[63] En la Iglesia gótica hubo desgraciadamente sacerdotes indignos,

contra cuyos escesos clamaron siempre los santos padres, dignos prelados

y sabios cenobitas, lumbreras de la afligida grey de Jesucristo en la

tormentosa noche de las guerras é invasiones de aquellos siglos. La

lucha contínua, inteligente, trabajosa y perseverante, contra las

costumbres depravadas y la barbarie de todos los estados y condiciones,

es cabalmente el timbre mas glorioso de la Iglesia en España, y el

testimonio mas inerrable de su divina institucion. Pero los Sarracenos,

obcecados como los Judíos, palpaban la miseria de los malos Cristianos y

no veian las resplandecientes virtudes de los buenos.

[64] Mahoma en su vision beatífica, ó viaje á los siete cielos, describe

la _casa de la Adoracion_ como construida de jacintos rojos y cercada de

lámparas que alumbran eternamente. Ocupa esta casa un parage alto y

determinado en el sétimo cielo: alli se reunen cada dia en peregrinacion

setenta mil ángeles de la mas alta gerarquía, y cada dia diferentes: en

su forma se parece exactamente al templo ó Caaba de la Meka, y si desde

el lugar donde se halla cayera perpendicularmente sobre la tierra, lo

que puede muy bien acontecer algun dia, caeria necesariamente sobre

dicho templo.

[65] La lucha de Carlomagno con las tribus bárbaras del norte se

prolongó efectivamente hasta despues de entrado el siglo IX, estando ya

empeñada, como hemos dicho en la nota 1 de la página 75, en la época en

que habla Abde-r-rahman (año 786).

[66] En este mismo año de 786 recuperó el trono de Asturias D. Alonso el

Casto.

[67] Aunque la arquitectura goda no pereció en España con la irrupcion

sarracena, sin embargo, las construcciones de los primeros reyes de

Asturias y Leon no podian menos de ser pobres y menesterosas, como lo

era la misma monarquía; así que en los historiadores de aquellos

tiempos, que nos han dejado noticia de nuestros templos y monasterios

del siglo VIII, nada es mas comun que estas modestas descripciones: «_de

luto et latere_» «_de petra et luto opere parvo_,» y otras semejantes.

La basílica de S. Salvador de Oviedo, restaurada por D. Alonso el Casto,

y construida de piedra y cal, excita sin embargo la admiracion del monge

de Albelda y del obispo D. Sebastian, y Ambrosio de Morales nos asegura

que aun duraban en su tiempo _algunos pequeños trechos del suelo, que

eran labrados de un mosáico de piedras diversas encajadas en la

argamasa, y algo basto, mas muy firme y vistoso_. Pero los historiadores

árabes, muy ignorantes por lo comun de nuestros usos y artes, aunque tan

en contacto con la civilizacion romano-gótica que hacia de la España la

nacion mas adelantada del Occidente, por no haber encontrado entre

nosotros las muelles y corruptoras costumbres del Asia, nos suelen

pintar como salvages cubiertos de pieles, y á nuestros edificios como

verdaderos antros de fieras. Los de los primeros tiempos de la invasion,

no obstante, reconocian la cultura de los Godos, como quizá tendremos

ocasion de hacerlo notar en lo sucesivo hablando del antiguo alcázar de

Córdoba, que Ibnu Bashkuwal dice llamaban de antiguo _Palacio de

Rodrigo_ (_Balátt Iludherik_).

[68] Se asegura que la gran mezquita de Córdoba era objeto entre los

Arabes de Occidente y de la costa de Africa de una veneracion igual á la

que profesaban los Orientales á su Meka, y los historiadores afirman que

aun despues de haber caído en manos de los Castellanos y de quedar

convertida en templo católico, siguieron aquellos dirigiendo á ella sus

peregrinaciones.

