cielos, ese es mi hermano, y hermana, y madre.
CAPITULO 13
1 Y AQUEL dia, saliendo Jesus de la casa, se sentó, junto á la mar.
2 Y se allegaron á él muchas compañías; y entrándose él en un navío, se
sentó, y toda la compañía estaba á la ribera.
3 Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: Hé aquí, el que sembraba
salió á sembrar.
4 Y sembrando, parte [de la simiente] cayó junto al camino, y vinieron las
aves, y la comieron.
5 Y parte cayó en pedregales, donde no tenia mucha tierra; y nació luego,
porque no tenia tierra profunda:
6 mas en saliendo el sol, se quemó, y se secó, porque no tenia raiz.
7 Y parte cayó en espinas, y las espinas crecieron, y la ahogaron.
8 Y parte cayó en buena tierra, y dió fruto, uno de á ciento, y otro de á
sesenta, y otro de á treinta.
9 Quien tiene oidos para oir, oiga.
10 Entonces llegándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por
parábolas?
11 Y él respondiendo, les dijo: Porque á vosotros es concedido saber los
misterios del reino de los cielos, mas á ellos no es concedido.
12 Porque á cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá mas: mas al que no
tiene, aun lo que tiene le será quitado.
13 Por eso les hablo por parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen,
ni entienden.
14 De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: De oido
oireis, y no entendereis; y viendo vereis, y no mirareis.
15 Porque el corazon de este pueblo está engrosado, y de los oidos oyen
pesadamente, y de sus ojos guiñan: porque no vean de los ojos, y oigan de los
oidos, y del corazon entiendan, y se conviertan, y yo los sane.
16 Mas bienaventurados vuestros ojos, porque ven, y vuestros oidos, porque
oyen.
17 Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo
que [vosotros] veis, y no [lo] vieron; y oir lo que [vosotros] ois, y no [lo]
oyeron.
18 Oid pues vosotros la parábola del que siembra.
19 Oyendo cualquiera la palabra del reino, y no entendiéndo[la], viene el
Malo, y arrebata lo que fué sembrado en su corazon. Este es el que fué
sembrado junto al camino.
20 Y el que fué sembrado en pedregales, este es el que oye la palabra, y
luego la recibe con gozo.
21 Mas no tiene raiz en sí, antes es temporal: que venida la afliccion ó la
persecucion por la palabra, luego se ofende.
22 Y el que fué sembrado en espinas, este es el que oye la palabra: mas la
congoja de este siglo, y el engaño de las riquezas ahoga la palabra, y se
hace sin fruto.
23 Mas el que fué sembrado en buena tierra, este es el que oye y entiende la
palabra, y el que lleva el fruto; y lleva uno á ciento, y otro á sesenta, y
otro á treinta.
24 Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante
al hombre que siembra buena simiente en su haza.
25 Mas durmiendo los hombres, vino su enemigo, y sembró zizaña entre el
trigo, y se fue.
26 Y como la yerba salió, é hizo fruto, entonces la zizaña pareció tambien.
27 Y llegándose los siervos del padre de la familia, le dijeron: Señor, ¿no
sembraste buena simiente en tu haza? ¿pues de dónde tiene zizaña?
28 Y él les dijo: Un hombre enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron:
¿Pues quieres que vamos, y la cojamos?
29 Y él dijo: No: porque cogiendo la zizaña, no arranqueis tambien con ella
el trigo:
30 dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de
la siega [yo] diré á los segadores: Coged primero la zizaña, y atadla en
manojos, para quemarla: mas el trigo allegadle en mi alfolí.
31 Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante
al grano de mostaza, que tomándolo alguno lo sembró en su haza:
32 el cuál á la verdad es el mas pequeño de todas las simientes: mas cuando
ha crecido, es el mayor de [todas] las hortalizas; y se hace árbol, que
vienen las aves del cielo, y hacen nidos en sus ramas.
33 Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante á la
levadura, que tomándola una mujer, la esconde en tres medidas de harina,
hasta que toda se leude.
34 Todo esto habló Jesus por parábolas á las compañías: y nada les habló sin
parábolas:
35 para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta, que dijo: Abriré
en parábolas mi boca: rebosaré cosas escondidas desde la fundacion del mundo.
36 Entonces, enviadas las compañías, Jesus se vino á casa; y llegándose á él
sus discípulos, le dijeron: Decláranos la parábola de la zizaña de la haza.
37 Y respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena simiente es el Hijo
del hombre;
38 y la haza es el mundo; y la buena simiente, estos son los hijos del
reino; y la zizaña son los hijos del Malo;
39 y el enemigo que la sembró, es el Diablo; y la siega es el fin del mundo;
y los segadores son los ángeles:
40 de manera que como es cogida la zizaña, y quemada á fuego, así será en el
fin de este siglo:
41 enviará el Hijo del hombre sus ángeles, y cogerán de su reino todos los
estorbos, y los que hacen iniquidad;
42 y los echarán en el horno de fuego: allí será el lloro, y el crujir de
dientes.
43 Entonces los justos resplandecerán, como el sol, en el reino de su Padre.
El que tiene oidos para oir, oiga.
44 Tambien el reino de los cielos es semejante al tesoro escondido en la
haza, el cual hallado, el hombre [lo] encubre, y de gozo de él, va, y vende
todo lo que tiene, y compra aquella haza.
45 Asimismo el reino de los cielos es semejante al hombre tratante, que
busca buenas perlas:
46 que hallando una preciosa perla, fué, y vendió todo lo que tenia, y la
compró.
47 Tambien el reino de los cielos es semejante á la red, que echada en la
mar coge de todas suertes:
48 la cual siendo llena, la sacaron á la orilla; y sentados cogieron lo
bueno en vasos, y lo malo echaron fuera.
49 Así será en la fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán á los
malos de entre los justos:
50 y los echarán en el horno del fuego: allí será el lloro, y el crujir de
dientes.
51 Jesus les dice: ¿Habeis entendido todas estas cosas? Ellos responden: Sí,
Señor.
52 Y él les dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es
semejante á un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas
viejas.
53 Y ACONTECIÓ [que] acabando Jesus estas parábolas, pasó de allí.
54 Y yendo á su tierra, les enseñó en la sinagoga de ellos, de tal manera
que ellos estaban fuera de sí, y decian: ¿De dónde tiene este esta sabiduría,
y [estas] maravillas?
55 ¿no es este el hijo del carpintero? ¿no se llama su madre María; y sus
hermanos, Jacobo, y Joses, y Simon, y Judas?
56 ¿y no están todas sus hermanas con nosotros? ¿de dónde pues tiene este
todo esto?
57 Y se escandalizaban en él: mas Jesus les dijo: No hay profeta sin honra,
sino en su tierra, y en su casa.
58 Y no hizo allí muchas maravillas, a causa de la incredulidad de ellos.
CAPITULO 14
1 EN aquel tiempo Herodes el tetrarca oyó la fama de Jesus;
2 y dijo á sus criados: Este es Juan el Bautista: él ha resucitado de los
muertos, y por eso virtudes obran en él.
3 Porque Herodes habia prendido á Juan, y le habia aprisionado, y puesto en
la cárcel, por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano.
4 Porque Juan le decia: No te es lícito tenerla.
5 Y queria matarle, mas tenia miedo de la multitud: porque le tenian como á
profeta.
6 Y celebrándose el dia del nacimiento de Herodes, la hija de Herodías danzó
en medio, y agradó á Herodes.
7 Y prometió con juramento de darle todo lo que pidiese.
8 Y ella, instruida primero de su madre, dijo: Dáme aquí en un plato la
cabeza de Juan el Bautista.
9 Entonces el rey se entristeció: mas por el juramento, y por los que
estaban juntamente á la mesa, mandó que se [le] diese.
10 Y enviando, degolló á Juan en la cárcel.
11 Y fué traida su cabeza en un plato, y dada á la moza; y ella [la]
presentó á su madre.
12 Entonces sus discípulos llegaron, y tomaron el cuerpo, y le enterraron; y
fueron, y dieron las nuevas á Jesus.
13 Y OYÉNDO[LO] Jesus, se apartó de allí en un navío á un lugar desierto
apartado; y cuando las compañías [lo] oyeron, le siguieron á pié de las
ciudades.
14 Y saliendo Jesus, vió una grande compañía; y tuvo misericordia de ellos,
y sanó los que de ellos habia enfermos.
15 Y cuando fué la tarde del dia, se llegaron á él sus discípulos, diciendo:
El lugar es desierto, y el tiempo es ya pasado: envia las compañías, que se
vayan por las aldeas, y compren para sí de comer.
16 Y Jesus les dijo: No tienen necesidad de irse: dadles vosotros de comer.
17 Y ellos dijeron: No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces.
18 Y él les dijo: Traédmelos acá.
19 Y mandando á las compañías recostarse sobre la yerba, y tomando los cinco
panes y los dos peces, alzando los ojos al cielo, bendijo; y partiendo los
panes, [los] dió á los discípulos, y los discípulos á las compañías.
