3 Y ¿por qué mires la arista que [está] en el ojo de tu herm

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La Valera 1858 de la SBBE.

Aviso:

Este texto del Nuevo Testamento (Valera 1858) fue bajado de la pagina de web:

Antigua Versión Valera 1909 – La palabra de Dios en español.

(www.valera1909.com) Este texto no tiene derechos reservados, puedes

distribuirlo como quieres. Solamente pedimos que por respeto del trabajo que

invertimos en dándote este texto (Encontrando, escaneando, y corrigiendo.),

que dejes este aviso y la siguiente introducción (Todo entre [Empieza

] y

[Termina

]) en cualquier copia que publicas sobre el Internet. Si tienes

cualquier pregunta o comentario por favor escribe a: info@valera1909.com.

Introducción a la Valera 1858 de la SBBE.

El texto siguiente fue escaneado de un Nuevo Testamento en Español que

compré de una colección privada en León, Guanajuato, México, en 1986.

Impresa en Londres en 1865 por Spottiswoode y Compañía, New Street Square,

representa la condición de la Valera 1602 en la segunda mitad del siglo 19,

siendo revisado mayormente en su ortografía. Todos los otros tipos de

revisión son escasos en este texto. Hemos supuesto que el texto de este

Nuevo Testamento es la revisión hecha por la Sociedad Bíblica Británica y

Extranjera (SBBE) en 1858. Sin embargo, el Nuevo Testamento que escaneamos

no fue impreso por la SBBE, y hasta ahora no han confirmado la identidad del

texto que representa. La revisión SBBE 1858 era una de tres revisiones de

Valera circulando en la era de su impresión (1865), y este texto es diverso

que las otras dos revisiones (SPCC 1862, SBA 1865), por eso parece apropiado

asumir que el texto en esta impresión es verdaderamente el NT Español de la

SBBE 1858. Algunas revisiones ligeras nos confunden, sin embargo, siendo

idénticas a las revisiones hechas por la SPCC en 1862 (e.g. Lucas 6.1: panes

- sembrados), y nos hace suponer la posibilidad que había otra revisión que

ambas usaron, de otra manera tendríamos que suponer que la SPCC 1862 usó en

parte la revisión de la SBBE 1858. (Hubo revisión de la Valera en 1831-2 por

la Sociedad Bíblica de Glasgow, pero no tenemos ningún ejemplar).

Este Nuevo Testamento reproducimos aquí no solo para documentar tales

revisiones, sin embargo, sino para proveer una representación precisa de la

original Valera 1602, modernizada ortográficamente para facilitar comparación

con revisiones posteriores. Si por medio de información futura averiguamos

que no es la revisión de la SBBE de 1858, nos disculpamos ahora por la mala

representación, pero por ser el texto siguiente mayormente una Valera 1602

revisada ortográficamente, el propósito de esta reproducción se mantiene

igual.

En todos nuestros textos, letra itálica se reproduce entre corchetes

[...], para que se convierta fácilmente el Nuevo Testamento a muchos

diferentes formatos. Algunas ediciones impresas tenían tanto letra itálica y

palabras entre corchetes. En estos casos, para mantener la integridad de la

reproducción, aún corcheteamos palabras inicialmente itálicas, pero para

indicar la diferencia encerramos entre símbolos relativos <...> las palabras

originalmente entre corchetes.

Todas las copias impresas que hemos escaneado y duplicado contienen

errores de impresión y puntuación. Algunos son obvios, pero de vez en cuando

había varias posibilidades en la corrección. En tales casos determinamos la

corrección según la original 1602, o la norma actual, la 1909. En todos los

casos que hicimos correcciones señalamos la palabra alterada con el

circunflejo (^). Además señalamos con la misma marca aquellos lugares donde

parecía haber error, pero por no estar seguros, no cambiamos nada.

Todos los asteriscos (*) en el texto son reproducciones de la impresión

original. Significan alguna referencia en la margen, la cual reproducimos en

abrazaderas {*...} al final del versículo.

Guillermo Kincaid

[Termina Aviso e Introducción]

EL

NUEVO TESTAMENTO

DE

NUESTRO SEÑOR JESU CRISTO,

Ó SEAN

LOS ESCRITOS EVANGÉLICOS Y APOSTÓLICOS.

VERSION REVISTA

Y CONFRONTADA CON EL TEXTO GRIEGO, Y CON DIVERSAS TRADUCCIONES,

POR

CIPRIANO DE VALERA.

LONDRES.

1865

IMPRESO POR

SPOTTISWOODE Y COMPANIA, NEW-STREET SQUARE

LONDRES

EL

SANTO EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESU CRISTO

SEGUN

S. MATEO.

CAPITULO 1

1 LIBRO de la generacion de Jesu Cristo, hijo de David, hijo de Abraham.

2 Abraham engendró á Isaac; é Isaac engendró á Jacob; y Jacob engendró á

Judá y á sus hermanos;

3 y Judá engendró de Thamár á Pharés y á Zara; y Pharés engendró á Hesrón; y

Hesrón engendró á Ram;

4 y Ram engendró á Aminadáb; y Aminadáb engendró á Naasón; y Naasón engendró

á Salmón;

5 y Salmón engendró de Raáb á Booz; y Booz engendró de Ruth a Obéd; y Obéd

engendró á Isaí;

6 é Isaí engendró al rey David; y el rey David engendró á Salomón de la [que

fué mujer] de Urías;

7 y Salomón engendró á Roboam; y Roboam engendró á Abiám; y Abiám engendró á

Asa;

8 y Asa engendró á Josaphát; y Josaphát engendró á Jorám; y Jorám engendró á

Ozías;

9 y Ozías engendró á Joathám; y Joathám engendró á Acház; y Acház engendró á

Ezechías;

10 y Ezechías engendró a Manassé; y Manassé engendró á Amón; y Amón engendró

á Josías;

11 y Josías engendró <á Joacím; y Joacím engendró> á Jechonías, y á sus

hermanos, en la trasmigracion de Babilonia;

12 y despues de la trasmigracion de Babilonia, Jechonías engendró a

Salathiél; y Salathiél engendró á Zorobabél;

13 y Zorobabél engendró á Abiud; y Abiud engendró á Eliacím; y Eliacím

engendró á Azór;

14 y Azór engendró á Sadóc; y Sadóc engendró á Achím; y Achím engendró á

Eliud;

15 y Eliúd engendró á Eleazár; y Eleazár engendró á Mathán; y Mathán

engendró á Jacob;

16 y Jacob engendró á Joseph marido de María, de la cual nació Jesus, el

cual es llamado el Cristo.

17 De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David, [son]

catorce generaciones; y desde David hasta la trasmigracion de Babilonia,

catorce generaciones; y desde la trasmigracion de Babilonia hasta Cristo,

catorce generaciones.

