Me embarqué de mañana en el bote, y fuí á reconocer la ensenada: entré
por un arrojo y lo seguí como dos leguas, hasta que no hallando agua
para el bote, por esparcirse esta en diversos arroyos muy pantanosos
de fango, di vuelta y pude desembarcar, aunque con fango á la rodilla.
Subí á un cerrito, en el que hallé paja cortadera y apio, y desde él
divisé, aunque confusamente, dos árboles, que se me figuraron dos
sauces, junto á los cuales habia yo bebido agua el año pasado, en el
viage que por tierra hice al Colorado: y aunque estaban como 4 leguas
de distancia, le dije al contra-maestre que estaba conmigo que me
acompañase, y siguiésemos hácia los dichos árboles. Habiendo caminado
como una legua, y siempre por puro pantano, nos hallamos cercados de
arroyos sin poder pasar adelante: dí vuelta y vine por el arroyo á
donde estaba refugiada la chalupa, y la hallé varada, sin que fuese
posible en la pleamar echarla al agua. Aquí hallé los tres hombres que
fueron al reconocimiento, los cuales de ningun modo pudieron transitar
este terreno, lleno de fango pantanoso, arroyos y maleza; al anochecer
volví á bordo.