corriendo á dar las nuevas á sus discípulos. Y yendo á dar las nuevas á sus
discípulos,
9 hé aquí, Jesus les sale al encuentro, diciendo: Tengais gozo. Y ellas se
llegaron, y abrazaron sus piés, y le adoraron.
10 Entonces Jesus les dice: No temais: id, dad las nuevas á mis hermanos,
para que vayan á Galiléa; y allá me verán.
11 Y yendo ellas, hé aquí, unos de la guardia vinieron á la ciudad, y dieron
aviso á los príncipes de los sacerdotes de todas las cosas que habian
acontecido.
12 Y juntados con los ancianos, habido consejo, dieron mucho dinero á los
soldados,
13 diciendo: Decid: Sus discípulos vinieron de noche, y le hurtaron,
durmiendo nosotros:
14 y si esto fuere oido del presidente, nosotros le persuadiremos, y os
haremos seguros.
15 Y ellos, tomado el dinero, hicieron como estaban instruidos: y este dicho
fué divulgado entre los Judíos hasta el dia de hoy.
16 Mas los once discípulos se fueron á Galiléa, al monte, donde Jesus les
habia ordenado.
17 Y como le vieron, le adoraron: mas algunos dudaban.
18 Y llegando Jesus, les habló, diciendo: Toda potestad me es dada en el
cielo y en la tierra:
19 por tanto id, enseñad á todas las gentes, bautizándolos en nombre del
Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo:
20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y hé aquí, yo
estoy con vosotros todos los dias, hasta el fin del siglo. Amen.
EL
SANTO EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESU CRISTO
SEGUN
S. MARCOS.
CAPITULO 1
1 PRINCIPIO del Evangelio de Jesu Cristo, Hijo de Dios.
2 Como está escrito en los profetas: Hé aquí, yo envio á mi ángel delante de
tu faz, que apareje tu camino delante de tí.
3 Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor: enderezad
sus veredas.
4 Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de penitencia* para
remision de pecados. {* De enmienda, ó de arrepentimiento, de conversion.}
5 Y salia á él toda la provincia de Judéa, y los de Jerusalem; y eran todos
bautizados de él en el rio del Jordán, confesando sus pecados.
6 Y Juan andaba vestido de pelos de camello, y de [una] cinta de cuero al
rededor de sus lomos; y comia langostas, y miel montés.
7 Y predicaba, diciendo: Viene tras mí el que es mas fuerte que yo, al cual
no soy digno de desatar encorvado la correa de sus zapatos:
8 yo á la verdad os he bautizado con agua: mas él os bautizará con Espíritu
Santo.
9 Y ACONTECIÓ en aquellos dias, [que] Jesus vino de Nazaret de Galilea, y
fué bautizado de Juan en el Jordán.
10 Y luego, subiendo del agua, vió abrirse los cielos, y al Espíritu, como
paloma, que descendia sobre él.
11 Y fué [una] voz de los cielos, [que decia:] Tú eres mi Hijo amado: en tí
tomo contentamiento.
12 Y luego el Espíritu [Santo] le impele al desierto.
13 Y estuvo allí en el desierto cuarenta dias; y era tentado de Satanás: y
estaba con las fieras; y los ángeles le servian.
14 MAS despues que Juan fué entregado, Jesus vino á Galiléa, predicando el
evangelio del reino de Dios,
15 y diciendo: El tiempo es cumplido; y el reino de Dios está cerca:
enmendáos, y creed al Evangelio.
16 Y pasando junta á la mar de Galiléa, vió á Simon, y á Andres su hermano,
que echaban la red en la mar, porque eran pescadores.
17 Y les dijo Jesus: Venid en pos de mí, y haré que seais pescadores de
hombres.
18 Y luego, dejadas sus redes, le siguieron.
19 Y pasando de allí un poco mas adelante, vió á Jacobo, [hijo] de Zebedéo,
y á Juan su hermano, tambien ellos en el navío, que aderezaban las redes.
20 Y luego los llamó; y dejando á su padre Zebedéo en el navío con los
jornaleros, fueron en pos de él.
