CAPÍTULO XIV.

Persecucion de Herodes Agrippa I.

[Marginal: Año 44]

Bernabé encontró la Iglesia de Jerusalem sumida en el mayor desórden.

El año 44 le fué fatal, porque además del hambre, vió encenderse de

nuevo el fuego de la persecucion, que se habia amortiguado á la muerte

de Estéban.

Herodes Agrippa, nieto de Herodes el Grande, habia logrado, desde

el año 41, reconstituir el reino de su abuelo. Merced al favor de

Calígula, habia podido reunir bajo su dominacion la Batanea, la

Traconítide, una parte del Haurán, la Abilene, la Galilea y la

Perea[723]. El ignoble papel que desempeñó en la tragicomedia que elevó

á Claudio al imperio[724], culminó su fortuna. Ese vil oriental, en

recompensa de las lecciones de bajeza y de perfidia que habia dado á

Roma, obtuvo para él la Samaria y la Judea, y para su hermano Herodes

el pequeño reino de Calcis[725]. Habia dejado en Roma los más tristes

recuerdos, y se atribuian en gran parte á sus consejos las crueldades

de Calígula[726]. Era muy poco querido de su ejército y de las ciudades

paganas de Sebastia y Cesarea, que sacrificaba á Jerusalem[727]. Pero

los judíos lo encontraban generoso, magnífico y deseoso de aliviar sus

males. Procuraba hacerse popular entre ellos, y seguia una política

enteramente diferente de la de Herodes el Grande, que se habia

inclinado más á favor de los griegos y romanos que de los judíos.

Herodes Agrippa, al contrario, amaba á Jerusalem, observaba exactamente

la religion judía, afectaba ser muy escrupuloso, y ni un solo dia

dejaba de hacer sus devociones[728]. Hasta escuchaba con dulzura las

observaciones de los rigoristas, y se tomaba el trabajo de justificarse

de sus reprehensiones[729]. Perdonó á los Jerosolimitas el tributo que

le debia cada casa[730] y, en una palabra, los ortodoxos tuvieron en él

un rey á su gusto.

Era inevitable que un príncipe con semejante carácter habia de

perseguir á los cristianos. Sincero ó no, Herodes Agrippa, era un

soberano judío en toda la extension de la palabra[731]. La casa

de Herodes, á medida que se debilitaba, se hacia más devota y se

separaba más y más de la elevada idea profana del fundador de su

dinastía, aspirando á que viviesen juntos, bajo el imperio comun de

la civilizacion, los cultos más opuestos. Cuando Herodes Agrippa,

proclamado rey, entró por primera vez en Alejandría fué recibido

como rey de los judíos, cuyo título irritó al pueblo y dió lugar

á muchas burlas[732]. Ahora bien, ¿qué habia de ser un rey de los

judíos, sino un guardian de la ley y de las tradiciones, un soberano

teócrata y perseguidor? Desde Herodes el Grande, durante cuyo reinado

se reprimió enteramente el fanatismo, hasta estallar la guerra que

originó la ruina de Jerusalem, hubo siempre una progresion creciente

de ardor religioso. La muerte de Calígula (24 de Enero de 41) habia

producido una reaccion favorable á los judíos. En general Claudio fué

muy benévolo para ellos[733] á causa de la influencia que tenian con

él Herodes Agrippa y Herodes, rey de Calcis. No solo dió la razon

á los judíos de Alejandría en sus disensiones con los habitantes de

dicho país, otorgándoles el derecho de elegir un etnarca, sino que

hasta publicó, segun parece, un edicto por el que concedia á los

judíos, en toda la extension del imperio, como lo habia hecho en favor

de los de Alejandría, la libertad de vivir segun sus leyes, con la

única condicion de no ultrajar los demás cultos. Algunas tentativas

de vejaciones análogas á las que habian tenido lugar en tiempo de

Calígula, fueron reprimidas[734]. Jerusalem se ensanchó mucho,

uniéndose con la ciudad el barrio de Bezetha[735]. Apenas se hacia

sentir allí la autoridad romana, por más que Vibius Marsus, hombre

prudente, de mucha experiencia, adquirida en los elevados cargos que

desempeñara, de un talento muy cultivado[736], y que habia sucedido

á Publio Petronio en las funciones de legado imperial en Siria,

advertia de cuando en cuando á Roma que eran peligrosos aquellos reinos

semi-independientes de Oriente[737]. La especie de feudalismo que desde

la muerte de Tiberio tendia á establecerse en Siria y en las comarcas

vecinas[738], debilitaba en efecto la política imperial, y casi siempre

dió malos resultados. Los «reyes» cuando iban á Roma eran personajes

que ejercian allí una influencia detestable. La corrupcion y la

desmoralizacion del pueblo, sobre todo en el reinado de Calígula, eran

debidas en gran parte al ejemplo dado por aquellos miserables á quienes

se veia arrastrar la púrpura en el teatro, en el palacio del César, y

en las cárceles[739]. En cuanto á los judíos, ya hemos visto[740] que

para ellos _autonomía_ significaba intolerancia. El pontificado supremo

pasaba únicamente y aún por cortos períodos de la familia de Hanan

á la de Boethus, no menos altanera y cruel. El soberano que queria

complacer á los judíos no podia dejar de decretar lo que más deseaban,

es decir, severidades contra todo lo que se separase de la más rigurosa

ortodoxia[741].

Herodes Agrippa fué por la misma razon al fin de su reinado un

perseguidor violento[742]. Algun tiempo antes de la Pascua del año

44, hizo cortar la cabeza á uno de los principales miembros del

Colegio Apostólico, á Jacobo, hijo del Zebedeo y hermano de Juan. Este

asunto no se consideró como religioso, y por lo tanto no hubo proceso

inquisitorial ante el Sanhedrin; la sentencia fué dictada en virtud del

poder arbitrario del soberano, como sucedió con Juan Bautista[743].

Animado por el buen efecto que dicha muerte produjo entre los

judíos[744], Herodes Agrippa no quiso detenerse en tan fácil via de

popularidad. Eran los primeros dias de la fiesta de Pascua, época

ordinaria del acrecentamiento de fanatismo, y aprovechando la ocasion,

Agrippa hizo encerrar á Pedro en la torre Antonia, á fin de que se le

juzgara y ejecutara con grande aparato ante la masa de pueblo que se

reunia con motivo de las fiestas.

Una circunstancia que ignoramos, y que fué considerada como milagrosa,

puso á Pedro en libertad. Una tarde en la que varios fieles se habian

reunido en casa de María, madre de Juan Márcos, en donde acostumbraba

á vivir Pedro, se oyó llamar de repente á la puerta. La criada, llamada

Rhodé, fué á ver quién era y reconoció la voz de Pedro. Embargada por

la alegría, en vez de abrir, corre á anunciar que Pedro estaba allí.

La tratan de loca, pero ella jura y vuelve á asegurar que es él. «Es

su ángel,» dicen algunos. Vuelve á oirse llamar varias veces; era él.

La alegría fué infinita. Pedro hizo participar enseguida su libertad á

Jacobo, hermano del Señor, y á los demás fieles. Se creyó que el ángel

del Señor habia entrado en el calabozo del apóstol y habia hecho caer

las cadenas y cerrojos. Pedro contaba que todo esto habia sucedido

mientras estaba en una especie de éxtasis; que despues de haber pasado

la primera y segunda guardia y atravesado la puerta de hierro que

daba á la ciudad, el ángel lo acompañó hasta una calle y lo dejó: que

entonces volvió en sí y reconoció la mano de Dios, que habia enviado un

mensajero celeste para libertarlo[745].