[69] La Caaba (ó casa cuadrada) de la Meka, construida segun unos

primero por Adan, luego por Abraham é Ismaël, y por último reedificada

con mas ostentacion por los árabes Coreixis antes de la predicacion de

Mahoma, y fabricada segun otros por los ángeles, fué encerrada en la

célebre mezquita de El-Haram, no se sabe en qué época. Edrisi, geógrafo

árabe del XII siglo, la describe como ocupando el centro de una especie

de recinto circular á cielo abierto, y revestida en la parte esterior de

magníficos tapices de seda de Irac que la ocultan á la vista. Pero desde

el siglo XII acá, la Caaba ha debido sufrir grandes alteraciones, porque

leemos en la obra de Batissier, ya anteriormente citada, que su actual

figura es la de un cubo trapezoide; que la cubre un velo negro sujeto

con anillos de bronce fijos en el subasamento; que su techumbre está

interiormente sostenida en dos columnas y oculta con un velo de seda

color de rosa; que la alumbran infinitas lámparas de oro, y que cubre su

puerta una cortina bordada de oro y plata. La Caaba se halla hoy

encerrada en un espacioso patio de tres pórticos: tiene ademas el

edificio que le sirve de recinto otros dos patios menores con arquerías,

siete alminares, y varias dependencias. En el M. S. aljamiado, núm. 290

de la Biblioteca nacional de París, ya en otra ocasion citado, hay una

especie de anécdota en que se refiere, que habiendo una _compaña_ de

Judios preguntado al Profeta, entre otras varias cosas, por qué habia

hecho Dios la casa de la Meka cuadrada, Mahoma les respondió: «Cuando

Allah mandó á Ibrehim Halaibí Issalám que fraguase la casa de Meka, y

con él su fijo Asmehíl ayudándole á faser la dicha casa, empezó á faser

la cuadra primera con estas palabras, tanto cuanto duró la primera

cuadra: «Subhana Allah, Subhana Allah» (Alabado sea Dios, alabado sea

Dios): y cuando empezaron á faser la otra cuadra, decian siempre:

«Lalillahá Illa Allah, Lalillahá Illa Allah» (No hay mas Dios que Allah,

no hay mas Dios que Allah): y cuando empezaron á faser la otra cuadra,

decian: Allahu Akbar, Allahu Akbar» (Dios es grande, Dios es grande): y

cuando empezaron la otra cuadra, fisiéronla diciendo: «Alhamdú lillahi,

Alhamdú lillahi» (Demos loores á Dios, demos loores á Dios). Y por esto

fué cuadrada; que si otra hubiera en las escribturas que Allah envió que

fuera tal como estas, tambien Allah mi señor habria mandado poner otra

cuadra mas; por cuanto no hay ni hubo en las aleyes (versículos) que

Allah envió ninguna que igualare con estas, fué causa que quedó

cuadrada.» Se ve, pues, que el cuadrado es la forma canónica y

tradicional de las mezquitas, aun cuando nada haya prescrito Mahoma

acerca de esto.

[70] _Quibla_, que los Árabes escriben _Kiblah_, es el punto que mira á

la Meka: en las mezquitas de Siria y Palestina miraba la Quibla al

mediodia próximamente, mas en las de Occidente debia mirar hacia el

sudeste. Los Arabes andaluces, sin embargo, siguiendo de rutina la

práctica establecida en Damasco y Bagdad, edificaron sus mezquitas con

la Quibla ó lado del santuario vuelto al mediodia, de modo que en rigor

su santuario no miraba á la Meka, aunque asi lo suponian. Mahoma en el

Koran llama á la Meka _Quibla del mundo_.

[71] Amrú, caudillo famoso del ejército de Omar, que llevó á cabo con

asombrosa rapidez la conquista del Egipto, edificó la gran mezquita del

Cairo, que aun lleva su nombre. Esta mezquita, erigida en los primeros

años de la Egira, es una de las mas antiguas y notables que se conocen:

su disposicion y planta sería parecida á la de la mezquita de Córdoba si

no tuviese en medio del cuerpo principal un segundo patio espacioso que

interrumpe la serie de las 23 naves que de norte á sur y de oriente á

poniente se cruzan en ángulo recto. En la mezquita de Amrú hay tres

_mihrab_ ó santuarios en vez de uno. La santa casa ó Alaksa de Jerusalem

fué obra del Califa Omar, levantada sobre el mismo solar del templo de

Salomon. Es regular que estos grandes edificios y otros igualmente

célebres de aquellos tiempos, como las mezquitas de Medina y de Damasco,

fuesen obra de artistas bizantinos, puesto que refiere Ebn-Khaldoun que

el Califa Walid, hijo de Abd el Malek, tuvo que pedir arquitectos al

emperador griego Justiniano II para poder erigir sus hoy famosas

aljamas. (Véase _Rev. gén. de l'Arch._, 1840, p. 68, nota 1.)

[72] Dia memorable para Abde-r-rahman, porque fué el de la famosa

batalla de Musara, en que derrotó á Jusuf el Fehrí, y que consideró como

un feliz agüero de sus triunfos ulteriores. Debió aquella señalada

victoria á sus caballeros Zenetes, base y núcleo de su poderoso ejército

en España.

