_De los presagios y prodigios extraños que acaecieron en Méjico, antes
de fenecerse su Imperio._
Aunque la divina Escritura[47] nos veda el dar crédito á agüeros y
pronósticos vanos, y Jeremias nos advierte[48], que de las señales del
Cielo no temamos, como lo hacen los Gentiles; pero enseña con todo eso
la misma Escritura, que en algunas mudanzas universales, y castigos
que Dios quiere hacer, no son de despreciar las señales, monstruos y
prodigios, que suelen preceder muchas veces, como lo advierte Eusebio
Cesariense[49]. Porque el mismo Señor de los Cielos y de la tierra
ordena semejantes extrañezas y novedades en el Cielo, elementos,
animales y otras criaturas suyas, para que en parte sean aviso á los
hombres, y en parte principio de castigo con el temor y espanto que
ponen. En el segundo libro de los Macabeos[50] se escribe, que antes de
aquella grande mudanza y perturbacion del pueblo de Israel, causada por
la tiranía de Antioco llamado Epífanes, al cual intitulan las letras
Sagradas[51] raíz de pecado, acaeció por cuarenta dias enteros verse
por toda Jerusalén grandes escuadrones de caballeros en el aire, que
con armas doradas, y sus lanzas y escudos, y caballos feroces, y con
las espadas sacadas, tirándose é hiriéndose, escaramuzaban unos con
otros; y dicen, que viendo esto los de Jerusalén, suplicaban á Dios
alzase su ira, y que aquellos prodigios parasen en bien. En el libro
de la Sabiduría tambien, cuando quiso Dios sacar de Egipto su pueblo,
y castigar á los Egipcios, se refieren[52] algunas vistas y espantos
de monstruos, como de fuegos vistos á deshora, de gestos horribles que
aparecian. Josefo, en los libros de _Bello Judaico_, cuenta muchos y
grandes prodigios, que precedieron á la destruccion de Jerusalén y
último cautiverio de la desventurada gente, que con tanta razon tuvo
á Dios por contrario. Y de Josefo tomó Eusebio Cesariense[53] y otros
la misma relacion, autorizando aquellos pronósticos. Los Historiadores
están llenos de semejantes observaciones en grandes mudanzas de
estados, ó Repúblicas, ó Religion. Y Paulo Orosio cuenta no pocas:
sin duda no es vana su observancia, porque aunque el dar crédito
ligeramente á pronósticos y señales, es vanidad, y aun supersticion
prohibida por la ley de nuestro Dios, mas en cosas muy grandes y
mudanza de naciones, reinos, y leyes muy notables, no es vano, sino
acertado creer, que la sabiduría del Altísimo ordena ó permite cosas,
que den como alguna nueva de lo que ha de ser, que sirva, como he
dicho, á unos de aviso, y á otros de parte de castigo, y á todos de
indicio, que el Rey de los Cielos tiene cuenta con las cosas de los
hombres. El cual, como para la mayor mudanza del mundo, que será el
dia del Juicio, tiene ordenadas las mayores y mas terribles señales
que se pueden imaginar, así para denotar otras mudanzas menores,
pero notables, en diversas partes del mundo, no deja de dar algunas
maravillosas muestras, que segun la ley de su eterna Sabiduría tiene
dispuestas. Tambien se ha de entender, que aunque el Demonio es padre
de la mentira; pero á su pesar le hace el Rey de gloria confesar
la verdad muchas veces, y aun él mismo de puro miedo y despecho la
dice no pocas. Así daba voces en el desierto[54], y por la boca de
los endemoniados, que Jesús era el Salvador, que habia venido á
destruirle. Así por la Pithonisa decia[55], que Paulo predicaba el
verdadero Dios. Así apareciéndose, y atormentando á la muger de Pilato,
le hizo negociar por Jesús, varon justo. Así otras historias, sin la
sagrada, refieren diversos testimonios de los Idolos en aprobacion
de la Religion Cristiana, de que Lactancio, Próspero y otros hacen
mencion. Léase Eusebio en los libros de la Preparacion Evangélica,
y despues en los de su Demostracion, que trata de esto largamente.