21 Y ENTRAN en Capharnaum: y luego los sábados entrando en la sinagoga
enseñaba.
22 Y se espantaban de su doctrina; porque los enseñaba como quien tiene
potestad, y no como los escribas.
23 Y habia en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, el cual
dió voces,
24 diciendo: ¡Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesus Nazareno? ¿has venido á
destruirnos? sé quien eres, el Santo de Dios.
25 Y riñóle Jesus, diciendo: Enmudece, y sal de él.
26 Y haciéndole pedazos el espíritu inmundo, y clamando á gran voz, salió de
él.
27 Y todos se maravillaron, de tal manera que inquirian entre sí, diciendo:
¿Qué es esto? ¿qué nueva doctrina es esta, que con potestad aun á los
espíritus inmundos manda, y le obedecen?
28 Y luego vino su fama por toda la provincia al rededor de Galiléa.
29 Y luego salidos de la sinagoga, vinieron á casa de Simon y de Andres, con
Jacobo y Juan.
30 Y la suegra de Simon estaba acostada con calentura; y le dijeron luego de
ella.
31 Entonces llegando [él,] la tomó de su mano, y la levantó; y luego la dejó
la calentura, y les servia.
32 Y cuando fué la tarde, como el sol se puso, traian á él todos los que
tenian mal, y endemoniados.
33 Y toda la ciudad se juntó á la puerta.
34 Y sanó á muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades; y echó
fuera muchos demonios; y no dejaba decir á los demonios que le conocian.
35 Y levantándose muy de mañana, aun muy de noche, salio, y se fué á un
lugar desierto, y allí oraba.
36 Y le siguió Simon, y los que estaban con él.
37 Y hallándole, le dicen: Todos te buscan.
38 Y les dice: Vamos á los lugares vecinos, para que predique tambien allí:
porque para esto he salido.
39 Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galiléa, y echaba fuera los
demonios.
40 Y UN leproso vino á él, rogándole; é hincada la rodilla, le dice: Si
quieres, puedes limpiarme.
41 Y Jesus teniendo misericordia de él, extendió su mano, y le tocó, y le
dice: Quiero: sé limpio.
42 Y habiendo él dicho esto, luego la lepra se fué de él, y fué limpio.
43 Y le defendió, y luego le echó,
44 y le dice: Mira [que] no digas á nadie nada: sino vé, muéstrate al
sacerdote, y ofrece por tu limpieza lo que Moisés mandó para que les conste.
45 Y él salido, comenzó á predicar muchas cosas, y á divulgar el negocio,
que ya Jesus no podia entrar manifiestamente en la ciudad: mas estaba fuera
en los lugares desiertos, y venian á él de todas partes.
CAPITULO 2
1 Y ENTRÓ otra vez en Capharnaum despues de [algunos] dias; y se oyó que
estaba en casa.
2 Y luego se juntaron á él muchos, que ya no cabian ni aun á la puerta; y
les hablaba la palabra.
3 Entonces vinieron á él [unos] trayendo un paralítico, que era traido de
cuatro.
4 Y como no podian llegar á él á causa de la compañía, descubrieron la
techumbre donde estaba, y horadando bajan el lecho en que el paralítico
estaba echado.
5 Y viendo Jesus la fé de ellos, dice al paralítico: Hijo, tus pecados te
son perdonados.
6 Y estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales pensando en
sus corazones,
7 decian: ¿Por qué habla este blasfemias? ¿quién puede perdonar pecados,
sino solo Dios?
8 Y conociendo luego Jesus en su espíritu que pensaban esto dentro de sí,
les dijo: ¿Por qué pensais estas cosas en vuestros corazones?
9 ¿cuál es mas fácil: Decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados; ó
decirle: Levántate, y toma tu lecho, y anda?
10 Pues porque sepais que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de
perdonar los pecados, (dice al paralítico):
11 A tí digo: Levántate, y toma tu lecho, y véte á tu casa.
12 Entonces [él] se levantó luego; y tomando su lecho, se salió delante de
todos, de manera que todos se espantaron, y glorificaron á Dios, diciendo:
Nunca tal hemos visto.
