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La Valera 1858 de la SBBE.
Aviso:
Este texto del Nuevo Testamento (Valera 1858) fue bajado de la pagina de web:
Antigua Versión Valera 1909 La palabra de Dios en español.
(www.valera1909.com) Este texto no tiene derechos reservados, puedes
distribuirlo como quieres. Solamente pedimos que por respeto del trabajo que
invertimos en dándote este texto (Encontrando, escaneando, y corrigiendo.),
que dejes este aviso y la siguiente introducción (Todo entre [Empieza
] y
[Termina
]) en cualquier copia que publicas sobre el Internet. Si tienes
cualquier pregunta o comentario por favor escribe a: info@valera1909.com.
Introducción a la Valera 1858 de la SBBE.
El texto siguiente fue escaneado de un Nuevo Testamento en Español que
compré de una colección privada en León, Guanajuato, México, en 1986.
Impresa en Londres en 1865 por Spottiswoode y Compañía, New Street Square,
representa la condición de la Valera 1602 en la segunda mitad del siglo 19,
siendo revisado mayormente en su ortografía. Todos los otros tipos de
revisión son escasos en este texto. Hemos supuesto que el texto de este
Nuevo Testamento es la revisión hecha por la Sociedad Bíblica Británica y
Extranjera (SBBE) en 1858. Sin embargo, el Nuevo Testamento que escaneamos
no fue impreso por la SBBE, y hasta ahora no han confirmado la identidad del
texto que representa. La revisión SBBE 1858 era una de tres revisiones de
Valera circulando en la era de su impresión (1865), y este texto es diverso
que las otras dos revisiones (SPCC 1862, SBA 1865), por eso parece apropiado
asumir que el texto en esta impresión es verdaderamente el NT Español de la
SBBE 1858. Algunas revisiones ligeras nos confunden, sin embargo, siendo
idénticas a las revisiones hechas por la SPCC en 1862 (e.g. Lucas 6.1: panes
- sembrados), y nos hace suponer la posibilidad que había otra revisión que
ambas usaron, de otra manera tendríamos que suponer que la SPCC 1862 usó en
parte la revisión de la SBBE 1858. (Hubo revisión de la Valera en 1831-2 por
la Sociedad Bíblica de Glasgow, pero no tenemos ningún ejemplar).
Este Nuevo Testamento reproducimos aquí no solo para documentar tales
revisiones, sin embargo, sino para proveer una representación precisa de la
original Valera 1602, modernizada ortográficamente para facilitar comparación
con revisiones posteriores. Si por medio de información futura averiguamos
que no es la revisión de la SBBE de 1858, nos disculpamos ahora por la mala
representación, pero por ser el texto siguiente mayormente una Valera 1602
revisada ortográficamente, el propósito de esta reproducción se mantiene
igual.
En todos nuestros textos, letra itálica se reproduce entre corchetes
[...], para que se convierta fácilmente el Nuevo Testamento a muchos
diferentes formatos. Algunas ediciones impresas tenían tanto letra itálica y
palabras entre corchetes. En estos casos, para mantener la integridad de la
reproducción, aún corcheteamos palabras inicialmente itálicas, pero para
indicar la diferencia encerramos entre símbolos relativos <...> las palabras
originalmente entre corchetes.
Todas las copias impresas que hemos escaneado y duplicado contienen
errores de impresión y puntuación. Algunos son obvios, pero de vez en cuando
había varias posibilidades en la corrección. En tales casos determinamos la
corrección según la original 1602, o la norma actual, la 1909. En todos los
casos que hicimos correcciones señalamos la palabra alterada con el
circunflejo (^). Además señalamos con la misma marca aquellos lugares donde
parecía haber error, pero por no estar seguros, no cambiamos nada.
Todos los asteriscos (*) en el texto son reproducciones de la impresión
original. Significan alguna referencia en la margen, la cual reproducimos en
abrazaderas {*...} al final del versículo.
Guillermo Kincaid
[Termina Aviso e Introducción]
EL
NUEVO TESTAMENTO
DE
NUESTRO SEÑOR JESU CRISTO,
Ó SEAN
LOS ESCRITOS EVANGÉLICOS Y APOSTÓLICOS.
VERSION REVISTA
Y CONFRONTADA CON EL TEXTO GRIEGO, Y CON DIVERSAS TRADUCCIONES,
POR
CIPRIANO DE VALERA.
LONDRES.
1865
IMPRESO POR
SPOTTISWOODE Y COMPANIA, NEW-STREET SQUARE
LONDRES
EL
SANTO EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESU CRISTO
SEGUN
S. MATEO.
CAPITULO 1
1 LIBRO de la generacion de Jesu Cristo, hijo de David, hijo de Abraham.
2 Abraham engendró á Isaac; é Isaac engendró á Jacob; y Jacob engendró á
Judá y á sus hermanos;
3 y Judá engendró de Thamár á Pharés y á Zara; y Pharés engendró á Hesrón; y
Hesrón engendró á Ram;
4 y Ram engendró á Aminadáb; y Aminadáb engendró á Naasón; y Naasón engendró
á Salmón;
5 y Salmón engendró de Raáb á Booz; y Booz engendró de Ruth a Obéd; y Obéd
engendró á Isaí;
6 é Isaí engendró al rey David; y el rey David engendró á Salomón de la [que
fué mujer] de Urías;
7 y Salomón engendró á Roboam; y Roboam engendró á Abiám; y Abiám engendró á
Asa;
8 y Asa engendró á Josaphát; y Josaphát engendró á Jorám; y Jorám engendró á
Ozías;
9 y Ozías engendró á Joathám; y Joathám engendró á Acház; y Acház engendró á
Ezechías;
10 y Ezechías engendró a Manassé; y Manassé engendró á Amón; y Amón engendró
á Josías;
11 y Josías engendró <á Joacím; y Joacím engendró> á Jechonías, y á sus
hermanos, en la trasmigracion de Babilonia;
12 y despues de la trasmigracion de Babilonia, Jechonías engendró a
Salathiél; y Salathiél engendró á Zorobabél;
13 y Zorobabél engendró á Abiud; y Abiud engendró á Eliacím; y Eliacím
engendró á Azór;
14 y Azór engendró á Sadóc; y Sadóc engendró á Achím; y Achím engendró á
Eliud;
15 y Eliúd engendró á Eleazár; y Eleazár engendró á Mathán; y Mathán
engendró á Jacob;
16 y Jacob engendró á Joseph marido de María, de la cual nació Jesus, el
cual es llamado el Cristo.
17 De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David, [son]
catorce generaciones; y desde David hasta la trasmigracion de Babilonia,
catorce generaciones; y desde la trasmigracion de Babilonia hasta Cristo,
catorce generaciones.
