CAPÍTULO XXIII

_De los presagios y prodigios extraños que acaecieron en Méjico, antes

de fenecerse su Imperio._

Aunque la divina Escritura[47] nos veda el dar crédito á agüeros y

pronósticos vanos, y Jeremias nos advierte[48], que de las señales del

Cielo no temamos, como lo hacen los Gentiles; pero enseña con todo eso

la misma Escritura, que en algunas mudanzas universales, y castigos

que Dios quiere hacer, no son de despreciar las señales, monstruos y

prodigios, que suelen preceder muchas veces, como lo advierte Eusebio

Cesariense[49]. Porque el mismo Señor de los Cielos y de la tierra

ordena semejantes extrañezas y novedades en el Cielo, elementos,

animales y otras criaturas suyas, para que en parte sean aviso á los

hombres, y en parte principio de castigo con el temor y espanto que

ponen. En el segundo libro de los Macabeos[50] se escribe, que antes de

aquella grande mudanza y perturbacion del pueblo de Israel, causada por

la tiranía de Antioco llamado Epífanes, al cual intitulan las letras

Sagradas[51] raíz de pecado, acaeció por cuarenta dias enteros verse

por toda Jerusalén grandes escuadrones de caballeros en el aire, que

con armas doradas, y sus lanzas y escudos, y caballos feroces, y con

las espadas sacadas, tirándose é hiriéndose, escaramuzaban unos con

otros; y dicen, que viendo esto los de Jerusalén, suplicaban á Dios

alzase su ira, y que aquellos prodigios parasen en bien. En el libro

de la Sabiduría tambien, cuando quiso Dios sacar de Egipto su pueblo,

y castigar á los Egipcios, se refieren[52] algunas vistas y espantos

de monstruos, como de fuegos vistos á deshora, de gestos horribles que

aparecian. Josefo, en los libros de _Bello Judaico_, cuenta muchos y

grandes prodigios, que precedieron á la destruccion de Jerusalén y

último cautiverio de la desventurada gente, que con tanta razon tuvo

á Dios por contrario. Y de Josefo tomó Eusebio Cesariense[53] y otros

la misma relacion, autorizando aquellos pronósticos. Los Historiadores

están llenos de semejantes observaciones en grandes mudanzas de

estados, ó Repúblicas, ó Religion. Y Paulo Orosio cuenta no pocas:

sin duda no es vana su observancia, porque aunque el dar crédito

ligeramente á pronósticos y señales, es vanidad, y aun supersticion

prohibida por la ley de nuestro Dios, mas en cosas muy grandes y

mudanza de naciones, reinos, y leyes muy notables, no es vano, sino

acertado creer, que la sabiduría del Altísimo ordena ó permite cosas,

que den como alguna nueva de lo que ha de ser, que sirva, como he

dicho, á unos de aviso, y á otros de parte de castigo, y á todos de

indicio, que el Rey de los Cielos tiene cuenta con las cosas de los

hombres. El cual, como para la mayor mudanza del mundo, que será el

dia del Juicio, tiene ordenadas las mayores y mas terribles señales

que se pueden imaginar, así para denotar otras mudanzas menores,

pero notables, en diversas partes del mundo, no deja de dar algunas

maravillosas muestras, que segun la ley de su eterna Sabiduría tiene

dispuestas. Tambien se ha de entender, que aunque el Demonio es padre

de la mentira; pero á su pesar le hace el Rey de gloria confesar

la verdad muchas veces, y aun él mismo de puro miedo y despecho la

dice no pocas. Así daba voces en el desierto[54], y por la boca de

los endemoniados, que Jesús era el Salvador, que habia venido á

destruirle. Así por la Pithonisa decia[55], que Paulo predicaba el

verdadero Dios. Así apareciéndose, y atormentando á la muger de Pilato,

le hizo negociar por Jesús, varon justo. Así otras historias, sin la

sagrada, refieren diversos testimonios de los Idolos en aprobacion

de la Religion Cristiana, de que Lactancio, Próspero y otros hacen

mencion. Léase Eusebio en los libros de la Preparacion Evangélica,

y despues en los de su Demostracion, que trata de esto largamente.