Agrippa sobrevivió poco á estas violencias[746]. Á mediados del año

44, pasó á Cesarea para celebrar juegos en honor de Claudio. La

concurrencia fué extraordinaria; los habitantes de Tiro y de Sidon,

que tenian algunas disensiones con él, fueron á pedirle gracia. Estas

fiestas disgustaban mucho á los judíos, tanto porque se efectuaban en

la ciudad impura de Cesarea, como porque se daban en el teatro. Una vez

que el rey habia salido de Jerusalem con igual motivo, cierto rabino

Simeon habia propuesto que se declarase que dejaba de pertenecer al

judaismo y que se le excluia del templo; mas entonces el rey llevó

su condescendencia hasta el punto de colocar al rabino á su lado en

el teatro, á fin de probarle que allí nada se hacia contrario á la

Ley[747]. Creyendo haber satisfecho de este modo á los rigoristas,

Herodes Agrippa se dejó arrastrar por su aficion á las pompas profanas.

El segundo dia de la fiesta, entró muy de mañana en el teatro, vestido

con una túnica de tejido de plata, de un brillo incomparable. Fué

extraordinario el efecto causado por esta túnica que resplandecia

á los rayos del sol saliente y los fenicios que rodeaban al rey le

prodigaron adulaciones imbuidas de paganismo. «Es un Dios, decian, y no

un hombre.» El rey no manifestó indignacion ni vituperó esta palabra,

pero falleció cinco dias despues. Judíos y cristianos atribuyeron su

muerte al no haber rechazado con horror una lisonja tan blasfematoria.

La tradicion cristiana supuso que este era el castigo reservado á los

enemigos de Dios, puesto que murió de una enfermedad vermicular[748].

Sin embargo, los síntomas de que habla Josefo harian creer más bien

en un envenenamiento, y viene á confirmar esta opinion lo que dicen

las _Actas_ de la conducta equívoca de los fenicios y del cuidado que

tuvieron en ganar á Blastus, ayuda de cámara del rey.

Con la muerte de Herodes Agrippa I desapareció la independencia

de Jerusalem, que volvió á ser gobernada por procuradores. Este

régimen duró hasta la gran sublevacion, lo que fué un bien para el

cristianismo, porque debe observarse que esta religion que debia

sostener más tarde una lucha tan terrible contra el imperio romano,

creció á la sombra del principio de aquel y bajo su proteccion. Roma

era, conforme lo hemos dicho repetidas veces, quien impedia que el

judaismo se entregase completamente á sus instintos de intolerancia

y de destruccion de los gérmenes de libertad que se producian en su

seno. Toda restriccion de la autoridad judía era un beneficio para

la secta naciente: Cuspius Fadus, el primero de esta nueva série de

procuradores, fué otro Pilatos, de mucha firmeza ó por lo menos de

buena voluntad; pero Claudio continuaba mostrándose favorable á las

pretensiones judías, á causa sobre todo de las instigaciones del jóven

Herodes Agrippa, hijo de Herodes Agrippa I, que vivia á su lado y á

quien amaba mucho[749]. Despues de la corta administracion de Cuspius

Fadus, las funciones de procurador fueron confiadas á un judío, á aquel

Tiberio Alejandro, sobrino de Philon é hijo del alabarca de los judíos

de Alejandría, que tuvo grandes empleos y desempeñó un papel importante

en los asuntos políticos de su siglo. Verdad es que no era amado de los

judíos, que lo miraban, no sin razon, como un apóstata[750].

Para poner fin á estas continuas disputas, se recurrió al medio más

conforme con los buenos principios. Se hizo una especie de separacion

entre lo espiritual y lo temporal, y se dejó el poder político á los

procuradores; pero Herodes, rey de Calcis y hermano de Agrippa I, fué

nombrado Prefecto del templo, guardian de los vestidos pontificales,

y tesorero de la caja sagrada, revistiéndose del derecho de nombrar

los grandes sacerdotes[751]. Á su muerte (año 48), Herodes Agrippa

II, hijo de Herodes Agrippa I, sucedió á su tio en dichos cargos, que

conservó hasta la gran guerra. Claudio continuaba mostrándose en todo

esto lleno de bondad. Los altos funcionarios romanos en Siria, bien

que menos inclinados á las concesiones que el emperador, emplearon

tambien mucha moderacion. El procurador Ventidius Cumanus llevó su

condescendencia hasta el caso de hacer decapitar, en medio de los

judíos que formaban el cuadro, á un soldado que habia destrozado un

ejemplar del Pentateuco[752]. Todo fué inútil; Josefo achaca con razon

á la administracion de Cumanus los desórdenes que solo concluyeron con

la destruccion de Jerusalem.

