Tornando al propósito, como los Reyes, que á la sazon estaban en

Granada, supieron la llegada y prision del Almirante y de sus hermanos,

la cual debian saber, lo primero, del ama del Príncipe, porque á ella

debia de enviar el Almirante su criado, y tambien por carta del Alonso

de Vallejo, ó del corregidor de Cáliz; hobieron mucho pesar de que

viniese preso y mal tractado, y proveyeron luego que lo soltasen, y,

segun oí decir, mandáronle proveer de dineros con que viniese á la

corte, y áun que fueron los dineros 2.000 ducados; mandáronle escrebir

que se viniese á la corte, á donde llegó él y sus hermanos, á 17 de

Diciembre, y los recibieron muy benignamente, mostrando compasion de

su adversidad y trabajos, dándoles todo el consuelo que al presente

pudieron dalles, en especial al Almirante, certificándole que su

prision no habia procedido de su voluntad, y con palabras muy amorosas

é eficaces le prometieron que mandarian deshacer y remediar sus

agravios, y que en todo y por todo sus privilegios y mercedes, que le

habian hecho, le serian guardados; y en esto, la serenísima Reina era

la que se aventajaba en consolalle y certificalle su pesar, porque,

en la verdad, ella fué siempre la que más que el Rey lo favoreció y

defendió, y así el Almirante tenia en ella principalmente su esperanza.

Él, no pudiendo hablar por un rato, lleno de sollozos y lágrimas,

hincado de rodillas, mandáronle levantar; comienza su plática, harto

dolorosa, mostrando y afirmando el entrañable amor y deseo que siempre

tuvo de les servir con toda fidelidad, y que nunca, de propósito ni

industria, hizo cosa en que ofender su servicio pensase, y si por

yerros algunas obras suyas eran estimadas y juzgadas, no las habia

hecho sino con no alcanzar más, y siempre creyendo que hacia lo

que debia, y en hacerlo que acertaba. Que sea verdad lo susodicho,

cerca de no haber sido la prision del Almirante hecha por voluntad y

mandado de los Reyes, sino por sólo querer y auctoridad del comendador

Bobadilla, y que hobiese á Sus Altezas della mucho pesado, mostráronlo

bien expresamente los Reyes católicos, en una su real Carta que le

escribieron de Valencia de la Torre, cuando estaba de partida para su

cuarto viaje, de que abajo se dirá. Entre otras cosas, dice así en un

capítulo de la dicha Carta:

«Cuanto á lo otro contenido en vuestros memoriales y letras, tocante

á vos, y á vuestros hijos y hermanos, porque como vedes, á causa que

Nos estamos en camino y vos de partida no se puede entender en ello

fasta que paremos de asiento en alguna parte, é si esto hobiésedes

de esperar, se perderia el viaje á que agora vais, por esto es mejor,

que, pues de todo lo necesario para vuestro viaje estais despachado,

vos partais luego sin detenimiento, y quede á vuestro hijo el cargo

de solicitar lo contenido en los dichos memoriales. Y tened por

cierto, que de vuestra prision nos pesó mucho, y bien lo vistes vos

y lo cognoscieron todos claramente, pues que luego que lo supimos lo

mandamos remediar; y sabeis el favor con que vos habemos mandado tratar

siempre, y agora estamos mucho más en vos honrar y tratar muy bien, y

las mercedes que vos tenemos fechas vos serán guardadas enteramente,

segun forma y tenor de nuestros privilegios, que dellas teneis, sin ir

en cosa contra ellas. Y vos y vuestros hijos gozareis dellas, como es

razon y, si necesario fuere confirmarlas de nuevo, las confirmaremos, y

á vuestro hijo mandaremos poner en la posesion de todo ello, y en más,

que esto tenemos voluntad de vos honrar y facer mercedes; y de vuestros

fijos y hermanos. Nos ternemos el cuidado que es razon. Y todo esto

se podrá facer yéndovos en buena hora, y quedando el cargo á vuestro

fijo, como está dicho, y así vos rogamos que en vuestra partida no haya

dilacion. De Valencia de la Torre á 14 dias de Marzo de 502 años.—Yo

el Rey.—Yo la Reina, etc.»

