CAPÍTULO XXIII.

De las fiestas de los atenienses.

Las primeras fiestas de los griegos fueron caracterizadas por la

alegría y el reconocimiento. Después de la cosecha de los frutos de la

tierra, se reunían los pueblos para ofrecer sacrificios y entregarse a

los arrebatos de alegría que inspira la abundancia. Aún dan indicios

de este origen muchas de las fiestas de los atenienses, y así es

que celebran el regreso del verdor de los campos, de la vendimia y

de las cuatro estaciones del año. Con el tiempo la memoria de los

acontecimientos útiles o gloriosos se fijó en días señalados para

perpetuarlos en lo venidero. Recorred los meses de los atenienses y en

ellos hallaréis un compendio de sus anales y los rasgos principales de

su gloria. Además de las fiestas que debe hacer toda la nación, las hay

particulares en cada uno de los pueblos.

Las solemnidades públicas se repiten anualmente o al cabo de unos

cuantos años, y algunas se celebran con suma magnificencia. Más de

ochenta días arrebatados a la industria y a la agricultura se invierten

en espectáculos que aficionan el pueblo a la religión y al gobierno.

Estos son unos sacrificios que causan respeto por el aparato pomposo de

las ceremonias; procesiones en que la juventud de ambos sexos ostenta

sus atractivos; representaciones teatrales, fruto de los mejores

ingenios de la Grecia; danzas, cánticos y combates, donde compiten la

destreza con los talentos.

En los primeros concursos, que se llaman gímnicos, se disputan el

premio de la carrera, de la lucha y de otros ejercicios del gimnasio;

en los otros es del canto y la danza: unos y otros son el ornato de

las fiestas principales. Están consagrados muchos días del año al

culto de Dioniso; su nombre resuena alternativamente en la ciudad, en

el Pireo, en la campiña y en los lugares. Yo he visto más de una vez

sumergida la ciudad en la más profunda embriaguez: he visto cuadrillas

de bacantes de ambos sexos, coronados de yedra, de hinojo y de álamo,

agitarse, danzar, aullar por las calles, invocar al dios con bárbaras

aclamaciones, desgarrar con las uñas y los dientes las entrañas

crudas de las víctimas, estrujar sierpes con sus manos, entrelazarlas

en sus cabellos, ceñirse el cuerpo con ellas, y con estas especies de

prestigios espantar o interesar a la multitud.

Estas escenas se repiten en parte en una fiesta que se celebra al

entrar la primavera. Entonces se ve en una procesión que representa el

triunfo de Dioniso, el mismo acompañamiento que tenía este dios, según

dicen, cuando fue a la conquista de la India; sátiros, dioses Pan,

hombres arrastrando chivos para inmolarlos, otros en asnos a imitación

de Sileno; otros disfrazados de mujeres, otros que cantan himnos cuya

licencia es extremada; en fin, toda clase de personas de uno y otro

sexo bajo diversos trajes, borrachos o fingiendo que lo están. Mientras

duran estas fiestas, se mira como un crimen el menor acto violento

contra un ciudadano, y está prohibido el proceder contra deudor

alguno. En los días siguientes se castigan con severidad los delitos y

desórdenes que se cometen.

Las mujeres son las únicas que participan de las fiestas de Adonis, las

cuales bajo el nombre de Tesmoforias se celebran en honor de Deméter

y de Perséfone. Se repiten cada año hacia el medio del otoño y duran

muchos días. Para su celebración van a Eleusis casadas y solteras, y

pasan allí todo un día en el templo, sentadas en el suelo, y observando

riguroso ayuno, en memoria de la abstinencia de Deméter cuando buscaba

a su hija Perséfone.

Compendio del viaje del joven Anacarsis a la Grecia (1 de 2) · 第 45 / 107 题