18 Y EL nacimiento de Jesu Cristo fué así: Que siendo María su madre
desposada con Joseph, antes que se juntasen, fué hallada estar preñada del
Espíritu Santo.
19 Y Joseph su marido, como era justo, y no la quisiese infamar, quiso
dejarla secretamente.
20 Y pensando él esto, hé aquí, que el ángel del Señor le aparece en sueños,
diciendo: Joseph, hijo de David, no temas de recibir á María tu mujer: porque
lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es :
21 y parirá hijo, y llamarás su nombre JESUS: porque él salvará á su pueblo
de sus pecados.
22 Todo esto aconteció para que se cumpliese lo que fué dicho por el Señor
por el profeta, que dijo:
23 He aquí, que una vírgen será preñada, y parirá hijo, y llamarás su nombre
Emmanuel, que declarado es: Con nosotros Dios.
24 Y despertado Joseph del sueño, hizo como el ángel del Señor le habia
mandado, y recibió á su mujer.
25 Y no la conoció hasta que parió á su Hijo primogénito; y llamó su nombre
JESUS.
CAPITULO 2
1 Y COMO fué nacido Jesus en Bethlehem de Judea en los dias del rey Herodes,
hé aquí, que Magos vinieron del oriente á Jerusalem,
2 diciendo: ¿Dónde está el Rey de los Judíos, que ha nacido? porque su
estrella hemos visto en el oriente, y venimos á adorarle.
3 Y oyendo [esto] el rey Herodes, se turbó, y toda Jerusalem con él.
4 Y convocados todos los príncipes de los sacerdotes, y los escribas del
pueblo, les preguntó dónde habia de nacer el Cristo.
5 Y ellos le dijeron: En Bethlehem de Judea: porque así está escrito por el
profeta:
6 Y tú, Bethlehem, [de] tierra de Judá, no eres muy pequeña entre los
príncipes de Judá: porque de tí saldrá Guiador, que apacentará á mi pueblo
Israel.
7 Entonces Herodes, llamados los Magos en secreto, entendió de ellos
diligentemente el tiempo del aparecimiento de la estrella.
8 Y enviándolos á Bethlehem, dijo: Andad allá, y preguntad con diligencia
por el niño; y despues que le halláreis, hacédmelo saber, para que yo venga y
le adore.
9 Y ellos, habiendo oido al rey, se fueron; y hé aquí, que la estrella, que
habian visto en el oriente, iba delante de ellos, hasta que llegando, se puso
sobre donde estaba el niño.
10 Y vista la estrella, se gozaron mucho de gran gozo.
11 Y entrando en la casa, hallaron al niño con su madre María, y
postrándose, le adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron dones, oro, e
incienso, y mirra.
12 Y siendo avisados por revelacion en sueños, que no volviesen a Herodes,
se volvieron á su tierra por otro camino.
13 Y partidos ellos, hé aquí, el ángel del Señor aparece en sueños á Joseph,
diciendo: Levántate, y toma al niño, y á su madre, y huye á Egipto, y estáte
allá, hasta que yo te [lo] diga: porque ha de acontecer que Herodes buscara
al niño para matarle.
14 Y él despertando, tomó al niño y á su madre de noche, y se fué á Egipto;
15 y estuvo allá hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliese lo que
fué dicho por el Señor por el profeta, que dijo: De Egipto llamé á mi Hijo.
16 Herodes entonces, como se vió burlado de los Magos, se enojó mucho; y
envió, y mató todos los niños que habia en Bethlehem, y en todos sus
términos, de edad de dos años abajo, conforme al tiempo que habia entendido
de los Magos.
17 Entonces fué cumplido lo que se habia dicho por el Señor por el profeta
Jeremías, que dijo:
18 Voz fué oida en Ramá, lamentacion, lloro, y gemido grande: Rachél que
llora sus hijos, y no quiso ser consolada, porque perecieron.
19 Mas muerto Herodes, hé aquí, el ángel del Señor aparece en sueños á
Joseph en Egipto,
20 diciendo: Levántate, y toma al niño, y á su madre, y véte á tierra de
Israél: que muertos son los que procuraban la muerte del niño.
21 Entonces él se levantó, y tomó al niño, y á su madre, y se vino á tierra
de Israél.
22 Y oyendo que Arquelao reinaba en Judéa por Herodes su padre, tuvo temor
de ir allá: mas amonestado por revelacion en sueños, se fué á las partes de
Galiléa.
23 Y vino, y habitó en la ciudad que se llama Nazaret: para que se cumpliese
lo que fué dicho por los profetas, que habia de ser llamado Nazareno.
CAPITULO 3
1 Y EN aquellos dias vino Juan el Bautista, predicando en el desierto de
Judéa,
2 y diciendo: Enmendáos: que el reino de los cielos se acerca.
3 Porque este es aquel del cual fué dicho por el profeta Isaías, que dijo:
Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor; enderezad sus
veredas.
4 Y tenia Juan su vestido de pelos de camellos, y una cinta de cuero
alrededor de sus lomos; y su comida era langostas y miel montés.
5 Entonces salia á él Jerusalem, y toda Judea, y toda la provincia al
rededor del Jordan,
6 y eran bautizados de él en el Jordan, confesando sus pecados.
7 Y viendo él muchos de los Fariséos y de los Saducéos, que venian á su
bautismo, les decia: Generacion de víboras, ¿quién os ha enseñado á huir de
la ira que vendrá?
8 Haced pues frutos dignos de conversion.
9 Y no penseis á deciros: A Abraham tenemos por padre: porque yo os digo,
que puede Dios despertar hijos á Abraham aun de estas piedras.
10 Ahora, ya tambien la hacha está puesta á la raiz de los árboles; y todo
árbol que no hace buen fruto, es cortado, y echado en el fuego.
11 Yo á la verdad os bautizo en agua para conversion: mas el que viene tras
mí, mas poderoso es que yo, los zapatos del cual yo no soy digno de llevar:
él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.
12 Su aventador en su mano, y aventará su era, y allegará su trigo en el
alfolí, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.
13 ENTONCES Jesus vino de Galiléa á Juan al Jordan, para ser bautizado de
él.
14 Mas Juan le resistia mucho, diciendo: Yo he menester de ser bautizado de
tí, ¿y tu vienes á mí?
15 Empero respondiendo Jesus le dijo: Deja ahora: porque así nos conviene
cumplir toda justicia. Entonces le dejó.
16 Y Jesus despues que fué bautizado, subió luego del agua, y, hé aquí, los
cielos le fueron abiertos, y vió al Espíritu de Dios que descendia como
paloma. Y venia sobre él;
17 y, hé aquí, una voz de los cielos que decia: Este es mi Hijo amado, en el
cual tengo contentamiento.
CAPITULO 4
1 ENTONCES Jesus fué llevado del Espíritu al desierto, para ser tentado del
diablo.
