Todos estos levantamientos y disensiones de entre estos alzados y no

alzados, resultaban en grandes aflicciones, angustias, trabajos y

daños de los indios, porque, donde quiera que llegaban los unos ó los

otros, les comian los bastimentos, los llevaban con cargas de tres ó

cuatro arrobas á cuestas, los hacian mil fuerzas y violencias en las

personas y hijos y mujeres, mayormente los de Francisco Roldan, que más

perdida y desenfrenada, en esto y en todo, tenian la vergüenza; en fin,

los unos y los otros, sin temor de Dios ni mancilla destas inocentes

gentes, los mataban y destruian por esquisitas y nuevas maneras de

crueldad, y acaecia, no muy raras veces sino muchas y cada dia, que

por su pasatiempo, asaeteaba el indio para probar si le pasaba con su

ballesta, y hacian pasar un indio, para con su espada cortarlo por

medio; pasaba el cordero y dábale un revés, y, porque no le cortaba de

un golpe, tornaba á hacer que pasase otro y otros, y así despedazaban

cuantos se les antojaba, riendo. Si con la carga de cuatro arrobas

que llevaban se cansaban, dejarretábanlos, y echaban las cargas por

sobrecargas á otros, y tambien á las mujeres, las cuales, por no poder

llevar la carga, darle de estocadas y echar la carga de aquella sobre

las otras, y caer otra con la que llevaba, y luego tambien matarla; y

otras execrables crueldades, que nunca fueron por hombres imaginadas.

Con estas vejaciones y malos tratamientos que sobrevinieron á las

cargas de los tributos, pasadas y presentes, y á otras muchas que se

les habian hecho (aunque Roldan publicaba santidad, que no tributasen,

y que por aquesta causa se apartaban del Adelantado él y aquella su

gente), los indios de toda la comarca de la Vega y del señorío del rey

Guarionex, viendo tambien que por parte del Adelantado les pedian y

amonestaban que pagasen el tributo al Rey, queriendo, de aborridos, dar

en el suelo con la carga, no quisieran hacer guerra á los cristianos,

ó porque tenian ya experimentado que les caia al cabo el daño sobre

la cabeza, ó porque, en la verdad, Guarionex era hombre pacífico y

manso; finalmente, acordó el Guarionex, é mucha de su gente, de se ir

huyendo á guarecer al reino de otro Rey, señor de las sierras y tierra,

aguas vertientes hasta la mar del Norte, pasado el anchor de la Vega,

porque aguas vertientes al Mediodia, que es el Sur, era el reino de

Guarionex. Aquel Rey é señor de las dichas sierras y tierra hasta la

dicha mar, tenia por nombre Mayobanex, por otro nombre le llamaban los

españoles el Cabron no sé otra causa, sino por escarnio, como solian

poner nombres, á los señores, vituperiosos como los hallaron desnudos;

segun que yo cognoscí hombre español, que al Cacique y señor con quien

él pudiera vivir por mozo de espuelas llamaba Aon, que en la lengua

de los indios quiere decir perro. Pedro Mártir dice en su Década

primera, que Cabron se nombraba la casa, ó título de la casa, ó pueblo

principal real del dicho Mayobanex, lo cual, yo que muchas veces lo oí

nombrar, y yo, yéndome al hilo de la gente, lo nombré, no por honra

sino por escarnio, Cabron entendí que le habian puesto. Este era señor

de gran número de gente, que habitaba toda aquella grande serranía,

que llamaban ciguayos, cuasi nazarenos como entre los judíos, porque

nunca se cortaban ó pelaban pelo alguno de sus cabellos, y así traian

las cabelleras crecidas hasta la cinta, y más abajo de sus cuerpos,

y desta manera solian en Castilla la Vieja, hácia el reino de Leon,

los leoneses, ó castellanos, antiguamente criar los cabellos como las

mujeres, hasta abajo; ansí lo cuenta en su libro III Strabo: _longas ut

fæminæ inferius diffundunt comas_. Estos ciguayos eran muy esforzados,

aunque todos eran gallinas, al ménos para con los nuestros, como ni

tuviesen armas y anduviesen desnudos en cueros, segun arriba, en la

descripcion desta isla, de los ciguayos dijimos. Llegado Guarionex á

la casa de Mayobanex, las quejas de las calamidades que padecia él

y sus gentes de los cristianos, con lágrimas y dolor de su corazon,

encarecidamente refiere, ruégale que le tome y reciba so su amparo

y fe, porque ya no quiere sino salvar su persona sola y su mujer, y

hijos, y parientes, desmamparados sus vasallos todos, pues no los

podia defender, ni á los cristianos resistir; tambien se platicaba

entre nosotros que cierto español le habia forzado y violado la mujer.

Recíbele Mayobanex con gran benignidad y placer, óyele bien la relacion

de sus fatigas, servidumbre y persecucion dél y los suyos tan cruel, y

él, que se las sabia por las nuevas que cada dia le iban de las obras

los cristianos, llora con él y prométele de lo defender y hacer todo

cuanto pudiere por lo libertar; dónde y con quien halló más gracia y

defensa, con benigno acogimiento, que en Alejandría con Ptolomeo, rey

de Egipto, halló Pompeyo, como cuenta Julio César en sus Comentarios

de las guerras civiles, un poco ántes del fin del lib. III. Hallado

ménos Guarionex por los cristianos, y visto que mucha gente faltaba

de los pueblos, y cada dia se iba más, escriben de la fortaleza de

la Concepcion á Santo Domingo, al Adelantado, que era alzado el rey

Guarionex. Rescibidas las cartas, como Guarionex era tan gran señor

y toda su gente era vecina de las minas y de donde se cogia el mayor

tributo, y, faltando él de acudir con ello, todo lo de los demas era

poco, tomó luego con gran priesa el Adelantado 90 hombres de pié de los

más sanos que habia en Sancto Domingo y algunos de caballo, y partióse

para la Vega ó fortaleza de la Concepcion. Comienza luego á preguntar á

los indios que topaba, y á otros que hacia buscar, dónde se habia ido

Guarionex, responden que no saben; constríñenlos con amenazas, y, á lo

que yo no dudo, con tormentos, como en estas tierras á cada paso se

hizo y suele hacer, y descubren que está en la tierra de los ciguayos

con el rey Mayobanex. Vá el Adelantado luego allá, sube las sierras con

su gente, desciende á un valle grande por donde corre un rio caudaloso;

halló dos indios espías, el uno se fué y el otro tomaron, quiérele dar

tormento, confiesa sin él la verdad, y esta era, que poco despues de

pasado el rio estaba gran multitud de gente, ciguayos, en un monte para

dar en ellos esperándolos. Salieron con gran grita, y esta es, cierto,

muy temerosa, disparan millares de flechas juntas, que parecia lluvia,

pero como las tiran de léjos (porque, al ménos en esta isla, no osaban

de, como cognoscieron el cortar de las espadas y más el correr de los

caballos, llegarse mucho), ya llegaban cansadas y hacian poco fruto;

