Llevado de la dulce melodía

Del cántico variado y delicioso,

Que en un bosque frondoso

Las aves forman saludando al día,

Entró cierta mañana

Un Sabio en los dominios de Diana.

Sus pasos esparcieron el espanto

En la agradable estancia:

Interrúmpese el canto;

Las aves vuelan á mayor distancia;

Todos los animales, asustados,

Huyen delante de él precipitados;

Y el Filósofo queda

Con un triste silencio en la arboleda.

Marcha con cauto paso ocultamente,

Descubre sobre un árbol eminente

Á un Faisán rodeado de su cría,

Que con amor materno la[396] decía:

--Hijos míos, pues ya que en mis lecciones

Largamente os hablé de los milanos,

De los buitres y halcones,

Hoy hemos de tratar de los humanos.

La oveja en leche y lana

Da abrigo y alimento

Para la raza humana;

Y en agradecimiento

Á tan gran bienhechora,

La mata el hombre mismo y la devora.

A la abeja, que labra sus panales

Artificiosamente,

La[397] roba, come, vende sus caudales,

Y la[398] mata en ejércitos su gente.

¿Qué recompensa en suma

Consigue al fin el ganso miserable

Por el precioso bien incomparable

De ayudar á las ciencias con su pluma[399]?

Le da muerte temprana el hombre ingrato

Y hace de su cadáver un gran plato.

Y pues que los humanos son peores

Que milanos y azores,

Y que toda perversa criatura,

Huiréis con horror de su figura.--

Así charló[400], y el hombre se presenta.

--Ése es, grita la madre; y al instante

La familia volante

Se desprende del árbol y se ausenta.

¡Oh cómo habló el Faisán! ¡_Mas, que dijera_,

El filósofo exclama, _si supiera

Que en sus propios hermanos

La ingratitud ejercen los humanos!_

FÁBULA V

[imagen]

El Zapatero médico.

Un inhábil y hambriento Zapatero

En la corte por médico corría;

Con un contraveneno que fingía,

Ganó fama y dinero.

Estaba el rey postrado en una cama

De una grave dolencia:

Para hacer experiencia

Del talento del médico, le llama.

El antídoto pide, y en un vaso

Finge el rey que le mezcla con veneno;

Se lo manda beber: el tal Galeno[401]

Teme morir: confiesa todo el caso,

Y dice que, sin ciencia,

Logró hacerse doctor de grande precio

Por la credulidad del vulgo necio.

Convoca el rey al pueblo:--¡Qué demencia

Es la vuestra, exclamó, que habéis fiado

La salud francamente

De un hombre á quien la gente

Ni aun quería fiarle su calzado!--

_Esto para los crédulos se cuenta_

_En quienes tiene el charlatán su renta._[402]

FÁBULA VI

[imagen]

El Murciélago y la Comadreja.

Cayó sin saber cómo

Un Murciélago á tierra,

Al instante le atrapa

La lista Comadreja.

Clamaba el desdichado

Viendo su muerte cerca,

Ella le dice:--Muere,

Que por naturaleza

Soy mortal enemiga

De todo cuanto vuela.--

El avechucho[403] grita,

Y mil veces protesta

Que él es ratón, cual todos

Los de su descendencia.

Con esto (¡qué fortuna!)

El preso se liberta.

Pasado cierto tiempo,

No sé de qué manera,

Segunda vez le pilla:

Él nuevamente ruega;

Mas ella le responde

Que Júpiter la ordena

Tenga paz con las aves,

Con los ratones guerra.

--¿Soy yo ratón acaso?

Yo creo que estás ciega.

¿Quieres ver cómo vuelo?--

En efecto, le deja,

Y á merced de su ingenio,

Libre el pájaro[404] vuela.

_Aquí aprendió de Esopo.

La gente marinera,

Murciélagos que fingen

Pasaporte y bandera.

No importa que haya pocos

Ingleses comadrejas:

Tal vez puede de un riesgo

Sacarnos una treta._

FÁBULA VII

[imagen]

La Mariposa y el Caracol.

Aunque te haya elevado la fortuna

Desde el polvo á los cuernos de luna,

Si hablas, Fabio, al humilde con desprecio,

Tanto como eres grande, serás necio,

¡Qué! ¿te irritas? ¿te ofende mi lenguaje?