2 Y habiendo ayunado cuarenta dias y cuarenta noches, despues tuvo hambre.
3 Y llegándose á él el tentador, dijo: Si eres Hijo de Dios, dí que estas
piedras se hagan pan.
4 Mas él respondiendo, dijo: Escrito está: No con solo el pan vivirá el
hombre: mas con toda palabra que sale por la boca de Dios.
5 Entonces el diablo le pasa á la santa ciudad; y le puso sobre las almenas
del templo,
6 y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate [de aquí] abajo; que escrito está:
Que á sus ángeles mandará por tí; y te alzarán en las manos, para que nunca
tropieces [con] tu pié á piedra.
7 Jesus le dijo: Otra vez está escrito: No tentarás al Señor tu Dios.
8 Otra vez le pasa el diablo á un monte muy alto, y le muestra todos los
reinos del mundo, y su gloria,
9 y le dice: Todo esto te daré, si postrado me adorares.
10 Entonces Jesus le dice: Véte, Satanás: que escrito está: Al Señor tu Dios
adorarás, y á él solo servirás.
11 El diablo entonces le dejó; y hé aquí, los ángeles llegaron, y le
servian.
12 MAS oyendo Jesus que Juan era preso, se volvió á Galiléa;
13 y dejando á Nazaret, vino, y habitó en Capharnaum, [ciudad] marítima, en
los confines de Zabulón y de Nephthalím:
14 para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta Isaías, que dijo:
15 La tierra de Zabulón, y la tierra de Nephthalím, camino de la mar, de la
otra parte del Jordán, Galiléa de los Gentiles,
16 pueblo asentado en tinieblas, vió gran luz: y á los asentados en region y
sombra de muerte, luz les esclareció.
17 Desde entonces comenzó Jesus á predicar, y á decir: Enmendáos: que el
reino de los cielos se ha acercado.
18 Y andando Jesus junto á la mar de Galiléa, vió á dos hermanos, Simon, que
es llamado Pedro, y Andres su hermano, que echaban la red en la mar: porque
eran pescadores.
19 Y les dice: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.
20 Ellos entonces, dejando luego las redes, le siguieron.
21 Y pasando de allí, vió otros dos hermanos, Jacobo, hijo de Zebedéo, y
Juan su hermano, en la nave con Zebedéo su padre, que remendaban sus redes; y
los llamó.
22 Y ellos luego, dejando la nave, y á su padre, le siguieron.
23 Y rodeó Jesus á toda Galiléa, enseñando en las sinagogas de ellos, y
predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad, y toda flaqueza
en el pueblo.
24 Y corria su fama por toda la Siria: y traian á él todos los que tenian
mal, los tomados de diversas enfermedades y tormentos, y los endemoniados, y
lunáticos, y paralíticos; y los sanaba.
25 Y le seguian muchas compañías de Galiléa, y de Decápolis, y de Jerusalem,
y de Judéa, y de la otra parte del Jordán.
CAPITULO 5
1 Y VIENDO Jesus las compañías, subió en el monte; y sentándose él, se
llegaron á él sus discípulos.
2 Y abriendo [él] su boca, los enseñaba, diciendo:
3 Bienaventurados los pobres en espíritu porque de ellos es el reino de los
cielos.
4 Bienaventurados los tristes: porque ellos recibirán consolacion.
5 Bienaventurados los mansos: porque ellos recibirán la tierra por herencia.
6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos
serán hartos.
7 Bienaventurados los misericordiosos: porque ellos alcanzarán misericordia.
8 Bienaventurados los de limpio corazon: porque ellos verán á Dios.
9 Bienaventurados los pacíficos: porque ellos serán llamados hijos de Dios.
10 Bienaventurados los que padecen persecucion por causa de la justicia:
porque de ellos es el reino de los cielos.
11 Bienaventurados sois, cuando dijeren mal de vosotros, y [os]
persiguieren, y dijeren de vosotros todo mal por mi causa, mintiendo.
12 Gozáos y alegráos: porque vuestro salario [es] grande en los cielos: que
así persiguieron á los profetas que [fueron] antes de vosotros.
13 Vosotros sois la sal de la tierra; y si la sal se desvaneciere, ¿con qué
será salada? no vale mas para nada, sino que sea echada fuera, y sea hollada
de los hombres.
14 Vosotros sois la luz del mundo. La ciudad asentada sobre el monte no se
puede esconder:
15 ni se enciende el candil, y se pone debajo de un almud, mas en el
candelero, y alumbra á todos los que están en casa.
16 Así [pues] alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean
vuestras obras buenas, y glorifiquen á vuestro Padre que está en los cielos.
17 No penseis que he venido para desatar la ley, ó los profetas: no he
venido para desatar[la], mas para cumplirla.
18 Porque de cierto os digo, [que] hasta que perezca el cielo y la tierra,
ni una jota, ni un tilde perecerá de la ley, que todas las cosas no sean
hechas.
19 De manera que cualquiera que desatare uno de estos mandamientos muy
pequeños, y así enseñare á los hombres, muy pequeño será llamado en el reino
de los cielos: mas cualquiera que hiciere, y enseñare, este será llamado
grande en el reino de los cielos.
20 Porque [yo] os digo, que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los
escribas y de los Fariséos, no entrareis en el reino de los cielos.
21 Oisteis que fué dicho á los antiguos: No matarás: mas cualquiera que
matare, será culpado de juicio:
22 yo pues os digo, que cualquiera que se enojare locamente con su hermano,
será culpado de juicio; y cualquiera que dijere á su hermano: Raca, será
culpado de concilio; y cualquiera que [á su hermano] dijere: Loco, será
culpado del quemadero del fuego.
23 Por tanto si trajeres tu presente al altar, y allí te acordares que tu
hermano tiene algo contra tí,
24 deja allí tu presente delante del altar, y vé: vuelve primero en amistad
con tu hermano, y entonces vé, y ofrece tu presente.
25 Sé amigo de tu adversario presto, entre tanto que estás con él en el
camino: porque no acontezca que el adversario te entregue al juez, y el juez
te entregue al alguacil; y seas echado en prision.
26 De cierto te digo, que no saldrás de allí, hasta que pagues el postrer
cornado.
27 Oisteis que fué dicho á los antiguos: No adulterarás:
28 yo pues os digo, que cualquiera que mira la mujer para codiciarla, ya
adulteró con ella en su corazon.
29 Por tanto si tu ojo derecho te fuere ocasion de caer, sácale, y échale de
tí: que mejor te es, que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu
cuerpo sea echado al quemadero.
30 Y si tu mano derecha te fuere ocasion de caer, córtala, y échala de tí:
que mejor te es, que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo
sea echado al quemadero.