Asaz manifiesto parece, por estas palabras reales, no haber procedido

de su voluntad, ni haberle dado poder al Comendador para la prision

del Almirante y de sus hermanos, y haberles en gran manera, della y de

su mal tractamiento, pesado, y parece que, para en cuenta y recompensa

della y descargo suyo, los felices Príncipes le escribian y hacian

estas palabras como regalos. Por consiguiente, parece que el Comendador

excedió y fué muy descomedido en gran manera contra la honra, persona y

hacienda del Almirante y sus hermanos; sólo me parece que aquí debemos

considerar, juzgando este negocio por las altísimas causas donde

conviene ir á parar, que ni en mano de los Reyes, ni del comendador

Bobadilla, ni de los que al Almirante acusaron, ni tampoco por los

agravios que á los españoles hacia, que como arriba tocamos, quizás los

castigos y daños hechos, que á muchos dicen que hizo, los merecian por

sus delitos, insultos ó inobediencias y pecados, que los por hacer eran

remediables, mayormente con haber escrito é importunado á los Reyes

que enviasen acá quien la justicia administrase, sino solamente por

la disposicion divina que quiso preservalle de muchos mayores males,

que, con la ignorancia que tuvo, á estas gentes inocentes hiciera, como

arriba tambien habemos tocado, determinó de le privar, como al cabo le

privó, de todo su estado, no sólo en su persona, pero tambien en sus

herederos y sucesores, como parecerá adelante. Señal y conjetura, segun

la divina Escriptura y sentencia de los Sanctos averiguada, de tenello

Dios contado en el número de los predestinados; y ¡guay de aquellos

que la divina permision escojió para castigo y azote destas miserables

naciones, y en el tal oficio los olvida y perseveran hasta que la vida

se les acaba!

Y con esto, á gloria y honra de Dios, y para provecho de las ánimas, y

testimonio de la verdad de las cosas que en estas Indias han pasado,

que es el fin destos nuestros voluntarios trabajos, queremos dar

conclusion al primer libro desta nuestra historia, para que, así como

este libro tuvo principio y comienzo de los principios que contamos,

y que tuvo en las cosas destas Indias el Almirante, lo cerremos, y

asimismo tenga su fin, en lo tocante al Almirante. Por lo cual damos

á nuestro Dios y Señor, no cuantas debemos, pero al ménos las que

podemos, y estas querriamos que fuesen innumerables é infinitas,

gracias.

FIN DEL TOMO SEGUNDO.

ÍNDICE.

Páginas.