18 Y EL nacimiento de Jesu Cristo fué así: Que siendo María su madre

desposada con Joseph, antes que se juntasen, fué hallada estar preñada del

Espíritu Santo.

19 Y Joseph su marido, como era justo, y no la quisiese infamar, quiso

dejarla secretamente.

20 Y pensando él esto, hé aquí, que el ángel del Señor le aparece en sueños,

diciendo: Joseph, hijo de David, no temas de recibir á María tu mujer: porque

lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es :

21 y parirá hijo, y llamarás su nombre JESUS: porque él salvará á su pueblo

de sus pecados.

22 Todo esto aconteció para que se cumpliese lo que fué dicho por el Señor

por el profeta, que dijo:

23 He aquí, que una vírgen será preñada, y parirá hijo, y llamarás su nombre

Emmanuel, que declarado es: Con nosotros Dios.

24 Y despertado Joseph del sueño, hizo como el ángel del Señor le habia

mandado, y recibió á su mujer.

25 Y no la conoció hasta que parió á su Hijo primogénito; y llamó su nombre

JESUS.

CAPITULO 2

1 Y COMO fué nacido Jesus en Bethlehem de Judea en los dias del rey Herodes,

hé aquí, que Magos vinieron del oriente á Jerusalem,

2 diciendo: ¿Dónde está el Rey de los Judíos, que ha nacido? porque su

estrella hemos visto en el oriente, y venimos á adorarle.

3 Y oyendo [esto] el rey Herodes, se turbó, y toda Jerusalem con él.

4 Y convocados todos los príncipes de los sacerdotes, y los escribas del

pueblo, les preguntó dónde habia de nacer el Cristo.

5 Y ellos le dijeron: En Bethlehem de Judea: porque así está escrito por el

profeta:

6 Y tú, Bethlehem, [de] tierra de Judá, no eres muy pequeña entre los

príncipes de Judá: porque de tí saldrá Guiador, que apacentará á mi pueblo

Israel.

7 Entonces Herodes, llamados los Magos en secreto, entendió de ellos

diligentemente el tiempo del aparecimiento de la estrella.

8 Y enviándolos á Bethlehem, dijo: Andad allá, y preguntad con diligencia

por el niño; y despues que le halláreis, hacédmelo saber, para que yo venga y

le adore.

9 Y ellos, habiendo oido al rey, se fueron; y hé aquí, que la estrella, que

habian visto en el oriente, iba delante de ellos, hasta que llegando, se puso

sobre donde estaba el niño.

10 Y vista la estrella, se gozaron mucho de gran gozo.

11 Y entrando en la casa, hallaron al niño con su madre María, y

postrándose, le adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron dones, oro, e

incienso, y mirra.

12 Y siendo avisados por revelacion en sueños, que no volviesen a Herodes,

se volvieron á su tierra por otro camino.

13 Y partidos ellos, hé aquí, el ángel del Señor aparece en sueños á Joseph,

diciendo: Levántate, y toma al niño, y á su madre, y huye á Egipto, y estáte

allá, hasta que yo te [lo] diga: porque ha de acontecer que Herodes buscara

al niño para matarle.

14 Y él despertando, tomó al niño y á su madre de noche, y se fué á Egipto;

15 y estuvo allá hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliese lo que

fué dicho por el Señor por el profeta, que dijo: De Egipto llamé á mi Hijo.

16 Herodes entonces, como se vió burlado de los Magos, se enojó mucho; y

envió, y mató todos los niños que habia en Bethlehem, y en todos sus

términos, de edad de dos años abajo, conforme al tiempo que habia entendido

de los Magos.

17 Entonces fué cumplido lo que se habia dicho por el Señor por el profeta

Jeremías, que dijo:

18 Voz fué oida en Ramá, lamentacion, lloro, y gemido grande: Rachél que

llora sus hijos, y no quiso ser consolada, porque perecieron.

19 Mas muerto Herodes, hé aquí, el ángel del Señor aparece en sueños á

Joseph en Egipto,

20 diciendo: Levántate, y toma al niño, y á su madre, y véte á tierra de

Israél: que muertos son los que procuraban la muerte del niño.

21 Entonces él se levantó, y tomó al niño, y á su madre, y se vino á tierra

de Israél.

22 Y oyendo que Arquelao reinaba en Judéa por Herodes su padre, tuvo temor

de ir allá: mas amonestado por revelacion en sueños, se fué á las partes de

Galiléa.

23 Y vino, y habitó en la ciudad que se llama Nazaret: para que se cumpliese

lo que fué dicho por los profetas, que habia de ser llamado Nazareno.

CAPITULO 3

1 Y EN aquellos dias vino Juan el Bautista, predicando en el desierto de

Judéa,

2 y diciendo: Enmendáos: que el reino de los cielos se acerca.

3 Porque este es aquel del cual fué dicho por el profeta Isaías, que dijo:

Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor; enderezad sus

veredas.

4 Y tenia Juan su vestido de pelos de camellos, y una cinta de cuero

alrededor de sus lomos; y su comida era langostas y miel montés.

5 Entonces salia á él Jerusalem, y toda Judea, y toda la provincia al

rededor del Jordan,

6 y eran bautizados de él en el Jordan, confesando sus pecados.

7 Y viendo él muchos de los Fariséos y de los Saducéos, que venian á su

bautismo, les decia: Generacion de víboras, ¿quién os ha enseñado á huir de

la ira que vendrá?

8 Haced pues frutos dignos de conversion.

9 Y no penseis á deciros: A Abraham tenemos por padre: porque yo os digo,

que puede Dios despertar hijos á Abraham aun de estas piedras.

10 Ahora, ya tambien la hacha está puesta á la raiz de los árboles; y todo

árbol que no hace buen fruto, es cortado, y echado en el fuego.

11 Yo á la verdad os bautizo en agua para conversion: mas el que viene tras

mí, mas poderoso es que yo, los zapatos del cual yo no soy digno de llevar:

él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.

12 Su aventador en su mano, y aventará su era, y allegará su trigo en el

alfolí, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.

13 ENTONCES Jesus vino de Galiléa á Juan al Jordan, para ser bautizado de

él.

14 Mas Juan le resistia mucho, diciendo: Yo he menester de ser bautizado de

tí, ¿y tu vienes á mí?

15 Empero respondiendo Jesus le dijo: Deja ahora: porque así nos conviene

cumplir toda justicia. Entonces le dejó.

16 Y Jesus despues que fué bautizado, subió luego del agua, y, hé aquí, los

cielos le fueron abiertos, y vió al Espíritu de Dios que descendia como

paloma. Y venia sobre él;

17 y, hé aquí, una voz de los cielos que decia: Este es mi Hijo amado, en el

cual tengo contentamiento.

CAPITULO 4

1 ENTONCES Jesus fué llevado del Espíritu al desierto, para ser tentado del

diablo.

2 Y habiendo ayunado cuarenta dias y cuarenta noches, despues tuvo hambre.

3 Y llegándose á él el tentador, dijo: Si eres Hijo de Dios, dí que estas

piedras se hagan pan.

4 Mas él respondiendo, dijo: Escrito está: No con solo el pan vivirá el

hombre: mas con toda palabra que sale por la boca de Dios.

5 Entonces el diablo le pasa á la santa ciudad; y le puso sobre las almenas

del templo,

6 y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate [de aquí] abajo; que escrito está:

Que á sus ángeles mandará por tí; y te alzarán en las manos, para que nunca

tropieces [con] tu pié á piedra.

7 Jesus le dijo: Otra vez está escrito: No tentarás al Señor tu Dios.

8 Otra vez le pasa el diablo á un monte muy alto, y le muestra todos los

reinos del mundo, y su gloria,

9 y le dice: Todo esto te daré, si postrado me adorares.

10 Entonces Jesus le dice: Véte, Satanás: que escrito está: Al Señor tu Dios

adorarás, y á él solo servirás.

11 El diablo entonces le dejó; y hé aquí, los ángeles llegaron, y le

servian.

12 MAS oyendo Jesus que Juan era preso, se volvió á Galiléa;

13 y dejando á Nazaret, vino, y habitó en Capharnaum, [ciudad] marítima, en

los confines de Zabulón y de Nephthalím:

14 para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta Isaías, que dijo:

15 La tierra de Zabulón, y la tierra de Nephthalím, camino de la mar, de la

otra parte del Jordán, Galiléa de los Gentiles,

16 pueblo asentado en tinieblas, vió gran luz: y á los asentados en region y

sombra de muerte, luz les esclareció.

17 Desde entonces comenzó Jesus á predicar, y á decir: Enmendáos: que el

reino de los cielos se ha acercado.

18 Y andando Jesus junto á la mar de Galiléa, vió á dos hermanos, Simon, que

es llamado Pedro, y Andres su hermano, que echaban la red en la mar: porque

eran pescadores.

19 Y les dice: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.

20 Ellos entonces, dejando luego las redes, le siguieron.

21 Y pasando de allí, vió otros dos hermanos, Jacobo, hijo de Zebedéo, y

Juan su hermano, en la nave con Zebedéo su padre, que remendaban sus redes; y

los llamó.

22 Y ellos luego, dejando la nave, y á su padre, le siguieron.

23 Y rodeó Jesus á toda Galiléa, enseñando en las sinagogas de ellos, y

predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad, y toda flaqueza

en el pueblo.

24 Y corria su fama por toda la Siria: y traian á él todos los que tenian

mal, los tomados de diversas enfermedades y tormentos, y los endemoniados, y

lunáticos, y paralíticos; y los sanaba.

25 Y le seguian muchas compañías de Galiléa, y de Decápolis, y de Jerusalem,

y de Judéa, y de la otra parte del Jordán.

CAPITULO 5

1 Y VIENDO Jesus las compañías, subió en el monte; y sentándose él, se

llegaron á él sus discípulos.

2 Y abriendo [él] su boca, los enseñaba, diciendo:

3 Bienaventurados los pobres en espíritu porque de ellos es el reino de los

cielos.

4 Bienaventurados los tristes: porque ellos recibirán consolacion.

5 Bienaventurados los mansos: porque ellos recibirán la tierra por herencia.

6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos

serán hartos.

7 Bienaventurados los misericordiosos: porque ellos alcanzarán misericordia.

8 Bienaventurados los de limpio corazon: porque ellos verán á Dios.

9 Bienaventurados los pacíficos: porque ellos serán llamados hijos de Dios.

10 Bienaventurados los que padecen persecucion por causa de la justicia:

porque de ellos es el reino de los cielos.

11 Bienaventurados sois, cuando dijeren mal de vosotros, y [os]

persiguieren, y dijeren de vosotros todo mal por mi causa, mintiendo.

12 Gozáos y alegráos: porque vuestro salario [es] grande en los cielos: que

así persiguieron á los profetas que [fueron] antes de vosotros.

13 Vosotros sois la sal de la tierra; y si la sal se desvaneciere, ¿con qué

será salada? no vale mas para nada, sino que sea echada fuera, y sea hollada

de los hombres.

14 Vosotros sois la luz del mundo. La ciudad asentada sobre el monte no se

puede esconder:

15 ni se enciende el candil, y se pone debajo de un almud, mas en el

candelero, y alumbra á todos los que están en casa.

16 Así [pues] alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean

vuestras obras buenas, y glorifiquen á vuestro Padre que está en los cielos.

17 No penseis que he venido para desatar la ley, ó los profetas: no he

venido para desatar[la], mas para cumplirla.

18 Porque de cierto os digo, [que] hasta que perezca el cielo y la tierra,

ni una jota, ni un tilde perecerá de la ley, que todas las cosas no sean

hechas.

19 De manera que cualquiera que desatare uno de estos mandamientos muy

pequeños, y así enseñare á los hombres, muy pequeño será llamado en el reino

de los cielos: mas cualquiera que hiciere, y enseñare, este será llamado

grande en el reino de los cielos.

20 Porque [yo] os digo, que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los

escribas y de los Fariséos, no entrareis en el reino de los cielos.

21 Oisteis que fué dicho á los antiguos: No matarás: mas cualquiera que

matare, será culpado de juicio:

22 yo pues os digo, que cualquiera que se enojare locamente con su hermano,

será culpado de juicio; y cualquiera que dijere á su hermano: Raca, será

culpado de concilio; y cualquiera que [á su hermano] dijere: Loco, será

culpado del quemadero del fuego.

23 Por tanto si trajeres tu presente al altar, y allí te acordares que tu

hermano tiene algo contra tí,

24 deja allí tu presente delante del altar, y vé: vuelve primero en amistad

con tu hermano, y entonces vé, y ofrece tu presente.

25 Sé amigo de tu adversario presto, entre tanto que estás con él en el

camino: porque no acontezca que el adversario te entregue al juez, y el juez

te entregue al alguacil; y seas echado en prision.

26 De cierto te digo, que no saldrás de allí, hasta que pagues el postrer

cornado.

27 Oisteis que fué dicho á los antiguos: No adulterarás:

28 yo pues os digo, que cualquiera que mira la mujer para codiciarla, ya

adulteró con ella en su corazon.

29 Por tanto si tu ojo derecho te fuere ocasion de caer, sácale, y échale de

tí: que mejor te es, que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu

cuerpo sea echado al quemadero.

30 Y si tu mano derecha te fuere ocasion de caer, córtala, y échala de tí:

que mejor te es, que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo

sea echado al quemadero.

31 Tambien fué dicho: Cualquiera que enviare su mujer, déle carta de

divorcio:

32 mas yo os digo, que el que enviare su mujer, fuera de causa de

fornicacion, hace que ella adultere; y el que se casare con la enviada,

comete adulterio.

33 Tambien, oisteis que fué dicho á los antiguos: No te perjurarás: mas

pagarás al Señor tus juramentos:

34 yo pues os digo: No jureis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es

el trono de Dios;

35 ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalem,

porque es la ciudad del gran Rey;

36 ni por tu cabeza jurarás: porque no puedes hacer un cabello blanco ó

negro;

37 mas sea vuestro hablar, Sí, sí: No, no: porque lo que es mas de esto, de

mal procede.

38 Oisteis que fué dicho á los antiguos: Ojo por ojo, y diente por diente:

39 mas yo os digo: No resistais con mal: antes á cualquiera que te hiriere

en tu mejilla diestra, vuélvele tambien la otra.

40 Y al que quisiere ponerte á pleito, y tomarte tu ropa, déjale tambien la

capa.

41 Y á cualquiera que te cargare por una legua, vé con él dos.

42 Al que te pidiere, dále; y al que quisiere tomar de tí emprestado, no le

rehuses.

43 Oisteis que fué dicho: Amarás á tu prójimo; y aborrecerás á tu enemigo:

44 yo pues os digo: Amad á vuestros enemigos: bendecid á los que os

maldicen: haced bien á los que os aborrecen; y orad por los que os calumnian

y os persiguen:

45 para que seais hijos de vuestro Padre que está en los cielos: que hace

que su sol salga sobre malos y buenos; y llueve sobre justos é injustos.

46 Porque si amáreis á los que os aman, ¿qué salario tendreis? ¿No hacen

tambien lo mismo los publicanos?

47 Y si abrazáreis á vuestros hermanos solamente, ¿qué haceis de mas? ¿No

hacen tambien así los publicanos?

48 Sed pues vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es

perfecto.

CAPITULO 6

1 MIRAD que no hagais vuestra limosna delante de los hombres, para que seais

mirados de ellos: de otra manera no tendreis salario acerca de vuestro Padre

que está en los cielos.

2 Pues cuando haces limosna, no hagas tocar trompeta delante de tí, como

hacen los hipócritas en las sinagogas, y en las plazas, para ser estimados de

los hombres: de cierto os digo, [que ya] tienen su salario.

3 Mas cuando tú haces limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha:

4 que sea tu limosna en secreto; y tu Padre, que mira en lo secreto, el te

pagará en público.

5 Y cuando orares, no seas como los hipócritas: porque ellos aman el orar en

las sinagogas, y en los cantones de las calles en pié, para que sean vistos.

De cierto que [ya] tienen su salario.

6 Mas tú, cuando oras, éntrate en tu cámara, y cerrada tu puerta, ora á tu

Padre que está en secreto: y tu Padre, que ve en lo secreto, te pagará en

público.

7 Y orando, no seais prolijos, como los Gentiles, que piensan que por su

parleria serán oidos.

8 No os hagais pues semejantes á ellos: porque vuestro Padre sabe de que

cosas teneis necesidad antes que vosotros le pidais.

9 Vosotros, pues, orareis así: Padre nuestro, que estás en los cielos: sea

santificado tu nombre.

10 Venga tu reino: sea hecha tu voluntad, como en el cielo, [así] tambien en

la tierra.

11 Dános hoy nuestro pan cotidiano.

12 Y suéltanos nuestras deudas, como tambien nosotros soltamos á nuestros

deudores.

13 Y no nos metas en tentacion: mas líbranos de mal: porque tuyo es el

reino, y la potencia, y la gloria, por [todos] los siglos. Amen.

14 Porque si soltáreis á los hombres sus ofensas, os soltará tambien á

vosotros vuestro Padre celestial.

15 Mas si no soltáreis á los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os

soltará vuestras ofensas.

16 Y cuando ayunais, no seais como los hipócritas, austeros: que demudan sus

rostros para parecer á los hombres que ayunan. De cierto os digo, [que ya]

tienen su salario.

17 Mas tú, cuando ayunas, unge tu cabeza, y lava tu rostro,

18 para no parecer á los hombres que ayunas, sino á tu Padre que está en

secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te pagará en público.

19 No hagais tesoros en la tierra, donde la polilla y el orin corrompe, y

donde ladrones minan, y hurtan:

20 mas hacéos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orin corrompe, y

donde ladrones no minan, ni hurtan.

21 Porque donde estuviere vuestro tesoro, allí estará vuestro corazon.

22 El candil del cuerpo es el ojo: así que si tu ojo fuere sincero, todo tu

cuerpo será luminoso.

23 Mas si tu ojo fuere malo, todo tu cuerpo será tenebroso. Así que si la

lumbre que en tí hay, son tinieblas, ¿cuántas [serán] las mismas tinieblas?

24 Ninguno puede servir á dos señores: porque ó aborrecerá al uno, y amará

al otro; ó se llegará al uno, y menospreciará al otro. No podeis servir á

Dios y á Mammon.

25 Por tanto os digo: No os congojeis por vuestra vida, que habeis de comer,

ó que habeis de beber; ni por vuestro cuerpo, que habeis de vestir. ¿La vida

no es mas que el alimento, y el cuerpo que el vestido?

26 Mirad á las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni allegan en

alfolíes; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros mucho

mejores que ellas?

27 ¿Mas quién de vosotros podrá congojándose añadir á su estatura un codo?

28 Y por el vestido, ¿por qué os congojais? Aprended [de] los lirios del

campo, como crecen: no trabajan, ni hilan:

29 mas os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria fué vestido así como

uno de ellos.

30 Y si la yerba del campo, que hoy es, y mañana es echada en el horno, Dios

[la] vista así, ¿no [hará] mucho mas á vosotros, [hombres] de poca fé?

31 No os congojeis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, O qué beberemos, ó con

qué nos cubriremos?

32 Porque los Gentiles buscan todas estas cosas: porque vuestro Padre

celestial sabe que de todas estas cosas teneis necesidad.

33 Mas buscad primeramente el reino de Dios, y su justicia; y todas estas

cosas os serán añadidas.

34 Así que, no os congojeis por lo de mañana; que la mañana traerá su

congoja: baste al dia su afliccion.

CAPITULO 7

1 No juzgueis, porque tambien no seais juzgados.

2 Porque con el juicio con que juzgais, sereis juzgados; y con la medida que

medis, [con ella] os volverán á medir.

3 Y ¿por qué mires la arista que [está] en el ojo de tu hermano, y no echas

de ver la viga que está en tu ojo?

4 O ¿cómo dirás á tu hermano: Espera, echaré de tu ojo la arista; y, hé

aquí, [una] viga en tu ojo?