31 Tambien fué dicho: Cualquiera que enviare su mujer, déle carta de
divorcio:
32 mas yo os digo, que el que enviare su mujer, fuera de causa de
fornicacion, hace que ella adultere; y el que se casare con la enviada,
comete adulterio.
33 Tambien, oisteis que fué dicho á los antiguos: No te perjurarás: mas
pagarás al Señor tus juramentos:
34 yo pues os digo: No jureis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es
el trono de Dios;
35 ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalem,
porque es la ciudad del gran Rey;
36 ni por tu cabeza jurarás: porque no puedes hacer un cabello blanco ó
negro;
37 mas sea vuestro hablar, Sí, sí: No, no: porque lo que es mas de esto, de
mal procede.
38 Oisteis que fué dicho á los antiguos: Ojo por ojo, y diente por diente:
39 mas yo os digo: No resistais con mal: antes á cualquiera que te hiriere
en tu mejilla diestra, vuélvele tambien la otra.
40 Y al que quisiere ponerte á pleito, y tomarte tu ropa, déjale tambien la
capa.
41 Y á cualquiera que te cargare por una legua, vé con él dos.
42 Al que te pidiere, dále; y al que quisiere tomar de tí emprestado, no le
rehuses.
43 Oisteis que fué dicho: Amarás á tu prójimo; y aborrecerás á tu enemigo:
44 yo pues os digo: Amad á vuestros enemigos: bendecid á los que os
maldicen: haced bien á los que os aborrecen; y orad por los que os calumnian
y os persiguen:
45 para que seais hijos de vuestro Padre que está en los cielos: que hace
que su sol salga sobre malos y buenos; y llueve sobre justos é injustos.
46 Porque si amáreis á los que os aman, ¿qué salario tendreis? ¿No hacen
tambien lo mismo los publicanos?
47 Y si abrazáreis á vuestros hermanos solamente, ¿qué haceis de mas? ¿No
hacen tambien así los publicanos?
48 Sed pues vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es
perfecto.
CAPITULO 6
1 MIRAD que no hagais vuestra limosna delante de los hombres, para que seais
mirados de ellos: de otra manera no tendreis salario acerca de vuestro Padre
que está en los cielos.
2 Pues cuando haces limosna, no hagas tocar trompeta delante de tí, como
hacen los hipócritas en las sinagogas, y en las plazas, para ser estimados de
los hombres: de cierto os digo, [que ya] tienen su salario.
3 Mas cuando tú haces limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha:
4 que sea tu limosna en secreto; y tu Padre, que mira en lo secreto, el te
pagará en público.
5 Y cuando orares, no seas como los hipócritas: porque ellos aman el orar en
las sinagogas, y en los cantones de las calles en pié, para que sean vistos.
De cierto que [ya] tienen su salario.
6 Mas tú, cuando oras, éntrate en tu cámara, y cerrada tu puerta, ora á tu
Padre que está en secreto: y tu Padre, que ve en lo secreto, te pagará en
público.
7 Y orando, no seais prolijos, como los Gentiles, que piensan que por su
parleria serán oidos.
8 No os hagais pues semejantes á ellos: porque vuestro Padre sabe de que
cosas teneis necesidad antes que vosotros le pidais.
9 Vosotros, pues, orareis así: Padre nuestro, que estás en los cielos: sea
santificado tu nombre.
10 Venga tu reino: sea hecha tu voluntad, como en el cielo, [así] tambien en
la tierra.
11 Dános hoy nuestro pan cotidiano.
12 Y suéltanos nuestras deudas, como tambien nosotros soltamos á nuestros
deudores.
13 Y no nos metas en tentacion: mas líbranos de mal: porque tuyo es el
reino, y la potencia, y la gloria, por [todos] los siglos. Amen.
14 Porque si soltáreis á los hombres sus ofensas, os soltará tambien á
vosotros vuestro Padre celestial.
15 Mas si no soltáreis á los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os
soltará vuestras ofensas.
16 Y cuando ayunais, no seais como los hipócritas, austeros: que demudan sus
rostros para parecer á los hombres que ayunan. De cierto os digo, [que ya]
tienen su salario.
17 Mas tú, cuando ayunas, unge tu cabeza, y lava tu rostro,
18 para no parecer á los hombres que ayunas, sino á tu Padre que está en
secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te pagará en público.
19 No hagais tesoros en la tierra, donde la polilla y el orin corrompe, y
donde ladrones minan, y hurtan:
20 mas hacéos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orin corrompe, y
donde ladrones no minan, ni hurtan.
21 Porque donde estuviere vuestro tesoro, allí estará vuestro corazon.
22 El candil del cuerpo es el ojo: así que si tu ojo fuere sincero, todo tu
cuerpo será luminoso.
23 Mas si tu ojo fuere malo, todo tu cuerpo será tenebroso. Así que si la
lumbre que en tí hay, son tinieblas, ¿cuántas [serán] las mismas tinieblas?
24 Ninguno puede servir á dos señores: porque ó aborrecerá al uno, y amará
al otro; ó se llegará al uno, y menospreciará al otro. No podeis servir á
Dios y á Mammon.
25 Por tanto os digo: No os congojeis por vuestra vida, que habeis de comer,
ó que habeis de beber; ni por vuestro cuerpo, que habeis de vestir. ¿La vida
no es mas que el alimento, y el cuerpo que el vestido?
26 Mirad á las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni allegan en
alfolíes; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros mucho
mejores que ellas?
27 ¿Mas quién de vosotros podrá congojándose añadir á su estatura un codo?
28 Y por el vestido, ¿por qué os congojais? Aprended [de] los lirios del
campo, como crecen: no trabajan, ni hilan:
29 mas os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria fué vestido así como
uno de ellos.
30 Y si la yerba del campo, que hoy es, y mañana es echada en el horno, Dios
[la] vista así, ¿no [hará] mucho mas á vosotros, [hombres] de poca fé?
31 No os congojeis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, O qué beberemos, ó con
qué nos cubriremos?
32 Porque los Gentiles buscan todas estas cosas: porque vuestro Padre
celestial sabe que de todas estas cosas teneis necesidad.
33 Mas buscad primeramente el reino de Dios, y su justicia; y todas estas
cosas os serán añadidas.
34 Así que, no os congojeis por lo de mañana; que la mañana traerá su
congoja: baste al dia su afliccion.
CAPITULO 7
1 No juzgueis, porque tambien no seais juzgados.
2 Porque con el juicio con que juzgais, sereis juzgados; y con la medida que
medis, [con ella] os volverán á medir.
3 Y ¿por qué mires la arista que [está] en el ojo de tu hermano, y no echas
de ver la viga que está en tu ojo?
4 O ¿cómo dirás á tu hermano: Espera, echaré de tu ojo la arista; y, hé
aquí, [una] viga en tu ojo?