--No se habla de ese modo á un personaje.

--Pues haz cuenta, señor, que no me oiste,

Y escucha á un Caracol: vaya de chiste.

En un bello jardín cierta mañana,

Se puso muy ufana

Sobre la blanca rosa

Una recién nacida Mariposa.

El sol resplandeciente

Desde su claro oriente

Los rayos esparcía:

Ella á su luz las alas extendía,

Sólo por que envidiasen sus colores

Manchadas aves y pintadas flores[405].

Esta vana, preciada de belleza,

Al volver la cabeza

Vió muy cerca de sí sobre una rama

Á un pardo Caracol. La bella dama

Irritada exclamó:--¿Cómo, grosero,

Á mi lado te acercas? Jardinero,

¿De qué sirve que tengas con cuidado

El jardín cultivado,

Y guarde tu desvelo

La rica fruta del rigor del hielo,

Y los tiernos botones de las plantas,

Si ensucia y come todo cuanto plantas,

Este vil Caracol de baja esfera?

Ó mátale al instante, ó vaya fuera.

--Quien ahora te oyese,

Si no te conociese,

Respondió el Caracol, en mi conciencia

Que pudiera temblar en tu presencia.

Mas díme, miserable criatura,

Que acabas de salir de la basura,

¿Puedes negar que aun no hace cuatro días

Que gustosa solías,

Como humilde reptil andar conmigo,

Y yo te hacía honor en ser tu amigo?

¿No es también evidente,

Que eres por línea recta descendiente

De las Orugas[406], pobres hilanderos[407],

Que mirándose en cueros,

De sus tripas hilaban y tejían

Un fardo en que el invierno se metían,

Como tú te has metido,

Y aun no hace cuatro días que has salido.

Pues si éste fué tu origen y tu casa,

Por qué tu ventolera se propasa

Á despreciar á un Caracol honrado?--

_¿El que tiene de vidrio su tejado[408]

Esto logra de bueno

Con tirar las pedradas al ajeno._

FÁBULA VIII

Los dos Titiriteros[409].

Todo el pueblo admirado

Estaba en una plaza amontonado,

Y en medio se empinaba un Titerero

Enseñando una bolsa sin dinero;

--Pase de mano en mano, les decía:

Señores, no hay engaño, está vacía.--

Se la vuelven, la sopla, y al momento

Derrama pesos duros, ¡qué portento!

Levántase un murmullo de repente,

Cuando ven por encima de la gente

Otro Titiritero á competencia.

Queda en expectación la concurrencia

Con silencio profundo;

Cesó el primero, y empezó el segundo.

Presenta de licor unas botellas:

Algunos se arrojaron hacia ellas,

Y al punto las hallaron transformadas

En sangrientas espadas.

Muestra un par de bolsillos de doblones:

Dos personas, sin duda dos ladrones,

Les echaron la garra muy ufanos,

Y se ven dos cordeles en sus manos.

Á un relator cargado de procesos

Una letra le enseña de mil pesos.

Sople usted: sopla el hombre apresurado,

Y le cierra los labios un candado.

Á un abate[410] arrimado á su cortejo

Le presenta un espejo,

Y al mirar su retrato peregrino,

Se vió con las orejas de pollino.

Á un santero[411] le manda

Que se acerque: le pilla la demanda[412],

Y allá, con sus hechizos,

La convirtió en merienda de chorizos.

Á un joven desenvuelto y rozagante

Le regala un diamante:

Éste le dió á su dama, y en el punto

Pálido se quedó como un difunto,

Item más, sin narices y sin dientes;

Allí fué la rechifla de las gentes,

La burla y la chacota.

El primer Titerero se alborota.

Dice por el segundo con denuedo:

--Ese hombre tiene un diablo en cada dedo,

Pues no encierran virtud tan peregrina

Los polvos de la madre Celestina[413];

Que declare su nombre.--

El concurso lo pide, y el buen hombre

Entonces, más modesto que un novicio,

Dijo: _No soy el diablo, sino el vicio_.

FÁBULA IX

[imagen]

El Raposo y el Perro.