5 ¡Hipócrita! echa primero la viga de tu ojo; y entonces mirarás en echar la

arista del ojo de tu hermano.

6 No deis lo santo á los perros; ni echeis vuestras perlas delante de los

puercos: porque no las rehuellen con sus piés, y vuelvan, y os despedacen.

7 Pedid, y se os dará: buscad, y hallareis: tocad, y se os abrirá.

8 Porque cualquiera que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que toca,

se abre.

9 ¿Qué hombre hay de vosotros, á quien si su hijo pidiere pan, le dará una

piedra?

10 ¿Y, si [le] pidiere pescado, le dará serpiente?

11 Pues, si vosotros, siendo malos, sabeis dar buenas dádivas á vuestros

hijos, vuestro Padre que está en los cielos, ¿cuánto mas dará buenas cosas a

los que piden de él?

12 Así que, todas las cosas que querriais que los hombres hiciesen con

vosotros, así tambien haced vosotros con ellos: porque esta es la ley, y los

profetas.

13 Entrad por la puerta estrecha: porque el camino, que lleva á perdicion,

es ancho y espacioso; y los que van por él, [son] muchos.

14 Porque la puerta es estrecha, y angosto el camino que lleva á la vida; y

pocos son los que lo hallan.

15 Tambien, guardáos de los falsos profetas, que vienen á vosotros con

vestidos de ovejas: mas de dentro son lobos robadores.

16 Por sus frutos los conocereis. Cógense uvas de los espinos, ó higos de

los cambrones?

17 De esta manera, todo buen árbol lleva buenos frutos: mas el árbol podrido

lleva malos frutos.

18 No puede el buen árbol llevar malos frutos; ni el árbol podrido llevar

buenos frutos.

19 Todo árbol que no lleva buen fruto, córtase, y échase en el fuego.

20 Así que por sus frutos los conocereis.

21 No cualquiera que me dice Señor, Señor, entrará en el reino de los

cielos: mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

22 Muchos me dirán en aquel dia Señor, Señor, ¿no profetizamos [en] tu

nombre, y [en] tu nombre sacamos demonios, y [en] tu nombre hicimos muchas

grandezas?

23 Y entonces les confesaré: Nunca os conocí: apartáos de mí, obradores de

maldad.

24 Pues, cualquiera que me oye estas palabras, y las hace, le compararé al

varon prudente, que edificó su casa sobre peña:

25 y descendió lluvia, y vinieron rios, y soplaron vientos, y combatieron

aquella casa; y no cayó: porque estaba fundada sobre peña.

26 Y cualquiera que me oye estas palabras, y no las hace, le compararé al

varon loco, que edificó su casa sobre arena:

27 que descendió lluvia, y vinieron rios, y soplaron vientos, e hicieron

ímpetu en aquella casa; y cayó; y fué su ruina grande.

28 Y FUÉ [que] como Jesus acabó estas palabras, las compañías se espantaban

de su doctrina:

29 porque los enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.

CAPITULO 8

1 Y COMO descendió del monte, le seguian muchas compañías.

2 Y, hé aquí, un leproso vino, y le adoró, diciendo: Señor, si quisieres,

puedes limpiarme.

3 Y extendiendo Jesus su mano, le tocó, diciendo: Quiero: sé limpio. Y luego

su lepra fué limpiada.

4 Entonces Jesus le dijo: Mira, no [lo] digas á nadie: mas vé, muéstrate al

sacerdote, y ofrece el presente que mandó Moisés, para que les conste.

5 Y entrando Jesus en Capharnaum, vino á él el centurion, rogándole,

6 y diciendo: Señor, mi mozo está echado en casa paralítico, gravemente

atormentado.

7 Y Jesus le dijo: Yo vendré, y le sanaré.

8 Y respondió el centurion, y dijo: Señor, no soy digno que entres debajo de

mi techumbre: mas solamente dí con la palabra, y mi mozo sanará:

9 porque tambien yo soy hombre debajo de potestad; y tango debajo de mi

[potestad] soldados; y digo á este: Vé, y va; y al otro: Ven, y viene; y á mi

siervo: Haz esto, y [lo] hace.

10 Y oyéndo[lo] Jesus, se maravilló, y dijo á los que [le] seguian: De

cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fé.

11 Mas [yo] os digo, que vendrán muchos del oriente, y del occidente, y se

asentarán con Abraham, é Isaac, y Jacob, en el reino de los cielos.

12 Y los hijos del reino serán echados á las tinieblas de fuera: allí será

el lloro, y el crujir de dientes.

13 Entonces Jesus dijo al centurion: Vé, y como creiste, sea hecho contigo.

Y su mozo fué sano en el mismo momento.

14 Y vino Jesus á casa de Pedro, y vió á su suegra echada en la cama, y con

fiebre.

15 Y tocó su mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó, y les servia.

16 Y como fué ya tarde, trajeron á él muchos endemoniados, y echó [de ellos]

los demonios con la palabra, y sanó todos los enfermos:

17 para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta Isaías, que dijo:

El tomó nuestras enfermedades, y llevó [nuestras] dolencias.

18 Y VIENDO Jesus muchas compañías al rededor de sí, mandó que se fuesen de

la otra parte [del lago.]

19 Y llegóse un escriba, y díjole: Maestro, te seguiré donde quiera que

fueres.

20 Y Jesus le dijo: las zorras tienen cavernas, y las aves del cielo nidos:

mas el Hijo del hombre no tiene donde acueste su cabeza.

21 Y otro de sus discípulos le dijo: Señor, dáme licencia que vaya primero,

y entierre á mi padre.

22 Y Jesus le dijo: Sígueme, y deja que los muertos entierren á sus muertos.

23 Y entrando él en [un] navío, sus discípulos le siguieron.

24 Y, hé aquí, fué hecho en la mar un gran movimiento, que el navío se

cubria de las ondas; y él dormia.

25 Y llegándose sus discípulos, le despertaron, diciendo: Señor, sálvanos,

perecemos.

26 Y [él] les dice: ¿Por qué temeis, [hombres] de poca fé? Entonces

despierto reprendió á los vientos y á la mar; y fué grande bonanza.

27 Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué [hombre] es este, que aun

los vientos y la mar le obedecen?

28 Y como él vino de la otra parte en la provincia de los Gergesenos, le

vinieron al encuentro dos endemoniados que salian de los sepulcros, fieros en

gran manera, que nadie podia pasar por aquel camino.

29 Y, hé aquí, clamaron, diciendo: ¿Qué tenemos contigo, Jesus, Hijo de

Dios? ¿Has venido ya acá á molestarnos antes de tiempo?

30 Y estaba lejos de ellos un hato de muchos puercos paciendo.

31 Y los demonios le rogaron, diciendo: Si nos echas, permítenos que vamos

en aquel hato de puercos.