20 Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que sobró, los pedazos,
doce esportones llenos.
21 Y los que comieron fueron varones como cinco mil, sin las mujeres y
muchachos.
22 Y luego Jesus hizo á sus discípulos entrar en el navío, é ir delante de
él de la otra parte [del lago,] entre tanto que él despedia las compañías.
23 Y despedidas las compañías, subió en el monte apartado á orar. Y como fué
la tarde del dia, estaba allí solo.
24 Y ya el navío estaba en medio de la mar, atormentado de las ondas: porque
el viento era contrario.
25 Mas á la cuarta vela de la noche Jesus fué á ellos andando sobre la mar.
26 Y los discípulos, viéndole andar sobre la mar, se turbaron, diciendo:
[Alguna] fantasma es; y dieron voces de miedo.
27 Mas luego Jesus les habló, diciendo: Aseguráos: yo soy, no tengais miedo.
28 Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si tú eres, manda que yo
venga á tí sobre las aguas.
29 Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro del navío, anduvo sobre las aguas
para venir á Jesus.
30 Mas viendo el viento fuerte, tuvo miedo; y comenzándose á hundir, dió
voces, diciendo: Señor, sálvame.
31 Y luego Jesus extendiendo la mano, trabó de él, y le dice: Oh [hombre] de
poca fé, ¿por qué dudaste?
32 Y como ellos entraron en el navío, el viento reposó.
33 Entonces los que [estaban] en el navío vinieron, y le adoraron, diciendo:
Verdaderamente eres Hijo de Dios.
34 Y llegando de la otra parte, vinieron en la tierra de Gennezaret.
35 Y como le conocieron los varones de aquel lugar, enviaron por toda
aquella tierra al rededor, y trajeron á él todos los enfermos.
36 Y le rogaban que solamente tocasen el borde de su manto; y todos los que
tocaron, fueron salvos.
CAPITULO 15
1 ENTONCES llegaron á Jesus ciertos escribas y Fariséos de Jerusalem,
diciendo:
2 ¿Por qué tus discípulos traspasan la tradicion de los ancianos? porque no
lavan sus manos cuando comen pan.
3 Y él respondiendo, les dijo: ¿Por qué tambien vosotros traspasais el
mandamiento de Dios por vuestra tradicion?
4 Porque Dios mandó, diciendo: Honra al padre y á la madre; tambien: El que
maldijere al padre ó á la madre, muera de muerte.
5 Mas vosotros decis: Cualquiera dirá al padre ó á la madre: Toda ofrenda
mia á tí aprovechará; y no honrará á su padre ó á su madre.
6 Y habeis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradicion.
7 Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, diciendo:
8 Este pueblo de su boca se acerca de mí, y de labios me honra: mas su
corazon lejos está de mí:
9 mas en vano me honran, enseñando doctrinas, mandamientos de hombres.
10 Y llamando á sí las compañías, les dijo: Oid, y entended:
11 no lo que entra en la boca contamina al hombre: mas lo que sale de la
boca, esto contamina al hombre.
12 Entonces llegándose sus discípulos, le dijeron: ¿Sabes que los Fariséos
oyendo esta palabra se ofendieron?
13 Mas respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial
será desarraigada:
14 dejadlos: guias son ciegas de ciegos; y si el ciego guiare al ciego,
ambos caerán en el hoyo.
15 Y respondiendo Pedro, le dijo: Decláranos esta parábola.
16 Y Jesus dijo: ¿Aun tambien vosotros sois sin entendimiento?
17 ¿No entendeis aun, que todo lo que entra en la boca, va al vientre, y es
echado en la letrina?
18 Mas lo que sale de la boca, del [mismo] corazon sale, y esto contamina al
hombre.
19 Porque del corazon salen los malos pensamientos, muertes, adulterios,
fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, maledicencias.
20 Estas cosas son las que contaminan al hombre: que comer con las manos por
lavar no contamina al hombre.
21 Y SALIENDO Jesus de allí, se fué á las partes de Tyro y de Sidón.
22 Y hé aquí, una mujer Cananéa, que habia salido de aquellos términos,
clamaba, diciéndole: Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí: mi hija es
malamente atormentada del demonio.
23 Mas él no le respondió palabra. Entonces llegándose sus discípulos, le
rogaron, diciendo: Envíala, que da voces tras nosotros.