[73] El origen del arco llamado de _herradura_ que usaron con

predileccion los Arabes en España durante el Califato de Córdoba, ha

sido objeto de muchas investigaciones arqueológicas. Batissier hace

mérito en una de sus notas de la opinion de algunos que consideran este

arco como una especie de símbolo de la huida del falso Profeta á Medina,

que ocurrió en un novilunio. Añade, sin embargo, que los Persas y los

Bizantinos lo usaban ya desde antes de la Egira, y cita á Texier, que en

su _Descripcion de la_ _Armenia_ lo manifiesta perfectamente dibujado en

la catedral de Dighour, anterior á la conquista arábiga. A mayor

abundamiento, atribuyen tambien la introduccion del arco de herradura á

los Bizantinos los anticuarios Hope, Alb. Lenoir y Girault de Prangey; y

M. Couchard la refiere á los arquitectos persas llamados á

Constantinopla por los emperadores griegos. Pero lo cierto es que ni de

la iglesia de Seleucia en Persia, ni de la de los Incorporales de

Atenas, monumentos bizantinos en que se descubre dicho arco, se sabe

positivamente á qué época pertenecen. Véase _Gailhabaud: monumentos

antiguos y modernos; mezquita de Córdoba: texto_.

[74] La cúpula adaptada á un plano circular por el estilo de la

_rotonda_, forma favorita para los mausoleos de los personages ilustres,

es construccion romana antigua, si bien pueden citarse varios ejemplos

de haberla usado los pueblos de Asia y Grecia en los tiempos mas remotos

(véase la obra de _Layard_ sobre los descubrimientos hechos en la

antigua _Nínive_: véase tambien Batissier: Grecia: _Tesoro de Atreo_);

no así la cúpula bizantina, que descansa sobre un plano cuadrangular y

que fué introducida por los arquitectos del Bajo Imperio para

diferenciar sin duda de las construcciones circulares paganas, las

construcciones religiosas propias del cristianismo, que se seguian

coronando con las techumbres hemisféricas, tan magestuosas y simbólicas.

En efecto, la disposicion neo-griega era la única posible para adaptar á

la interseccion de los dos rectángulos que forman los brazos y el árbol

de la cruz, la cúpula que representa la bóveda del firmamento en que

descansa el trono de Dios. Esta fué la cúpula con que coronó Justiniano

su famosa basílica de Santa Sofía de Constantinopla, y de aqui es

probable que se difundiese á las naciones que se hallaban mas en

contacto con Bizancio, una de las cuales era la Persia. La cúpula

neo-griega, ó bizantina, se usó sin embargo antes de Justiniano, aunque

no en tan grande escala como en Santa Sofía, que fué la que, por decirlo

así, canonizó esta práctica del arte de construir: de manera que los

Persas, poco inventivos de suyo en todos tiempos, pudieron desde dos

siglos antes de la conquista arábiga haberse educado en los usos y

prácticas de los arquitectos bizantinos. Los estudios arqueológicos

confirman plenamente esta induccion histórica: la dinastía de los

Sasanidas, que comienza con Artajerjes en el año 226 antes de Cristo y

se perpetúa hasta los primeros años de la Egira de Mahoma, hace alarde

de la doble inoculacion romana que el arte persa esperimenta, bajo Sapor

por sus guerras con Valeriano, y bajo Cosroës por sus relaciones con

Justiniano, erigiendo en la llanura de Nakschi-Rustan y en la ribera del

Eufrates (palacio de Tak Kesra) los monumentos que hoy nos la revelan.

Los Arabes al conquistar la Persia salian en cierto modo de la vida

nómade del pastoreo, no tenian por consiguiente artistas esperimentados,

y al hacerse dueños de la suntuosa corte de Ctesifon, al apoderarse de

los magníficos palacios de Sarbistan y Firouzabad, aprendieron sin duda

como por encanto el arte soberbio de levantar sin largo y trabajoso

aprendizage las elegantes construcciones de Kuffah y Bassorah. Lo que en

estas dos ciudades improvisadas del Tigris y del Eufrates hicieron,

basta para indicarnos lo que podian hacer en los demas paises. De todas

maneras, es indudable que por lo que en Persia vieron y practicaron, por

lo que aprendieron tambien con la conquista de la Siria y del Egipto, su

arquitectura no podia menos de ser en sus principios generadores

_bizantina_. Pero de esto hablaremos mas adelante con la necesaria

estension.

[75] En efecto, las almenas endentadas de los muros que forman el

recinto esterior de la mezquita de Córdoba, parecen un recuerdo de las

que se ven en un monumento persa del siglo VI, atribuido á Sapor, y

llamado el _Taki Bostan_, en una montaña del Bagistan. Esta clase de

almenas, comunes en muchos edificios árabes, no tienen modelo conocido

en ninguna de las antiguas construcciones de Italia y de Grecia. Véase

Batissier, p. 406.

[76] La copia del Koran, dice Al-Makkari, que se supone escrita por el

Califa Othman y que se conservaba depositada en el mimbar ó púlpito de

la gran mezquita de Córdoba, estaba cuidadosamente guardada en una caja

de oro guarnecida de perlas y rubies, forrada de rica seda, y encerrada

en una pequeña arca de madera de aloe con clavos de oro. Citando al

historiador Ibn Marzúk, predicador de gran fama, añade que la copia del

Koran llamada Othmaní en Africa y Andalucía, es una de las cuatro copias

que el Califa Othman envió á la Meka, á Bassorah, á Kuffah y á Damasco,

y que se conservó en la referida mezquita cordobesa hasta un sábado 11

del mes de Xawal del año 556 de la Egira, en que fué robada segun era

fama por orden de Abdulmumen Ibn Alí, que se la llevó á Africa,

acompañándole en todas sus espediciones militares. Niega Ibn Marzúk que

esta copia estuviese manchada con la sangre de Othman, segun era voz

popular en Andalucía; pero el Sr. Gayangos observa en una de sus

eruditas notas que tanto Ibnu-l-abbar como el geógrafo Ibn Iyás, que

afirman hallarse en su tiempo este Koran en Córdoba, declaran

positivamente que se veían en él de una manera inequívoca señales de la

preciosa sangre del Califa. El mismo Sr. Gayangos esplica en la propia

nota, alegando la autoridad de Idrisi, que la copia de Córdoba se

denominaba Othmaní, no porque Othman la hubiese escrito, sino porque en

ella se contenian cuatro hojas del Koran con que el Califa habia

intentado escudar su pecho contra el puñal de sus asesinos.

[77] El oficio de Katib ó secretario era de dos especies: su cargo mas

importante era el de la correspondencia del Sultan con sus aliados ó

enemigos, y la redaccion de las órdenes del soberano. El segundo cargo

era de proteccion y seguridad de los Cristianos y Judíos. Véase

Al-Makkarí, lib. I, cap. 8.

[78] Para el gobierno civil de los Cristianos habia destinados

ministros, cuyo principal empleo era el de _Conde_, que equivalia á

intendente ó gobernador. Era esta dignidad una reliquia, digámoslo así,

de la pasada administracion goda, bajo la cual el título de _Conde_,

ademas de cargo palatino, que suponia en el que lo llevaba tener debajo

de sí en el palacio del rey alguna clase ó dependencia, significaba

mando superior en alguna ciudad ó provincia. En la monarquía asturiana,

el Conde en la capital de su gobierno ó señorío tenia corte como los

reyes, ponia jueces y magistrados en las ciudades y villas subalternas,

y en tiempo de guerra iba al frente de su ejército como general. Mas el

cargo de Conde de los Cristianos en las ciudades sujetas á los

Sarracenos era un vano simulacro de la antigua dignidad. «Tengan los

Cristianos, decia el privilegio de Coimbra otorgado en 734 por el moro

Alboacen, un Conde de su propia gente, que los mantenga en buena ley,

conforme á la costumbre de los Cristianos: y este compondrá las

discordias que se movieren entre ellos, y no matará hombre alguno sin

orden del Cadí (alcalde) ó Wazir (alguacil) moro; mas traerlo han

delante del Cadí y mostrarán sus leyes, y él dirá, bien está, y darle

han por decir «bien está» cien pesos de plata, y matarán al culpado.» De

donde se infiere que el Conde que daba á los Cristianos de Coimbra

Alboacen era en cuanto al imperio un mero delegado del justicia

mahometano, que por sí propio no tenia potestad ejecutiva en los

negocios criminales. Agréguese á esto, que aunque por la oscuridad y

escasez de las antigüedades no consta positivamente quién nombraba al

Conde, lo probable es que fuese hechura del rey mahometano. Que el Conde

de los Cristianos bajo el Califato era en todo dependiente de la

voluntad del Sultan, se deduce claramente de lo que ocurrió en tiempo de

S. Eulogio con el Conde Servando, famoso por su perfidia, el cual, segun

afirman Alvaro Cordobés y el abad Sanson, llegó á aquella dignidad _á

fuerza de obsequios y regalos que hizo á los Palatinos_, y logró _orden

del rey para exigir nuevos y exorbitantes tributos_ de los Cristianos, á

quienes debía amparar.

No consta en verdad que el Conde cristiano en tiempo de Abde-r-rahman I

fuese ningun malvado; es de suponer por el contrario, atendida la paz de

que entonces disfrutaba aquella Iglesia, que fuese un verdadero

protector de sus connaturales en los asuntos cuyo conocimiento le estaba

cometido. Por lo demas, no habiendo llegado á nosotros memoria alguna

del prelado que á la sazon regia aquella cautiva grey, ¿habremos de

estrañar que no se diga quién fuese en aquellos años el Conde? Sin

embargo, persuadidos de que esta autoridad subsistió siempre, y de que

su intervencion en la venta de la basílica debió ser necesaria por el

protectorado que suponia, hemos hecho mencion de ella. Al Conde ademas

correspondia comunicar las órdenes consiguientes al censor y al esceptor

(_alcalde, y tesorero de los caudales_; véase Florez, trat. 33, cap. 7:

gobierno civil de los Cristianos), pues aunque tambien estos eran

nombrados por el rey muslim, estaban bajo la dependencia del Conde.

[79] La riqueza del Estado cordobés procedia principalmente del producto

de los impuestos, de los despojos de los vencidos, y de las limosnas que

á los Muslimes imponia la _Sunnah_. Los impuestos eran de tres especies:

el _azaque_, que se pagaba en frutos, y que era un diezmo recaudado

sobre todas las producciones de la agricultura y de la industria, y

sobre los productos de los ganados; el _charage_ (_xarach_), que era

pecuniario, y se pagaba por la importacion y esportacion de las

mercaderías, y del que estaban exentos los objetos de plata, oro y

piedras preciosas, si se destinaban á armas, arneses, libros, ó joyeles

para las mugeres; finalmente, el _taadil_ ó capitacion sobre Cristianos

y Judíos.

Del botín de guerra se separaba un quinto, que se llamaba _la parte del

Califa_: lo demas se repartia entre los gefes y soldados. El tesoro

privado del Califa se aumentaba ademas con frecuentes donativos que le

hacian propios y estraños, como se verá en lo sucesivo.

La _limosna_ (_sadakah_) era el único impuesto legal á que estaba sujeto

todo Musulman por la _Sunnah_.

[80] Sobre esta singular costumbre de dividir los Musulmanes con los

Cristianos las basílicas de las ciudades conquistadas, y de que no se

encuentra memoria en nuestros antiguos cronistas, pueden verse las

autoridades citadas en la nota 1.ª del Sr. Gayangos al cap. II, lib. III

de Makkarí.

[81] Abdalla, hermano de Walid, que construyó la grande aljama de

Damasco, fué el primero que impuso tributos á los monges cristianos.

Hallándose de gobernador en Egipto mandó que todos los que hacian vida

monacal pagasen un dinar al año. Los Cristianos de Córdoba pagaban,

segun refiere Bravo (Obispos de Córdoba, t. I), á medida del capricho de

los gobernadores sarracenos. La moneda de los Musulmanes en tiempo de

Mahoma y sus primeros sucesores fué la griega ó persiana. Despues los

Califas de Oriente acuñaron moneda con caractéres cúficos en Kuffah y

Bassorah, y con esta moneda asiática entraron los Arabes en Espada, y

con ella se mantuvieron hasta que Abde-r-rahman I estableció casa de

moneda en Córdoba, conservando al parecer los mismos valores usados

hasta entonces. Habia, pues, entre los Arabes: el dinar, que era de oro,

el _adirham_, que era de plata, y el _mitcal_, que era de plata ó de

oro. Valia el _dinar_ 20 _adirhames_ ó dragmas, y el _adirham_ valia 14

_karats_: el _mitcal de plata_, dice Cantos Benitez, equivalia á 5

reales de vellon actuales, y el _mitcal de oro_ diez veces mas, ó 50

reales de vellon. El Califa Omar mandó que el _mitcal de oro_ valiese 20

karats, y el _adirham_ 14 karats. Segun esto, si el _mitcal de oro_

valia 50 reales vellon, el _adirham_ valia 35, y el _dinar_, que

contenia 20 adirhames, valdia 700 reales.

[82] Segun ha evidenciado Masdeu en su Historia crítica. t. 13, lib. II,

«nuestra Península no solo era la nacion mas culta de toda Europa, sino

la única provincia que conservaba todavia la cultura romana; la única

que sabia las tres lenguas doctas, hebrea, griega y latina; la única que

podia gloriarse de hombres verdaderamente sabios; la única que tenia

seminarios, academias y bibliotecas... Aun con las bárbaras y

sangrientas irrupciones de los Mahometanos, no se cerraron del todo

nuestras escuelas y colegios, no se desampararon los estudios, no se

abandonó el cuidado de recoger libros y formar bibliotecas, no se dió

lugar á la supersticion y barbarie de los demas europeos... No sabian

los Italianos medir un verso ni hablar bien en la lengua de sus padres,

cuando resonaban las prosas y las poesías de nuestros Eulogios y

Alvaros... Nuestras catedrales y monasterios renovaban los archivos y

librerías quemados por los moros; nuestros obispos y abades mantenian

seminarios de instruccion para clérigos y niños; nuestros eclesiásticos

y doctores ejercitaban la pluma en tratados científicos y eruditos.»

Cabalmente son Cordobeses los dos sabios Alvaro y Eulogio citados por el

crítico Masdeu, y ambos se formaron en la escuela de un ilustre abad,

llamado Esperaindeo, que probablemente cursaba siendo adolescente las

aulas de la iglesia cordobesa en los años últimos del reinado de

Abde-r-rahman I. Decimos que probablemente estudiaria Esperaindeo en

Córdoba, porqué de seguro no se sabe, si bien tampoco se contradice. Que

en la época de que tratamos podia ya haber dado en flores alguna promesa

de los hermosos frutos que luego produjo, no hay la menor duda, puesto

que consta por su discípulo S. Eulogio que antes del año 856 murió _muy

anciano_. El abad Esperaindeo escribió contra las supersticiones de

Mahoma una obra hoy lastimosamente perdida, pero que, á juzgar por el

único capítulo que de ella nos conserva S. Eulogio, debia ser digna de

la fama que en aquellos tiempos logró su autor. Las escuelas de Córdoba

fueron en los siglos VIII y IX verdaderos planteles de acérrimos y

doctos enemigos del islamismo. En vida de Esperaindeo escribió el

ilustre y noble Paulo Alvaro su _Indículo luminoso_, y otros piadosos y

eruditos varones se ejercitaron en el género epistolar, combatiendo

tambien la doctrina del Koran; que tal era entonces la necesidad mas

imperiosa y aflictiva que aquejaba al Occidente comprometiendo su futura

civilizacion. Reinando en Córdoba Abde-r-rahman brillaban en otras

iglesias doctores muy insignes, como Eterio en Osma, Beato en Liébana,

Félix en Urgél, Elipando en Toledo, etc., etc.; y en el oscuro horizonte

de la afligida iglesia de Sevilla empezaba á amanecer la estrella de

Juan Hispalense.

[83] Entre los Cristianos de Andalucía se habian fomentado algunos

errores: Migencio habia querido introducir novedades en la celebracion

de la Pascua; Elipando enseñaba que J. C. en cuanto Dios era hijo

natural y propio del Padre Eterno, pero adoptivo en cuanto Hombre. ó

segun la humanidad, que decia adoptada por la union al Divino Verbo,

segunda Persona de la Santísima Trinidad. Esta heregía cundió mucho en

la Bética, y aunque su autor reconoció despues el error y se retractó

públicamente, los Cristianos de Córdoba padecieron mucho por su causa,

pues como asegura Gomez Bravo (obra cit.), sus fautores, valiéndose del

brazo bárbaro de los Sarracenos, persiguieron cruelmente á los que

defendian la verdadera doctrina de la Iglesia católica.

[84] La historia de los trabajos evangélicos de los obispos de Córdoba

bajo las dominaciones romana y goda se halla minuciosamente relatada en

los primeros capítulos de la interesante obra de Gomez Bravo: _Catálogo

de los obispos de Córdoba, etc._ El incansable celo, las

peregrinaciones, los escritos, las discusiones sostenidas por estos en

los concilios desde los tiempos del grande Osio, son las pruebas mas

concluyentes y luminosas del espíritu eminentemente civilizador de la

Iglesia de Jesucristo.

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