32 Y les dijo: Id. Y ellos salidos, se fueron en aquel hato de puercos; y hé

aquí, todo el hato de los puercos se precipitó de un despeñadero en la mar; y

murieron en las aguas.

33 Y los porqueros huyeron, y viniendo á la ciudad, contaron todas las

cosas, y lo que habia pasado con los endemoniados.

34 Y, hé aquí, toda la ciudad salió á recibir á Jesus: y cuando le vieron,

le rogaban que se fuese de sus términos.

CAPITULO 9

1 ENTONCES entrando en el navío, pasó de la otra parte, y vino á su ciudad.

2 Y, hé aquí, le trajeron un paralítico echado en [una] cama: y viendo Jesus

la fé de ellos, dijo al paralítico: Confia, hijo; tus pecados te son

perdonados.

3 Y, hé aquí, algunos de los escribas decian dentro de sí: Este blasfema.

4 Y viendo Jesus sus pensamientos, dijo: ¿Por qué pensais mal en vuestros

corazones?

5 ¿cuál es mas fácil, decir: los pecados te son perdonados; ó decir:

Levántate, y anda?

6 mas porque sepais que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de

perdonar pecados (dice entonces al paralítico): Levántate, toma tu cama, y

véte á tu casa.

7 Entonces él se levantó, y se fué á su casa.

8 Y las compañías viéndo[lo], se maravillaron, y glorificaron á Dios, que

hubiese dado tal potestad á hombres.

9 Y PASANDO Jesus de allí, vió á un hombre, que estaba sentado al banco [de

los públicos tributos], el cual se llamaba Matéo, y dícele: Sígueme. Y se

levantó, y le siguió.

10 Y aconteció que estando él sentado á la mesa en casa, hé aquí que muchos

publicanos y pecadores, que habian venido, se sentaron juntamente á la mesa

con Jesus y sus discípulos.

11 Y viendo [esto] los Fariséos, dijeron á sus discípulos: ¿Por qué come

vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?

12 Y oyéndo[lo] Jesus, les dijo: los que están sanos, no tienen necesidad de

médico; sino los enfermos.

13 Andad, antes aprended qué cosa es: Misericordia quiero, y no sacrificio:

Porque no he venido á llamar los justos, sino los pecadores á penitencia.*

{* A enmienda, á conversion.}

14 Entonces los discípulos de Juan vienen á él, diciendo: ¿Por qué nosotros

y los Fariséos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan?

15 Y les dijo Jesus: ¿Pueden los que son de bodas tener luto entre tanto que

el esposo está con ellos? Mas vendrán dias, cuando el esposo será quitado de

ellos, y entonces ayunarán.

16 Y nadie echa remiendo de paño recio en vestido viejo: porque el tal

remiendo tira del vestido, y se hace peor rotura.

17 Ni echan vino nuevo en cueros viejos: de otra manera los cueros se

rompen, y el vino se derrama, y se pierden los cueros: mas echan el vino

nuevo en cueros nuevos; y lo uno y lo otro se conserva juntamente.

18 HABLANDO él estas cosas á ellos, hé aquí, un principal vino, y le adoró,

diciendo: Mi hija es muerta poco há: mas ven, y pon tu mano sobre ella, y

vivirá.

19 Y se levantó Jesus, y le siguió, y sus discípulos.

20 Y, hé aquí, una mujer enferma de flujo de sangre doce años habia,

llegándose por detrás, tocó la fimbria de su vestido:

21 porque decia entre sí: Si tocare solamente su vestido, seré libre.

22 Mas Jesus volviéndose, y mirándola, dijo: Confia, hija, tu fé te ha

librado. Y la mujer fué libre desde aquella hora.

23 Y venido Jesus á casa del principal, viendo los tañedores de flautas, y

la compañía que hacia bullicio,

24 díceles: Apartáos, que la moza no es muerta; mas duerme. Y se burlaban de

él.

25 Y como la compañía fué echada fuera, entró, y la tomó de la mano; y la

moza se levantó.

26 Y salió esta fama por toda aquella tierra.

27 Y pasando Jesus de allí, le siguieron dos ciegos dando voces, y diciendo:

Ten misericordia de nosotros, Hijo de David.

28 Y venido á casa, vinieron á él los ciegos; y Jesus les dice: ¿Creeis que

puedo hacer esto? Ellos dicen: Sí, Señor.

29 Entonces tocó los ojos de ellos, diciendo: Conforme á vuestra fé os sea

hecho.

30 Y los ojos de ellos fueron abiertos; y Jesus les encargó [rigurosamente],

diciendo: Mirad, nadie [lo] sepa.

31 Mas ellos salidos, divulgaron su fama por toda aquella tierra.

32 Y saliendo ellos, hé aquí, le trajeron un hombre mudo, endemoniado.

33 Y echado fuera el demonio, el mudo habló. Y las compañías se

maravillaron, diciendo: Nunca ha sido vista cosa semejante en Israél.

34 Mas los Fariséos decian: Por el príncipe de los demonios echa fuera los

demonios.

35 Y RODEABA Jesus por todas las ciudades y aldeas, enseñando en las

sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda

enfermedad, y toda flaqueza en el pueblo.

36 Y viendo las compañías, tuvo misericordia de ellas: que eran derramados y

esparcidos, como ovejas que no tienen pastor.

37 Entonces dice á sus discípulos: A la verdad la mies es mucha: mas los

obreros, pocos:

38 rogad pues al Señor de la mies, que envie obreros á su mies.

CAPITULO 10

1 ENTONCES llamando sus doce discípulos, les dió potestad contra los

espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y sanasen toda enfermedad, y

toda flaqueza.

2 Y los nombres de los doce apóstoles son estos: El primero, Simon, que es

dicho Pedro, y Andres su hermano: Jacobo [hijo] de Zebedéo, y Juan su

hermano:

3 Felipe, y Bartolomé: Tomás, y Matéo el publicano; Jacobo [hijo] de Alféo,

y Lebéo, por sobrenombre Tadéo:

4 Simon de Caná, y Judas Iscariote, que tambien le entregó.

5 Estos doce envió Jesus, á los cuales dió mandamiento, diciendo: Por el

camino de los Gentiles no ireis, y en ciudad de Samaritanos no entreis:

6 mas id antes á las ovejas perdidas de la casa de Israel.

7 Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos ha llegado.

8 Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios:

de gracia recibisteis, dad de gracia.

9 No poseais oro, ni plata, ni dinero en vuestras bolsas;

10 ni alforja para el camino, ni dos ropas de vestir, ni zapatos, ni bordon:

porque el obrero digno es de su alimento.

11 Mas en cualquier ciudad ó aldea, donde entráreis, buscad [con diligencia]

quien sea en ella digno, y reposad allí hasta que salgais.

