De las fiestas de los atenienses.
Las primeras fiestas de los griegos fueron caracterizadas por la
alegría y el reconocimiento. Después de la cosecha de los frutos de la
tierra, se reunían los pueblos para ofrecer sacrificios y entregarse a
los arrebatos de alegría que inspira la abundancia. Aún dan indicios
de este origen muchas de las fiestas de los atenienses, y así es
que celebran el regreso del verdor de los campos, de la vendimia y
de las cuatro estaciones del año. Con el tiempo la memoria de los
acontecimientos útiles o gloriosos se fijó en días señalados para
perpetuarlos en lo venidero. Recorred los meses de los atenienses y en
ellos hallaréis un compendio de sus anales y los rasgos principales de
su gloria. Además de las fiestas que debe hacer toda la nación, las hay
particulares en cada uno de los pueblos.
Las solemnidades públicas se repiten anualmente o al cabo de unos
cuantos años, y algunas se celebran con suma magnificencia. Más de
ochenta días arrebatados a la industria y a la agricultura se invierten
en espectáculos que aficionan el pueblo a la religión y al gobierno.
Estos son unos sacrificios que causan respeto por el aparato pomposo de
las ceremonias; procesiones en que la juventud de ambos sexos ostenta
sus atractivos; representaciones teatrales, fruto de los mejores
ingenios de la Grecia; danzas, cánticos y combates, donde compiten la
destreza con los talentos.
En los primeros concursos, que se llaman gímnicos, se disputan el
premio de la carrera, de la lucha y de otros ejercicios del gimnasio;
en los otros es del canto y la danza: unos y otros son el ornato de
las fiestas principales. Están consagrados muchos días del año al
culto de Dioniso; su nombre resuena alternativamente en la ciudad, en
el Pireo, en la campiña y en los lugares. Yo he visto más de una vez
sumergida la ciudad en la más profunda embriaguez: he visto cuadrillas
de bacantes de ambos sexos, coronados de yedra, de hinojo y de álamo,
agitarse, danzar, aullar por las calles, invocar al dios con bárbaras
aclamaciones, desgarrar con las uñas y los dientes las entrañas
crudas de las víctimas, estrujar sierpes con sus manos, entrelazarlas
en sus cabellos, ceñirse el cuerpo con ellas, y con estas especies de
prestigios espantar o interesar a la multitud.
Estas escenas se repiten en parte en una fiesta que se celebra al
entrar la primavera. Entonces se ve en una procesión que representa el
triunfo de Dioniso, el mismo acompañamiento que tenía este dios, según
dicen, cuando fue a la conquista de la India; sátiros, dioses Pan,
hombres arrastrando chivos para inmolarlos, otros en asnos a imitación
de Sileno; otros disfrazados de mujeres, otros que cantan himnos cuya
licencia es extremada; en fin, toda clase de personas de uno y otro
sexo bajo diversos trajes, borrachos o fingiendo que lo están. Mientras
duran estas fiestas, se mira como un crimen el menor acto violento
contra un ciudadano, y está prohibido el proceder contra deudor
alguno. En los días siguientes se castigan con severidad los delitos y
desórdenes que se cometen.
Las mujeres son las únicas que participan de las fiestas de Adonis, las
cuales bajo el nombre de Tesmoforias se celebran en honor de Deméter
y de Perséfone. Se repiten cada año hacia el medio del otoño y duran
muchos días. Para su celebración van a Eleusis casadas y solteras, y
pasan allí todo un día en el templo, sentadas en el suelo, y observando
riguroso ayuno, en memoria de la abstinencia de Deméter cuando buscaba
a su hija Perséfone.