5 ¡Hipócrita! echa primero la viga de tu ojo; y entonces mirarás en echar la
arista del ojo de tu hermano.
6 No deis lo santo á los perros; ni echeis vuestras perlas delante de los
puercos: porque no las rehuellen con sus piés, y vuelvan, y os despedacen.
7 Pedid, y se os dará: buscad, y hallareis: tocad, y se os abrirá.
8 Porque cualquiera que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que toca,
se abre.
9 ¿Qué hombre hay de vosotros, á quien si su hijo pidiere pan, le dará una
piedra?
10 ¿Y, si [le] pidiere pescado, le dará serpiente?
11 Pues, si vosotros, siendo malos, sabeis dar buenas dádivas á vuestros
hijos, vuestro Padre que está en los cielos, ¿cuánto mas dará buenas cosas a
los que piden de él?
12 Así que, todas las cosas que querriais que los hombres hiciesen con
vosotros, así tambien haced vosotros con ellos: porque esta es la ley, y los
profetas.
13 Entrad por la puerta estrecha: porque el camino, que lleva á perdicion,
es ancho y espacioso; y los que van por él, [son] muchos.
14 Porque la puerta es estrecha, y angosto el camino que lleva á la vida; y
pocos son los que lo hallan.
15 Tambien, guardáos de los falsos profetas, que vienen á vosotros con
vestidos de ovejas: mas de dentro son lobos robadores.
16 Por sus frutos los conocereis. Cógense uvas de los espinos, ó higos de
los cambrones?
17 De esta manera, todo buen árbol lleva buenos frutos: mas el árbol podrido
lleva malos frutos.
18 No puede el buen árbol llevar malos frutos; ni el árbol podrido llevar
buenos frutos.
19 Todo árbol que no lleva buen fruto, córtase, y échase en el fuego.
20 Así que por sus frutos los conocereis.
21 No cualquiera que me dice Señor, Señor, entrará en el reino de los
cielos: mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
22 Muchos me dirán en aquel dia Señor, Señor, ¿no profetizamos [en] tu
nombre, y [en] tu nombre sacamos demonios, y [en] tu nombre hicimos muchas
grandezas?
23 Y entonces les confesaré: Nunca os conocí: apartáos de mí, obradores de
maldad.
24 Pues, cualquiera que me oye estas palabras, y las hace, le compararé al
varon prudente, que edificó su casa sobre peña:
25 y descendió lluvia, y vinieron rios, y soplaron vientos, y combatieron
aquella casa; y no cayó: porque estaba fundada sobre peña.
26 Y cualquiera que me oye estas palabras, y no las hace, le compararé al
varon loco, que edificó su casa sobre arena:
27 que descendió lluvia, y vinieron rios, y soplaron vientos, e hicieron
ímpetu en aquella casa; y cayó; y fué su ruina grande.
28 Y FUÉ [que] como Jesus acabó estas palabras, las compañías se espantaban
de su doctrina:
29 porque los enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.
CAPITULO 8
1 Y COMO descendió del monte, le seguian muchas compañías.
2 Y, hé aquí, un leproso vino, y le adoró, diciendo: Señor, si quisieres,
puedes limpiarme.
3 Y extendiendo Jesus su mano, le tocó, diciendo: Quiero: sé limpio. Y luego
su lepra fué limpiada.
4 Entonces Jesus le dijo: Mira, no [lo] digas á nadie: mas vé, muéstrate al
sacerdote, y ofrece el presente que mandó Moisés, para que les conste.
5 Y entrando Jesus en Capharnaum, vino á él el centurion, rogándole,
6 y diciendo: Señor, mi mozo está echado en casa paralítico, gravemente
atormentado.
7 Y Jesus le dijo: Yo vendré, y le sanaré.
8 Y respondió el centurion, y dijo: Señor, no soy digno que entres debajo de
mi techumbre: mas solamente dí con la palabra, y mi mozo sanará:
9 porque tambien yo soy hombre debajo de potestad; y tango debajo de mi
[potestad] soldados; y digo á este: Vé, y va; y al otro: Ven, y viene; y á mi
siervo: Haz esto, y [lo] hace.
10 Y oyéndo[lo] Jesus, se maravilló, y dijo á los que [le] seguian: De
cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fé.
11 Mas [yo] os digo, que vendrán muchos del oriente, y del occidente, y se
asentarán con Abraham, é Isaac, y Jacob, en el reino de los cielos.
12 Y los hijos del reino serán echados á las tinieblas de fuera: allí será
el lloro, y el crujir de dientes.
13 Entonces Jesus dijo al centurion: Vé, y como creiste, sea hecho contigo.
Y su mozo fué sano en el mismo momento.
14 Y vino Jesus á casa de Pedro, y vió á su suegra echada en la cama, y con
fiebre.
15 Y tocó su mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó, y les servia.
16 Y como fué ya tarde, trajeron á él muchos endemoniados, y echó [de ellos]
los demonios con la palabra, y sanó todos los enfermos:
17 para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta Isaías, que dijo:
El tomó nuestras enfermedades, y llevó [nuestras] dolencias.
18 Y VIENDO Jesus muchas compañías al rededor de sí, mandó que se fuesen de
la otra parte [del lago.]
19 Y llegóse un escriba, y díjole: Maestro, te seguiré donde quiera que
fueres.
20 Y Jesus le dijo: las zorras tienen cavernas, y las aves del cielo nidos:
mas el Hijo del hombre no tiene donde acueste su cabeza.
21 Y otro de sus discípulos le dijo: Señor, dáme licencia que vaya primero,
y entierre á mi padre.
22 Y Jesus le dijo: Sígueme, y deja que los muertos entierren á sus muertos.
23 Y entrando él en [un] navío, sus discípulos le siguieron.
24 Y, hé aquí, fué hecho en la mar un gran movimiento, que el navío se
cubria de las ondas; y él dormia.
25 Y llegándose sus discípulos, le despertaron, diciendo: Señor, sálvanos,
perecemos.
26 Y [él] les dice: ¿Por qué temeis, [hombres] de poca fé? Entonces
despierto reprendió á los vientos y á la mar; y fué grande bonanza.
27 Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué [hombre] es este, que aun
los vientos y la mar le obedecen?
28 Y como él vino de la otra parte en la provincia de los Gergesenos, le
vinieron al encuentro dos endemoniados que salian de los sepulcros, fieros en
gran manera, que nadie podia pasar por aquel camino.
29 Y, hé aquí, clamaron, diciendo: ¿Qué tenemos contigo, Jesus, Hijo de
Dios? ¿Has venido ya acá á molestarnos antes de tiempo?
30 Y estaba lejos de ellos un hato de muchos puercos paciendo.
31 Y los demonios le rogaron, diciendo: Si nos echas, permítenos que vamos
en aquel hato de puercos.
32 Y les dijo: Id. Y ellos salidos, se fueron en aquel hato de puercos; y hé
aquí, todo el hato de los puercos se precipitó de un despeñadero en la mar; y
murieron en las aguas.
33 Y los porqueros huyeron, y viniendo á la ciudad, contaron todas las
cosas, y lo que habia pasado con los endemoniados.
34 Y, hé aquí, toda la ciudad salió á recibir á Jesus: y cuando le vieron,
le rogaban que se fuese de sus términos.
CAPITULO 9
1 ENTONCES entrando en el navío, pasó de la otra parte, y vino á su ciudad.
2 Y, hé aquí, le trajeron un paralítico echado en [una] cama: y viendo Jesus
la fé de ellos, dijo al paralítico: Confia, hijo; tus pecados te son
perdonados.
3 Y, hé aquí, algunos de los escribas decian dentro de sí: Este blasfema.
4 Y viendo Jesus sus pensamientos, dijo: ¿Por qué pensais mal en vuestros
corazones?
5 ¿cuál es mas fácil, decir: los pecados te son perdonados; ó decir:
Levántate, y anda?
6 mas porque sepais que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de
perdonar pecados (dice entonces al paralítico): Levántate, toma tu cama, y
véte á tu casa.
7 Entonces él se levantó, y se fué á su casa.
8 Y las compañías viéndo[lo], se maravillaron, y glorificaron á Dios, que
hubiese dado tal potestad á hombres.
9 Y PASANDO Jesus de allí, vió á un hombre, que estaba sentado al banco [de
los públicos tributos], el cual se llamaba Matéo, y dícele: Sígueme. Y se
levantó, y le siguió.
10 Y aconteció que estando él sentado á la mesa en casa, hé aquí que muchos
publicanos y pecadores, que habian venido, se sentaron juntamente á la mesa
con Jesus y sus discípulos.
11 Y viendo [esto] los Fariséos, dijeron á sus discípulos: ¿Por qué come
vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?
12 Y oyéndo[lo] Jesus, les dijo: los que están sanos, no tienen necesidad de
médico; sino los enfermos.
13 Andad, antes aprended qué cosa es: Misericordia quiero, y no sacrificio:
Porque no he venido á llamar los justos, sino los pecadores á penitencia.*
{* A enmienda, á conversion.}
14 Entonces los discípulos de Juan vienen á él, diciendo: ¿Por qué nosotros
y los Fariséos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan?
15 Y les dijo Jesus: ¿Pueden los que son de bodas tener luto entre tanto que
el esposo está con ellos? Mas vendrán dias, cuando el esposo será quitado de
ellos, y entonces ayunarán.
16 Y nadie echa remiendo de paño recio en vestido viejo: porque el tal
remiendo tira del vestido, y se hace peor rotura.
17 Ni echan vino nuevo en cueros viejos: de otra manera los cueros se
rompen, y el vino se derrama, y se pierden los cueros: mas echan el vino
nuevo en cueros nuevos; y lo uno y lo otro se conserva juntamente.
18 HABLANDO él estas cosas á ellos, hé aquí, un principal vino, y le adoró,
diciendo: Mi hija es muerta poco há: mas ven, y pon tu mano sobre ella, y
vivirá.
19 Y se levantó Jesus, y le siguió, y sus discípulos.
20 Y, hé aquí, una mujer enferma de flujo de sangre doce años habia,
llegándose por detrás, tocó la fimbria de su vestido:
21 porque decia entre sí: Si tocare solamente su vestido, seré libre.
22 Mas Jesus volviéndose, y mirándola, dijo: Confia, hija, tu fé te ha
librado. Y la mujer fué libre desde aquella hora.
23 Y venido Jesus á casa del principal, viendo los tañedores de flautas, y
la compañía que hacia bullicio,
24 díceles: Apartáos, que la moza no es muerta; mas duerme. Y se burlaban de
él.
25 Y como la compañía fué echada fuera, entró, y la tomó de la mano; y la
moza se levantó.
26 Y salió esta fama por toda aquella tierra.
27 Y pasando Jesus de allí, le siguieron dos ciegos dando voces, y diciendo:
Ten misericordia de nosotros, Hijo de David.
28 Y venido á casa, vinieron á él los ciegos; y Jesus les dice: ¿Creeis que
puedo hacer esto? Ellos dicen: Sí, Señor.
29 Entonces tocó los ojos de ellos, diciendo: Conforme á vuestra fé os sea
hecho.
30 Y los ojos de ellos fueron abiertos; y Jesus les encargó [rigurosamente],
diciendo: Mirad, nadie [lo] sepa.
31 Mas ellos salidos, divulgaron su fama por toda aquella tierra.
32 Y saliendo ellos, hé aquí, le trajeron un hombre mudo, endemoniado.
33 Y echado fuera el demonio, el mudo habló. Y las compañías se
maravillaron, diciendo: Nunca ha sido vista cosa semejante en Israél.
34 Mas los Fariséos decian: Por el príncipe de los demonios echa fuera los
demonios.
35 Y RODEABA Jesus por todas las ciudades y aldeas, enseñando en las
sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda
enfermedad, y toda flaqueza en el pueblo.
36 Y viendo las compañías, tuvo misericordia de ellas: que eran derramados y
esparcidos, como ovejas que no tienen pastor.
37 Entonces dice á sus discípulos: A la verdad la mies es mucha: mas los
obreros, pocos:
38 rogad pues al Señor de la mies, que envie obreros á su mies.
CAPITULO 10
1 ENTONCES llamando sus doce discípulos, les dió potestad contra los
espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y sanasen toda enfermedad, y
toda flaqueza.
2 Y los nombres de los doce apóstoles son estos: El primero, Simon, que es
dicho Pedro, y Andres su hermano: Jacobo [hijo] de Zebedéo, y Juan su
hermano:
3 Felipe, y Bartolomé: Tomás, y Matéo el publicano; Jacobo [hijo] de Alféo,
y Lebéo, por sobrenombre Tadéo:
4 Simon de Caná, y Judas Iscariote, que tambien le entregó.
5 Estos doce envió Jesus, á los cuales dió mandamiento, diciendo: Por el
camino de los Gentiles no ireis, y en ciudad de Samaritanos no entreis:
6 mas id antes á las ovejas perdidas de la casa de Israel.
7 Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos ha llegado.
8 Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios:
de gracia recibisteis, dad de gracia.
9 No poseais oro, ni plata, ni dinero en vuestras bolsas;
10 ni alforja para el camino, ni dos ropas de vestir, ni zapatos, ni bordon:
porque el obrero digno es de su alimento.
11 Mas en cualquier ciudad ó aldea, donde entráreis, buscad [con diligencia]
quien sea en ella digno, y reposad allí hasta que salgais.