De un modo muy afable y amistoso,

El Mastín de un pastor con un Raposo

Se solía juntar algunos ratos,

Como tal vez los perros y los gatos[414]

Con amistad se tratan. Cierto día

El Zorro á su compadre[415] le decía:

Estoy muy irritado:

Los hombres por el mundo han divulgado

Que mi raza inocente (¡qué injusticia!)

Les anda _circumcirca_[416] en la malicia.

¡Ah maldita canalla!

Si yo pudiera...--En esto el Zorro calla,

Y erizado se agacha.--Soy perdido,

Dice, los cazadores he oído.

¿Qué me sucede?--Nada:

No temas, le responde el camarada;

Son las gentes[417] que pasan al mercado.

Mira, mira, cuitado,

Marchar haldas en cinta á mis vecinas

Coronadas con cestas de gallinas.

--No estoy, dijo el Raposo, para fiestas;

Vete con tus gallinas y tus cestas,

Y satiriza á otro. Porque sabes

Que robaron anoche algunas aves,

¿He de ser yo el ladrón?--En mi conciencia

Que hablé, dijo el Mastín, con inocencia.

¿Yo pensar que has robado el gallinero,

Cuando siempre te vi como un cordero?

--¡Cordero! exclama el Zorro; no hay aguante

Que cordero me vuelva en el instante,

Si he hurtado el que falta en tu majada.

--Hola, concluye el Perro, camarada,

El ladrón es Ud.[418] según se explica.--

El estuche[419] molar al punto aplica

Al mísero Raposo,

Para que así escarmiente el cosquilloso[420],

Que de las fabulillas se resiente.

«_Si no estás inocente,

Dime, ¿por qué no bajas las orejas?

Y si acaso lo estás, ¿de qué te quejas?_»

LIBRO NONO

FÁBULA PRIMERA

El Gato y las Aves.

Charlatanes se ven por todos lados

En plazas y en estrados,

Que ofrecen sus servicios (¡cosa rara!)

Á todo el mundo por su linda cara[421].

Éste, químico y médico excelente,

Cura á todo doliente,

Pero _gratis_: no se hable de dinero.

El otro petimetre[422] caballero

Canta, toca, dibuja, borda, danza,

Y ofrece la enseñanza

_Gratis_ por afición á cierta gente.

Veremos en la fábula siguiente

Si puede haber en esto algún engaño:

La prudente cautela no hace daño.

Dejando los desvanes y rincones

El señor _Mirrimiz_, Gato de maña,

Se salió de la villa á la campaña.

En paraje sombrío

Á la orilla de un río

De sauces coronado,

En unas matas se quedó agachado.

El Gatazo[423] callaba como un muerto

Escuchando el concierto

De dos mil avecillas,

Que en las ramas cantaban maravillas.

Pero callaba en vano,

Mientras no se acercaban á su mano

Los músicos volantes, pues quería

_Mirrimiz_ arreglar la sinfonía.

Cansado de esperar, prorrumpe al cabo,

Sacando la cabeza: _¡Bravo, bravo!_

La turba calla: cada cual procura

Alejarse ó meterse en la espesura;

Mas él les[424] persuadió con buenos modos,

Y al fin logró que le escuchasen todos.

--No soy Gato montés ó campesino;

Soy honrado vecino

De la cercana villa;

Fuí Gato de un maestro de capilla;

La música aprendí y aun, si me empeño,

Veréis como os la enseño;

Pero _gratis_ y en menos de una hora.

¡Qué cosa tan sonora

Será el oír un coro de cantores,

Verbigracia, calandrias, ruiseñores!

Con estas y otras cosas diferentes,

Algunas de las aves inocentes

Con manso vuelo á _Mirrimiz_ llegaron:

Todos en torno de él se colocaron;

Entonces con más gracia

Y más diestro que el Músico de Tracia[425],

Echando su compás hacia el más gordo,

Consigue _gratis_ merendarse un tordo.

FÁBULA II

La Danza pastoril.

Á la sombra que ofrece

Un gran peñón tajado,

Por cuyo pie corría

Un arroyuelo manso,

Se formaba en estío

Un delicioso prado.

Los árboles silvestres

Aquí y allí plantados,

El suelo siempre verde

De mil flores sembrado,

Más agradable hacían

El lugar solitario.

