Bedernoton_.
Fué el Dr. Vera el primer representante del gobierno de Buenos Aires cerca
del de Chile; cargo que tenia por objeto uniformar la marcha de ambos
en la empresa que acababan de acometer, y atender la propaganda de la
idea revolucionaria por todo el litoral del Pacífico. En este cargo se
desempeñó con tanta actividad como desprendimiento. La jenerosidad fué
siempre en él un rasgo muy visible de su carácter. En las penurias que
padecia el erario de su patria adoptiva, el Dr. Vera no trepido en ofrecer
el fruto de su trabajo y de su economía para ayudar á la marcha naciente
de la revolucion. La Junta de gobierno contestó á tan noble ofrecimiento
en los términos siguientes: “La Junta se cubre del mayor gozo cuando ve
desprenderse á V. de todos sus bienes por amor á la causa comun: contará
siempre con su fidelidad, le distinguirá entre los mejores patriotas,
y le será de la mayor satisfaccion tener oportunidad de acreditar su
reconocimiento. Asi lo entenderá V. en respuesta á su representacion fecha
del dia.--Febrero 7 de 1811.”
Vera fué instado varias veces por D. Bernardino Rivadavia, cuando era éste
secretario del Gobierno de Buenos Aires en 1812, para que pasase á aquella
capital á ocupar un destino. Con este motivo, en una carta confidencial le
contesta, dándole idea de sus aptitudes y hábitos, de la manera siguiente:
“_Santiago 24 de Julio de 1812_.... Cuando V. se empeña en convidarme con
esa capital me hace mas honor que el que merezco porque no me conoce.
Permítame que le hable con toda la franqueza que me caracteriza. Yo no soy
á propósito para comision alguna militar: abomino esta carrera. Tampoco
tengo aquella luz de alta política que en las circunstancias exije la
grande estension del gobierno superior de un Estado naciente. Mis talentos
no pasan la raya de comunes; tal cual expedicion en la pluma, y el deseo
de formarme por principios de pura reflexion y estudio sobre el hombre,
acaso los hago aparecer mas de lo que son. Carezco de erudicion, porque
ni he sido muy aplicado á la historia, ni me ha sobrado tiempo para
dedicarme á ella: ahora empiezo. Casado cinco años hace en Chile con una
jóven indotada y con dos hijos, el foro ha hecho toda mi subsistencia. Lo
desamparé desde que acepté la Diputacion de Buenos Aires. Su corta renta
es la que sufraga á las urgencias diarias porque nada he guardado ni he
podido guardar de los honorarios de la abogacía que siempre han seguido la
naturaleza de mi génio desprendido de intereses.... Diré mas: soy honrado:
amo la justicia, y mi corazon solo deja de ser benigno cuando se le ataca.
Los derechos de los pueblos y la libertad bien reglada, son mi manía”....
No sabemos precisamente en que fecha, pero es indudable que atravesó la
cordillera y llegó á Buenos Aires, en donde desempeñó empleos y comisiones
de mucha importancia. En una de estas se unió al general San Martin,
gobernador de Cuyo entonces, á cuyo lado sirvió de secretario.
En toda época tuvo la fortuna el Dr. Vera de prestar sus servicios á
la revolucion de Chile y al progreso social de aquel pueblo que le
daba hospitalidad. O’Higins le encargó la redaccion del manifiesto
justificativo de la independencia que se preparaba á declarar. Habiendo
cedido el jeneral San Martin los 10,000 pesos que por indemnizacion de
gastos de viaje le habia concedido el Cabildo para fomentar la biblioteca
pública de Santiago, fué nombrado Vera para aplicar aquella cantidad al
noble objeto á que era destinada.
Pero, en nuestro modo de ver, el gran servicio prestado por nuestro
compatriota á la sociedad chilena, fué el haber contribuido á templarla
en el fuego que iba cundiendo desde las orillas del Plata, y á despertar
en ella ese entusiasmo atrevido sin el cual se quedan los pueblos á medio
andar en el camino de un gran propósito.