12 Y entrando en la casa, saludadla.
13 Y si la casa fuere digna, vuestra paz vendrá sobre ella: mas si no fuere
digna, vuestra paz se volverá á vosotros.
14 Y cualquiera que no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de
aquella casa ó ciudad, y sacudid el polvo de vuestros piés.
15 De cierto os digo: [Que el castigo] será mas tolerable á la tierra de los
de Sodoma, y de los de Gomorrha en el dia del juicio, que á aquella ciudad.
16 Hé aquí, yo os envio como á ovejas en medio de lobos: sed pues prudentes
como serpientes, y sencillos como palomas.
17 Y guardáos de los hombres: porque os entregarán en concilios, y en sus
sinagogas os azotarán.
18 Y aun á príncipes, y á reyes sereis llevados por causa de mí, para que
les conste á ellos, y á los Gentiles.
19 Mas cuando os entregaren, no os congojeis cómo, ó qué habeis de hablar:
porque en aquella hora os será dada que hableis.
20 Porque no sois vosotros los que hablais, sino el Espíritu de vuestro
Padre, que habla en vosotros.
21 El hermano entregará al hermano á la muerte, y el padre al hijo; y los
hijos se levantarán contra los padres, y los harán morir.
22 Y sereis aborrecidos de todos por mi nombre: mas el que soportare hasta
el fin, este será salvo.
23 Mas cuando os persiguieren en esta ciudad, huid á la otra: porque de
cierto os digo, [que] no acabareis de andar todas las ciudades de Israél, que
no venga el Hijo del hombre.
24 El discípulo no es mas que su Maestro, ni el siervo mas que su Señor.
25 Bástele al discípulo ser como su Maestro, y al siervo como su Señor: si
al [mismo] Padre de la familia llamaron Beelzebub, ¿cuánto mas á los de su
casa?
26 Así que no los temais: porque nada hay encubierto, que no haya de ser
manifestado; y [nada] oculto, que no haya de saberse.
27 Lo que os digo en tinieblas, decidlo en luz; y lo que ois á la oreja,
predicadlo de los tejados.
28 Y no tengais miedo de los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden
matar: temed antes á aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el
quemadero.
29 ¿No se venden dos pajarillos por una blanca? y uno de ellos no cae á
tierra sin vuestro Padre.
30 Y vuestros cabellos tambien, todos están contados.
31 No temais pues: mas valeis vosotros que muchos pajarillos.
32 Pues cualquiera que me confesare delante de los hombres, le confesaré yo
tambien delante de mi Padre, que está en los cielos.
33 Y cualquiera que me negare delante de los hombres, le negaré yo tambien
delante de mi Padre, que está en los cielos.
34 No penseis que he venido para meter paz en la tierra: no he venido para
meter paz, sino cuchillo.
35 Porque he venido para hacer disension del hombre contra su padre, y de la
hija contra su madre, y de la nuera contra su suegra.
36 Y los enemigos del hombre, los de su casa.
37 El que ama á padre ó á madre mas que á mí, no es digno de mí; y el que
ama á hijo ó á hija mas que á mí, no es digno de mí.
38 Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí.
39 El que hallare su vida, la perderá; y el que perdiere su vida por causa
de mí, la hallará.
40 El que os recibe á vosotros, á mí recibe; y el que á mí recibe, recibe al
que me envió.
41 El que recibe profeta en nombre de profeta, salario de profeta recibirá;
y el que recibe justo en nombre de justo, salario de justo recibirá.
42 Y cualquiera que diere á uno de estos pequeñitos un jarro de [agua] fria
solamente, en nombre de discípulo, de cierto os digo, [que] no perderá su
salario.
CAPITULO 11
1 Y FUÉ, que acabando Jesus de dar mandamientos á sus doce discípulos, se
fué de allí á ensenar y á predicar en las ciudades de ellos.
2 Y OYENDO Juan en la prision los hechos de Cristo, envióle dos de sus
discípulos,
3 diciendo: ¿Eres tú aquel que habia de venir, ó esperaremos á otro?
4 Y respondiendo Jesus, les dijo: Id, haced saber á Juan las cosas que ois y
veis.
5 los ciegos ven, y los cojos andan: los leprosos son limpiados, y los
sordos oyen: los muertos son resucitados, y á los pobres es anunciada la
alegre nueva.
6 Y bienaventurado es el que no fuere escandalizado en mí.
7 E idos ellos, comenzó Jesus á decir de Juan á las compañías: ¿Qué
salisteis á ver al desierto? ¿[alguna] caña que es meneada del viento?
8 O ¿qué salisteis á ver? ¿un hombre cubierto de blandos vestidos? Cierto
los que traen [vestidos] blandos, en las casas de los reyes están.
9 O ¿qué salisteis á ver? ¿profeta? Tambien os digo, y mas que profeta.
10 Porque este es de quien está escrito: Hé aquí, yo envio mi ángel delante
de tu faz, que aparejará tu camino delante de tí.
11 De cierto os digo, [que] no se levantó entre los que nacen de mujeres
otro mayor que Juan el Bautista: mas el que es muy pequeño en el reino de los
cielos, mayor es que él.
12 Desde los dias de Juan el Bautista hasta ahora al reino de los cielos se
hace fuerza, y los valientes lo arrebatan.
13 Porque todos los profetas, y la ley, hasta Juan profetizaron.
14 Y si quereis recibir, él es aquel Elías que habia de venir.
15 El que tiene oidos para oir, oiga.
16 Mas, ¿á quien compararé esta generacion? Es semejante á los muchachos que
se sientan en las plazas, y dan voces á sus compañeros,
17 y dicen: Os tañimos flauta, y no bailasteis: os endechamos, y no
lamentasteis.
18 Porque vino Juan, que ni comia ni bebia, y dicen: Demonio tiene.
19 Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: Hé aquí un hombre
comilon, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. Mas la
sabiduría es aprobada de sus hijos.
20 ENTONCES comenzó á zaherir [el beneficio] á las ciudades en las cuales
habian sido hechas muy muchas de sus maravillas, porque no se habian
enmendado, [diciendo:]
21 ¡Ay de tí, Corazin! ¡Ay de tí, Bethsaida! porque si en Tyro y en Sidón
fueran hechas las maravillas que han sido hechas en vosotras, en otro tiempo
hubieran hecho penitencia en saco y en ceniza.
22 Por tanto [yo] os digo, [que] á Tyro y a Sidón será mas tolerable [el
castigo] en el dia del juicio, que á vosotras.
23 Y tú, Capharnaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta los infiernos
serás bajada: porque si en los de Sodoma fueran hechas las maravillas que han
sido hechas en tí, hubieran quedado hasta el dia de hoy.