El cristianismo no tomaba la menor parte en estos disturbios[753], que

eran, como el mismo cristianismo, uno de los síntomas de la fiebre

extraordinaria que devoraba al pueblo judío y del trabajo divino

que se verificaba en él. Nunca habia hecho tantos progresos la fé

judía[754]. El templo de Jerusalem era uno de los santuarios del mundo

cuya fama se extendia más y al que más donativos se hacian[755]. El

judaismo habia llegado á ser la religion dominante de la mayor parte

de la Siria. Los príncipes asmoneos habian convertido violentamente

á poblaciones enteras (Idumeos, Itureos, etc.)[756]. Hubo al mismo

tiempo muchos ejemplos de circuncision impuesta por la fuerza[757],

porque se tenia un grande empeño en hacer prosélitos[758]. La misma

casa de Herodes contribuia poderosamente á la propaganda judía. Para

casarse con princesas de esta familia, cuyas riquezas eran inmensas,

se hacian judíos[759] los príncipes de las pequeñas dinastías vasallas

de los romanos, de Emesa, de Ponte, y de Cilicia. La Arabia y la

Etiopía poseian tambien un gran número de convertidos, entre los que

se contaban, sobre todo por parte de las mujeres[760], las familias

reales de Meseno y de Adiabene, tributarias de los Partos. Se creia

que se hallaba la dicha conociendo y practicando la Ley[761], y aun

cuando no se hiciesen circuncidar, modificaban su religion en sentido

judío; el espíritu general de la religion en Siria era una especie

de monoteismo. En Damasco, ciudad que nada tenia de israelita, casi

todas las mujeres habian adoptado la religion judaica.[762] Detrás del

judaismo farisaico, se formaba así una clase de judaismo libre, menos

violento, que ignoraba algunos secretos de la secta[763], pero que

tenia más porvenir y en el que únicamente se llevaba buena voluntad y

puro corazon. La situacion era, á corta diferencia, la del catolicismo

de nuestros dias, en donde vemos, por una parte, teólogos ignorantes y

orgullosos que por sí solos no convertirian más almas al catolicismo

que las que ganaron los fariseos para el judaismo; y por otra, piadosos

seglares, heréticos mil veces sin saberlo, pero llenos de tierno celo,

ricos en buenas obras y en sentimientos poéticos, ocupados siempre en

disimular ó en atenuar con complacientes explicaciones las faltas de

sus doctores.

Uno de los ejemplos más extraordinarios de la corriente que

arrastraba hácia el judaismo á las almas religiosas, fué el que dió

la familia real de Adiabene en el Tigris[764]. Esta casa, en su

orígen y costumbres[765], bien que iniciada en parte en la cultura

griega[766], se hizo judía casi toda y se distinguió por su extrema

devocion; porque, conforme hemos manifestado, estos prosélitos eran

regularmente más piadosos que los judíos de nacimiento. Izate, jefe

de la familia, abrazó el judaismo á consecuencia de las predicaciones

de un mercader judío llamado Ananías, que al entrar, para su pequeño

comercio en el serrallo de Abennerig, rey de Meseno, habia convertido

á todas las mujeres y se habia constituido su director espiritual.

Las mujeres pusieron á Izate en relaciones con él. En la misma época,

Elena, su madre, se hacia instruir en la verdadera religion por otro

judío. Izate, en su celo de nuevo convertido, queria tambien hacerse

circuncidar, pero su madre y Ananías lo disuadieron de ello. Ananías

le demostró que más importante era la observacion de los mandamientos

de Dios que la circuncision, y que se podia ser muy buen judío sin

esta ceremonia. Semejante tolerancia era debida á un corto número de

inteligencias superiores. Algun tiempo despues, un judío de Galilea

llamado Eleazar, encontró al rey que leia el Pentateuco y le probó con

el texto, que no podia observar la Ley sin ser circunciso. Izate quedó

persuadido de ello y mandó que le hicieran en seguida la operacion[767].