12 Y entrando en la casa, saludadla.

13 Y si la casa fuere digna, vuestra paz vendrá sobre ella: mas si no fuere

digna, vuestra paz se volverá á vosotros.

14 Y cualquiera que no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de

aquella casa ó ciudad, y sacudid el polvo de vuestros piés.

15 De cierto os digo: [Que el castigo] será mas tolerable á la tierra de los

de Sodoma, y de los de Gomorrha en el dia del juicio, que á aquella ciudad.

16 Hé aquí, yo os envio como á ovejas en medio de lobos: sed pues prudentes

como serpientes, y sencillos como palomas.

17 Y guardáos de los hombres: porque os entregarán en concilios, y en sus

sinagogas os azotarán.

18 Y aun á príncipes, y á reyes sereis llevados por causa de mí, para que

les conste á ellos, y á los Gentiles.

19 Mas cuando os entregaren, no os congojeis cómo, ó qué habeis de hablar:

porque en aquella hora os será dada que hableis.

20 Porque no sois vosotros los que hablais, sino el Espíritu de vuestro

Padre, que habla en vosotros.

21 El hermano entregará al hermano á la muerte, y el padre al hijo; y los

hijos se levantarán contra los padres, y los harán morir.

22 Y sereis aborrecidos de todos por mi nombre: mas el que soportare hasta

el fin, este será salvo.

23 Mas cuando os persiguieren en esta ciudad, huid á la otra: porque de

cierto os digo, [que] no acabareis de andar todas las ciudades de Israél, que

no venga el Hijo del hombre.

24 El discípulo no es mas que su Maestro, ni el siervo mas que su Señor.

25 Bástele al discípulo ser como su Maestro, y al siervo como su Señor: si

al [mismo] Padre de la familia llamaron Beelzebub, ¿cuánto mas á los de su

casa?

26 Así que no los temais: porque nada hay encubierto, que no haya de ser

manifestado; y [nada] oculto, que no haya de saberse.

27 Lo que os digo en tinieblas, decidlo en luz; y lo que ois á la oreja,

predicadlo de los tejados.

28 Y no tengais miedo de los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden

matar: temed antes á aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el

quemadero.

29 ¿No se venden dos pajarillos por una blanca? y uno de ellos no cae á

tierra sin vuestro Padre.

30 Y vuestros cabellos tambien, todos están contados.

31 No temais pues: mas valeis vosotros que muchos pajarillos.

32 Pues cualquiera que me confesare delante de los hombres, le confesaré yo

tambien delante de mi Padre, que está en los cielos.

33 Y cualquiera que me negare delante de los hombres, le negaré yo tambien

delante de mi Padre, que está en los cielos.

34 No penseis que he venido para meter paz en la tierra: no he venido para

meter paz, sino cuchillo.

35 Porque he venido para hacer disension del hombre contra su padre, y de la

hija contra su madre, y de la nuera contra su suegra.

36 Y los enemigos del hombre, los de su casa.

37 El que ama á padre ó á madre mas que á mí, no es digno de mí; y el que

ama á hijo ó á hija mas que á mí, no es digno de mí.

38 Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí.

39 El que hallare su vida, la perderá; y el que perdiere su vida por causa

de mí, la hallará.

40 El que os recibe á vosotros, á mí recibe; y el que á mí recibe, recibe al

que me envió.

41 El que recibe profeta en nombre de profeta, salario de profeta recibirá;

y el que recibe justo en nombre de justo, salario de justo recibirá.

42 Y cualquiera que diere á uno de estos pequeñitos un jarro de [agua] fria

solamente, en nombre de discípulo, de cierto os digo, [que] no perderá su

salario.

CAPITULO 11

1 Y FUÉ, que acabando Jesus de dar mandamientos á sus doce discípulos, se

fué de allí á ensenar y á predicar en las ciudades de ellos.

2 Y OYENDO Juan en la prision los hechos de Cristo, envióle dos de sus

discípulos,

3 diciendo: ¿Eres tú aquel que habia de venir, ó esperaremos á otro?

4 Y respondiendo Jesus, les dijo: Id, haced saber á Juan las cosas que ois y

veis.

5 los ciegos ven, y los cojos andan: los leprosos son limpiados, y los

sordos oyen: los muertos son resucitados, y á los pobres es anunciada la

alegre nueva.

6 Y bienaventurado es el que no fuere escandalizado en mí.

7 E idos ellos, comenzó Jesus á decir de Juan á las compañías: ¿Qué

salisteis á ver al desierto? ¿[alguna] caña que es meneada del viento?

8 O ¿qué salisteis á ver? ¿un hombre cubierto de blandos vestidos? Cierto

los que traen [vestidos] blandos, en las casas de los reyes están.

9 O ¿qué salisteis á ver? ¿profeta? Tambien os digo, y mas que profeta.

10 Porque este es de quien está escrito: Hé aquí, yo envio mi ángel delante

de tu faz, que aparejará tu camino delante de tí.

11 De cierto os digo, [que] no se levantó entre los que nacen de mujeres

otro mayor que Juan el Bautista: mas el que es muy pequeño en el reino de los

cielos, mayor es que él.

12 Desde los dias de Juan el Bautista hasta ahora al reino de los cielos se

hace fuerza, y los valientes lo arrebatan.

13 Porque todos los profetas, y la ley, hasta Juan profetizaron.

14 Y si quereis recibir, él es aquel Elías que habia de venir.

15 El que tiene oidos para oir, oiga.

16 Mas, ¿á quien compararé esta generacion? Es semejante á los muchachos que

se sientan en las plazas, y dan voces á sus compañeros,

17 y dicen: Os tañimos flauta, y no bailasteis: os endechamos, y no

lamentasteis.

18 Porque vino Juan, que ni comia ni bebia, y dicen: Demonio tiene.

19 Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: Hé aquí un hombre

comilon, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. Mas la

sabiduría es aprobada de sus hijos.

20 ENTONCES comenzó á zaherir [el beneficio] á las ciudades en las cuales

habian sido hechas muy muchas de sus maravillas, porque no se habian

enmendado, [diciendo:]

21 ¡Ay de tí, Corazin! ¡Ay de tí, Bethsaida! porque si en Tyro y en Sidón

fueran hechas las maravillas que han sido hechas en vosotras, en otro tiempo

hubieran hecho penitencia en saco y en ceniza.

22 Por tanto [yo] os digo, [que] á Tyro y a Sidón será mas tolerable [el

castigo] en el dia del juicio, que á vosotras.

23 Y tú, Capharnaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta los infiernos

serás bajada: porque si en los de Sodoma fueran hechas las maravillas que han

sido hechas en tí, hubieran quedado hasta el dia de hoy.

24 Por tanto [yo] os digo, [que] á la tierra de los de Sodoma será mas

tolerable [el castigo] en el dia del juicio, que a tí.