van tras ellos, mayormente los de caballo, matan algunos, porque los

montes tenian cerca por refugio. Desaparecieron aquella noche todos,

y los cristianos durmieron en aquellos montes. Otro dia, tórnanse á

la sierra en busca de los indios, llegaron á un pueblo que hallaron

vacío, prendieron un indio que les dijo que de allí á tres ó cuatro

leguas estaba el pueblo de Mayobanex, y él allí con gran escuadron de

ciguayos, para pelear aparejado; llegaron á donde estaban. Desde los

montes en que estaban, muchos flecharon á los cristianos y hirieron

á algunos que no les dieron lugar á arrodelarse; fueron tras ellos,

mataron muchos y asaetearon muchos con las ballestas, y con las espadas

desbarrigaron y cortaron brazos y piernas á hartos, y no fueron pocos

los que prendieron por esclavos; de los presos envió el Adelantado uno

que dijese á Mayobanex, que no venia á hacerle guerra ni á los suyos,

ántes deseaba tener su amistad, y la ternia siempre que él quisiese,

sino en busca de Guarionex, el cual sabia que tenia escondido, y á su

persuasion hacia á los cristianos guerra, por tanto, que le rogaba

y requería que le entregase á Guarionex, y que le seria siempre su

buen amigo y favoresceria siempre en lo que tocase á su reino y

gentes dél, y si nó, que creyese que lo habia de perseguir á fuego y

á sangre hasta destruirlo. Bien será, cierto, notar la respuesta de

Mayobanex; respondió: «decidles á los cristianos, que Guarionex es

hombre bueno y virtuoso, nunca hizo mal á nadie, como es público y

notorio, y por eso dignísimo es de compasion de ser en sus necesidades

y corrimiento ayudado, socorrido y defendido; ellos, empero, son malos

hombres, tiranos, que no vienen sino á usurpar las tierras ajenas, y

no saben sino derramar la sangre de los que nunca los ofendieron,

y por eso, decidles que ni quiero su amistad, ni verlos, ni oirlos,

ántes, en cuanto yo pudiere, con mi gente, favoresciendo á Guarionex,

tengo de trabajar de destruirlos y echarlos desta tierra;» y porque

aquesta respuesta deste Rey no piense alguno que la finjo de mi casa,

verla han los que quisieren, en el cap. 6.º de la primera Década

por Pedro Mártir, donde hace mencion della. ¿Qué mayor humanidad,

hospitalidad, y clemencia, y compasion de la fortuna adversa ajena,

pudo ser que aquesta? Cierto, no fué mayor la que el Senado romano

tuvo con el rey Ptolomeo, que, despojado del reino por un su hermano

menor, injustamente, viniendo por socorro á Roma, disimulado con viles

vestidos y con pocos criados suyos, como se fué á posar á casa de un

pintor, natural de Alejandría, sabido por el Senado, enviáronse á

excusar de no haber enviado un Questor, como era costumbre en Roma,

ni hecho todo el recibimiento que se debia, no por negligencia del

Senado haber sido el defecto, sino por no saber con tiempo su venida;

el cual, venido, mandáronlo aposentar segun merecia, y que le vistiesen

de reales vestiduras, y cada dia se le diese lo que convenia á su

sustentacion y de los suyos, suntuosa y abundantemente, prometiéndole

tambien todo el favor y ayuda para recuperar su reino. Este ejemplo

cuenta Valerio Máximo, lib. V, cap. 4.º, y otro semejante de Tigrano,

rey de Armenia la mayor, al cual, como Mithridates, rey de Ponto, por

el gran Pompeyo vencido y echado del reino, huyendo, fuese á pedir

socorro, no sólo con benignidad señalada lo recibió, pero prometióle

todo el favor necesario para cobrar su reino, y como lo prometió así

lo cumplió, que, juntado grande ejército, hizo grandes estragos en los

romanos ejércitos, segun cuenta Tullio en la «Oracion Pompeyana,» y

Valerio en el libro susocitado, cap. 481, hace tambien mencion dello.

Ciertamente, para entre aquellas gentes tan políticas y delgadas en

ingenio, y enseñadas en ciencias y doctrinas, no parece mucho de

maravillar todo esto, pero en estas tan ocultas y tan apartadas acá,

desnudas, en cueros, sin letras, sin doctrina, bárbaras, aunque no sin

suficiente policía, hallarse tanto socorro y abrigo, tanta defensa y

clemencia con tanto su peligro, cosa es de admiracion, y de creencia

que no carecen de razon y humanidad como cualesquiera otros hombres,

harto digna.

CAPÍTULO CXXI.

Tornando á la prosecucion de la guerra, oida por el Adelantado la

intencion del rey Mayobanex, mandó quemar y destruir cuanto hallasen;

quemaron los pueblos que allí é por los alrededores habia. Fueron

adelante; tornó el Adelantado á embiar mensajeros á Mayobanex, diciendo

que le enviase algunas personas de sus mas privados, para tratar

de paz, porque no queria destruirle su gente y su tierra. Envióle

un principal y otros dos que le acompañasen, al cual el Adelantado

habló largo, diciéndole que dijese á su señor Mayobanex que ¿por qué

queria, por Guarionex, perder á sí é á su gente y á su reino, que era

locura? no le pedia otra cosa, sino que le entregase á Guarionex,

que habia incurrido en muchas penas, porque no pagaba los tributos

que debia á los reyes de Castilla, impuestos por el Almirante, su

hermano, y, demás desto, habíase huido y escondido, y que si se lo

entregase siempre serian amigos, y que si nó que supiese de cierto que

lo habia de destruir. Gentil título alegaba el Adelantado, y grandes

culpas habia Guarionex cometido contra los reyes de Castilla; no

haberles pagado los tributos que el Almirante le habia impuesto, con

violencia y tiránicamente, y huirse y esconderse por no poder sufrir

tan execrables injusticias, teniendo siempre justa guerra Guarionex

contra él y contra los que con él andaban, y contra los reyes de

Castilla, si, con su autoridad ó ratihabicion el Almirante se los

imponia. Pero yo tengo por cierto, que si los Reyes advirtieran en

ello y supieran con cuanto derramamiento de sangre humana, y escándalo

de la fe y escarnio de la natural justicia, y cuan contra razon de

hombres se les impusieron, que ni los consintieran, ni quisieran, ni

de la aprobacion dellos ratihabicion tuvieran. Así que, oidas las

palabras del mensajero, llamó Mayobanex á su gente; dáles parte de la

mensajería y sentencia del Adelantado y de los cristianos, todos á una

voz dicen que les entregue á Guarionex, pues por él los cristianos los

persiguen y destruyen. Respondió Mayobanex, que no era razon entregarlo

á sus enemigos, pues era bueno y á ninguno jamás hizo daño, y allende

desto, él lo tenia y habia sido siempre su amigo, y le era en mucho

cargo, porque á él y á la Reina, su mujer, habia enseñado el areyto de

la Magua, que es á bailar los bailes de la Vega, que era el reino de

Guarionex, que no se tenia ni estimaba en poco, mayormente habiéndose

venido á socorrer dél y de su reino, y él haberle prometido defenderlo

y guardarlo, y por tanto, que por ningun riesgo ni daño que le viniese,

no lo habia de desmamparar. Llamó luego á Guarionex y comienzan ambos á

llorar; consuélalo Mayobanex y esfuérzalo á no temer á los cristianos,

porque él lo defenderá aunque sepa perder su Estado con la vida. Mandó

poner sus espías y gente aparejada en todos los caminos por donde

los cristianos podian venir, é cualesquiera mensajeros cristianos ó

indios, no dejasen alguno con la vida. Envió luego el Adelantado dos

mensajeros indios, uno de los captivos que habian tomado en la guerra,

natural ciguayo, vasallo de Mayobanex, y otro cognoscido suyo de los

de la Vega, y súbdito de Guarionex, y el Adelantado adelántase, algo

tras ellos, con 10 hombres de pié y cuatro de caballo; desde á poco

rato halla los dos mensajeros muertos en el camino. Rescibió dello

el Adelantado grande enojo y aceleracion de ira contra Mayobanex y

determina de lo destruir; allega toda la gente, y vá al puelo principal

de Mayobanex, donde estaba con mucha gente para pelear, segun sus pocas

ó ningunas armas, y en cueros vivos, con buen denuedo dispuesto. Llega

el furor de los cristianos cerca, desmampara toda la gente á su propio

Rey, como los que sabian por esperiencia que contra las ballestas y

espadas, y ménos contra los caballos, no podian prevalecer, sino todos

perecer; de que se vido sólo Mayobanex con los pocos que le quedaron,

que eran sus deudos y más allegados, acuerda tambien en las montañas

se valer. Indignada la gente de los ciguayos contra Guarionex, por

ser causa de sus corrimientos y miserias, determinan de lo matar ó

entregarlo á los cristianos, porque cesen sus tribulaciones; pero

Guarionex tuvo modo sólo de escaparse, metiéndose entre peñas comiendo

hierbas crudas ó unas raíces que se llaman guayaros, llorando su

infelicidad y que tan sin causa ni razon padecia. En estas entremedias,