13 Y VOLVIÓ á salir á la mar, y toda la compañía venia á el, y los enseñaba.
14 Y pasando vió á Leví, [hijo] de Alféo, sentado al banco [de los públicos
tributos,] y le dice: Sígueme. Y levantándose, le siguió.
15 Y aconteció, que estando Jesus á la mesa en casa de él, muchos publicanos
y pecadores estaban tambien á la mesa juntamente con Jesus, y con sus
discípulos: porque habia muchos, y le habían seguido.
16 Y los escribas, y los Fariséos, viéndole comer con los publicanos, y con
los pecadores, dijeron á sus discípulos: ¿Qué es esto, que [vuestro Maestro]
come y bebe con los publicanos, y con los pecadores?
17 Y oyéndo[lo] Jesus, les dice: los sanos no tienen necesidad de médico,
mas los que tienen mal: no he venido á llamar á los justos, mas los pecadores
á penitencia.* {* A enmienda de la vida.}
18 Y los discípulos de Juan, y de los Fariséos ayunaban; y vienen, y le
dicen: ¿Por qué los discípulos de Juan, y [los] de los Fariséos ayunan; y tus
discípulos no ayunan?
19 Y Jesus les dice: No pueden ayunar los que son de bodas, cuando el esposo
está con ellos: entre tanto que tienen consigo el esposo no pueden ayunar.
20 Mas vendrán dias, cuando el esposo será quitado de ellos; y entonces en
aquellos dias ayunarán.
21 Nadie echa remiendo de paño recio en vestido viejo; de otra manera el
mismo remiendo nuevo tira del viejo, y se hace peor la rotura.
22 Ni nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera el vino nuevo
rompe los odres, y se derrama el vino, y los odres se pierden: mas el vino
nuevo en odres nuevos se ha de echar.
23 Y ACONTECIÓ, que pasando él [otra vez] por los sembrados en sábado, sus
discípulos andando comenzaron á arrancar espigas.
24 Entonces los Fariséos le dijeron: Hé aquí, ¿por qué hacen [tus
discípulos] en sábado lo que no es lícito?
25 Y él les dijo: ¿Nunca leisteis qué hizo David cuando tuvo necesidad, y
tuvo hambre, él y los que [estaban] con él?
26 ¿cómo entró en la casa de Dios, siendo Abiathár sumo Pontífice, y comió
los panes de la proposicion, de los cuales no es lícito comer, sino á los
sacerdotes, y aun dió á los que estaban consigo?
27 Díjoles tambien: El sábado por causa del hombre es hecho; no el hombre
por causa del sábado:
28 así que el Hijo del hombre es Señor aun del sábado.
CAPITULO 3
1 Y OTRA vez entró en la sinagoga; y habia allí un hombre que tenia una mano
seca.
2 Y le acechaban, si en sábado le sanaria, para acusarle.
3 Entonces dijo al hombre que tenia la mano seca: Levántate en medio.
4 Y les dice: ¿Es lícito hacer bien en sábados, ó hacer mal? ¿salvar la
persona, ó matarla? Mas ellos callaban.
5 Y mirándolos al rededor con enojo, condoleciéndose de la ceguedad de su
corazon, dice al hombre: Extiende tu mano. Y la extendió, y su mano fué
restituida sana como la otra.
6 Entonces saliendo los Fariséos tomaron consejo con los Herodianos contra
él, para matarle.
7 MAS Jesus se apartó á la mar con sus discípulos; y le siguió gran multitud
de Galiléa, y de Judéa,
8 y de Jerusalem, y de Iduméa, y de la otra parte del Jordán; y de los que
[moraban] al rededor de Tyro y de Sidón, grande multitud, oyendo cuan grandes
cosas hacia, vinieron á él.
9 Y dijo á sus discípulos que la navecilla le estuviese siempre apercibida,
por causa de la compañía, porque no le oprimiesen.
