CAPÍTULO XLVII.

Religión y fiestas de los espartanos.

Los objetos del culto público solo inspiran en Lacedemonia un profundo

respeto y un silencio absoluto. Acerca de este punto no se permiten

disputas ni dudas, pues el único dogma de los espartanos se reduce a

adorar a los dioses y honrar a los héroes.

Entre los héroes a quienes han erigido templos, altares o estatuas se

distinguen Heracles, Cástor, Pólux, Aquiles, Odiseo, Licurgo, etc.

Helena participa con Menelao de honores casi divinos, y la estatua de

Clitemnestra está colocada al lado de la de Agamenón.

En otras partes hay que presentarse a los dioses con víctimas sin

mancha, y algunas veces con el aparato de la magnificencia; en Esparta,

con ofrendas de poco valor y con la modestia que conviene a todo

suplicante; en otras partes importunan a los dioses con indiscretas

y largas oraciones, pero en Esparta únicamente se les pide la gracia

de hacer grandes acciones después de haber hecho buenas obras, y esta

fórmula termina con estas palabras, cuya sublimidad conocerán las almas

nobles: «Dadnos fuerza para sufrir la injusticia».

Los atenienses han creído fijar entre ellos la Victoria representándola

sin alas; por la misma razón los espartanos han representado alguna

vez a Ares y a Afrodita encadenados. Esta nación guerrera ha dado

armas a Afrodita y puesto una lanza en manos de todos los dioses y

diosas; ha colocado la estatua de la Muerte al lado de la del Sueño

para acostumbrarse a mirarlas bajo un mismo aspecto, y ha consagrado un

templo a las Musas, porque marcha a las batallas al son melodioso de

la flauta o de la lira; otro a Poseidón que conmueve la tierra, porque

habita en un país expuesto a frecuentes oscilaciones, y otro al Temor,

porque hay temores saludables, tales como el de las leyes.

Invierten sus horas de descanso en muchas fiestas, siendo algunas de

ellas las de Dioniso, de Apolo y de Jacinto. Estas últimas se celebran

en la primavera, particularmente por los habitantes de Amiclas. Se dice

que Apolo amaba tiernamente a Jacinto, hijo de un rey de Lacedemonia;

que Céfiro, envidioso de su hermosura, impelió contra él el tejo que

le quitó la vida; y que Apolo, que lo había tirado, no encontró en su

dolor otro consuelo que el de trasformar al joven príncipe en una flor,

a la cual dio su nombre, y con este motivo se instituyeron unos juegos

que se celebran todos los años. El primero y tercer día no presentan

más que la imagen de la tristeza y del luto, pero el segundo es un día

de júbilo. Lacedemonia se entrega a la embriaguez del gozo en este

día, que lo es de libertad, tanto que los esclavos comen a la mesa con

sus amos.

La disciplina de los espartanos es tal que siempre va acompañada de

cierta decencia. Aun en las fiestas de Dioniso, sea en la ciudad o

sea en el campo, nadie tiene atrevimiento de separarse de la ley que

prohíbe el uso desmedido del vino.

Compendio del viaje del joven Anacarsis a la Grecia (1 de 2) · 第 69 / 107 题