Hojeda, hecho su pan segun vido que le convenia, en lugar de tomar la
vía de Sancto Domingo, á ver al Almirante y darle cuenta de lo que
habia hecho en su viaje, como mostró y quedó con Roldan, y á darle
relacion de las nuevas que habia en Castilla, váse con sus cuatro
navíos hácia el Poniente y da la vuelta al golfo y puerto de Xaraguá;
los cristianos que por allí estaban, por los pueblos de los Caciques,
lo recibieron con alegría y le dieron todo lo que hobo menester él y
los suyos, aunque no de sus sudores propios, sino del de los indios,
porque deste suelen acá ser los españoles muy liberales. Y, porque
una de sus carabelas traia muy perdida, que no se podia tener sobre
el agua, hicieron hacer pez á los indios, y ayudáronle mucho hasta
que la restauró, con todo lo demas que menester hobo. Entre tanto que
allí estaba, como debia de haber por allí la gente mal vezada de las
reliquias, que áun eran muy frescas, de la vida suelta que tuvieron con
Roldan, maldiciendo de las cosas del Almirante, mayormente que siempre
andaban descontentos, como no hinchian las manos de lo que deseaban (y
una queja ordinaria suya era, que no se les pagaba el sueldo), comienza
Hojeda, ó movido por el aparejo que en aquellos halló, ó porque él lo
tenia de su cosecha en voluntad, á derramar mucha simiente de cizaña,
diciendo que se juntasen con él, y, con la gente que él traia, vernian
al Almirante y le requeririan que les pagase, de parte de los Reyes, y
le constreñirian á pagar aunque no quisiese. Para lo cual, dijo, que
él traia poder de Sus Altezas para lo hacer, y que se lo habian dado
á él y á Alonso de Carvajal, cuando el Almirante tornó el año de 98,
para que viniesen con él á constreñirle que luego pagase; y otras
muchas razones añidió, y palabras dijo demasiadas, segun dijeron,
en mucho perjuicio del Almirante, y para provocar la gente á lo que
pretendia inclinarla, de la cual, toda la mayor parte trujo á sí, como
á hombres mal asentados, amigos de bullicios é inquietud, y sin temor
de Dios ni de los daños y escándalos que, en esta isla, á indios y á
cristianos habian de suceder. Y porque algunos hobo que no quisieron
seguir la locura y maldad de Hojeda, y destos estaba parte en cierta
estancia ó lugar cerca de Xaraguá, como todos, segun dije, andaban y
estaban á manadas, repartidos por los pueblos y lugares de los indios,
por comer y ser servidos dellos, porque muchos juntos no los podian
sufrir ni mantener, ó porque aquellos le debian de haber contradicho
cuando los provocaba por cartas ó por palabra, ó porque tenia entre
ellos á quien él bien no queria desde los tiempos pasados, acordó una
noche, con el favor de los que ya habia allegado á sí, dar en ellos y
prenderlos ó hacer dellos alguna venganza ó otro semejante mal recaudo,
y así lo puso por obra; de manera, que mató y le mataron, hirió y le
hirieron ciertos hombres de ambas partes. Causó grande escándalo en la
tierra en indios y en cristianos, de donde se comenzó otra turbacion
muy peor que la pasada de Roldan, si Dios, por medio del mismo Roldan,
no la obviara. Tornaba ya Roldan de Sancto Domingo para Xaraguá, y,
ó porque el Almirante sospechó que Hojeda todavía podia revolver
algo y causar algunos daños á indios y á cristianos, como estuviese
cierto que era ido desta isla, ó porque dello fué avisado, porque en
ocho dias y á cada ocho dias lo podia saber por mensajeros indios que
enviaban algunos cristianos de los que le obedecian, envió, finalmente,
al dicho Roldan á Xaraguá, el cual en el camino supo el insulto, y
daño y escándalo que habia intentado y causado Hojeda, y el fin que
pretendia. Proveyó luego Roldan de avisar á un Diego de Escobar, hombre
principal, de los que le habian siempre seguido, y que recogiese la
más gente que pudiese de los que creyese que no estaban inficionados
de Hojeda, y se viniese á Xaraguá; y él, de camino recogió, por los
pueblos donde estaban derramados los cristianos, los que pudo, y así
llegaron los dos un dia despues del otro á Xaraguá: Hojeda ya se
habia recogido á los navíos. Escribióle una carta Francisco Roldan,
exajerando aquellos escándalos, muertes y daños que habia hecho, que
mirase el deservicio que recibian los Reyes, la turbacion y alborotos
de la tierra, la voluntad que tenia el Almirante para con él, que era
buena, no quisiese dar causa que todos se perdiesen, y, por tanto, que
le rogaba que diese manera para que se viesen ambos, porque los daños
hechos se olvidasen, pues no se podian restaurar, y, al ménos, los por
venir se excusasen. No curó Hojeda de ponerse en aquel peligro, porque
debia cognoscer á Roldan, que era hombre bien esforzado y astuto,
y no poco entendido. Envió Francisco Roldan á Diego de Escobar, á
hablarle, y este no era ménos sábio que ambos, el cual yo bien y por
muchos años conocí, el cual afeó á Hojeda lo que habia hecho lo mejor
que él pudo, y persuadióle que se viese con Roldan; respondióle que
él lo deseaba y queria. Volvióse Escobar sin poder hacer concierto:
creyendo Roldan que lo haria, envióle, para entender en las vistas, á
un Diego de Trujillo, al cual, entrando en los navíos, prendió y echó
en unos grillos. Sale luego con 20 hombres armados, y viene á Xaraguá,
donde estaba un Toribio de Linares, que tambien yo bien conocí, al
cual prendió, y llévalo consigo á los navíos, donde le echó otro par
de grillos; vánlo á decir los indios luego á Roldan, que estaba una
legua de allí. Salió de presto Roldan con la gente que tenia, bien
aparejado, tras él, pero Hojeda ya estaba en su guarida. Tornó á
enviar un Hernando de Estepa, lo mismo muy conocido de mí, al cual
respondió, que si no le daban un Juan Pintor, que se le habia salido
de los navíos, que no ménos yo que á los demas conocí, y áun no tenia
sino una mano, juraba que habia de ahorcar á los dos que tenia, de
la manera dicha, con grillos. Mirad qué culpa tenian los otros, que
mereciesen que él los ahorcase, porque el Juan Pintor se le hubiese
salido. Hízose á la vela Hojeda con sus navíos, y váse la costa abajo,
hácia unos pueblos y provincia que llamaba el Cahay, tierra y gente
graciosísima, que estaria de Xaraguá 10 ó 12 leguas, donde salió en
tierra con 40 hombres y tomó por fuerza todo el bastimento que quiso,
en especial, ajes y batatas, que son las raíces de que arriba hablamos
en el cap. 45, y allí son las más nobles y delicadas de toda la isla,
dejando á los indios y cristianos, que allí estaban, muy desabridos.
Viendo que se hacia á la vela, envia Roldan tras él, por la ribera de
la mar, á Diego de Escobar con 25 hombres, y, porque llegaron noche, ya
el Hojeda era en sus navíos recogido; otro dia, luego, pártese Roldan
tras él con 20 hombres, y llegado al Cahay, Roldan halló una carta que
Hojeda habia escrito á Diego de Escobar, en la cual afirmaba que habia
de ahorcar los susodichos, si su Juan Pintor no se le restituia. Rogó
Roldan á Diego de Escobar que entrase en una canoa esquifada, como los
marineros dicen, de remadores indios, y fuese hácia los navíos atanto
cerca que le oyesen, y dijese á Hojeda, de partes de Roldan, que pues
él no se queria fiar de él y venir á hablar con él, que él lo queria
hacer, é ir á los navíos, confiándose de él mismo, y para esto que le
enviase un batel. Pareció á Hojeda que tenia ya su juego hecho, pero
otro piensa el que lo ensilla, y este era Francisco Roldan, que los
atabales á cuestas, como dicen, traido habia. Envió, pues, Hojeda, un
muy buen batel, que otro tal no tenia, con ocho hombres muy valientes
de la mar, dentro, con sus lanzas y espadas y tablachinas, los cuales,
llegando con su batel un tiro de piedra de la ribera, dijeron que
entrase Roldan. Preguntó Roldan, ¿cuantos mandó el señor Capitan que
entrasen conmigo? respondieron: cinco ó seis hombres. Mandó luego
Roldan que entrasen primero Diego de Escobar, y Pero Bello, y Montoya,
y Hernan Brabo, y Bolaños, y no consentian que entrasen más. Entónces
dijo Roldan á un Pedro de Illanes que le metiese acuestas en la barca,
y, como que le iba teniendo de un lado, llevaba otro que se decia
Salvador. Entrados en el batel todos, disimuladamente dijo Roldan á
los que remaban que remasen hácia tierra; ellos no quisieron. Echan
él y los suyos mano á las espadas, y dan tan de golpe en ellos, que,
acuchillados y muertos, á lo que se dijo, algunos, hácenlos saltar al
agua y tórnanlos presos á todos, y á un indio flechero que traia de las
islas robado, escapándoseles otro nadando, y llévanlos á tierra; y así,
queda sin la principal barca ó batel de que mayor necesidad tenia, y
juntamente sin tanta soberbia y presuncion, Hojeda. Visto Hojeda que
se le habia desecho su artificio y salido en vano sus pensamientos,
acordó de llevar el negocio por más mansedumbre, y métese en un
barquillo que traia, y Juan de la Cosa, su principal piloto, con él,
y un espingardero y otros cuatro con él que remaban, y viénese hácia
tierra. Francisco Roldan, como le conocia ser travieso y valiente y
atrevido, áun pensando que los osara acometer, hace aparejar el batel
con siete remeros y 15 hombres para pelear, y una buena canoa en que
podian ir otros 15, todos á pique, como es lenguaje de marineros, ó
aparejados, estuvieron á la lengua del agua. Teniéndose á fuera en
el agua, cuanto podia ser oido, dijo Hojeda, que queria hablar con
Francisco Roldan; llegóse más, y Francisco Roldan le dijo, que por
qué hacia aquellas cosas tan escandalosas y culpables; respondió,
que porque le habian dicho que tenia mandamiento del Almirante para
lo prender. Roldan le certificó ser falsedad, y que el Almirante no
tenia propósito de dañarle, sino ántes de le ayudar y honrar en lo que
pudiera, y si él viniera á Sancto Domingo, como le habia prometido, por
experiencia lo viera; finalmente, vino á rogarle que le restituyese
su batel y sus hombres, que en él le habia prendido, no curando ya
del Juan Pintor, pues via que sin el batel no le era posible volver á
Castilla. Francisco Roldan, viendo la necesidad que Hojeda tenia, y
porque en estos dias habia hecho terrible tormenta y habia garrado, que
quiere decir, arrastrado el ancla, de donde la primera vez la echaron,
el navío mayor que Hojeda tenia, más de dos tiros de ballesta hácia
la tierra, donde y cuando se suelen los navíos perder y la gente con
ellos, y porque, si daban al través y Hojeda y su gente se quedaban
allí, era quedar la confusion en la isla para que fuera peor que la
pasada del mismo Roldan, acordó Roldan darle el batel y sus hombres,
y que él restituyese los dos que él habia malamente, al uno detenido
y al otro salteado, y así se hizo que destrocaron. Partióse luego á
hacer una cabalgada que decia que habia de hacer, y segun dijo un
clérigo que traia consigo, y otros tres ó cuatro hombres de bien que
se quedaron, la cabalgada que traia fabricada, era la que pensaba
hacer en la persona y en las cosas del Almirante, y este atrevimiento,
creo yo, que cobró él, de saber que los Reyes trataban de remover al
Almirante de su estado, y con el favor que él tenia del Obispo Fonseca,
y, por el contrario, el disfavor que el mismo Obispo dió siempre á el
Almirante, justa ó injustamente, cuanto á los hombres digo, Dios lo
sabe. Y, á lo que yo sospecho, salido de allí Hojeda, fué á cargar los
navíos de indios en alguna parte desta isla, ó de la isla de Sant Juan,
ó de otra de las comarcanas, pues llevó á Castilla y vendió en Cáliz
222 esclavos, como Américo arriba tiene y en su primera navegacion
confesado; y esta fué, con los otros daños y escándalos que á los
indios y cristianos dejó hechos Hojeda, su cabalgada. Por lo que en
este capítulo se ha visto, parece la falsedad industriosa de Américo,
y su encubrir las tiranías que en aquel su primer viaje hicieron, en
las cuales él á Hojeda acompañaba, y su trastrocar de los hechos que
hicieron en sus dos viajes, como ya hemos dicho, más que el sol clara.
Dice de esta brega y escándalos que Hojeda causó, Américo, en el fin de
su segunda navegacion, y acaeció en la primera, desta manera: _Necnon
gente illa quam nobis amicam efeceramus relicta hinc, ab eis excessimus
ob plurimarum rerum nostrarum indigentiam; venimus ad Antigliæ insulam,
quam paucis nuper ab annis Christophorus Columbus discooperuit; in
qua reculas nostras ac navalia reficiendo mensibus duobus et diebus
totidem permansimus: plures interdum Christicolarum inibi conversantium
contumelias perpendimus, quas, prolixus ne nimium fiam, hic omitto:
eandem vero insulam vigessima secunda Julii deserentes_, etc. Todo esto
es falso, porque dice, que las injurias ó afrentas que padecieron
no las dice por no ser prolijo, dando á entender que injustamente se
le hicieron, y no dice por qué, y qué fueron los insultos que ellos
cometieron; lo segundo, cuanto á poner estos escándalos en el segundo
viaje, es muy falso, como arriba demasiadamente queda probado; lo
tercero, asimismo, decir que partieron desta isla á 22 de Julio, es más
que falso, porque no partieron sino cuasi en fin de Febrero, entrante
el año de 500, y áun creo que en Marzo, como parece por las cartas que
yo vide y tuve en mi poder, y cognosco la firma de Francisco Roldan que
escribia cada ocho ó quince dias, cuando andaba revuelto con Hojeda,
hasta que se fué, al Almirante. De manera, que la fecha que debió ser
en el segundo puso en el primero, y los alborotos y daños que hicieron
en el primero, puso por afrentas y contumelias, recibidas sin culpa, en
el segundo viaje.
CAPÍTULO CLXX.
Partido de allí del Cahay, donde le tomaron la barca con sus navíos,
Hojeda, Francisco Roldan, como hombre astuto, diligente y de guerra,
estúvose por allí algunos dias hasta ver si volvia á hacer algun
salto Hojeda en la tierra, porque cognoscia dél que era hombre para
hacerlo, y desde á pocos dias recibió aviso que habia saltado en
cierta parte, la costa abajo, creo yo, donde procuró de hacer pan para
su camino. Escribiólo Roldan luego al Almirante, y determina de ir á
prenderle, y apareja seis canoas, en las cuales dijo que podian caber
80 hombres; y, porque envió dos mancebos hábiles y sueltos en una
canoa por la mar para espiar y especular lo cierto dello, y vide otras
cartas de Roldan para el Almirante, escritas despues, luego, desto,
y no hacian mencion de la estada de Hojeda, estimo que debia de ser
ya ido cuando llegaron los mancebos. Con este favor de haber echado á
Hojeda de la tierra, dijeron algunos, ó los más que allí estaban, á
Francisco Roldan, que se querian allí avecindar; Roldan les dijo que se
escribiesen y que enviaria al Almirante la memoria, y enviaria quien
les repartiese las tierras en que hobiesen de labrar, y porque se les
hacia grave esperar tanto, señálales él á cada uno en que labrase,
como si aquellas tierras no tuvieran dueños; y ¡ojalá aquí parara la
tiranía! Pidiéronle más, porque ellos no entendian abajar el lomo, que
les diese quien les ayudase á labrar; él, viendo, dice él, que era
bien contentarlos, díjoles que queria hacer con ellos una liberalidad,
conviene á saber, que el Almirante le habia hecho merced de que el rey
Behechio con toda su gente le sirviesen de las cosas de sus labores,
y no á otro ninguno, que los tomasen ellos y se sirviesen dellos en
sus labores y los contentasen: estas son palabras del mismo Roldan
al Almirante, que yo vide firmadas de su nombre. El contentamiento
era, que les habian de servir aunque les pesase, y darles despues un
espejuelo y un cuchillo, ó unas tijeras; veis aquí el repartimiento
claro como se va entablando. Y que se diga que á un tan gran Rey
como Behechio, que el Almirante diese para que sirviese á Roldan, y