10 Porque habia sanado á muchos, de tal manera que caian sobre él, cuantos
tenian plagas, por tocarle.
11 Y los espíritus inmundos, en viéndole, se postraban delante de él, y
daban voces, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios.
12 Mas él les reñia mucho que no le manifestasen.
13 Y SUBIÓ al monte, y llamó á si los que él quiso; y vinieron á él.
14 Y ordenó á los doce para que estuviesen con él, y para enviarlos á
predicar;
15 y que tuviesen potestad de sanar enfermedades, y de echar fuera demonios:
16 á Simon, al cual puso por nombre Pedro;
17 y á Jacobo, hijo de Zebedéo, y á Juan hermano de Jacobo, y les puso
nombre Boanerges, que es, Hijos del trueno;
18 y á Andres, y á Felipe, y á Bartolomé, y á Matéo, y á Tomás, y á Jacobo,
[hijo] de Alféo, y á Tadéo, y á Simon el Chananéo,
19 y á Judas Iscariote, el que le entregó: y vinieron á casa.
20 Y OTRA vez se juntó la compañía, de tal manera que ellos ni aun podian
comer pan.
21 Y como le oyeron los suyos, vinieron para prenderle: porque decian: Está
fuera de sí.
22 Y los escribas que habian venido de Jerusalem, decian que tenia á
Beelzebub, y que por el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios.
23 Y llamándolos, les dijo por parábolas: ¿Cómo puede Satanás echar fuera á
Satanás?
24 Y si [algun] reino contra si mismo fuere dividido, no puede permanecer el
tal reino.
25 Y si [alguna] casa fuere dividida contra sí misma, no puede permanecer la
tal casa.
26 Y si Satanás se levantare contra sí mismo, y fuere dividido, no puede
permanecer: mas tiene fin.
27 Nadie puede saquear las alhajas del valiente entrando en su casa, si
antes no prendiere al valiente; y entonces saqueará su casa.
28 De cierto os digo, [que] todos los pecados serán perdonados á los hijos
de los hombres, y las blasfemias cualesquiera con que blasfemaren:
29 mas cualquiera que blasfemare contra el Espíritu Santo, no tiene perdon
para siempre: mas está obligado á eterno juicio.
30 Porque decian: Tiene espíritu inmundo.
31 Vienen pues sus hermanos y su madre, y estando de fuera, enviaron á él
llamándole.
32 Y la compañía estaba asentada al rededor de él, y le dijeron: Hé aquí, tu
madre y tus hermanos te buscan fuera.
33 Y él les respondió, diciendo: ¿Quién es mi madre, y mis hermanos?
34 Y mirando al rededor á los que estaban sentados al rededor de él, dijo:
Hé aquí mi madre, y mis hermanos:
35 porque cualquiera que hiciere la voluntad de Dios, este es mi hermano, y
mi hermana, y mi madre.
CAPITULO 4
1 Y OTRA vez comenzó á enseñar .junto á la mar, y se juntó á él gran
compañía, tanto que entrándose él en un navío, se sentó en la mar, y toda la
compañía estaba en tierra junto á la mar.
2 Y les enseñaba por parábolas muchas cosas, y les decia en su doctrina:
3 Oid: Hé aquí, el que sembraba salió á sembrar.
4 Y aconteció sembrando, que una parte cayó junto al camino; y vinieron las
aves del cielo, y la tragaron.
5 Y otra parte cayó en pedregales donde no tenia mucha tierra; y luego
salió, porque no tenia la tierra profunda;
6 mas, salido el sol, se quemó; por cuanto no tenia raiz se secó.
7 Y otra parte cayó en espinas; subieron las espinas, y la ahogaron y no dió
fruto.
8 Y otra parte cayó en buena tierra y dió fruto, que subió y creció: y llevó
uno á treinta, y otro á sesenta, y otro á ciento.
9 Entonces les dijo: El que tiene oidos para oir, oiga.
10 Y cuando estuvo solo le preguntaron, los que estaban con él con los doce,
de la parábola.
11 Y les dijo: A vosotros es dado saber el misterio del reino de Dios: mas á
los que están fuera, por parábolas todas las cosas:
12 para que viendo, vean y no vean; y oyendo, oigan y no entiendan: porque
no se conviertan, y les sean perdonados los pecados.
13 Y les dijo: ¿No sabeis esta parábola? ¿cómo pues entendereis todas las
parábolas?
14 El que siembra [es el que] siembra la palabra.
15 Y estos son los de junto al camino, en los que la palabra es sembrada:
mas despues que la oyeron, luego viene Satanás, y quita la palabra que fué
sembrada en sus corazones.
16 Y asimismo estos son los que son sembrados en pedregales; los que cuando
han oido la palabra, luego la toman con gozo:
17 mas no tienen raiz en sí, antes son temporales: que en levantándose la
tribulacion, ó la persecucion por causa de la palabra, luego se escandalizan.
18 Y estos son los que son sembrados entre espinas; los que oyen la palabra:
19 mas las congojas de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las
codicias que hay en las otras cosas, entrando ahogan la palabra, y es hecha
sin fruto.
20 Y estos son los que fueron sembrados en buena tierra; los que oyen la
palabra, y [la] reciben, y hacen fruto, uno á treinta, otro á sesenta, otro á
ciento.
21 Díjoles tambien: ¿Viene el candil para ser puesto debajo del almud, ó
debajo de la cama? ¿No [viene] para ser puesto en el candelero?
22 Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni secreto, que
no haya de venir en descubierto.
23 Si alguno tiene oidos para oir, oiga.
24 Díjoles tambien: Mirad lo que oís: con la medida que medis, os medirán
otros; y será añadido á vosotros los que oís.
25 Porque al que tiene, le será dada; y al que no tiene, aun lo que tiene le
será quitado.
26 Decia mas: Así es el reino de Dios, como si un hombre eche simiente en la
tierra;
27 y duerma y se levante de noche de dia, y la simiente brote y crezca como
él no sabe.
28 Porque de suyo fructifica la tierra, primero yerba, luego espiga, luego
grano lleno en la espiga.
29 Y cuando el fruto fuere producido, luego se mete la hoz, porque la siega
es llegada.
30 Y decia: ¿A qué haremos semejante el reino de Dios? ¿ó con qué parábola
le compararemos?
31 Como el grano de la mostaza, que cuando es sembrado en tierra es el mas
pequeño de todas las simientes que hay en la tierra:
32 mas cuando fuere sembrado sube, y se hace la mayor de todas las
legumbres; y hace grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo puedan
hacer nidos debajo de su sombra.
33 Y con muchas tales parábolas les hablaba la palabra, conforme á lo que
podian oir.
34 Y sin parábola no les hablaba: mas á sus discípulos en particular
declaraba todo.
35 Y LES dijo aquel dia, cuando fué tarde: Pasemos de la otra parte.
36 Y enviando la compañía, le tomaron, como estaba en el navío, y habia
tambien con él otros navichuelos.
37 Y se levantó una grande tempestad de viento, y echaba las ondas en el
navío, de tal manera que ya se llenaba.
38 Y él estaba en la popa durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le
dicen: ¿Maestro, no mires que perecemos?
39 Y levantándose [él,] riñó al viento y dijo á la mar: Calla, enmudece. Y
cesó el viento; y fué hecha grande bonanza.
40 Y á ellos dijo: ¿Por qué sois así temerosos? ¿cómo no teneis fé?
41 Y temieron con gran temor, y decian el uno al otro: ¿Quién es este, que
aun el viento y la mar le obedecen?
CAPITULO 5
1 Y VINIERON de la otra parte de la mar á la provincia de los Gadarenos.
2 Y salido él del navío, luego le salió al encuentro de los sepulcros un
hombre con un espíritu inmundo,
3 que tenia manida en los sepulcros, y ni aun con cadenas le podia alguien
atar:
4 porque muchas veces habia sido atado con grillos y cadenas, mas las
cadenas habian sido hechas pedazos de él, y los grillos desmenuzados; y nadie
le podia domar.
5 Y siempre de dia y de noche andaba dando voces en los montes y en los
sepulcros, é hiriéndose á las piedras.
6 Y como vió á Jesus de lejos, corrió, y le adoró;
7 y clamando á gran voz, dijo: ¿Qué tienes conmigo, Jesus, hijo del Dios
Altísimo? te conjuro [por] Dios que no me atormentes.
8 Porque le decia: Sal de este hombre, espíritu inmundo.
9 Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y respondió, diciendo: Legion me llamo:
porque somos muchos.
10 Y le rogaba mucho que no le echase fuera de aquella provincia.
11 Y estaba allí cerca de los montes una grande manada de puercos paciendo.
12 Y le rogaron todos [aquellos] demonios, diciendo: Envíanos á los puercos
para que entremos en ellos.
13 Y les permitió luego Jesus, y saliendo aquellos espíritus inmundos,
entraron en los puercos; y la manada cayó por un despeñadero en la mar, los
cuales eran como dos mil, y se ahogaron en la mar.
14 Y los que apacentaban los puercos huyeron, y dieron aviso en la ciudad y
en los campos. Y salieron para ver que era aquello que habia acontecido.
15 Y vienen á Jesus, y ven al que habia sido atormentado del demonio,
sentado, y vestido, y en seso el que habia tenido la legion; y tuvieron
temor.
16 Y les contaron los que [lo] habian visto, como habia acontecido al que
habia tenido el demonio, y de los puercos.
17 Y comenzaron á rogarle que se fuese de los términos de ellos.
18 Y entrando él en el navío, le rogaba el que habia sido fatigado del
demonio, para estar con él.
19 Mas Jesus no le permitió, sino le dijo: Véte á tu casa á los tuyos, y
cuéntales cuan grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y [como] ha tenido
misericordia de tí.
20 Y se fué, y comenzó á predicar en Decápolis cuan grandes cosas Jesus
habia hecho con él; y todos se maravillaban.
21 Y PASANDO otra vez Jesus en un navío de la otra parte, se juntó á él gran
compañía; y estaba junto á la mar,
22 y vino uno de los príncipes de la sinagoga llamado Jairo; y como le vió,
se postró á sus piés,
23 y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está á la muerte: ven y pondrás las
manos sobre ella, para que sea salva, y vivirá.
24 Y fué con él, y le seguia gran compañía, y le apretaban.
25 Y una mujer que estaba con flujo de sangre doce años hacia,
26 y habia sufrido mucho de muchos médicos, y habia gastado todo lo que
tenia, y nada habia aprovechado, antes le iba peor,
27 como oyó [decir] de Jesus, vino en la compañía por las espaldas, y tocó
su vestido.
28 Porque decia: Si [yo] tocare tan solamente su vestido, seré salva.
29 Y luego la fuente de su sangre se secó, y sintió en el cuerpo que estaba
sana de aquel azote.
30 Y Jesus luego conociendo en sí mismo la virtud que habia salido de él,
volviéndose á la compañía, dijo: ¿Quién ha tocado a mis vestidos?
31 Y le dijeron sus discípulos: Ves que la compañía te aprieta, y dices:
¿Quién me ha tocado?
32 Y [él] miraba al rededor por ver a la que habia hecho esto.
33 Entonces la mujer temiendo y temblando, sabiendo lo que en sí habia sido
hecho, vino, y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad.
34 Y el le dijo: Hija, tu fé te ha hecho salva: vé en paz, y sé sana de tu
azote.
35 Hablando aun él, vinieron del príncipe de la sinagoga, diciendo: Tu hija
es muerta: ¿para qué fatigas mas al Maestro?
36 Mas Jesus luego, en oyendo esta razon que se decia, dijo al príncipe de
la sinagoga: No temas: cree solamente.
37 Y no permitió que alguno viniese tras él, sino Pedro, y Jacobo, y Juan
hermano de Jacobo.
38 Y vino á casa del príncipe de la sinagoga, y vió el alboroto, los que
lloraban y gemian mucho.
