NOTAS:

[5] _Alexis de Tocqueville_, por Laboulaye.

[6] _London Quarterly Journal_, julio 1861.

[7] _L’Etat et ses limites_, por Laboulaye, 1860.

V

Humboldt no podía dejar de tomar como base la gran verdad que sobre

el fin del hombre nos ha revelado la filosofía alemana; es á saber,

que el fin más elevado que el hombre puede proponerse aquí abajo, que

le prescriben las reglas inmutables de la razón, es el de desarrollar

el conjunto de sus facultades, porque sólo en ese desarrollo puede

consistir su perfección, como hombre, como cristiano, como ciudadano.

Á juicio del gran escritor alemán, este mejoramiento no puede ser

completo, ni el desarrollo armonioso, sino con dos condiciones:

libertad de acción y diversidad de situación[8].

“El ideal de la Edad Media, como del siglo de Luis XIV es la unidad,

la unidad en todas las cosas, en religión, en moral, en ciencias, en

industria. Se procura obtener esta unidad por medios artificiales; es

el Estado el que la impone y la mantiene. De este modo se consigue, no

la unidad verdadera, que consiste en el acuerdo de los espíritus, sino

la uniformidad, es decir, una regla exterior, una fórmula vacía que se

hace aceptar á viva fuerza, domeñando toda oposición.

“El pueblo no cree, pero se calla; este es el reino del silencio y

de la inmovilidad. Hoy no es así. Una concepción más exacta y más

verdadera del alma humana nos ha dado una idea más justa de la unidad.

En el hombre como en la naturaleza, admitimos variedades infinitas, y

sólo podemos buscar la unidad viviente en el conjunto, en la armonía

de esas notas diversas... Estas nuevas vistas han arruinado la antigua

política.

“Al fin se ha comprendido que imponer la uniformidad por el despotismo

de la ley es proseguir una obra mala y estéril. Para que un país sea

rico, industrioso, moral, religioso, es necesario que nada estorbe á

la expansión infinita de las aptitudes humanas; en otros términos:

es preciso antes de todo considerar y respetar la libertad de los

individuos. ¿Cuál es entonces el papel del Estado? Humboldt lo reduce

á dos cosas: en el exterior, á proteger la independencia nacional; en

lo interior, á mantener la paz. He aquí los límites del gobierno. En

otros términos, Humboldt atribuye al Estado el ejército, la marina, la

diplomacia, las rentas, la policía suprema, la justicia, la tutela de

los huérfanos y de los incapaces; y le quita la religión, la educación,

la moral, el comercio, la industria; y todo eso en virtud de estos dos

principios: libertad de acción y diversidad de situación”.

Á nuestro juicio, como al juicio de todo americano, el escritor alemán

comprendía el punto de partida, y de él sacaba un criterio seguro para

apreciar debidamente las relaciones en que deben existir el Estado y la

sociedad; pero las preocupaciones monárquicas, el espíritu estrecho que

ha creado en Europa la dominación secular de esa misma doctrina de la

unidad del poder extraviaron aquel criterio, y dieron una prueba más

de que las nuevas vistas no han arruinado todavía la antigua política

en Europa, y de que la concepción exacta y verdadera del alma humana,

que ha dado á algunos sabios una idea más justa de la unidad, no es

ni popular ni bastante poderosa para vencer en esos mismos sabios las

preocupaciones.

Establecer que la misión del Estado es proteger la independencia en el

exterior y mantener la paz en lo interior, no es limitar el gobierno,

sino dejarlo en posesión de todos los poderes que hoy se atribuye

para llenar aquellos fines, puesto que esos fines son el pretexto

que los partidarios de la unidad del poder alegan para sostener

el sistema absoluto. ¿Qué no se han permitido los gobiernos para

defender la independencia nacional y para mantener la paz? ¿Acaso no

han sacrificado siempre todos los derechos individuales, todas las

facultades activas de la sociedad para constituir un poder fuerte que

pueda conservar y defender aquellos dos fines supremos?

No, la misión del Estado es otra; es la de representar el principio del

derecho en la sociedad, tanto en sus relaciones exteriores, empleando

la fuerza, cuando sea necesario defender ese derecho, como en lo

interior, para facilitar á la sociedad y á cada uno de sus miembros

las condiciones de su existencia y de su desarrollo. Cuando el Estado

limita su acción de esta manera, la paz interior es un resultado, y no

un fin del Estado, como lo supone Humboldt; y si alguna vez se altera,

no necesita el Estado traspasar las vallas del derecho, como no lo ha

necesitado en los Estados Unidos del Norte durante la guerra de cuatro

años, la más portentosa que han presenciado los siglos, y en la cual

por primera vez en el mundo se ha presentado un gobierno que sin salir

de los límites del derecho ha sabido llenar su misión.

La América, Tomo I · 第 27 / 48 题