Roldan lo diese á los hombres viles, y quizá entre ellos azotados,
para los servir, é que repartiesen entre sí sus vasallos, ¿qué mayor
tiránica maldad? Pero pasemos adelante. Así que, tornando al propósito,
todavía mandó el Almirante á Roldan que estuviese por allí algunos
dias, porque se queria ir á donde el Almirante estaba, sospechando el
Almirante que tornaria Hojeda. Muy bien lo hizo Francisco Roldan en
todo este negocio en aventar á Hojeda de la tierra, porque, cierto,
si Hojeda prevaleciera, yo creo que fueran peores los escándalos y
turbaciones, daños y destruccion más vehemente de indios que la hobo,
aunque mucha fué, en tiempo del alzamiento de Roldan, porque todos
los más de los españoles que acá estaban, estaban corruptísimos y
depravados, y cudiciosísimos de alborotos y guerras, enemigos de toda
concordia y paz, y esto no era sino porque Dios los habia dejado de
su mano, por las guerras y agravios, opresiones y muertes injustas,
y violencias que hacian sin cesar á los indios; la razon es, porque
tiene Dios esta regla en su universal é infalible providencia, que
cada uno sea punido por lo que, y de la manera que, peca y le ofende,
y en aquello que él damnifica á su prójimo. El medio é instrumento que
aquellos tenian para nunca dejar de tratar de revueltas y desasosiegos
entre sí mismos, era la ociosidad y vida deliciosa y holgada que
tenian, y el señorío que habian usurpado sobre los indios humildes y
mansísimos, por lo cual se hacian elatos y soberbios y presumidores
de sí mismos, y menospreciadores de los otros, de donde se habia de
seguir, de necesidad, las disensiones, reyertas y confusion entre
sí, y no pensar en otra cosa sino en reñir y en supeditar los unos á
los otros, como vemos cada dia en la gente de guerra; y esta excedia
todas las otras de aquella calidad y oficio, en tanto grado, cuanto
más ofendian á Dios en destruir estas inocentes gentes, sin causa ni
razon, y más alongados estaban de su Rey, á quien temiesen, y con mayor
licencia y libertad estaban atollados y zabullidos en las espurcicias
y fealdades de los vicios bestiales, en que conversaban con grandísima
injuria de sus prójimos, tomándoles sus propias mujeres y hijas, con
toda ignominiosa violencia. Por aquí considerará cualquiera, que sea
fiel y verdadero cristiano, qué doctrina, qué ejemplo, qué fama, qué
estima cobrarian estas gentes de la religion cristiana, y qué amor, y
afeccion, y cudicia temian para recibirla, y cuan al revés, y por el
contrario de como se debia, se entró en estas tierras y reinos ajenos,
no siendo otra la causa legítima para poderse entrar en ellos, sino
la paz, sosiego, edificacion, conversion y salvacion dellos. Y porque
no falte otro testigo de todo esto, estaba entónces en esta isla un
caballero que tenia por nombre D. Hernando de Guevara, primo de Adrian
de Muxica, que arriba nombramos y abajo diremos, y este Adrian era uno
de los alzados con Roldan; no me acuerdo si el D. Hernando, que yo
bien cognoscí en esta isla, y á sus hermanos en Castilla, si anduvo
alzado con Roldan; finalmente, por no andar muy quieto, el Almirante
le mandó que saliese de la tierra, y, en cumplimiento de su mandado,
sabiendo como Hojeda andaba por la provincia de Xaraguá, fuése allá,
por irse con él, pero cuando llegó ya Hojeda era ido. Francisco Roldan
le dijo que viese y escogiese la estancia donde le placia estar, con
los cristianos que estaban por los pueblos de los indios, haciendo la
vida que arriba dijimos, repartidos, y que allí se fuese hasta que
el Almirante mandase otra cosa. El cual eligió el Cahay, que arriba
nombramos (donde Hojeda perdió el batel y blandeó su entereza), porque