24 Por tanto [yo] os digo, [que] á la tierra de los de Sodoma será mas
tolerable [el castigo] en el dia del juicio, que a tí.
25 En aquel tiempo respondiendo Jesus, dijo: Te alabo, Padre, Señor del
cielo y de la tierra, que hayas escondido esto de los sabios y de los
entendidos, y lo hayas revelado á los niños.
26 Así, Padre, pues que así agradó en tus ojos.
27 Todas las cosas me son entregadas de mi Padre; y nadie conoció al Hijo,
sino el Padre: ni al Padre conoció alguno, sino el Hijo, y [aquel] á quien el
Hijo le quisiere revelar.
28 Venid á mí, todos los que estais trabajados, y cargados, que yo os haré
descansar.
29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde
de corazon, y hallareis descanso para vuestras almas.
30 Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.
CAPITULO 12
1 EN aquel tiempo iba Jesus por unos sembrados en sábado; y sus discípulos
tenian hambre, y comenzaron á coger espigas, y á comer.
2 Y viéndo[lo] los Fariséos, le dijeron: Hé aquí, tus discípulos hacen lo
que no es lícito hacer en sábado.
3 Y él les dijo: ¿No habeis leido, qué hizo David, teniendo hambre él, y los
que estaban con él?
4 ¿Cómo entró en la casa de Dios, y comió los panes de la proposicion, que
no le era lícito comer de ellos, ni a los que estaban con él, sino á solos
los sacerdotes?
5 O ¿no habeis leido en la ley, que los sábados en el templo los sacerdotes
profanan el sábado, y son sin culpa?
6 Pues os digo, que mayor que el templo está aquí.
7 Mas si supiéseis qué es: Misericordia quiero, y no sacrificio, no
condenariais á los inocentes.
8 Porque Señor es aun del sábado el Hijo del hombre.
9 Y partiéndose de allí, vino á la sinagoga de ellos.
10 Y hé aquí, habia [allí] uno que tenia una mano seca; y le preguntaron,
diciendo: ¿Es lícito curar en sábado? por acusarle.
11 Y él les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si
cayere esta en una fosa en sábado, no le eche mano, y [la] levante?
12 ¿Pues cuánto mas vale un hombre que una oveja? Así que licito es en los
sábados hacer bien.
13 Entonces dijo á aquel hombre: extiende tu mano. Y él [la] extendió, y
[le] fué restituida sana como la otra.
14 Y salidos los Fariséos consultaron contra él para destruirle.
15 Mas sabiéndo[lo] Jesus, se apartó de allí; y le siguieron muchas
compañías, y sanaba á todos.
16 Y él les defendia rigurosamente, que no le descubriesen:
17 para que se cumpliese lo que estaba dicho por el profeta Isaías, que
dijo:
18 Hé aquí mi siervo, al cual he escogido, mi amado, en el cual se agrada mi
alma: pondré mi Espíritu sobre él, y á los Gentiles anunciará juicio;
19 no contenderá, ni voceará, ni nadie oirá en las calles su voz:
20 la caña cascada no quebrará; y el pábilo que humea no apagará, hasta que
saque á victoria el juicio;
21 y en su nombre esperarán los Gentiles.
22 ENTONCES fué traido á él un endemoniado, ciego y mudo; y le sanó, de tal
manera que el ciego y mudo hablaba y veia.
23 Y las compañías estaban fuera de sí, y decian: ¿Es este aquel Hijo de
David?
24 Mas los Fariséos, oyéndo[lo], decian: Este no echa fuera los demonios,
sino por Beelzebub, príncipe de los demonios.
25 Y Jesus, como sabia los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino
dividido contra sí mismo es desolado; y toda ciudad ó casa, dividida contra
sí misma, no permanecerá.
26 Y Si Satanás echa fuera á Satanás, contra sí mismo está dividido: ¿cómo,
pues, permanecerá su reino?
27 Y Si yo por Beelzebub echo fuera los demonios, ¿vuestros hijos, por quién
[los] echan? Por tanto ellos serán vuestros jueces.
28 Y si por Espíritu de Dios yo echo fuera los demonios, ciertamente ha
llegado á vosotros el reino de Dios.
29 Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del valiente, y saquear sus
alhajas, si primero no prendiere al valiente? y entonces saqueará su casa.
30 El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no coge, derrama.
31 Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado á los hombres:
mas la blasfemia del Espíritu no será perdonada á los hombres.
32 Y cualquiera que hablare contra el Hijo del hombre, le será perdonado:
mas cualquiera que hablare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni
en este siglo, ni en el venidero.
33 O haced el árbol bueno, y su fruto bueno; ó haced el árbol podrido, y su
fruto podrido: porque del fruto es conocido el árbol.
34 Generacion de víboras, ¿cómo podeis hablar bien, siendo malos? porque de
la abundancia del corazon habla la boca.
35 El buen hombre del buen tesoro del corazon saca buenas cosas; y el mal
hombre del mal tesoro saca malas cosas.
36 Mas [yo] os digo, que toda palabra ociosa que hablaren los hombres, de
ella darán cuenta en el dia del juicio.
37 Porque de tus palabras serás justificado, y de tus palabras seras
condenado.
38 Entonces respondieron unos de los escribas y de los Fariséos, diciendo:
Maestro, deseamos ver de tí señal.
39 Y él respondió, y les dijo: La generacion mala y adulterina demanda
señal: mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás profeta.
40 Porque como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres dias y tres
noches, así estará el Hijo del hombre en el corazon de la tierra tres dias y
tres noches.
41 Los de Nínive se levantarán en juicio con esta generacion, y la
condenarán: porque ellos hicieron penitencia á la predicacion de Jonás; y hé
aquí, mas que Jonás en este lugar.
42 La reina del austro se levantará en juicio con esta generacion, y la
condenará: porque vino de los fines de la tierra para oir la sabiduría de
Salomón; y hé aquí, mas que Salomón en este lugar.
43 Cuando el espíritu inmundo ha salido del hombre, anda por lugares secos
buscando reposo, y no hallándole.
44 Entonces dice: Me volveré á mi casa, de donde salí. Y cuando viene, [la]
halla desocupada, barrida, y adornada.
45 Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y
entrados moran allí; y son peores las postreras del tal hombre, que sus
primeras. Así tambien acontecerá á esta generacion mala.
46 Y ESTANDO él aun hablando á las compañías, hé aquí, su madre y sus
hermanos estaban fuera, que le querian hablar.
47 Y le dijo uno: Hé aquí, tu madre y tus hermanos están fuera, que te
quieren hablar.
48 Y respondiendo él al que le decia [esto], dijo: ¿Quién es mi madre, y
quiénes son mis hermanos?
49 Y extendiendo su mano hácia sus discípulos, dijo: Hé aquí, mi madre y mis
hermanos.