Contento en él pasaba

La siesta, recostado

Debajo de una encina,

Con el albogue, Bato[426].

Al son de sus tonadas

Los pastores cercanos,

Sin olvidar algunos

La guarda del ganado,

Descendían ligeros[427]

Desde la sierra al llano.

Las honestas zagalas,

Según iban llegando,

Bailaban lindamente,

Asidas de las manos,

En torno de la encina

Donde tocaba Bato.

De las espesas ramas

Se veía colgando

Una guirnalda bella

De rosas y amaranto.

La fiesta presidía

Un mayoral anciano:

Y ya que el regocijo

Bastó para descanso,

Antes que se volviesen

Alegres al rebaño,

El viejo presidente

Con su corvo, cayado

Alcanzó la guirnalda,

Que pendía del árbol,

Y coronó con ella

Los cabellos dorados

De la gentil zagala,

Que con sencillo agrado

Supo ganar á todas

En modestia y recato.

_Si la virtud premiaran

Algunos cortesanos,

Yo sé que no huiría

Desde la corte al campo._

FÁBULA III

[imagen]

Los dos Perros.

_Procure ser en todo lo posible

El que ha de reprender irreprensible._

_Sultán_, perro goloso y atrevido,

En su casa robó, por un descuido,

Una pierna excelente de carnero.

_Pinto_, gran tragador, su compañero,

Le encuentra con la presa encarnizado,

Ojo al través, colmillo acicalado,

Fruncidas las narices y gruñendo.

--¿Qué cosa estás naciendo,

Desgraciado _Sultán_? _Pinto_ le dice.

¿No sabes, infelice[428],

Que un perro infiel, ingrato,

No merece ser perro, sino gato?

¡Al amo, que nos fía

La custodia de casa noche y día,

Nos halaga, nos cuida y alimenta,

Le das tan buena cuenta[429],

Que le robas goloso

La pierna del carnero más jugoso!

Como amigo te ruego

No la maltrates más: déjala luego.

--Hablas, dijo _Sultán_, perfectamente.

Una duda me queda solamente

Para seguir al punto tu consejo:

Di, ¿te la comerás si yo la dejo?

FÁBULA IV

La Moda.

Después de haber corrido

Cierto danzante Mono

Por cantones y plazas

De ciudad en ciudad el mundo todo,

Logró (dice la historia,

Aunque no cuenta el cómo)

Volverse libremente

Á los campos del África orgulloso.

Los Monos al viajero

Reciben con más gozo

Que á Pedro, el czar, los rusos,

Que los griegos á Ulises generoso.

De leyes, de costumbres

Ni él habló, ni algún otro[430]

Le preguntó palabra;

Pero de trajes y de modas todos.

En cierta jerigonza,

Con extranjero tono,

Les hizo un _gran detalle_[431]

De lo más _remarcable_[432] á los curiosos.

«Empecemos, decían,

Aunque sea por poco.»

Hiciéronse zapatos

Con cáscaras de nueces por lo pronto.

Toda la raza mona

Andaba con sus choclos[433],

Y el no traerlos era

Faltar á la decencia y al decoro.

Un leopardo hambriento

Trepa para los Monos;

Ellos huir intentan

Á salvarse en los árboles del soto[434].

Las chinelas[435] lo estorban,

Y de muy fácil modo

Aquí y allí mataba,

Haciendo á su placer dos mil destrozos.

En Tetuán desde entonces

Manda el senado docto,

Que cualquier uso ó moda

De países cercanos ó remotos,

Antes que llegue el caso

De adoptarse en el propio,

Haya de examinarse

En junta de políticos á fondo.

_Con tan justo decreto,

Y el suceso horroroso

¿Dejaron tales modas?

Primero dejarían de ser Monos._

FÁBULA V

El Lobo y el Mastín.

Trampas, redes y perros

Los celosos pastores disponían

En lo oculto del bosque y de los cerros,

Porque matar querían

Á un Lobo por el bárbaro delito

De no dejar á vida ni un cabrito.

Hallóse cara á cara

Un Mastín con el Lobo de repente,

Y cada cual se para,

Tal como en Zama estaban frente á frente

Antes de la batalla, muy serenos,

Aníbal y Escipión, ni más ni menos.