los cristianos de deleites no curaban, quisieran mucho tener sólo

caçabí en abundancia, padecian mucha hambre y andaban muy trabajados,

porque, aunque ellos persiguen y fatigan los indios en aquellas

estaciones andando, Dios, que es juez justo, con sus mismas obras

dellos los azota y atribula, puesto que les parezca que andan de los

míseros desnudos triunfando. Padecen grandísimas necesidades de sed y

hambre por los montes y sierras (que son el refugio de los perseguidos

y atribulados indios), padecen increibles trabajos, los cuales, cierto,

son tales y tan duros y tan intolerables, que con ningun encarecimiento

podrán ser significados; y, si como los pasan, por haber dineros y

buscar con dineros el temporal descanso, y al cabo por llevar el camino

del infierno, desembarazado, los padeciesen por conseguir el fin por

el cual les fué lícito, y no para otro, entrar en estas partes, que

no es otro sino traer á Cristo estas gentes, verdaderamente iguales

se harian de verdaderos mártires. Así que, como anduviesen ya estos,

que en esta caza y muertes de hombres andaban, cansados, hambrientos,

y por tres meses muy fatigados, importunaban al Adelantado, que pues

los indios iban ya desbaratados, que les diese licencia para irse á la

Vega los que allí moraban, á descansar algun poco á sus casas; dióles

licencia, y quedóse con 30 hombres, con los cuales andaba de pueblo en

pueblo y de monte en monte buscando á ambos á dos señores, Mayobanex

y Guarionex, y, entretanto que no los hallaban, matando y captivando

todas las gentes que encontraban. El Adelantado traia indios hartos que

le llevaban sus cargas y buscaban de comer, cazando de las hutias, que

dijimos que eran los conejos desta isla, y los demas cristianos tambien

traian los indios que podian, donde quiera que llegaban, por fuerza ó

por grado haber, y si hallaban un perro de los de Castilla, inviaban á

cazar miéntras ellos andaban hombres cazando; y acaso, ciertos destos

cazadores topan con dos espías, y, sino eran espías, dos hombres que

enviaba Mayobanex por pan y comida á algun lugar de sus vasallos, y

estos tomáronlos. Tráenlos al Adelantado, amenázalos con tormentos, y

quizá dáselos, lo que ha sido siempre en estas partes muy usado, porque

los indios comunmente son tan obedientes á sus señores, y guárdanles

tanto secreto de lo que les mandan, mayormente que no descubran donde

están, que padecen y sufren grandes tormentos, ántes que confiesen algo

de lo que les mandan callar, y muchos consienten que por ello los hagan

pedazos; finalmente, á poder de tormentos ó de amenazas, confiesan

que saben donde su señor Mayobanex está. Ofrécense á ir á traerlo

preso 12 cristianos; desnúdanse en cueros, y úntanse con tinta ó tizne

negra, y parte de colorado, que es una fruta de árboles que bixa se

llama, como arriba se ha tocado, de la manera que andan los indios

cuando se ocupan en guerras y ahuyentados. Tomaron sus guías con buen

recaudo, llegaron á donde Mayobanex, con sola su mujer é hijos y poca

familia, estaba bien descuidado; echan mano á sus espadas que llevaban

envueltas en unas hojas de palmas que llamaban yaguas, que llevaban en

los hombros como que llevasen á cuestas cargas, segun los indios las

llevaban. Mayobanex, espantado, déjase prender por no verse á sí mismo

ó á su mujer y hijos hacerse pedazos; llévanlos todos al Adelantado

atraillados Rey é Reina é Infantes; huélgase de la presa más que puede

ser relatado. Viénense á la Concepcion con ellos, y echan en grillos

y cadenas al Rey é señor que por dar socorro é defensa y favor (segun

que por la ley natural y la virtud, y la piedad tambien, que debia á

su patria, era obligado), á otro Rey su vecino en suprema miseria y

calamidad puesto, inhumanamente contra toda razon y justicia, por lo

que habia de ser loado de moros y judíos, y gentiles y de bárbaros,

y mucho más de los cristianos, era tan mal tractado, de su reino y

señorío y libertad, con impiedad cruel, despojado. Andaba en estos

corrimientos, trabajos, y persecucion, con Mayobanex y con su mujer

é hijos, una su prima, ó hermana, que la habia dado por mujer á otro

señor, su vecino, de cierta parte de aquella provincia de los ciguayos;