He dicho todo esto tan de propósito, para que nadie desprecie lo que

refieren las historias y Anales de los Indios cerca de los prodigios

extraños, y pronósticos que tuvieron de acabarse su Reino y el Reino

de el Demonio, á quien ellos adoraban juntamente: los cuales, así por

haber pasado en tiempos muy cercanos, cuya memoria está fresca, como

por ser muy conforme á buena razon, que de una tan gran mudanza el

Demonio sagaz se recelase y lamentase, y Dios junto con esto comenzase

á castigar á idólatras tan crueles y abominables, digo que me parecen

dignos de crédito, y por tales los tengo y refiero aquí. Pasó, pues,

de esta manera: que habiendo reinado Motezuma en suma prosperidad

muchos años, y puesto en tan altos pensamientos, que realmente se

hacia servir y temer, y aun adorar, como si fuera Dios, comenzó el

Altísimo á castigarle, y en parte avisarle, con permitir, que los

mismos Demonios á quien adoraba, le diesen tristísimos anuncios de la

pérdida de su Reino, y le atormentasen con pronósticos nunca vistos,

de que él quedó tan melancólico y atónito, que no sabia de sí. El

Idolo de los de Cholóla, que se llama Quezalcóatl, anunció que venía

gente extraña á poseer aquellos Reinos. El Rey de Tezcuco, que era

gran Májico, y tenia pacto con el Demonio, vino á visitar á Motezuma

á deshora, y le certificó, que le habian dicho sus Dioses, que se le

aparejaban á él y á todo su Reino grandes pérdidas y trabajos. Muchos

hechiceros y brujos le iban á decir lo mismo, entre los cuales fué

uno, que muy en particular le dijo lo que despues le vino á suceder;

y estándole hablando advirtió, que le faltaban los dedos pulgares de

los pies y manos. Disgustado de tales nuevas, mandaba prender todos

estos hechiceros, mas ellos se desaparecian presto de la prision, de

que el Motezuma tomaba tanta rabia, que no pudiendo matarlos, hacia

matar sus mugeres é hijos, y destruir sus casas y haciendas. Viéndose

acosado de estos anuncios, quiso aplacar la ira de sus Dioses, y

para esto dió en traer una piedra grandísima, para hacer sobre ella

bravos sacrificios. Yendo á traerla muchísima gente con sus maromas

y recaudo, no pudieron moverla, aunque porfiando quebraron muchas

maromas muy gruesas, mas como porfiasen todavia, oyeron una voz junto á

la piedra, que no trabajasen en vano, que no podrian llevarla, porque

ya el Señor de lo criado no queria que se hiciesen aquellas cosas.