24 Y él respondiendo, dijo: No soy enviado sino á las ovejas perdidas de la
casa de Israel.
25 Entonces ella vino, y le adoró, diciendo: Señor, socórreme.
26 Y respondiendo él, dijo: No es bien tomar el pan de los hijos, y echarle
á los perrillos.
27 Y ella dijo: Sí, Señor: porque los perrillos comen de las migajas que
caen de la mesa de sus señores.
28 Entonces respondiendo Jesus, dijo: ¡Oh mujer! grande [es] tu fé: sea
hecho contigo como quieres. Y fué sana su hija desde aquella hora.
29 Y PARTIDO Jesus de allí, vino junto al mar de Galiléa; y subiendo en [un]
monte, se sentó allí.
30 Y llegaron á él muchas compañías, que tenian consigo cojos, ciegos,
mudos, mancos, y otros muchos [enfermos;] y los echaron á los piés de Jesus,
y los sanó:
31 de tal manera, que las compañías se maravillaron, viendo hablar los
mudos, los mancos sanos, andar los cojos, ver los ciegos; y glorificaron al
Dios de Israél.
32 Y Jesus llamando sus discípulos, dijo: Tengo misericordia de la compañía,
que ya [hace] tres dias [que] perseveran conmigo, y no tienen que comer; y
enviarlos ayunos no quiero: porque no desmayen en el camino.
33 Entonces sus discípulos le dicen: ¿Dónde tenemos nosotros tantos panes en
el desierto, que hartemos tan gran compañía?
34 Y Jesus les dice: ¿Cuántos panes teneis? Y ellos dijeron: Siete, y unos
pocos pececillos.
35 Y mandó á las compañías que se recostasen en tierra.
36 Y tomando los siete panes y los peces, dando gracias, partió, y dió á sus
discípulos, y los discípulos á la compañía.
37 Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que sobró de los pedazos,
siete espuertas llenas.
38 Y eran los que habian comido cuatro mil varones, sin las mujeres y los
niños.
39 Entonces despedidas las compañías, subió en un navío, y vino en los
términos de Magdalá.
CAPITULO 16
1 Y LLEGÁNDOSE los Fariséos y los Saducéos, tentando, le pedian que les
mostrase señal del cielo.
2 Mas él respondiendo, les dijo: Cuando es la tarde del dia, decis: Sereno:
porque el cielo tiene arreboles.
3 Y á la mañana: Hoy tempestad: porque tiene arreboles el cielo triste.
Hipócritas, que sabeis hacer diferencia en la faz del cielo; ¿y en las
señales de los tiempos no podeis?
4 La generacion mala y adulterina demanda señal: mas señal no le será dada,
sino la señal de Jonás profeta. Y dejándolos, se fué.
5 Y viniendo sus discípulos de la otra parte [del lago,] se habian olvidado
de tomar pan.
6 Y Jesus les dijo: Mirad, y guardáos de la levadura de los Fariséos, y de
los Saducéos.
7 Y ellos pensaban dentro de sí, diciendo: No tomamos pan.
8 Y entendiéndo[lo] Jesus, les dijo: ¿Qué pensais dentro de vosotros,
[hombres] de poca fé, que no tomasteis pan?
9 ¿No entendeis aun, ni os acordais de los cinco panes [entre] cinco mil
[varones], y cuántos esportones tomasteis?
10 ¿Ni de los siete panes [entre] cuatro mil, y cuántas espuertas tomasteis?
11 ¿Cómo? ¿No entendeis que no por el pan os dije, que os guardáseis de la
levadura de los Fariséos, y de los Saducéos?
12 Entonces entendieron que no les habia dicho que se guardasen de la
levadura de pan, sino de la doctrina de los Fariséos, y de los Saducéos.
13 Y VINIENDO Jesus en las partes de Cesaréa de Filipo, preguntó á sus
discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?
14 Y ellos dijeron: Unos: Juan el Bautista; y otros: Elías; y otros:
Jeremías, ó alguno de los profetas.
15 El les dice: Y vosotros, ¿quién decis que soy?
16 Y respondiendo Simon Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios
viviente.
17 Entonces respondiendo Jesus, le dijo: Bienaventurado eres, Simon, hijo de
Jonás: porque no te lo reveló carne ni sangre, mas mi Padre que está en los
cielos:
18 mas yo tambien te digo, que tú eres Pedro; y sobre esta piedra edificaré
mi Iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella:
19 y á tí daré las llaves del reino de los cielos: que todo lo que ligares
en la tierra, será ligado en los cielos; y todo lo que desatares en la
tierra, será desatado en los cielos.