díjose que era la más hermosa mujer de cuantas en esta isla se habian

visto, aunque en ella hobo muchas de hermosura señalada; esta fué presa

cuando Mayobanex y su casa, su marido della vivia por los montes,

llorando y gimiendo noches y dias, que ningun remedio de su angustia ni

consuelo en cosa ninguna hallaba. Determina de irse á la Vega y ponerse

en las manos del Adelantado, rogándole y suplicándole, con lágrimas y

tristísimo semblante, que le diese su mujer, y que él y toda su gente

y casa le servirian como esclavos. Dióle libremente su mujer y algunos

principales, que le trajeron presos al Adelantado. Comenzó luego á

ser agradecido, y, de su propia voluntad, trae 4 ó 5.000 hombres, sin

armas, sino solamente con sus coas, que son unos palos tostados que

usan por azadas, y pide al Adelantado, que dónde quiere que le haga

una gran labranza de pan. Señalándole el lugar, hinche de labranza un

gran campo, que en quince ó veinte dias que pudo estar, le pudieron

hacer tanta labranza de pan, que valiese entónces 30.000 castellanos.

Sabido por la provincia de los ciguayos que se habia restituido la

señora, mujer de aquel señor, que en toda la tierra era tan nombrada

y tan estimada, parecia á todos los señores y principales de toda la

tierra, que tambien alcanzarian libertad á su Rey é señor Mayobanex.

Acuerdan de venir gran número dellos, y traen sus presentillos de pan,

y hutias, y pescado, todo asado, porque no tenian otras riquezas, y

porque nunca los indios jamás vienen á los cristianos, mayormente

cuando han de pedir algo, vacías las manos; llegados, ruegan, suplican,

importunan que su señor Mayobanex sea de las prisiones librado, y que

siempre serán obedientes, y servirán al Adelantado y á los cristianos.

Soltó el Adelantado á la Reina y á todos los presos de su casa, hijos

y deudos y criados, pero, en que se soltase su Rey é señor de las

prisiones, ninguna cosa los ruegos y lágrimas aprovecharon. Desde á

pocos dias, como el rey Guarionex entre las peñas y cavernas de la

tierra habitaba, y no pudiese sufrir más la triste vida que vivia, ni

disimular, mayormente la hambre, salió á buscar de comer, donde no pudo

sino mostrarse á alguno. Como venian cada dia gentes de los ciguayos

á visitar al Rey, su señor, Mayobanex á la fortaleza de la Vega ó

de la Concepcion, y traerle de comer, no faltó quien diese aviso al

Adelantado que Guarionex estaba en tal parte. Envia cierta cuadrilla

de españoles, y indios algunos, á buscarle; no con mucha dificultad

le hallan, y preso á buen recaudo le traen. Métenlo en la fortaleza

de la Concepcion, apartado de Mayobanex, y tiénenlo allí, de hierros,

cadenas y grillos, y de grandes angustias, cargado, el que la mayor y

mejor parte de toda esta grande isla señoreaba, sin culpa, y sin razon

y justicia, en los lugares y tierras de su jurisdiccion, sobre otras

mil y diez mil vejaciones, agravios y daños que desque los cristianos

en esta isla entraron habia sufrido y pasado; y así, en aquel argástulo

y cárcel estrechísima y amarga vida, lo tuvieron tres años, hasta que

el año de 502 lo enviaron á Castilla en hierros, y fueron causa que

en la mar pereciese, muriendo ahogado, segun que, placiendo á Nuestro

Señor, en el libro siguiente será relatado. Del otro buen Rey é piadoso

Mayobanex no advertí en preguntar, cuando pudiera y tractábamos de

ambos, en qué habia parado, creo que murió en la cárcel; habria dos

años que habia su prision y miseria acaecido, cuando yo á esta isla

llegué.

CAPÍTULO CXXII.

Estas cosas se hacian en tanto quel Almirante negociaba en Castilla

su despacho para venirse, y fueron semilla de donde nació su caida,

como parecerá; y parece que Dios las permitia (salvos sus secretos y

rectos juicios), por afligir al Almirante y á sus hermanos, por la

injusticia, injurias, daños y crueldad que en las guerras con estas

inocentes gentes habian cometido, y, despues dellas, en les imponer los

tributos que no debian, y para obviar tambien, que, en lo porvenir, más

no le ofendiesen, y la total consumacion dellas, que otros hicieron,

á él ni á ellos no se imputase, usando de misericordia con él y con

ellos. Porque, segun el ánsia que tenia el Almirante de que hobiesen

provecho los Reyes, para que los gastos que habian hecho recompensasen,

y los que hacian no los sintiesen, (de donde procedia gran disfavor

y abatimiento y cuasi aniquilacion de la negociacion destas Indias,

tomando dello los émulos del Almirante, á quien nunca él habia

ofendido, ocasion para abatirlo, diciendo á los Reyes que era todo

burla cuanto de las riquezas y oro destas Indias afirmaba y ofrecia,

pues no hacian sino gastar en los sueldos de la gente que acá enviaban,

y mantenimientos que proveian, y no sacaban provecho alguno de todo

ello, de donde temia que los Reyes alzasen las manos del negocio, y

así, sus grandes trabajos, y angustias, y malas noches, y peores dias

que en los descubrimientos destas partes habia padecido, pereciesen,

y él quedase ó cayese, del estado á que Dios le habia subido, en

perpétua pobreza y sin abrigo), tengo por cierto, que, si no le fuera

impedido con la gran adversidad que al cabo le vino, con hacer injusta

y tiránicamente destas gentes esclavos, y sacarlos y pagar con ellos

la gente que acá venia, y enviar dellos dineros á los Reyes, ó al

ménos suplir los gastos que los Reyes hacian, él acabará en muy poco

tiempo de consumir toda la gente desta isla, porque tenia determinado

de cargar los navíos que viniesen de Castilla de esclavos, y enviarlos

á vender á las islas de Canarias y de los Azores, y á las de Cabo

Verde, y á donde quiera que bien se vendiesen; y sobre esta mercadería

fundaba principalmente los aprovechamientos para suplir los dichos

gastos y excusar á los Reyes de costa, como en principal grangería. Y

en este error y ceguedad caia por ignorancia, como arriba creo que he

dicho, no excusable, haciendo quizá cuenta que la gente destas tierras,

por ser solamente infieles, eran de derecho más nuestras que las de

Berbería, como, ni áun aquellas, si en paz con nosotros viviesen,

tratarlas como á estas, haciéndoles guerra y captivándolas, no chica

sino grande ofensa de Dios, ciertamente, sería. Pero pues ignoraban

tan escura y perniciosamente aquesta injusticia los que los Reyes por

ojos y lumbre tenian, que el Almirante la ignorase, que no era letrado,

cierto, no era gran maravilla, puesto que, pues ninguno experimentó

primero la bondad, mansedumbre, y humildad, y simplicidad y virtud

destas gentes, ni la publicó á los Reyes, ni al Papa, ni al mundo,

sino él, juzgado sólo por la razon natural y por sí mismo, segun las

obras que al principio recibió dellas, y las que él despues, primero

que otro, les hizo, él mismo y á sí mismo de gran culpa convencería;

y verdaderamente, yo creo, segun que tambien arriba pienso que he

dicho, que la intincion del Almirante, simplemente considerada, sin

aplicarla á la obra, sino supuesto su error é ignorancia del derecho,

que era rectísima. Y cosa es de maravillar, y, si fuera otra materia

que no requiriera lloro, de reir, que escribia á su hermano sobrecargar

los navíos de esclavos, y, para con la parte que habia de caber á los

Reyes, decia estas palabras: «En esto y en todo es de tener muy justa

cuenta, sin tomar á Sus Altezas nada, ni á otra persona, y mirar en

todo el cargo de la conciencia, porque no hay otro bien salvo servir

á Dios, que todas las cosas deste mundo son nada, y el otro es para

siempre.» Estas son sus formales palabras en la carta que escribió al

Adelantado en los dos susodichos navíos, y yo la vide, y de su misma

letra y mano firmada; y no hacia cuenta, ni tenia por deservicio de

Dios ni tomar á persona nada, hacer tantos inocentes esclavos, y

que para tener por principal grangería y enviar los navíos llenos

de esclavos, no sintiese que habia de tener con los tristes indios

continuas guerras, ó tomarlos seguros de sus pueblos (como despues

sucedió en muchas destas partes), para hinchir los navíos de esclavos.

