Como Mazzini, todos los pensadores que buscaban en Europa tambien el
ideal político de la humanidad y creyeron por un momento vistumbrarlo en
los Estados Unidos, manifestaron ó sintieron las mismas decepciones al
comtemplar la total indiferencia del gobierno americano en los sucesos
internos de la isla de Cuba.
Pero no eran solamente los estraños quienes condenaban esta
política.--Lejisladores, jueces, filósofos, todos ó la mayor parte de
los hombres importantes de la Union hicieron oir su voz para impugnar al
Gobierno su actitud.--El juez Alfredo Conkling dirijióse á Mister Fish
echandole en cara ser el iniciador de procedimientos tan erróneos. Este
Ministro y Mister Sumner, partidarios de España en el gabinete del
General Grant, vencidos al fin por el clamor universal, cambiaron de
política aunque tarde. Mister Sumner presentó al Senado americano cinco
proposiciones, á saber:
Los Estados Unidos no pueden oir con indiferencia las noticias de
bárbaros ultrajes que sin cesar le vienen de la isla de Cuba.
Declaran que hace mal el Gobierno Español en no abandonar para siempre
semejantes pretensiones (las de la esclavitud) y en pretender dilatarlas
por un tiempo indefinido.
Ha pasado el tiempo de las colonias europeas en este hemisferio.
El pueblo de los Estados Unidos declara sus simpatías hácia sus
compatriotas americanos de Cuba que pelean por su independencia.
Las resoluciones anteriores se comunicarán al Gobierno de España por el
Presidente de los Estados Unidos.
Los Ministros del General Grant comprendieron cual era el espíritu de la
opinion pública en su país, cuando ya terminada la lucha y los
insurrectos esparcidos por el mundo ó víctimas de su patriotismo, nada
podian hacer á fin reconquistar el terreno perdido ó de aprovechar en
beneficio de su santa causa las ventajas del reconocimiento de su
belijerancia.
Se habia autorizado con anterioridad, aunque no de un modo oficial, el
asiento en Nueva York de un club político con manifiestas tendencias
libertadores y parcialmente algunos Estados de la Union habian
reconocido la independencia de la isla.
Todos estos hechos, si bien no tenian trascendencia internacional,
importaban para los revolucionarios un estímulo que hubiera sido de
resultados fecundos en el principio de la guerra. Hoy sirven al escritor
para disculpar la actitud de los Estados Unidos, condenando á sus
mandatarios y conceden á los patriotas cubanos halagadoras esperanzas
para lo futuro.
En la América hispana se procedió con más entereza.--Varios gobiernos
reconocieron en oportunidad la belijerancia de los insurrectos y hasta
en el Congreso internacional reunido en Lima durante el año 1864, fué
admitido como Ministro plenipotenciario de Cuba el Sr. Dn. Francisco de
Paula Bravo.
Propúsose en Colombia la idea de formar un pacto en Sud América con el
fin de hacer simultáneamente el reconocimiento de la independencia
cubana. Las proposiciones para obtener ese resultado, redactadas por el
Sr. Jorge Holguin y presentadas al Congreso en 31 de Mayo de 1870, están
concebidas en los términos siguientes: 1º La causa por la cual luchan
los patriotas de Cuba es la causa por que Colombia combatió sin descanso
desde 1810 á 1821--2º El interés de la propia conservacion y nuestros
deberes como pueblo civilizado y cristiano, justifican de la manera mas
completa la intervencion de Colombia. 3º Las agresiones de la Europa
monárquica contra la libertad y la independencia de la América, han
tenido y tendrán siempre por base la dominacion española en Cuba--4º La
política de los Estados Unidos no puede servirnos de guia en esta
ocasion--5º Los recursos que necesitariamos para esta guerra no están
fuera del alcance de nuestros medios--6º Es llegada la época de que
Colombia asuma en la política de Sud América la posicion á que la llaman
su situacion topográfica, sus tradiciones históricas, su poblacion y sus
conquistas políticas.--Por todas estas consideraciones nos atrevemos á
aconsejaros que aprobeis el proyecto de ley por el cual se promueve la
formacion de un _pacto americano_ para obtener la independencia de las
antillas Cuba y Puerto Rico.
Las ideas dignas y elevadas que manifiesta el Sr. Holguin en su
proyecto, no podian tener el éxito deseado, por que se requeria, para
hacerlas prácticas, promover un pacto americano; y hemos visto ya que
todas las reuniones internacionales americanas, aun aquellas que se
convocaron para debatir los intereses del continente, fueron siempre
infructuosas.
La situacion política futura de la hermosa antilla ha preocupado tambien
á los gobiernos europeos.
Francia é Inglaterra propusieron á los Estados Unidos una convencion por
la cual las tres potencias se obligaran á no anexionar jamas la isla á
su territorio.
El Señor Everret, sucesor del notable estadista Webster en el ministerio
de Estado, respondió con agudeza á tan estraña proposicion. Dijo que si
una isla como la de Cuba, perteneciente á España, se encontrara en la
desembocadura del Tamesis ó del Sena en vez de estar en la del Missisipi
y los Estados Unidos propusieran una convencion análoga, seguramente no
seria atendida con seriedad por las potencias espresadas. Agrega el
Señor Everret que los Estados Unidos no usarán jamas de la fuerza para
obtener la anexion, pero que no pueden tampoco anticipar compromisos
sobre la conducta que el porvenir pueda imponerles.
Los americanos en tiempo del general Prim idearon el plan de comprar á
España su colonia por cuenta de los mismos cubanos y bajo la garantia de
los Estados Unidos. A las comunicaciones de gabinete en que se hacian
esas propuestas, el Gobierno Español contestó, que por estar en ello
interesado el honor nacional no podian tomarse en consideracion
proposiciones ni arreglo alguno antes de estar sometidos los rebeldes de
la isla. Mas adelante, siendo Presidente de la Union Mister Polk,
pretendieron comprarla directamente; pero, esta como otras veces, negóse
España á oir propuestas é insinuaciones destinadas á alejar su
dominacion del pais que considera _el mas rico floron de su corona_.
No puede conjeturarse con acierto el porvenir que le está reservado á la
hermosa antilla. Todo corazon republicano acompaña, no obstante, en
secreto á los emigrados patriotas que, diseminados en el mundo de Colon
desde Nueva York á Buenos Aires y á pesar de haber adoptado nueva pátria
en la tierra hospitalaria que ha cobijado su desgracia, conservan puro é
inculcan á sus hijos el sentimiento de la propia nacionalidad.