Adrian, dijo D. Hernando, tiene allí ciertas aves y perros; estos
perros, traidos de Castilla, eran acá muy preciosos para cazar las
hutias, que arriba dijimos ser los conejos. Aceptada por Roldan la
eleccion de su estado, díjole que se fuese en hora buena á holgar á
allí, é con esto se despidió D. Hernando de Roldan. D. Hernando se
fué por casa de la señora Anacaona, hermana del rey Behechio, y tomóle
una hija muy hermosa que tenia, que se llamó Higueymota, puesto que
dijo D. Hernando que su madre se la dió, y es de creer, porque creia
que la daba por su mujer, y D. Hernando era muy gentil hombre y de
autoridad, y parecia bien ser de generosa casta. Recibida ó tomada
la señora Higueymota, detúvose allí con ella dos dias, sin saberlo
Roldan, y envió por un clérigo, para que la bautizase, porque desta
manera se administraban entónces los Sanctos Sacramentos, en especial
el del bautismo. Sabido por Roldan hobo mucho enojo, de quien tambien
me dijeron que la tenia el Roldan por amiga, y porque estaba enfermo
de los ojos, envióle á decir que se maravillaba dél, y lo mal que lo
hacia, y que le rogaba que se fuese á la estancia que habia escogido,
y que mirase que habia defendido aquella señora siempre, que no le
fuese hecha injuria, y el daño que le hacia, y cuanto enojo dello
recibiria el Almirante. Vino D. Hernando, con poco sentimiento y con
poca vergüenza de su pecado, á contar á Francisco Roldan con mucho
placer lo que le habia acaecido, y que le rogaba que le dejase estar
allí; Roldan le dijo, como hombre prudente, que aquello era en sí malo,
y, allende de esto, que el Almirante se indignaria contra él porque
se lo habia consentido, y más, que como él estuviese en desgracia del
Almirante, á él no le convenia que allí estuviese con él porque el
Almirante no sospechase que no andaba en su obediencia con simplicidad,
y otras razones con que se convenció D. Hernando, y así se fué á donde
le estaba señalado; pero, porque los que están fuera de la gracia de
Dios y en un pecado no pueden asosegar sin que cometan otros peores
y más graves, desde á tres dias, con cuatro ó cinco hombres, tórnase
á su querencia, como animal bruto, D. Hernando. Sabida por Roldan la
tornada de D. Hernando, envióle con dos hombres á decir cuan mal lo
hacia, y que le rogaba y mandaba, de parte de la justicia, que se
fuese de allí adonde le estaba señalado; D. Hernando comenzó á hablar
desmandado, y, entre otras palabras, decia que Roldan tenia necesidad
de tener amigos, porque él sabia de cierto que el Almirante le andaba
tras cortar la cabeza, y otras semejantes, indiscretas, escandalosas
palabras y desvariadas. Dícenlo á Roldan, envíale á mandar que se vaya
luego de la provincia, y se vaya á se presentar al Almirante. Humíllase
á Roldan y ruégale que lo deje por agora hasta que el Roldan fuese á
donde el Almirante estaba; concédeselo Roldan para más justificar su
causa. Era necesario, por la regla arriba dicha, que Dios dejase á D.
Hernando derrumbarse á mayores pecados. Acuerda de matar á Francisco
Roldan, ó sacarle los ojos, por vengarse de la injuria que le hizo
en no haberle castigado y desterrado, luego que supo que á la señora
Higueymota habia por manceba tomado, y porque, para hacer cosa tan
atrevida y para salvarse, habia menester no pocos que contra el
Almirante y la justicia le ayudasen, él, por su parte, y otros que
habia por sí y á sí allegado, anduvieron persuadiendo y solevantando
á muchos (que habia poco que trabajar, para á rebelion cualquiera
levantarlos), y así comenzaba otra peor que las pasadas. No quiso Dios
permitirlo, puesto que los unos y los otros merecian que se consumieran
y despedazaran, como habian hecho y hacian en los indios á cada paso.
Fué avisado Roldan, y, como diligente y astutísimo, y bien proveido,
prevínolos, y, con buena manera que en ello tuvo, prendió luego á D.
Hernando y siete de los más principalmente culpados. Hácelo saber
al Almirante para que le escriba lo que manda; porque, como hombre
muy bien sabido, no quiso hacer cosa por su autoridad; lo uno, por
el acatamiento y preeminencia del Almirante, la cual, mucho, despues
de reducido, guardaba, lo otro, porque reusaba ser juez en su causa
propia, y con razon lo consideraba. El Almirante le escribió mandándole
que se los enviase presos á la fortaleza desta villa ó ciudad de
Sancto Domingo. Entretanto, como supiese Adrian de Muxica que estaba
preso su primo D. Hernando, andaba por la Vega y por los lugares donde
estaban los cristianos, por los pueblos de los indios; derramados,
haciendo juntas y bullicios, provocándolos á levantamiento, ó sólo
para libertar á D. Hernando, ó con otros intentos que él hoy se sabe,
donde quiera que Dios le haya puesto, si es salvo ó condenado; la fama
pública fué, que tenia propósito de soltar á D. Hernando, y matar á
Francisco Roldan y al Almirante. Juntó en pocos dias muchos de pié y de
caballo; el Almirante, que estaba en la fortaleza de la Concepcion, fué
avisado de uno dellos, que se llamó Villasancta, que yo bien cognoscí
por muchos años, y, no teniendo consigo sino seis ó siete criados de
su casa y tres escuderos de los que ganaban sueldo del Rey, supo dónde
estaban, y va una noche, y dá sobre ellos y desbarátalos, donde prendió
al Adrian y á otros, y, traidos á la fortaleza, mandó luego al Adrian
ahorcar; y, diciendo él que le dejasen confesar, dijo el Almirante que
le confesase un clérigo que allí estaba, y, cuando el clérigo se ponia
á confesarle, se detenia y no queria confesar, y esto hizo algunas
veces. Viendo el Almirante que lo hacia por dilatar su muerte, mandó
que lo echasen de una almena abajo, y así lo hicieron; daba voces que
lo dejasen confesar, porque, por temor de la muerte, no se acordaba de
sus pecados, y que dejaba condenados á muchos que no tenian culpa, pero
no le aprovechó nada. Esto era entre nosotros público, y se platicaba
así por muchos como cosa cierta y fresca, porque no habia obra de año
y medio ó dos que habia acaecido cuando yo vine á esta isla. Otros
mandó tambien ahorcar, y prendió muchos el Adelantado, de los del
concierto, y fué tras otros que se huyeron, cuando prendió á Adrian,
á Xaraguá; despues vide yo cierto proceso, donde hobo muchos testigos
que dijeron lo que aquí he dicho. Prendió en Xaraguá, el Adelantado,
muchos, y creo que oí muchas veces que habian sido 16, los cuales metió
en un hoyo, como pozo, hecho para aquel fin, é los tenia para ahorcar,
sino que vino á la sazon quien se lo impidió, como se dirá, queriendo
Dios. Mandó prender el Almirante á Pedro de Riquelme, el muy amigo de
Francisco Roldan, que tenia su casa en el Bonao, y á otros, y ponerlos
en la fortaleza de Sancto Domingo, los cuales estaban muy propincuos
para ahorcarlos con D. Hernando; todas estas cosas se hacian por el
mes de Junio, y Julio, y Agosto del año de 1500. Y dejemos agora aquí
el estado desta isla en estas inquietudes, y como andaba el Almirante
y el Adelantado á caza de los que se huian, que debian de haber
consentido, ó al ménos presumíase, en los alborotos que habia renovado
Adrian, y á todos los que tomaban se daban priesa en despacharlos; y
será bien tornar un poco atras, á lo que más sucedió en el año de 1499,
y tratar de los otros descubridores ó cudiciosos allegadores, que se
movian en el tiempo que Hojeda se movió, por las nuevas que fueron en
los cinco navíos, de haber descubierto á tierra firme y las perlas, el
Almirante.
CAPÍTULO CLXXI.