Oyendo esto Motezuma, mandó que allí hiciesen los sacrificios. Dicen

que volvió otra voz: ¿Ya no he dicho, que no es la voluntad del Señor

de lo criado, que se haga eso? Para que veais que es así, yo me dejaré

llevar un rato, y despues no podréis menearme. Fué así, que un rato

la movieron con facilidad, y despues no hubo remedio, hasta que con

muchos ruegos se dejó llevar hasta la entrada de la ciudad de Méjico,

donde súbito se cayó en una acequia, y buscándola no pareció mas,

sino fué en el propio lugar de adonde la habian traído, que allí la

volvieron á hallar, de que quedaron muy confusos y espantados. Por este

propio tiempo apareció en el Cielo una llama de fuego grandísima, y

muy resplandeciente, de figura piramidal, la cual comenzaba á aparecer

á la media noche yendo subiendo, y al amanecer cuando salia el Sol,

llegaba al puesto de medio dia, donde desaparecía. Mostróse de este

modo cada noche por espacio de un año, y todas las veces que salía, la

gente daba grandes gritos, como acostumbran, entendiendo era pronóstico

de gran mal. Tambien una vez, sin haber lumbre en todo el templo, ni

fuera de él, se encendió todo, sin haber trueno ni relámpago, y dando

voces las guardas, acudió muchísima gente con agua, y nada bastó,

hasta que se consumió todo: dicen, que parecia que salia el fuego de

los mismos maderos, y que ardia mas con el agua. Vieron otrosí salir

un Cometa siendo de dia claro, que corrió de poniente á oriente,

echando gran multitud de centellas: dicen era su figura de una cola

muy larga, y al principio tres como cabezas. La laguna grande, que

está entre Méjico y Tezcuco, sin haber aire, ni temblor de tierra,

ni otra ocasion alguna, súbitamente comenzó á hervir, creciendo á

borbollones tanto, que todos los edificios que estaban cerca de ella,

cayeron por el suelo. A este tiempo dicen, se oyeron muchas voces como

de muger angustiada, que decia unas veces, ¡ó hijos míos, que ya se ha

llegado vuestra destruccion! Otras veces decia, ¡ó hijos mios! ¿dónde

os llevaré, para que no os acabeis de perder? Aparecieron tambien

diversos mónstruos con dos cabezas, que llevándolos delante de el Rey

desaparecian. A todos estos mónstruos vencen dos muy extraños: uno

fué, que los pescadores de la laguna tomaron una ave del tamaño de una

grulla y de su color, pero de extraña hechura, y no vista. Lleváronla

á Motezuma; estaba á la sazon en los Palacios que llamaban de llanto

y luto, todos teñidos de negro, porque como tenía diversos Palacios

para recreacion, tambien los tenia para tiempo de pena: y estaba él con

muy grande, por las amenazas que sus Dioses le hacian con tan tristes

anuncios. Llegaron los pescadores á punto de medio dia, y pusiéronle

delante aquella ave, la cual tenia en lo alto de la cabeza una cosa

como lucida y transparente, á manera de espejo, donde vió Motezuma,

que se parecian los Cielos y las estrellas, de que quedó admirado,

volviendo los ojos al Cielo, y no viendo estrellas en él. Volviendo á

mirar en aquel espejo, vió que venia gente de guerra de hácia oriente,

y que venia armada, peleando y matando. Mandó llamar sus agoreros, que

tenia muchos, y habiendo visto lo mismo, y no sabiendo dar razon de lo

que eran preguntados, al mejor tiempo desapareció el ave, que nunca

mas la vieron, de que quedó tristísimo, y todo turbado el Motezuma. Lo

otro que sucedió fué, que le vino á hablar un labrador, que tenía fama

de hombre de bien, y llano, y éste le refirió que estando el día antes

haciendo su sementera, vino una grandísima águila volando hácia él,

y tomóle en peso sin lastimarle, y llevóle á una cierta cueva, donde

le metió, diciendo el águila: Poderosísimo Señor, ya traje á quien

me mandaste. Y el Indio labrador miró á todas partes á ver con quien

hablaba, y no vió á nadie, y en esto oyó una voz que le dijo: ¿Conoces

á ese hombre, que está ahí tendido en el suelo? y mirando al suelo vió

un hombre adormecido, y muy vencido de sueño, con insignias Reales, y

unas flores en la mano, con un pebete de olor ardiendo segun el uso de

aquella tierra, y reconociéndole el labrador, entendió que era el gran

Rey Motezuma. Respondió el labrador, luego despues de haberle mirado:

Gran Señor, éste parece á nuestro Rey Motezuma. Volvió á sonar la voz;

verdad dices, mírale cual está, tan dormido y descuidado de los grandes

trabajos y males que han de venir sobre él. Ya es tiempo que pague las

muchas ofensas que ha hecho á Dios, y las tiranías de su gran soberbia,

y está tan descuidado de esto, y tan ciego en sus miserias, que ya no

siente. Y para que lo veas, toma ese pebete que tiene ardiendo en la

mano, y pégaselo en el muslo, y verás que no siente. El pobre labrador

no osó llegar ni hacer lo que decian, por el gran miedo que todos

tenían á aquel Rey. Mas volvió á decir la voz: No temas, que yo soy mas

sin comparacion que ese Rey: yo le puedo destruir y defenderte á tí,

por eso haz lo que te mando. Con esto el villano, tomando el pebete de

la mano del Rey, pegóselo ardiendo al muslo, y no se meneó, ni mostró

sentimiento. Hecho esto, le dijo la voz, que pues veía cuan dormido

estaba aquel Rey, que le fuese á despertar, y le contase todo lo que

habia pasado y que el águila por el mismo mandado le volvió á llevar

en peso, y le puso en el propio lugar de donde lo habia traído: y en

cumplimiento de lo que se le habia dicho, venia á avisarle. Dicen, que

se miró entonces Motezuma el muslo, y vió que lo tenia quemado, que

hasta entonces no lo habia sentido, de que quedó en extremo triste y

congojado. Pudo ser, que esto que el rústico refirió, le hubiese á

él pasado en imaginaria vision. Y no es increíble, que Dios ordenase

por medio de Angel bueno, ó permitiese, por medio de Angel malo, dar

aquel aviso al rústico (aunque infiel) para castigo de el Rey. Pues

semejantes apariciones leemos en la divina Escritura[56] haberlas

tenido tambien hombres infieles y pecadores, como Nabucodonosor, y

Balam, y la Pithonisa de Saúl. Y cuando algo de estas cosas no hubiese

acaecido tan puntualmente, á lo menos es cierto que Motezuma tuvo

grandes tristezas y congojas por muchos y varios anuncios, de que su

Reino y su ley habian de acabarse presto.

Historia natural y moral de las Indias (vol. 2 of 2) · 第 129 / 141 题