La conversion de Izate fué seguida de la de su hermano Monobaze y de

casi toda la familia. En el año 44, Elena pasó á fijarse en Jerusalem,

en donde hizo construir para la casa real de Adiabene un palacio y un

mausoleo de familia que todavía existe[768]. Se hizo querer de los

judíos por su afabilidad y sus limosnas. Daba gozo verla, como una

piadosa judía, frecuentar el templo, consultar á los Doctores, leer la

Ley, y enseñarla á sus hijos. En la peste del año 44, aquella santa

mujer fué la providencia de la ciudad, pues mandó comprar una gran

cantidad de trigo en Egipto, y de higos secos en Chipre. Izate, por

su parte, envió sumas considerables para ser distribuidas entre los

pobres. Las riquezas del Adiabene se gastaban en parte en Jerusalem,

donde vinieron los hijos de Izate para aprender los usos y la lengua

de los judíos. La familia citada fué un gran recurso para aquel pueblo

de mendigos. Habian tomado como un derecho de ciudadanía en Jerusalem,

en donde se encontraron varios de sus miembros durante el sitio de

Tito[769], al paso que otros figuran en los escritos talmúdicos como

modelos de piedad y de desprendimiento[770].

Así es como la familia real de Adiabene vino á figurar en la

historia del cristianismo. Sin ser cristiana, como han supuesto

varias tradiciones[771], esta familia representó bajo diferentes

conceptos las primicias de los gentiles. Abrazando el judaismo,

obedeció al sentimiento que debia llevar al cristianismo al mundo

pagano entero. Los verdaderos israelitas para con Dios lo eran más

bien aquellos extranjeros, animados por un sentimiento religioso tan

profundamente sincero, que no el fariseo soberbio y perverso, para

quien la religion no era más que un pretexto de ódios y desdenes.

Aquellos buenos prosélitos no eran fanáticos en lo más mínimo porque

eran verdaderamente santos. Admitian que la verdadera religion

podia practicarse con los códigos civiles más diversos; separaban

completamente la religion de la política. La distincion entre los

sectarios sediciosos que se proponian defender rabiosamente á

Jerusalem, y los pacíficos devotos que, al primer rumor de guerra,

habian de refugiarse en las montañas[772], se manifestaba cada dia más.

Vemos, pues, que la cuestion de los prosélitos se presentaba del

mismo modo en el judaismo que en el cristianismo. De una y otra

parte, se sentia la necesidad de tener más tolerancia, y para los que

consideraban la cuestion bajo este punto de vista, la circuncision era

una práctica inútil ó perjudicial, y las observancias mosáistas una

simple señal de raza, que solo tenia valor para los hijos de Abraham.

Antes de ser una religion universal, el judaismo se veia obligado á

limitarse á una especie de deismo, que únicamente imponia los deberes

de la religion natural. Habia de cumplirse con ello una mision sublime,

y una parte del judaismo, en la primera mitad del siglo I, lo hizo

de una manera muy inteligente. Por un lado, el judaismo era uno de

los innumerables cultos nacionales[773] que llenaban el mundo y cuya

santidad no reconocia otra causa que la de haber sido practicado

por sus antepasados; por otro, el judaismo era la religion absoluta,

hecha para todos, y destinada á ser adoptada por todos. El espantoso

desbordamiento de fanatismo que se desarrolló en Judea y que originó

la guerra de exterminio, destruyó este porvenir. El cristianismo fué

el que se encargó de proseguir por su cuenta la tarea que la sinagoga

no habia sabido llevar á cabo. Dejando aparte las cuestiones rituales,

el cristianismo continuó la propaganda monoteista del judaismo. Lo que

favoreciera el éxito del judaismo con las mujeres de Damasco, en el

serrallo de Abennerig, con Elena y otros tantos prosélitos piadosos,

fortaleció al cristianismo en el mundo entero. En tal concepto, la

gloria del último se confunde verdaderamente con la del primero. Una

generacion de fanáticos privó al judaismo de su recompensa, y le

impidió recoger la cosecha que habia preparado.

Los Apóstoles · 第 19 / 43 题