El Dr. Vera que se confiesa poco dado á la historia, habia nacido poéta y
acertaba sin violencia á herir el corazon con sus versos, sus canciones
eran populares; todos las repetian;--y el autor mismo cubierto con el
gorro frígio, resucitado por los jacobinos franceses, aparecía en los
banquetes patrióticos entonando himnos que habia compuesto pocas horas
antes. Compréndese, cual seria el entusiasmo que se despertaba en los que
le oian y juntaban sus voces á la suya, al leer las estrofas de uno de
aquellos ráptos líricos:
El augusto dia
Empezó á brillar
En que los esclavos
Puedan respirar.
El hombre recobra
La gran magestad
Que naturaleza
Le quiso donar.
Las generaciones
Nos bendecirán,
Cuando á nuestro esfuerzo
Libres se verán.
De padres á hijos
La voz pasará,
Y esta noble historia,
¡Que honor nos hará!....
Al principiar esta noticia hemos dado intencionalmente una idea de los
estudios universitarios en Chile. Requerian una reforma, y el 10 de Agosto
de 1813 ya se inauguraba una escuela verdaderamente nueva con el título
modesto de _Instituto_, sentada sobre tan buenas bases que desde entonces
acá ha continuado mejorándose y progresando. El Dr. Vera contribuyó á
la solemnidad de aquel acto componiendo el himno que en él se cantó y
cuyo asunto es la glorificacion de las ciencias que ivan á cultivarse en
adelante con mejores métodos y bajo mas felices auspicios. El coro del
himno es la siguiente cuarteta:
_La Patria nos convoca_
_Con noble y suave voz,_
_A rendir á la ciencia_
_El merecido honor._
Creemos que es digna de conservarse en la memoria la mayor parte de esta
composicion que falta en la Lira Argentina.
No hay libertad sin luces;
Al pueblo oscurecido
De sus grillos el _ruido_
Jamás le despertó:
La gran filosofia
Del error ha triunfado,
Y alegre ha levantado
Su augusto pabellon.
La patria jenerosa
Hoy sus luces nos brinda;
Habrá quién no se rinda
A su tierna mocion?
O Libertad! ó Patria,
O época luminosa,
La juventud virtuosa
Os llama á su favor.
O padre de los hombres
Que libres les formaste,
El bien que les donaste
No lo usurpe el error!
Que de una vez acabe
Al último tirano,
Esa divina mano,
Que á Chile protejió.. .. ..
Libertado Chile completamente de la dominacion española, volvió el Dr.
Vera á contraerse á su ejercicio de abogado, y á escribir para los
periódicos sin descuidar la direccion de los jóvenes que se ponian al
amparo de sus luces y de su esperiencia. En estas tareas le tomó la muerte
en la madrugada del 27 de Agosto de 1827.
El sentimiento público rodeó su féretro. Los artículos necrológicos que
se publicaron en su obsequio se reimprimieron en grandes telas de seda á
costa de sus numerosos amigos; y uno de los discípulos pronunció un elógio
funebre (que corre impreso) en la Capilla del Instituto Nacional.
Como epílogo de los anteriores apuntamientos transcribiremos la rápida y
exacta pincelada con que el Sr. D. Manuel Antonio Tocornal retrata al Dr.
Vera, en su conocida _Memoria sobre el Gobierno Nacional de Chile_.
“Se repetirán siempre con entusiasmo (dice aquel distinguido é ilustrado
chileno) los himnos á la patria que entonó el Dr. Vera en los primeros
dias de nuestra existencia política.... Elocuente, vivo y animado hasta
en el trato familiar, fué uno de los jenios que honran nuestra naciente
literatura.... Jamás abandonó su patria adoptiva que le contó en el
número de los defensores de su independencia”.