20 Entonces mandó á sus discípulos que á nadie dijesen que él era Jesus el
Cristo.
21 Desde aquel tiempo comenzó Jesus á declarar á sus discípulos, que le
convenia ir á Jerusalem, y padecer mucho de los ancianos, y de los príncipes
de los sacerdotes, y de los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer
dia.
22 Y Pedro, tomándolo aparte, comenzó á reprenderle, diciendo: Señor, ten
compasion de tí: en ninguna manera esto te acontezca.
23 Entonces él volviéndose, dijo á Pedro: Quítate de delante de mí;
adversario: me eres estorbo: porque no entiendes lo que [es] de Dios, sino lo
que [es] de los hombres.
24 Entonces Jesus dijo á sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de
mí, niéguese á si mismo, y tome su cruz, y sígame.
25 Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá; y cualquiera
que perdiere su vida por causa de mí, la hallará.
26 Porque, ¿de qué aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y
perdiere su alma? ¿O, qué recompensa dará el hombre por su alma?
27 Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus
ángeles; y entonces pagará á cada uno conforme á sus obras.
28 De cierto os digo, [que] hay algunos de los que están aquí, que no
gustarán la muerte, hasta que hayan visto el Hijo viniendo en su reino.
CAPITULO 17
1 DESPUES de seis dias Jesus toma á Pedro, y á Jacobo, y Juan su hermano, y
los saca aparte á un monte alto.
2 Y se trasfiguró delante de ellos; y resplandeció su rostro como el sol, y
sus vestidos fueron blancos como la luz.
3 Y hé aquí, les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.
4 Y respondiendo Pedro, dijo á Jesus: Señor, bien es que nos quedemos aquí:
si quieres, hagamos aquí tres cabañas ¡para tí una, y para Moisés otra, y
para Elías otra.
5 Estando aun hablando él, hé aquí, una nube de luz [que] los cubrió; y hé
aquí, una voz de la nube, que dijo: Este es mi Hijo amado, en el cual tome
contentamiento: á él oid.
6 Y oyendo [esto] los discípulos, cayeron sobre sus rostros, y temieron en
gran manera.
7 Entonces Jesus llegando, los tocó, y dijo: Levantáos, y no temais.
8 Y alzando [ellos] sus ojos, á nadie vieron, sino á solo Jesus.
9 Y como descendieron del monte, les mandó Jesus, diciendo: No digais á
nadie la vision, hasta que el Hijo del hombre resucite de los muertos.
10 Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Qué pues dicen los
escribas, que es menester que Elías venga primero?
11 Y respondiendo Jesus, les dijo: A la verdad Elías vendrá primero, y
restituirá todas las cosas:
12 mas os digo, que ya vino Elías, y no le conocieron: antes hicieron en él
todo lo que quisieron: así tambien el Hijo del hombre padecerá de ellos.
13 los discípulos entonces entendieron que les decia de Juan Bautista.
14 Y COMO ellos llegaron á la compañía, vino á él un hombre hincándosele de
rodillas,
15 y diciendo: Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y padece
malamente: porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua:
16 y le he presentado á tus discípulos, y no le han podido sanar.
17 Y respondiendo Jesus, dijo: ¡Oh generacion infiel y torcida! ¿hasta
cuándo tengo de estar con vosotros? ¿hasta cuándo os tengo de sufrir?
traédmele acá.
18 Y Jesus le reprendió, y salió el demonio de él; y el mozo fué sano desde
aquella hora.
19 Entonces llegándose los discípulos á Jesus aparte, dijeron: ¿Por qué
nosotros no le pudimos echar fuera?
20 Y Jesus les dijo: Por vuestra infidelidad: porque de cierto os digo, que
si tuviéreis fé como un grano de mostaza, direis á este monte: Pásate de aquí
allá, y se pasará: y nada os será imposible:
21 mas este linaje [de demonios] no sale sino por oracion y ayuno.
22 Y ESTANDO ellos en Galiléa, les dijo Jesus: El Hijo del hombre será
entregado en manos de hombres;
23 y le matarán: mas al tercer dia resucitará. Y [ellos] se entristecieron
en gran manera.
24 Y COMO llegaron á Capharnaum, vinieron á Pedro los que cobraban las dos
dracmas, y dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?
25 Y [él] dice: Sí. Y entrado él en casa, Jesus le habló antes, diciendo:
¿Qué te parece, Simon? ¿los reyes de la tierra, de quién cobran los tributos,
ó el censo? ¿de sus hijos, ó de los extraños?