ADVERTENCIA PRELIMINAR. V

LIBRO PRIMERO—Capítulo LXXXIII. 1

Cap. LXXXIV. 5

Cap. LXXXV. 9

Cap. LXXXVI. 12

Cap. LXXXVII. 16

Cap. LXXXVIII. 20

Cap. LXXXIX.—En el cual se tracta como el Almirante envió á un

Alonso de Hojeda con 15 hombres á descubrir la tierra, y saber de

las minas de Cibao.—Como recibian los indios á los cristianos

con mucha alegría.—Volvió Hojeda con nuevas de oro.—Alegróse el

Almirante y toda la gente.—Como despachó el Almirante, de los

17, los 12 navíos para Castilla, con la relacion larga para los

Reyes; y á quién envió por Capitan dellos, etc. 24

Cap. XC.—En el cual se tracta como el Almirante salió por la

tierra, con cierta gente española.—Dejó la gobernacion de la

Isabela á su hermano D. Diego.—Como salió en forma de guerra,

y así entraba y salia en los pueblos para mostrar su potencia

y poner miedo en la gente indiana.—Como se quiso amotinar

un contador, Bernal de Pisa, y hurtar ciertos navíos.—Los

recibimientos que hacian los indios al Almirante y á los

cristianos.—De su bondad y simplicidad en la manera que

tenian.—De la hermosura de la vega á que puso nombre la Vega

Real.—Los rios tan grandes y hermosos que habia, y el oro que en

ellos se hallaba, etc. 27

Cap. XCI.—En el cual se tracta como el Almirante subió á la

provincia de Cibao, y de la etimología della, segun la lengua

de los indios; de su hermosura, puesto que es aspérrima; los

admirables y graciosísimos rios que tiene; los pinos infinitos

de que está adornada; de su sanidad, salubérrimas aguas y

aires, y alegría; del grandor della.—De los recibimientos y

servicios que los indios en los pueblos le hacian.—Como en

un gracioso rio y tierra halló minas de oro y de azul, y de

cobre, y de ámbar, y especería.—Edificó una fortaleza.—De

unos nidos de aves que hallaron en las cavas que hicieron,

de que el Almirante se admiró, de lo cual tomó ocasion el

auctor de decir como pudieron estar sin podrirse, y descubre

muchos secretos de naturaleza.—Colige argumento de ser antiguas

en estas tierras estas gentes. 33

Cap. XCII.—En el cual se tracta como halló el Almirante la gente

cristiana muy enferma, y muerta mucha della.—Como por hacer

molinos y aceñas compelió á trabajar la gente, y por la tasa

de los mantenimientos, que ya muy pocos habia, comenzó á ser

aborrecido, y fué principio de ir siempre su estado descreciendo

y áun no habiendo crecido.—De los que mucho daño le hicieron fué

fray Buil, el legado que arriba se dijo.—Persuádese no tener

hasta entónces el Almirante culpas por qué lo mereciese.—Dícense

muchas angustias que allí los cristianos, de hambre, padecieron,

y como morian cuasi desesperados.—De cierta vision que se

publicó que algunos vieron.—Como vino mensajero de la fortaleza

que un gran señor venia á cercarla.—De lo que el Almirante por

remedio hizo. 40

Cap. XCIII.—En el cual se tracta como Alonso de Hojeda salió de

la Isabela con 400 hombres, para poner miedo á la gente de la

tierra y sojuzgarla.—Como en llegando á un pueblo, pasado el Rio

del Oro, prendió un Cacique y señor, y á su hermano y sobrino por

una cosa que hizo un indio.—Como cortó las orejas á un vasallo

del mismo Cacique en su presencia.—Como condenó á muerte á los

mismos, Cacique, hermano y sobrino.—Dánse razones como ya tenian

los indios justa guerra contra los cristianos.—Cuán culpable

fué deste hecho el Almirante, y cuan al revés entró y comenzó en

estas tierras del camino de la ley evangélica, etc. 45

Cap. XCIV.—En el cual se tracta como el Almirante determinó

de ir á descubrir, como los Reyes le habian mucho encargado,

cuando volvió el segundo viaje.—Como constituyó un Presidente

y un Consejo para el regimiento desta isla.—Como partió de la

Isabela y llegó á Cuba, por la parte del Sur.—Llegó á surgir á

un puerto.—Vinieron á los navíos muchos indios á traer á los

cristianos de lo que tenian, estimando que habian venido del

cielo.—Como desde allí descubrió la isla de Jamáica; púsole

nombre Santiago.—Salieron muchas canoas de indios, con alegría,

para los navíos.—En un puerto salieron de guerra, queriendo

impedir á los cristianos la entrada.—Como lo hacian con razon

y justicia.—Como los cristianos asaetearon á ciertos indios,

y cuan mal hecho fué, y como no se habian de ganar por esta

vía.—Como no se han de hacer males por algun fin bueno, aunque

salgan dellos bienes. 49

Cap. XCV.—En el cual se cuenta como el Almirante dejó á Jamáica

y tornó sobre la isla de Cuba.—De un indio, que, dejados sus

parientes, llamando, se quiso ir con los cristianos.—Como

yendo por la costa de Cuba abajo tuvo grandes aguaceros y bajos

para encallarle los navíos, donde padecieron grandes trabajos y

peligros.—Hallaron infinitas islas pequeñas; púsoles nombre el

Jardin de la Reina.—Vieron unas aves coloradas de la manera y

hechura de grullas.—Vieron grullas, muchas tortugas, y de cierta

pesquería dellas.—De la mansedumbre de los indios.—Toparon

otros indios mansísimos.—Detuvo uno.—Informóle ser isla Cuba, y

nuevas que le dió de un Cacique que habla por señas á su gente,

sin ser mudo.—De otros peligros que por allí padecieron. 54

Cap. XCVI.—En el cual se tracta como determinó el Almirante

dar la vuelta para la Española.—De las leguas que descubrió

de Cuba.—Que halló por las reglas de la Astronomía, como se

halló de Cáliz tantas otras por la esfera.—Encalló con los

navíos, padeció grandes angustias.—Del olor de estoraque que

sintieron.—De un indio viejo que vino á hablar al Almirante, y

de un teológico razonamiento que le hizo cerca de la otra vida;