39 Y entrando les dice: ¿Por qué os alborotais, y llorais? la muchacha no es
muerta, mas duerme.
40 Y hacian burla de él: mas el, echados fuera todos, toma al padre y á la
madre de la muchacha, y á los que estaban con él, y entra donde estaba la
muchacha echada.
41 Y tomando la mano de la muchacha, le dice: Talitha cumi; que es, si lo
interpretares: Muchacha, á tí digo, levántate.
42 Y luego la muchacha se levantó, y andaba; porque tenia doce años: y se
espantaron de grande espanto.
43 Mas [él] les mandó mucho que nadie lo supiese; y dijo que diesen á la
muchacha de comer.
CAPITULO 6
1 Y SALIÓ de allí, y vino a su tierra; y le siguieron sus discípulos.
2 Y llegado el sábado, comenzó á enseñar en la sinagoga; y muchos oyéndole
estaban atónitos, diciendo: ¿De dónde tiene este estas cosas? ¿y qué
sabiduría es esta que le es dada; y tales maravillas que por sus manos son
hechas?
3 ¿no es este el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, y de Joses, y
de Judas, y de Simon? ¿no están tambien aquí con nosotros sus hermanas? Y
se escandalizaban en él.
4 Mas Jesus les decia: No hay profeta deshonrado sino en su tierra, y entre
sus parientes, y en su casa.
5 Y no pudo allí hacer alguna maravilla: solamente sanó [unos] pocos
enfermos poniendo sobre ellos las manos.
6 Y estaba maravillado de la incredulidad de ellos; y rodeaba las aldeas de
al rededor enseñando.
7 Y LLAMÓ á los doce, y comenzó á enviarlos de dos en dos, y les dio
potestad [contra] los espíritus inmundos;
8 y les mandó que no llevasen nada para el camino, sino solamente [un]
bordon; ni alforja, ni pan, ni dinero en la bolsa:
9 mas que calzasen zapatos; y no vistiesen dos ropas.
10 Y les decia: En cualquier casa que entráreis, posad allí hasta que
salgais de allí.
11 Y todos aquellos que no os recibieren, ni os oyeren, saliendo de allí,
sacudid el polvo que está debajo de vuestros piés en testimonio á ellos: de
cierto os digo, que mas tolerable será [el castigo] de los de Sodoma, ó de
los de Gomorrha el dia del juicio, que él de aquella ciudad
12 Y saliendo predicaban, que hiciesen penitencia.* {* O, que se
enmendasen.}
13 Y echaban fuera muchos demonios, y ungian con aceite á muchos enfermos, y
sanaban.
14 Y OYÓ el rey Herodes [la fama de Jesus,] porque su nombre era hecho
notorio, y dijo Juan, el que bautizaba, ha resucitado de los muertos; y por
tanto virtudes obran en él.
15 Otros decian: Elías es. Y otros decian: Profeta es; ó alguno de los
profetas.
16 Y oyéndo[lo] Herodes, dijo: Este es Juan el que yo degollé: él ha
resucitado de los muertos.
17 Porque el mismo Herodes habia enviado y prendido á Juan, y le habia
aprisionado en la cárcel á causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano:
porque la habia tomado por mujer.
18 Porque Juan decia á Herodes: No te es lícito tener la mujer de tu
hermano.
19 Mas Herodías le acechaba, y deseaba matarle, y no podia:
20 porque Herodes temia á Juan, sabiendo que era varon justo y santo; y le
tenia respeto, y obedeciéndole hacia muchas cosas; y le oia de buena gana.
21 Y viniendo un dia oportuno, en que Herodes, en la fiesta de su
nacimiento, hacia cena a sus príncipes y tribunos, y á los principales de
Galiléa,
22 y entrando la hija de Herodías, y danzando, y agradando á Herodes, y á
los que estaban con él á la mesa, el rey dijo á la muchacha: Pídeme lo que
quisieres, que yo te lo daré.
23 Y le juró: Todo lo que me pidieres te daré hasta la mitad de mi reino.