CAPÍTULO XL.

De los habitantes de la Laconia.

Habiéndose apoderado de la Laconia los descendientes de Heracles,

sostenidos por un cuerpo de dorios, vivieron sin distinción con los

antiguos habitantes del país. Poco tiempo después les impusieron un

tributo, y les despojaron de una parte de sus derechos. Las ciudades

que convinieron en este arreglo conservaron su libertad; la de Helos

resistió y, precisada a ceder en breve, vio a sus habitantes reducidos

casi a la condición de esclavos. Desuniéronse después los de Esparta,

y los más poderosos confinaron a los débiles en el campo o en las

ciudades inmediatas. Aún se distinguen hoy día los lacedemonios de la

capital de los demás de la provincia, y unos y otros de la multitud

prodigiosa de esclavos dispersos en el país.

Los primeros que comúnmente llamamos espartanos forman aquel cuerpo

de guerreros de que depende el destino de la Laconia, y se dice que

antiguamente ascendía su número a diez mil, aunque eran ocho mil en

tiempo de la expedición de Jerjes. Las últimas guerras los han reducido

de tal manera que al presente se encuentran muy pocas familias antiguas

en Esparta. La mayor parte de las nuevas son oriundas de los ilotas,

que han merecido primero la libertad y luego el título de ciudadanos en

mérito de acciones distinguidas.

Los habitantes de las provincias no reciben la misma educación que los

de la capital. Sus costumbres son más agrestes al paso que su valor

menos célebre. De aquí es que la ciudad ha tomado sobre las demás el

mismo ascendiente que la de Elis sobre las de Élide, y la de Tebas

sobre las de Beocia.

Los ilotas han tomado este nombre de la ciudad de Helos, pero no se

les debe confundir con los verdaderos esclavos, pues conservan más bien

una medianía entre estos últimos y los hombres libres. Su suerte la

suavizan algunas ventajas reales. Semejante a los siervos de Tesalia,

toman el arriendo de las tierras de los espartanos, y al cabo de

mucho tiempo pagan siempre el mismo rédito, que no es de ningún modo

proporcionado al producto. Algunos profesan las artes mecánicas con

tanta habilidad que se buscan en todas partes las llaves, camas, mesas

y sillas que se hacen en Lacedemonia; sirven en la marina en calidad

de marineros, y en el ejército un soldado armado pesadamente lleva

consigo uno o varios ilotas. En la batalla de Platea cada espartano

llevaba siete consigo. En los peligros graves se despierta su celo con

la esperanza de la libertad, la cual han conseguido a veces algunos

destacamentos numerosos en premio de sus acciones distinguidas.

Reciben únicamente del estado este beneficio y ascienden a la clase

de ciudadanos mediante otros servicios nuevos. Los espartanos y los

ilotas, poseídos de una desconfianza mutua, se observan con temor,

y para hacerse obedecer los primeros emplean un rigor que creen ser

necesario, atendidas las circunstancias, porque los ilotas son malos

de gobernar. Su número, su valor y sobre todo su riqueza los hacen

presuntuosos y audaces; de aquí viene que algunos autores ilustrados

condenan esta servidumbre y otros la aprueban.

Compendio del viaje del joven Anacarsis a la Grecia (1 de 2) · 第 62 / 107 题