cosa es muy notable, aunque breve, por ser dicha por un indio. 59

Cap. XCVII. 64

Cap. XCVIII. 68

Cap. XCIX. 70

Cap. C. 72

Cap. CI. 78

Cap. CII. 82

Cap. CIII.—En el cual se tracta de la llegada á Castilla, con

los 12 navíos, de Antonio de Torres. 90

Cap. CIV. 96

Cap. CV. 101

Cap. CVI. 105

Cap. CVII. 108

Cap. CVIII. 113

Cap. CIX. 116

Cap. CX. 120

Cap. CXI. 124

Cap. CXII. 128

Cap. CXIII. 134

Cap. CXIV. 138

Cap. CXV. 143

Cap. CXVI. 147

Cap. CXVII. 150

Cap. CXVIII. 155

Cap. CXIX. 160

Cap. CXX. 164

Cap. CXXI. 170

Cap. CXXII. 176

Cap. CXXIII. 180

Cap. CXXIV. 184

Cap. CXXV.—Este capítulo prosigue las mercedes que los Reyes le

hicieron este año de 1497. 190

Cap. CXXVI. 196

Cap. CXXVII. 201

Cap. CXXVIII. 207

Cap. CXXIX. 212

Cap. CXXX. 220

Cap. CXXXII. 226

Cap. CXXXIII. 231

Cap. CXXXIV. 237

Cap. CXXXV. 241

Cap. CXXXVI. 245

Cap. CXXXVII. 253

Cap. CXXXVIII. 259

Cap. CXXXIX. 264

Cap. CXL. 268

Cap. CXLI. 275

Cap. CXLII. 280

Cap. CXLIII. 286

Cap. CXLIV. 290

Cap. CXLV. 297

Cap. CXLVI. 302

Cap. CXLVII. 307

Cap. CXLVIII. 310

Cap. CXLIX. 314

Cap. CL. 318

Cap. CLI. 322

Cap. CLII. 326

Cap. CLIII. 329

Cap. CLIV. 335

Cap. CLV. 340

Cap. CLVI.—El cual trata del principio de donde hobo su orígen

y procedió el repartimiento de los indios, que llamaron despues

encomiendas, que han destruido estas Indias, donde se prueba

que nunca los indios jamás se dieron para que los españoles los

enseñasen, sino para que se sirviesen dellos y aprovechasen. 346

Cap. CLVII. 352

Cap. CLVIII. 355

Cap. CLIX. 360

Cap. CLX. 366

Cap. CLXI. 372

Cap. CLXII. 377

Cap. CLXIII. 381

Cap. CLXIV. 389

Cap. CLXV. 397

Cap. CLXVI. 402

Cap. CLXVII. 409

Cap. CLXVIII. 416

Cap. CLXIX. 421

Cap. CLXX. 428

Cap. CLXXI. 435

Cap. CLXXII. 441

Cap. CLXXIII. 448

Cap. CLXXIV. 453

Cap. CLXXV. 460

Cap. CLXXVI. 466

Cap. CLXXVII. 472

Cap. CLXXVIII. 477

Cap. CLXXIX. 482

Cap. CLXXX. 488

Cap. CLXXXI. 496

Cap. CLXXXII. 501

Cap. CLXXXIII. 511

FOOTNOTES:

[1] Aquí falta medio renglon, cortado al encuadernarse el manuscrito.

[2] A este y á los siguientes capítulos, hasta el 102, les falta el

Sumario.

[3] Á este y á los siguientes capítulos, hasta el 124, les falta el

Sumario.

[4] Desde este hasta el 182, y último de la primera parte, no hay más

Sumario que el del capítulo 156.

[5] Esta palabra no pude sacar en limpio del original del mismo

Almirante. (_Nota puesta al márgen, aunque no de letra de Las Casas._)

[6] Estas obligaciones fueron violentas y tiránicas, y nunca de su

voluntad hicieron ni supieron obligarse ni á qué se obligaban, ni

podian de derecho natural y de las gentes obligarse, los súbditos

sin sus Reyes, ni los Reyes sin sus súbditos, y esto nunca lo hobo.

(_Idem_, _id._)

[7] Bien creo yo cierto que se tuvo poco cuidado y miramiento en

aquellos tiempos al salvar estas ánimas, ni se tuvo esto por fin último

y principal, como debiera tenerse. (_Nota al márgen, aunque no de letra

de Las Casas._)

[8] Está en blanco en el original.

[9] ¿Para qué los guerreábades y oprimíades injustamente? á los indios,

digo. (_Nota al márgen, aunque no de letra de Las Casas._)

[10] Cierto, en esto tuvo el Almirante más que razon. (_Nota al márgen,

aunque no de letra de Las Casas._)

[11] Esto ha sido causa grande para perderse más aína las Indias, no

estar en ellas más de cuanto pudieren apañar lo que desean. (_Idem,

id._)

[12] No decia el Almirante que era belicosa cuando Guacanagarí le salvó

la persona y hacienda, perdida su nao; admirable fué la ignorancia del

Almirante en esta materia. (_Nota al márgen, aunque no de letra de Las

Casas._)

[13] Voluntad permisiva, no agradable. (_Nota al márgen, aunque no de

letra de Las Casas._)

[14] Por esa riqueza injusta, y de lo mal adquirida, verná á ser la más

pobre del mundo. (_Idem, id._)

[15] No tenian uno, sino muchos indios que lo sudaban y morian en ello.

(_Idem, id._)

[16] Consistir el negocio en el cristiano era tenellos por fuerza y

dalles de palos y azotes, y no haber misericordia dellos. (_Nota al

márgen, aunque no de letra de Las Casas._)

Historia de las Indias (vol. 2 de 5) · 第 40 / 40 段