26 Pedro le dice: De los extraños. Jesus le dijo: Luego francos son los
hijos:
27 mas porque no los ofendamos, vé á la mar, y echa el anzuelo, y el primer
pez que viniere, tómale, y abierta su boca hallarás un estatero, dásele por
mí, y por tí.
CAPITULO 18
1 EN aquel tiempo se llegaron los discípulos á Jesus, diciendo: ¿Quién es el
mayor en el reino de los cielos?
2 Y llamando Jesus un niño, le puso en medio de ellos,
3 Y dijo: De cierto os digo, que si no os volviéreis, y fuéreis como niños,
no entraréis en el reino de los cielos.
4 Así que cualquiera que se bajare como este niño, este es el mayor en el
reino de los cielos.
5 Y cualquiera que recibiere á un tal niño en mi nombre, á mí recibe.
6 Y cualquiera que ofendiere á alguno de estos pequeños, que creen en mí,
mejor le fuera que le fuera colgada del cuello una piedra de molino de asno,
y que fuera anegado en el profundo de la mar.
7 ¡Ay del mundo por los escándalos! porque necesario es que vengan
escándalos: mas ¡ay de aquel hombre, por el cual viene el escándalo!
8 Por tanto, si tu mano ó tu pié te fuere ocasion de caer, córtalos y
écha[los] de tí: mejor te es entrar cojo ó manco á la vida, que teniendo dos
manos ó dos piés ser echado al fuego eterno.
9 Y si tu ojo te es ocasion de caer, sácale, y écha[le] de tí: que mejor te
es entrar con un ojo á la vida, que teniendo dos ojos ser echado al quemadero
del fuego.
10 Mirad no tengais en poco á alguno de estos pequeños: porque [yo] os digo
que sus ángeles en los cielos ven siempre la cara de mi Padre, que está en
los cielos.
11 Porque el Hijo del hombre es venido para salvar lo que se habia perdido.
12 ¿Qué os parece? Si tuviese algun hombre cien ovejas, y se perdiese una de
ellas, ¿no iria por los montes, dejadas las noventa y nueve, á buscar la que
se habia perdido?
13 Y si aconteciese hallarla, de cierto os digo, que mas se goza de aquella,
que de las noventa y nueve que no se perdieron.
14 Así no es la voluntad de vuestro Padre, que [está] en los cielos, que se
pierda uno de estos pequeños.
15 Por tanto si tu hermano pecare contra tí, vé, y redargúyele entre tí y él
solo: si te oyere, has ganado á tu hermano.
16 Mas, si no te oyere, toma aun contigo uno ó dos, para que en boca de dos
ó de tres testigos conste toda palabra.
17 Y si no oyere á ellos, dí[lo] á la congregacion; y si no oyere á la
congregacion ténle por un étnico, y un publicano.
18 De cierto os digo [que] todo lo que ligáreis en la tierra, será ligado en
el cielo; y todo lo que desatáreis en la tierra, será desatado en el cielo.
19 Tambien os digo, que si dos de vosotros consintieren en la tierra, de
toda cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre, que [está] en los
cielos.
20 Porque donde están dos ó tres congregados en mi nombre, ahí estoy en
medio de ellos.
21 ENTONCES Pedro llegándose á él, dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré á
mi hermano que pecare contra mí? ¿hasta siete?
22 Jesus le dice: No te digo hasta siete, mas aun hasta setenta veces siete.
23 Por lo cual el reino de los cielos es semejante á un hombre rey, que
quiso hacer cuentas con sus siervos.
24 Y comenzando á hacer cuentas, le fué presentado uno que le debia diez mil
talentos.
25 Mas á este, no pudiendo pagar, mandó su señor vender á el, y á su mujer,
é hijos, con todo lo que tenia, y pagar.
26 Entonces aquel siervo postrado le adoraba, diciendo: Señor, deten la ira
para conmigo, y todo te lo pagaré.
27 El señor movido á misericordia de aquel siervo, le soltó, y le perdonó la
deuda.
28 Y saliendo aquel siervo, halló uno de sus compañeros, que le debia cien
denarios; y trabando de él, le ahogaba, diciendo: Paga lo que debes.
29 Entonces su compañero, postrándose á sus piés, le rogaba, diciendo: Deten
la ira para conmigo, y todo te lo pagaré.
30 Mas él no quiso, sino fué, y le echó en la cárcel hasta que pagase la
deuda.