25 En aquel tiempo respondiendo Jesus, dijo: Te alabo, Padre, Señor del

cielo y de la tierra, que hayas escondido esto de los sabios y de los

entendidos, y lo hayas revelado á los niños.

26 Así, Padre, pues que así agradó en tus ojos.

27 Todas las cosas me son entregadas de mi Padre; y nadie conoció al Hijo,

sino el Padre: ni al Padre conoció alguno, sino el Hijo, y [aquel] á quien el

Hijo le quisiere revelar.

28 Venid á mí, todos los que estais trabajados, y cargados, que yo os haré

descansar.

29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde

de corazon, y hallareis descanso para vuestras almas.

30 Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.

CAPITULO 12

1 EN aquel tiempo iba Jesus por unos sembrados en sábado; y sus discípulos

tenian hambre, y comenzaron á coger espigas, y á comer.

2 Y viéndo[lo] los Fariséos, le dijeron: Hé aquí, tus discípulos hacen lo

que no es lícito hacer en sábado.

3 Y él les dijo: ¿No habeis leido, qué hizo David, teniendo hambre él, y los

que estaban con él?

4 ¿Cómo entró en la casa de Dios, y comió los panes de la proposicion, que

no le era lícito comer de ellos, ni a los que estaban con él, sino á solos

los sacerdotes?

5 O ¿no habeis leido en la ley, que los sábados en el templo los sacerdotes

profanan el sábado, y son sin culpa?

6 Pues os digo, que mayor que el templo está aquí.

7 Mas si supiéseis qué es: Misericordia quiero, y no sacrificio, no

condenariais á los inocentes.

8 Porque Señor es aun del sábado el Hijo del hombre.

9 Y partiéndose de allí, vino á la sinagoga de ellos.

10 Y hé aquí, habia [allí] uno que tenia una mano seca; y le preguntaron,

diciendo: ¿Es lícito curar en sábado? por acusarle.

11 Y él les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si

cayere esta en una fosa en sábado, no le eche mano, y [la] levante?

12 ¿Pues cuánto mas vale un hombre que una oveja? Así que licito es en los

sábados hacer bien.

13 Entonces dijo á aquel hombre: extiende tu mano. Y él [la] extendió, y

[le] fué restituida sana como la otra.

14 Y salidos los Fariséos consultaron contra él para destruirle.

15 Mas sabiéndo[lo] Jesus, se apartó de allí; y le siguieron muchas

compañías, y sanaba á todos.

16 Y él les defendia rigurosamente, que no le descubriesen:

17 para que se cumpliese lo que estaba dicho por el profeta Isaías, que

dijo:

18 Hé aquí mi siervo, al cual he escogido, mi amado, en el cual se agrada mi

alma: pondré mi Espíritu sobre él, y á los Gentiles anunciará juicio;

19 no contenderá, ni voceará, ni nadie oirá en las calles su voz:

20 la caña cascada no quebrará; y el pábilo que humea no apagará, hasta que

saque á victoria el juicio;

21 y en su nombre esperarán los Gentiles.

22 ENTONCES fué traido á él un endemoniado, ciego y mudo; y le sanó, de tal

manera que el ciego y mudo hablaba y veia.

23 Y las compañías estaban fuera de sí, y decian: ¿Es este aquel Hijo de

David?

24 Mas los Fariséos, oyéndo[lo], decian: Este no echa fuera los demonios,

sino por Beelzebub, príncipe de los demonios.

25 Y Jesus, como sabia los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino

dividido contra sí mismo es desolado; y toda ciudad ó casa, dividida contra

sí misma, no permanecerá.

26 Y Si Satanás echa fuera á Satanás, contra sí mismo está dividido: ¿cómo,

pues, permanecerá su reino?

27 Y Si yo por Beelzebub echo fuera los demonios, ¿vuestros hijos, por quién

[los] echan? Por tanto ellos serán vuestros jueces.

28 Y si por Espíritu de Dios yo echo fuera los demonios, ciertamente ha

llegado á vosotros el reino de Dios.

29 Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del valiente, y saquear sus

alhajas, si primero no prendiere al valiente? y entonces saqueará su casa.

30 El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no coge, derrama.

31 Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado á los hombres:

mas la blasfemia del Espíritu no será perdonada á los hombres.

32 Y cualquiera que hablare contra el Hijo del hombre, le será perdonado:

mas cualquiera que hablare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni

en este siglo, ni en el venidero.

33 O haced el árbol bueno, y su fruto bueno; ó haced el árbol podrido, y su

fruto podrido: porque del fruto es conocido el árbol.

34 Generacion de víboras, ¿cómo podeis hablar bien, siendo malos? porque de

la abundancia del corazon habla la boca.

35 El buen hombre del buen tesoro del corazon saca buenas cosas; y el mal

hombre del mal tesoro saca malas cosas.

36 Mas [yo] os digo, que toda palabra ociosa que hablaren los hombres, de

ella darán cuenta en el dia del juicio.

37 Porque de tus palabras serás justificado, y de tus palabras seras

condenado.

38 Entonces respondieron unos de los escribas y de los Fariséos, diciendo:

Maestro, deseamos ver de tí señal.

39 Y él respondió, y les dijo: La generacion mala y adulterina demanda

señal: mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás profeta.

40 Porque como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres dias y tres

noches, así estará el Hijo del hombre en el corazon de la tierra tres dias y

tres noches.

41 Los de Nínive se levantarán en juicio con esta generacion, y la

condenarán: porque ellos hicieron penitencia á la predicacion de Jonás; y hé

aquí, mas que Jonás en este lugar.

42 La reina del austro se levantará en juicio con esta generacion, y la

condenará: porque vino de los fines de la tierra para oir la sabiduría de

Salomón; y hé aquí, mas que Salomón en este lugar.

43 Cuando el espíritu inmundo ha salido del hombre, anda por lugares secos

buscando reposo, y no hallándole.

44 Entonces dice: Me volveré á mi casa, de donde salí. Y cuando viene, [la]

halla desocupada, barrida, y adornada.

45 Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y

entrados moran allí; y son peores las postreras del tal hombre, que sus

primeras. Así tambien acontecerá á esta generacion mala.

46 Y ESTANDO él aun hablando á las compañías, hé aquí, su madre y sus

hermanos estaban fuera, que le querian hablar.

47 Y le dijo uno: Hé aquí, tu madre y tus hermanos están fuera, que te

quieren hablar.

48 Y respondiendo él al que le decia [esto], dijo: ¿Quién es mi madre, y

quiénes son mis hermanos?

49 Y extendiendo su mano hácia sus discípulos, dijo: Hé aquí, mi madre y mis

hermanos.

Reina Valera New Testament of the Bible 1858 · 第 1 / 38 段