Cuando me encorve el peso de los años,
cuando la senda del dolor recorra
y, cansado viajero, sin un triunfo
me tienda á descansar sobre una fosa,
¡quiera Dios que en la noche de mi cráneo,
así como en el hueco de la alcoba,
vengan á fabricar, madre del alma,
nido de luz las bellas mariposas!