[37] Esos estudios no pueden dejar de tener un efecto muy tardío, tanto
porque á causa de su naturaleza misma no pueden estar al alcance de
todos, cuanto porque la prensa diaria, que es lo que llega á manos
del pueblo europeo, los centraría enérgicamente, reproduciendo las
calumnias, las diatribas y las leyendas ridículas que contra la América
inventan diariamente, por estupidez, por ignorancia ó por especulación,
los viajeros europeos.
Los _sabios_ que formaban la expedición científica española que
vino á posesionarse de las Chinchas á título de _reivindicación_,
se han esmerado no solamente en revelar el odio con que todos sus
compatriotas miran nuestra independencia y el sistema de gobierno que
hemos adoptado, sino también en deprimir á los pueblos americanos,
atribuyéndoles como propios de ellos y de la forma republicana los
vicios y costumbres antisociales que les legó la España y que todavía
no han podido ser extirpados por la nueva sociedad.
Desde el año 63 la prensa de todo el mundo reproduce con frecuencia
los artículos en que aquellos expedicionarios nos pintan como pueblos
viciosos y corrompidos y nos reprochan lo mismo que sus antepasados
fundaron en América. Es sabido, por ejemplo, que los nuevos gobiernos
americanos y las nuevas sociedades no han tenido tiempo suficiente para
mejorar la condición de los indígenas, porque en cincuenta años es
imposible restablecer lo que fué degradado y degenerado durante tres
siglos. Sin embargo, aquellos viajeros no tienen reparo en acusar á los
_republicanos_ de Sur-América de maltratar á los indígenas, á pesar de
que tanto pregonan los principios democráticos.
Así también los acusan á cada paso de todos los vicios anticristianos,
antisociales y antidemocráticos que les legó la España, como si la
república y la independencia les dieran origen y les alimentaran. ¿Qué
pueden hacer los estudios de los escritores despreocupados de Europa
sobre nuestra condición social y política, al lado de esa caterva de
maléficos espíritus que soplan la calumnia contra la América á los
oídos de las sociedades y de los gobiernos de Europa?
[38] Nota del Sr. Covarrubias, ministro de Relaciones Exteriores de
Chile, al ministro español, en 28 de mayo de 1864.
[39] _Diario do Rio Janeiro_, número 168.