En esta suspensión treguas propone

El Lobo á su enemigo.

El Mastín no se opone,

Antes le dice:--Amigo,

Es cosa bien extraña por mi vida

Meterse un señor Lobo á cabricida[436].

Ese cuerpo brioso

Y de pujanza fuerte,

Que mate al jabalí, que venza al oso.

Mas ¿qué dirán al verte

Que lo valiente y fiero

Empleas en la sangre de un cordero?

El Lobo le responde:--Camarada,

Tienes mucha razón; en adelante

Propongo no comer sino ensalada.--

Se despiden y toman el portante.

Informados del hecho

Los pastores se apuran y patean:

Agarran al Mastín y le apalean.

Digo que fué bien hecho;

Pues, en vez de ensalada, en aquel año

Se fué comiendo el Lobo su rebaño.

_¿Con una reprensión, con un consejo

Se pretende quitar un vicio añejo?_

FÁBULA VI

[imagen]

La Hermosa y el Espejo.

Anarda la bella

Tenía un amigo

Con quien consultaba

Todos sus caprichos:

Colores de moda,

Más ó menos vivos,

Plumas, sombreretes[437],

Lunares y rizos

Jamás en su adorno

Fueron admitidos,

Si él no la[438] decía:

«_Gracioso, bonito_».

Cuando su hermosura

Llena de atractivo,

En sus verdes años

Tenía más brillo,

Traidoras la roban

(Ni acierto á decirlo)

Las negras viruelas

Sus gracias y hechizos.

Llegóse al espejo:

Éste era su amigo,

Y como se jacta

De fiel y sencillo,

Lisa y llanamente

La verdad la dijo.

Anarda furiosa,

Casi sin sentido,

Le vuelve la espalda

Dando mil quejidos.

Desde aquel instante

Cuentan que no quiso

Volver á consultas

Con el señor mío[439].

_Escúchame Anarda_:

«_Si buscas amigos

Que te representen

Tus gracias y hechizos,

Mas que no te adviertan

Defectos, y aun vicios

De aquellos que nadie

Conoce en sí mismo;

Díme ¿de qué modo

Podrás corregirlos?_»

FÁBULA VII

El Viejo y el Chalán.

_Fabio está, no lo niego, muy notado

De una cierta pasión que le domina;

¿Mas qué importa, señor? si se examina

Se verá que es un mozo muy honrado,

Generoso, cortés, hábil, activo,

Y que de todo entiende

Cuanto pide el empleo que pretende.

Y qué, ¿no se le dan?... ¿por qué motivo?...

Trataba un Viejo de comprar un perro

Para que le guardase los doblones.

Le decía el Chalán estas razones:

--Con un collar de hierro

Que tenga el animal, échenle gente:

Es hermoso, pujante,_

Leal, bravo, arrogante;

Y aunque tiene la falta solamente

De ser algo goloso...

--¿Goloso? dice el Rico; no le quiero.

--No es para marmitón[440], ni despensero,

Continúa el Chalán muy presuroso,

Sino para valiente centinela.

--Menos, concluye el Viejo:

Dejará que me quiten el pellejo

Por lamer entre tanto la cazuela.

FÁBULA VIII

La Gata con Cascabeles.

Salió cierta mañana

_Zapaquilda_ al tejado

Con un collar de grana,

De pelo y cascabeles adornado.

Al ver tal maravilla,

Del alto corredor y la guardilla[441]

Van saltando los Gatos de uno en uno;

Congrégase al instante

Tal concurso gatuno[442]

En torno de la dama rozagante,

Que entre flexibles colas arboladas

Apenas divisarla se podía.

Ella con mil monadas

El cascabel parlero sacudía;

Pero cesando al fin el sonsonete,

Dijo, que por juguete,

Quitó el collar al perro su señora,

Y se lo puso á ella.

Cierto que _Zapaquilda_ estaba bella:

Á todos enamora,

Tanto que en la gatesca compañía,

Cuál dice su atrevido pensamiento,

Cuál se encrespa celoso;

Riñen éste y aquél con ardimiento,

Pues con ansia quería

Cada Gato soltero ser su esposo.

