Las energías humanas de la vocación en lucha constante con las
dificultades del medio económico y social, ofrecen en la vida de don
José Ramón Freyre un ejemplo digno de estudio y de meditación.
Nació en Mayagüez, en el año 1840. Su padre (hijo del general Freyre, de
noble abolengo portugués y héroe de la famosa guerra española de la
Independencia contra las legiones de Napoleón I) ejercía en Mayagüez el
oficio de platero, con muy escasos recursos. Por esta causa no pudo
alcanzar José Ramón más enseñanza que la de primeras letras, y en las
horas que la escuela le dejaba libres ayudaba á su progenitor en los
trabajos de aquel oficio.
Desde muy temprana edad se fué desarrollando en él una gran afición á la
lectura y al estudio, y solicitaba con frecuencia la cooperación y el
consejo de los hombres doctos, especialmente la de su maestro y amigo
don José Ma. Serra, un dominicano inteligente, emigrado de su país por
causas políticas, que ejerció en Mayagüez, durante muchos años, la
enseñanza y el periodismo. Así se fué desarrollando y nutriendo la
inteligencia de Freyre hijo, sin menoscabo de su labor diaria en el
taller del padre.
Las primeras aficiones literarias que en José R. Freyre se despertaron,
iban preferentemente hacia la forma poética. El verso era su encanto, y
la colección de sus primeros ensayos forma un abultado tomo, que
conservan sus hijos con noble y legítima estimación. Pero como él
aspiraba á ser actor en la lucha que ya por entonces se iniciaba en
favor de las reformas del régimen colonial, trató de ejercitarse también
en la prosa, como instrumento más apto para la lucha diaria de las
ideas. Hizo su primera tentativa de escritor fundando un pequeño
periódico, que circulaba durante los entreactos en las funciones
teatrales. Se titulaba _Los Gemelos_, y se hizo notar bien pronto por lo
ingenioso y urbano de su crítica, y por la gracia y novedad de sus
observaciones.
En el año 1870, cuando se organizaba el partido reformista portorriqueño
al calor de las ideas democráticas de la Revolución española, los
reformistas de Mayagüez eligieron á Freyre para la dirección de un
periódico que propagara y defendiera en aquella ciudad las ideas y los
intereses de su partido; y en ese periódico, que tuvo por nombre _La
Razón_, se pusieron en evidencia las grandes dotes de escritor de aquel
inteligente joven.
Baldorioty de Castro, en su periódico _El Derecho_, calificaba á Freyre
de "concienzudo publista," y añadía que "ningún otro escritor del país
había sido más recto ni más firme en la defensa de la Justicia y la
Libertad."
Era, en efecto, un periodista excelente, que supo conservar en medio de
las más ardientes luchas un lenguaje digno, mesurado y cortés, un aplomo
completo y una dialéctica admirable. La abolición de la esclavitud tuvo
también en Freyre un esforzado y constante paladín. Llegaba hasta el
heroísmo en el cumplimiento de sus deberes políticos y en la defensa de
su dignidad personal; era muy agradable y ameno en su trato, y en el
seno de la familia era un constante modelo de ternura y amor.
Murió en 1873, en lo más florido de su juventud, y cuando la República
española había libertado ya los esclavos de Puerto Rico, y concedido
amplias libertades políticas á todos sus habitantes.
Es de lamentar que los trabajos periodísticos de este escritor no se
hayan coleccionado, pues si como expresión de ideas y manifestación de
luchas de otra edad carecen de aquel interés palpitante que tuvieron en
su origen, siempre hubieran servido como buenos modelos de discusión
política, de urbanidad literaria y de bien decir.
La siguiente composición poética fué escrita por Freyre en los primeros
años de su juventud.