La virgen tierra de radiente cielo,
La de flores y aromas orientales,
La que atesora en su fecundo suelo
Cuanto Dios concediera á los mortales;
La reina de los mares de Occidente,
Del almo Sol la hermosa desposada,
La de atmósfera azul, clara y riente,
Y túnica de perlas esmaltada;
La región sin igual, que pura y bella
Del Gólgota ignoró la triste historia,
La que sus pactos con el cielo sella
Sin la mancha deicida en la memoria;
¡América! la tierra portentosa
En que todo es hermoso, y rico, y grande.
La que impulsa una fuerza misteriosa
Á que el destino en el futuro mande;
Radiente de entusiasmo y de ventura
Aparece á mis ojos noble y fiera,
De plumas adornada la cintura
Y flotante la negra cabellera.
El rayo de su límpida mirada
El aire llena de esplendor divino,
Mostrándome la estatua levantada
Al inspirado, al inmortal marino.
Al genio poderoso, que á la ciencia
Arrebató su arcano tremebundo,
Y copiando á la suma omnipotencia
Surgir hizo del mar un nuevo mundo.
Grande es el hombre, si de Dios hechura
Superior á los ángeles se muestra,
Cuando en las sombras de su suerte oscura
Hace milagros con su débil diestra.
Cuando en sublime impulso arrebatado
Se lanza á la región del firmamento,
Roba á la nube el aire condensado
Y al rayo le señala pavimento.
Cuando encierra al vapor que rebramando
La altiva nave entre las ondas lanza;
Y en contra al viento, al huracán burlando
En su carrera imperturbable avanza.
Cuando en alambre eléctrico conduce
De un polo al otro la impalpable idea,
Y en un instante raudo reproduce
Cuanto la voz mortal ordena y crea.
Cuando mide la esfera soberana
Y al tiempo el curso por minutos cuenta,
Cuando hace eterna la palabra humana
Con la invención divina de la imprenta.
Entonces se renueva la alianza
Que une al Creador su hechura esclarecida;
Entonces es que un himno de esperanza
Levanta la creación estremecida.
¡Entonces crea el Hacedor divino
Los genios que luchando se engrandecen:
La primera Isabel y el gran marino
Entonces en la tierra se aparecen!
Les sigue en pos el mágico sistema
De esos seres de paz, poder, y gloria,
Á los que el mundo impone su anatema
Y abre sus fastos la inmortal Historia.
Allí están de laureles coronados
Bebiendo la ambrosía en áurea copa,
Washington y Bolívar, enlazados
Á los héroes triunfantes de la Europa.
Que de los siglos en la eterna orilla
Crece egregia una palma, altiva y sola,
Y el sol de la justicia excelso brilla
Á los grandes ciñendo su aureöla.
En esa palma el ínclito marino
Grabó su nombre al descubrir un mundo,
Y con diamantes escribió el Destino:
"Fué Colón el primero, y no hay segundo."
* * * * *
Los años á los años se enlazaron,
Los hombres á los hombres se siguieron
La tierra de Colón la destrozaron,
¡Todos al semidios ingratos fueron!
Luis catorce, Cromwell, y Carlos quinto,
Y el héroe de Austerlitz, Arcola y Jena,
Más amarga su gloria que el Absynto
Al pueblo que arrastraba la cadena,
Obtuvieron honores inmortales
En que servil adulación ardía,
Mientras que en sus desiertos virginales
América tu nombre repetía,
Y apenas su crisálida rasgando
Bebió del sol el fúlgido destello,
Por tu nombre su nombre fué olvidando
En bautizo de gloria heróico y bello.
Y hoy la reina del golfo americano,
La sultana gentil de nuestros mares,
Revocando del tiempo el fallo insano
Alza tu estatua á proteger sus lares.
La cubre con la cruz y noble enseña
Que tremolaste en su preciosa orilla,
Y tu sombra sagrada más la empeña
Al egregio estandarte de Castilla.
¡Salve Cuba! tú rindes ovaciones
Al audaz argonauta, reverentes,
Y con ellas condenas las naciones
Ante tanta grandeza indiferentes.
Tú, la perla del mar de las Antillas,
Le levantas durable monumento,
Y en noble gratitud insigne brillas
Como brillas en glorias y en talento.
¡Salve mil veces, tierra fortunada
Que enamoras del sol la luz ardiente;
Es tu timbre esa estatua levantada
Al gran marino, genio prepotente,
Que arrancara del mar á la onda fiera
Un mundo de tesoros y hermosura:
Tú has sido en acatarlo la primera....
¡Salve Cuba la bella, y rica, y pura!
¡Pueda cruzando los inmensos mares
Cual los cruza la brisa perfumada,
Llegar á tí la voz de mis cantares
Y el amor de mi patria idolatrada!