Y, para que se vea cuanto fundada estaba esta grangería en esta isla,

de hacer esclavos, digo lo que ví é oí por mis mismos ojos y oidos:

que el dia que yo llegué á esta isla con otros que veniamos, y echamos

anclas en este puerto de Sancto Domingo, ántes que hombre de nosotros

saltase en tierra, llegáronse á la playa algunos de los aquí vecinos,

y los de la nao, algunos que habian estado acá, preguntando á los que

cognoscian, á voz alta, «enhorabuena esteis;» responden los de tierra,

«enhorabuena vengais;» los de la nao, «¿qué nuevas, qué nuevas hay

en la tierra?» responden, «buenas, buenas, que hay mucho oro, que se

cogió un grano de tantas libras, y que hay guerra con los indios porque

habrá hartos esclavos, etc.» De las cuales nuevas hobo en la nao harta

alegría y regocijo, porque veniamos á buen tiempo. Por aquí se verá

la ceguedad que se habia, en todos los que aquí estaban, entablado,

habiendo su orígen de la del Almirante. Y es verdad que, cognosciendo

lo que cognoscí é noticia que tuve, fuera desta materia, de la bondad

del Almirante y de su intincion, que parecia todas las cosas referirlas

y encaminarlas á Dios, á mi me hace grandísima lástima verle, en

esto, de la verdad y de la justicia tan remoto y desviado. Toda esta

digresion he hecho aquí para mostrar, como tambien, si place á Dios,

diré ó tocaré adelante, que no por lo que algunos pensaban, que era

por el mal tratamiento de los españoles y otros defectos y culpas que

le imponian y levantaban maliciosamente, los Reyes le desfavorecieron

y quitaron el cargo y administracion de la justicia, que tan digna,

agradecida y remuneratoriamente le habian concedido, y él, tan

justamente y con tanta industria, sudores y laboriosísimos y ciertos

peligros é incomparables trabajos habia merecido y ganado, sino que de

lo alto le vino el castigo, divinalmente ordenado, por las injusticias

susodichas, guerras primeras, y muertes, y captiverios sin causa ni

razon alguna, ántes contra toda razon y ley natural, é imposicion de

tributos indebidos que hizo y cometió, y fué causa que otros hiciesen,

contra éstas y en éstas é inocentes naciones, que á él ni á otro del

mundo nada debian, ántes él á ellos debia gran deuda, por el muy

señalado recibimiento y hospedaje que le hicieron en el puerto de la

Navidad, cuando se le perdió la nao, y Guacanagarí, el Rey de aquel

reino, tanto lo remedió y consoló, como el mismo Almirante, arriba en

el cap. 59, lo ha bien confesado y encarecido, pudiéndole, á él y á

todos los cristianos que con él venian, hacer pedazos, sin que hombre

del mundo supiera dellos, le quiso Dios, que es justo juez, afligir y

derrocar en esta vida, y á sus hermanos, y áun á su casa y sucesores

en ella, hasta la segunda, al ménos, generacion (de que somos testigos

y adelante se verá, y tengo por cierto que ha de llegar á la cuarta),

y quitarle la posibilidad de hacer más daños que, cierto, hiciera y

es manifiesto, por lo que está dicho, con su buena intencion. Y es

buena señal que Dios le quiso para sí en la otra vida, pues en esta le

corrigió, y placerá á nuestro Señor, que es en todo bueno y piadoso

para con los hombres, que acabado de lastar y purgar los sucesores del

Almirante, por algunas generaciones, lo que les cupiere de las culpas

pasadas, segun la medida del divino beneplácito, su casa será crecida

y prosperada en suma futura sucesion; porque tan ilustre y preclara

hazaña, que la Divina providencia quiso efectuar por él, parece ser

cosa creible que su memoria no la ha de consentir perder.

CAPÍTULO CXXIII.

Historia de las Indias (vol. 2 de 5) · 第 13 / 40 段