_De algunos milagros, que en las Indias ha obrado Dios en favor de la
Fé, sin méritos de los que los obraron._
Santa Cruz de la Sierra es una provincia muy apartada y grande en
los Reinos del Perú, que tiene vecindad con diversas naciones de
infieles, que aun no tienen luz del Evangelio, si de los años acá que
han ido Padres de nuestra Compañía con ese intento, no se la han dado.
Pero la misma provincia es de Cristianos, y hay en ella Españoles é
Indios bautizados en mucha cuantidad. La manera en que entró allá
la Cristiandad fué ésta: Un soldado de ruín vida, y facineroso en
la provincia de los Charcas, por temor de la justicia, que por sus
delitos le buscaba, entró mucho la tierra adentro, y fué acogido de
los Bárbaros de aquella tierra, á los cuales viendo el Español que
pasaban gran necesidad por falta de agua, y que para que lloviese
hacian muchas supersticiones, como ellos usan, díjoles, que si ellos
hacian lo que él les diría, que luego lloveria. Ellos se ofrecieron
á hacerlo de buena gana. El soldado con esto hizo una grande Cruz, y
púsola en alto, y mandóles que adorasen allí, y pidiesen agua, y ellos
lo hicieron así: cosa maravillosa. Cargó luego tan copiosísima lluvia,
que los Indios cobraron tanta devocion á la santa Cruz, que acudian
á ella con todas sus necesidades, y alcanzaban lo que pedian, tanto,
que vinieron á derribar sus Idolos, y á traer la Cruz por insignia, y
pedir Predicadores que les enseñasen y bautizasen; y la misma provincia
se intitula hasta hoy por eso Santa Cruz de la Sierra. Mas porque se
vea por quien obraba Dios estas maravillas, es bien decir, como el
sobredicho soldado, despues de haber algunos años hechos estos milagros
de Apóstol, no mejorando su vida, salió á la provincia de los Charcas,
y haciendo de las suyas, fué en Potosí públicamente puesto en la horca.
Polo que lo debia de conocer bien, escribe todo esto como cosa notoria
que pasó en su tiempo. En la peregrinacion extraña que escribe Cabeza
de Vaca, el que fué despues Gobernador en el Paraguay, que le sucedió
en la Florida con otros dos ó tres compañeros, que solos quedaron de
una armada, en que pasaron diez años en tierras de Bárbaros, penetrando
hasta la mar del sur, cuenta, y es Autor fidedigno: Que compeliéndoles
los Bárbaros á que les curasen de ciertas enfermedades, y que si
no lo hacian, les quitarian la vida, no sabiendo ellos parte de
medicina, ni teniendo aparejo para ello, compelidos de la necesidad se
hicieron Médicos Evangélicos, y diciendo las oraciones de la Iglesia,
y haciendo la señal de la Cruz, sanaron aquellos enfermos. De cuya
fama hubieron de proseguir el mismo oficio por todos los pueblos, que
fueron innumerables, concurriendo el Señor maravillosamente, de suerte
que ellos se admiraban de sí mismos, siendo hombres de vida comun, y
el uno de ellos un negro. Lancero fué en el Perú un soldado, que no
se saben de él mas méritos que ser soldado, decia sobre las heridas
ciertas palabras buenas, haciendo la señal de la Cruz, y sanaban
luego, de donde vino á decirse como por refrán, el salmo de Lancero.
Y examinado por los que tienen en la Iglesia autoridad, fué aprobado
su hecho y oficio. En la ciudad del Cuzco, cuando estuvieron cercados
los Españoles cercados, y en tanto aprieto que sin ayuda del Cielo
fuera imposible escapar, cuentan personas fidedignas y yo se lo oí,
que echando los Indios fuego arrojadizo sobre el techo de la morada
de los Españoles, que era donde es ahora la Iglesia mayor, siendo el
techo de cierta paja, que allá llaman chicho, y siendo los hachos de
tea muy grandes, jamás prendió, ni quemó cosa, porque una Señora que
estaba en lo alto, apagaba el fuego luego, y esto visiblemente lo
vieron los Indios, y lo dijeron muy admirados. Por relaciones de muchos
y por historias que hay, se sabe de cierto, que en diversas batallas
que los Españoles tuvieron, así en la Nueva-España como en el Perú,
vieron los Indios contrarios en el aire un Caballero con la espada en
la mano, en un caballo blanco, peleando por los Españoles, de donde ha
sido y es tan grande la veneracion que en todas las Indias tienen al
glorioso Apostol Santiago. Otras veces vieron en tales conflictos la
imagen de nuestra Señora, de quien los Cristianos en aquellas partes
han recibido incomparables beneficios. Y si estas obras de el Cielo se
hubiesen de referir por extenso, como han pasado, sería relacion muy
larga. Baste haber tocado esto, con ocasion de la merced que la Reina
de gloria hizo á los nuestros, cuando iban tan apretados y perseguidos
de los Mejicanos: lo cual todo se ha dicho para que se entienda,
que ha tenido nuestro Señor cuidado de favorecer la Fe y Religion
Cristiana, defendiendo á los que la tenian aunque ellos por ventura no
mereciesen por sus obras semejantes regalos y favores del Cielo. Junto
con esto es bien que no se condenen tan absolutamente todas las cosas
de los primeros Conquistadores de las Indias, como algunos Letrados
y Religiosos han hecho con buen celo sin duda, pero demasiado. Porque
aunque por la mayor parte fueron hombres codiciosos, y ásperos, y muy
ignorantes del modo de proceder, que se habia de tener entre infieles,
que jamás habian ofendido á los Cristianos; pero tampoco se puede
negar, que de parte de los infieles hubo muchas maldades contra Dios
y contra los nuestros, que les obligaron á usar de rigor y castigo. Y
lo que es mas, el Señor de todos, aunque los fieles fueron pecadores,
quiso favorecer su causa y partido para bien de los mismos infieles
que habian de convertirse despues por esa ocasion al Santo Evangelio.
Porque los caminos de Dios son altos, y sus trazas maravillosas.