Fué el cantor de las cosas apacibles, de las ideas melancólicas, de los
afectos tiernos y de las purezas del alma. Sin ser un místico en la
acepción más propia de esta palabra, era el que mejor sentía y expresaba
las dulzuras de la fe entre todos los poetas de su tiempo.
Nació en Toa Baja, el año 1847. Niño aún, fué á vivir con su familia á
Vega Baja, donde cursó las asignaturas de la enseñanza elemental, y
estudió Matemáticas en las cátedras de esta ciencia que sostenía en San
Juan la Sociedad económica de amigos del país. Graduado de agrimensor,
volvió á su villa natal en donde se instruyó en el arte poético con el
trato frecuente de su ilustre tio el doctor Padilla.
Á la edad de 18 años escribía ya versos muy delicados y armoniosos á las
flores, á las mariposas, á las avecillas canoras y de gracioso plumaje,
al amanecer y á todo lo que producía gratas impresiones en su alma
seráfica y sencilla. Después, cuando le hirieron las espinas de la
realidad, lloró poéticamente, con ternura exquisita, mirando hacia el
cielo de donde lo esperaba todo.
Dotado de sensibilidad extraordinaria, se entristecía y se alegraba con
facilidad suma, según sus impresiones de momento. En sus penas y
desengaños solía sufrir rápidos eclipses de la esperanza, pero nunca de
la fe. Era un creyente sincero, y en sus composiciones de carácter
religioso alcanzaba con frecuencia mayor elevación poética que en las
mundanas.
Su estilo, por lo general, era sencillo, claro y candoroso; su
versificación esmerada, y sus pensamientos de una intachable pulcritud.
Sus versos eran especialmente leídos y estimados entre las damas.
Fué laureado en un certamen del Ateneo Portorriqueño, y obtuvo el primer
premio de _Fe_ en un brillante concurso de Juegos Florales, celebrado en
San Juan.
Falleció en 31 de Octubre de 1898 cuando el pleno desarrollo y madurez
de sus facultades hacía esperar de él otros brillantes triunfos.
Dejó manuscrito un libro que contiene sus poesías, y á él pertenecen las
que se insertan á continuación: