Ahora bien, señores gobiernos (y perdonen ustedes la franqueza): son
ustedes muy escrupulosos en averiguar á cada instante cómo piensan en
política este ayuntamiento y el de más allá; y si hay informes de que
no son _adictos_ sin condiciones á los hombres de la _situación_, se
les sustituye ignominiosamente con otros que inspiren á ustedes mayor
confianza. ¡Como si estos pobres baldragas supieran lo que son matices
políticos, ni adhesiones, ni partidos! ¡Como si les interesara otra
cosa que la lozanía de sus mieses y la seguridad de sus ahorros!
Si se tomaran ustedes el mismo afán por preguntar á sus
delegados:--¿Qué tal por esos pueblos? ¿Se roba, se veja mucho á los
pobres campesinos? ¿Queda todavía algún mal secretario sin grillete?
Y con esto, y con enviar á presidio á los ladrones _oficiales_ que aún
quedasen rezagados en los ayuntamientos... y también á los señorones
que los encubren, amparan y protegen, los pueblos se irían en tropel
detrás del inverosímil gobierno que tal hiciera, le defenderían hasta
el heroísmo, y no despegarían sus labios sino para bendecirle.
Pues á fe que si los gobiernos no toman de buena gana mi consejo,
no será por lo _comprometido_ del trance, ni por lo _costoso_ del
procedimiento, terribles fantasmas que, en estos tiempos de la
diplomacia, de los cabildeos, de las mutuas contemplaciones... y de los
empréstitos _ventajosos_, son la obligada disculpa para dejar de hacer
tantas cosas buenas como se van echando de menos en España.
1876.
[Ilustración]