Entre los arañazos y maullidos

Levántase _Garraf_, Gato prudente,

Y á los enfurecidos

Les grita:--Noble gente,

¡Gata con cascabeles por esposa!

¿Quién pretende tal cosa?

¿No veis que el cascabel la caza ahuyenta

Y que la dama hambrienta

Necesita sin duda que el marido,

Ausente y aburrido,

Busque la provisión en los desvanes,

Mientras ella cercada de galanes,

Porque el mundo la vea,

De tejado en tejado se pasea?--

Marchóse _Zapaquilda_ convencida,

Y lo mismo quedó la concurrencia.

_¡Cuántos chascos se llevan en la vida

Los que no miran más que la apariencia!_

FÁBULA IX

El Ruiseñor y el Mochuelo.

Una noche de mayo,

Dentro de un bosque espeso,

Donde según reinaba

La triste obscuridad con el silencio,

Parece que tenía

Su habitación Morfeo;

Cuando todo viviente

Disfrutaba del dulce y blando sueño,

Pendiente de una rama

Un Ruiseñor parlero[443]

Empezó con sus ayes

Á publicar sus dolorosos celos.

Después de mil querellas,

Que llegaron al cielo,

Á cantar empezaba

La antigua historia del infiel Teseo,

Cuando, sin saber como,

Un cazador Mochuelo

Al músico arrebata

Entre las corvas uñas prisionero.

Jamás Pan con la flauta

Igualó sus gorjeos,

Ni resonó tan grata

La dulce lira del divino Orfeo.

No obstante, cuando daba[444]

Sus últimos lamentos,

Los vecinos del bosque

Aplaudían su muerte: yo lo creo.

Si con sus serenatas

El mismo _Farinelo_

Viniese á despertarme,

Mientras que yo dormía[445] en blando lecho;

En lugar de los _bravos_,

Diría: Caballero,

¡Que no viniese ahora

Para tal Ruiseñor algún Mochuelo!

_Clori tiene mil gracias:

Y ¿qué logra con eso?

Hacerse fastidiosa

Por no querer usarlas á su tiempo._

FÁBULA X

[imagen]

El Amo y el Perro.

--Callen todos los perros de este mundo

Donde está mi _Palomo_:

Es fiel, decía el Amo, sin segundo

Y me guarda la casa... pero ¿cómo?

Con la despensa abierta

Le dejé cierto día;

En medio de la puerta

De guardia se plantó con bizarría.

Un formidable gato,

En vez de perseguir á los ratones,

Se venía guiado del olfato

Á visitar chorizos y jamones.

_Palomo_ le despide buenamente;

El gatazo[446] se encrespa y acalora:

Riñen sangrientamente,

Y mi _Guardajamones_[447] le devora.--

Esto contaba el Amo á sus amigos,

Y después á su casa se los lleva

Á que fuesen testigos

De tal fidelidad en otra prueba.

Tenía al buen _Palomo_ prisionero

Entre manidas pollas y perdices:

Los sebosos riñones de un carnero

Casi casi le untaban las narices.

Dentro de este retiro á penitencia[448]

El triste fué metido

Después de algunos días de abstinencia.

Al fin, ya su Señor compadecido

Abre con sus amigos el encierro;

Sale rabo entre piernas agachado:

Al Amo se acercaba el pobre Perro,

Lamiéndose el hocico ensangrentado.

El Dueño se alborota y enfurece

Con tan fatales nuevas.

_Yo le preguntaría ¿Y qué merece

Quien la virtud expone á tales pruebas?_

FÁBULA XI

Los dos Cazadores.

Que en una marcial función,

Ó cuando el caso lo pida,

Arriesgue un hombre su vida,

Digo que es mucha razón.

Pero el que por diversión

Exponer su vida quiera

Á juguete de una fiera,

Ó peligros no menores,

Sepa de dos Cazadores

Una historia verdadera.

Pedro Ponce, el valeroso,

Y Juan Carranza, el prudente,

Vieron venir frente á frente

Al lobo más horroroso.

El prudente, temeroso,

Á una encina se abalanza,

Y cual otro Sancho Panza,

En las ramas se salvó.

Pedro Ponce allí murió:

_Imitemos á Carranza_.

FÁBULA XII

[imagen]

El Gato y el Cazador.

Cierto Gato en poblado descontento,

Por mejorar sin duda de destino

(Qué no sería Gato de convento)

Pasó de ciudadano á campesino.

Metióse santamente

Dentro de una covacha, mas no lejos

De un gran soto poblado de conejos.

Considere el lector piadosamente

Si este noble ermitaño

Probaría la hierba en todo el año.

Lo mejor de la caza devoraba,

Haciendo mil excesos;

Mas al fin por el rastro que dejaba

De plumas y de huesos,

Un Cazador lo advierte: le persigue,

Arma trampas y redes con tal maña,

Que al instante consigue

Atrapar la carnívora alimaña.

Llégase el Cazador al prisionero,

Quiere darle la muerte.

El animal le dice:--Caballero,

Duélase de la suerte

De un triste pobrecito[449],

Metido en la prisión y sin delito.

--¿Sin delito, me dices,

Cuando sé que tus uñas y tus dientes

Devoran infinitos inocentes?

--Señor, eran conejos y perdices;

Y yo no hacía más, á fe de Gato,

Que lo que ustedes hacen en el plato.

--Ea, pícaro, muere,

Que tu mala razón no satisface.

_Con que sea[450] la cosa que se fuere,

¿La podrá usted hacer, si otro la hace?_

FÁBULA XIII

El Pastor.

Salicio[451] usaba tañer

La zampoña todo el año,

Y, por oírle, el rebaño

Se olvidaba de pacer.

Mejor sería romper

La zampoña al tal Salicio;

_Porque si causa perjuicio

En lugar de utilidad,

La mayor habilidad,

En vez de virtud, es vicio._

FÁBULA XIV

[imagen]

El Tordo Flautista.

Era un gusto el oír, era un encanto,

Á un tordo gran flautista, pero tanto,

Que en la gaita gallega,

Ó la pasión me ciega,

Ó á Misón le llevaba mil ventajas.

Cuando todas las aves se hacen rajas[452]

Saludando á la aurora,

Y la turba confusa charladora[453]

La[454] canta sin compás y con destreza

Todo cuanto la viene á la cabeza,

El flautista empezó: cesó el concierto.

Los pájaros con tanto pico abierto

Oyeron en un tono soberano

Las folías[455] la gaita y el villano[456].

Al escuchar las aves tales cosas,

Quedaron admiradas y envidiosas;

Los jilgueros preciados de cantores,

Los vanos ruiseñores,

Unos y otros corridos,

Callan entre las hojas escondidos.

Ufano el Tordo grita:--Camaradas,

Ni saben, ni sabrán estas tonadas

Los pájaros ociosos,

Sino los retirados estudiosos.

Sabed, que con un hábil zapatero

Estudié un año entero:

Él dale que le das á sus zapatos,

Y alternando, silbábamos á ratos.

En fin, viéndome diestro,

--Vuela al campo, me dice mi maestro,

Y harás ver á las aves de mi parte

_Lo que gana el ingenio con el arte_.

FÁBULA XV

El Raposo y el Lobo.

Un triste Raposo

Por medio del llano

Marchaba sin piernas,

Cual otro soldado,

Que perdió las suyas

Allá en Campo Santo.

Un Lobo le dijo:

--Hola, buen hermano,

Diga, ¿en qué refriega

Quedó tan lisiado?

--¡Ay de mí! responde;

Un maldito rastro

Me llevó á una trampa,

Donde por milagro,

Dejando una pierna,

Salí con trabajo.

Después de algún tiempo

Iba yo cazando[457],

Y en la trampa misma

Dejé pierna y rabo.--

El Lobo le dice[457]

--Creíble es el caso:

Yo estoy tuerto, cojo

Y desorejado

Por ciertos mastines,

Guardas de un rebaño.

Soy de estas montañas

El Lobo decano,

Y como conozco

Las mañas de entrambos,

Temo que acabemos,

No digo enmendados,

Sino tú en la trampa,

Y yo en el rebaño.

_Que el ciego apetito_

_Pueda arrastrar tanto_

_Á los brutos, pase,_

_¡Pero á los humanos!_

FÁBULA XVI

[imagen]

El Ciudadano Pastor.

Fábulas · 第 6 / 10 段