He dicho todo esto tan de propósito, para que nadie desprecie lo que
refieren las historias y Anales de los Indios cerca de los prodigios
extraños, y pronósticos que tuvieron de acabarse su Reino y el Reino
de el Demonio, á quien ellos adoraban juntamente: los cuales, así por
haber pasado en tiempos muy cercanos, cuya memoria está fresca, como
por ser muy conforme á buena razon, que de una tan gran mudanza el
Demonio sagaz se recelase y lamentase, y Dios junto con esto comenzase
á castigar á idólatras tan crueles y abominables, digo que me parecen
dignos de crédito, y por tales los tengo y refiero aquí. Pasó, pues,
de esta manera: que habiendo reinado Motezuma en suma prosperidad
muchos años, y puesto en tan altos pensamientos, que realmente se
hacia servir y temer, y aun adorar, como si fuera Dios, comenzó el
Altísimo á castigarle, y en parte avisarle, con permitir, que los
mismos Demonios á quien adoraba, le diesen tristísimos anuncios de la
pérdida de su Reino, y le atormentasen con pronósticos nunca vistos,
de que él quedó tan melancólico y atónito, que no sabia de sí. El
Idolo de los de Cholóla, que se llama Quezalcóatl, anunció que venía
gente extraña á poseer aquellos Reinos. El Rey de Tezcuco, que era
gran Májico, y tenia pacto con el Demonio, vino á visitar á Motezuma
á deshora, y le certificó, que le habian dicho sus Dioses, que se le
aparejaban á él y á todo su Reino grandes pérdidas y trabajos. Muchos
hechiceros y brujos le iban á decir lo mismo, entre los cuales fué
uno, que muy en particular le dijo lo que despues le vino á suceder;
y estándole hablando advirtió, que le faltaban los dedos pulgares de
los pies y manos. Disgustado de tales nuevas, mandaba prender todos
estos hechiceros, mas ellos se desaparecian presto de la prision, de
que el Motezuma tomaba tanta rabia, que no pudiendo matarlos, hacia
matar sus mugeres é hijos, y destruir sus casas y haciendas. Viéndose
acosado de estos anuncios, quiso aplacar la ira de sus Dioses, y
para esto dió en traer una piedra grandísima, para hacer sobre ella
bravos sacrificios. Yendo á traerla muchísima gente con sus maromas
y recaudo, no pudieron moverla, aunque porfiando quebraron muchas
maromas muy gruesas, mas como porfiasen todavia, oyeron una voz junto á
la piedra, que no trabajasen en vano, que no podrian llevarla, porque
ya el Señor de lo criado no queria que se hiciesen aquellas cosas.
Oyendo esto Motezuma, mandó que allí hiciesen los sacrificios. Dicen
que volvió otra voz: ¿Ya no he dicho, que no es la voluntad del Señor
de lo criado, que se haga eso? Para que veais que es así, yo me dejaré
llevar un rato, y despues no podréis menearme. Fué así, que un rato
la movieron con facilidad, y despues no hubo remedio, hasta que con
muchos ruegos se dejó llevar hasta la entrada de la ciudad de Méjico,
donde súbito se cayó en una acequia, y buscándola no pareció mas,
sino fué en el propio lugar de adonde la habian traído, que allí la
volvieron á hallar, de que quedaron muy confusos y espantados. Por este
propio tiempo apareció en el Cielo una llama de fuego grandísima, y
muy resplandeciente, de figura piramidal, la cual comenzaba á aparecer
á la media noche yendo subiendo, y al amanecer cuando salia el Sol,
llegaba al puesto de medio dia, donde desaparecía. Mostróse de este
modo cada noche por espacio de un año, y todas las veces que salía, la
gente daba grandes gritos, como acostumbran, entendiendo era pronóstico
de gran mal. Tambien una vez, sin haber lumbre en todo el templo, ni
fuera de él, se encendió todo, sin haber trueno ni relámpago, y dando
voces las guardas, acudió muchísima gente con agua, y nada bastó,
hasta que se consumió todo: dicen, que parecia que salia el fuego de
los mismos maderos, y que ardia mas con el agua. Vieron otrosí salir
un Cometa siendo de dia claro, que corrió de poniente á oriente,
echando gran multitud de centellas: dicen era su figura de una cola
muy larga, y al principio tres como cabezas. La laguna grande, que
está entre Méjico y Tezcuco, sin haber aire, ni temblor de tierra,
ni otra ocasion alguna, súbitamente comenzó á hervir, creciendo á
borbollones tanto, que todos los edificios que estaban cerca de ella,
cayeron por el suelo. A este tiempo dicen, se oyeron muchas voces como
de muger angustiada, que decia unas veces, ¡ó hijos míos, que ya se ha
llegado vuestra destruccion! Otras veces decia, ¡ó hijos mios! ¿dónde
os llevaré, para que no os acabeis de perder? Aparecieron tambien
diversos mónstruos con dos cabezas, que llevándolos delante de el Rey
desaparecian. A todos estos mónstruos vencen dos muy extraños: uno
fué, que los pescadores de la laguna tomaron una ave del tamaño de una
grulla y de su color, pero de extraña hechura, y no vista. Lleváronla
á Motezuma; estaba á la sazon en los Palacios que llamaban de llanto
y luto, todos teñidos de negro, porque como tenía diversos Palacios
para recreacion, tambien los tenia para tiempo de pena: y estaba él con
muy grande, por las amenazas que sus Dioses le hacian con tan tristes
anuncios. Llegaron los pescadores á punto de medio dia, y pusiéronle
delante aquella ave, la cual tenia en lo alto de la cabeza una cosa
como lucida y transparente, á manera de espejo, donde vió Motezuma,
que se parecian los Cielos y las estrellas, de que quedó admirado,
volviendo los ojos al Cielo, y no viendo estrellas en él. Volviendo á
mirar en aquel espejo, vió que venia gente de guerra de hácia oriente,
y que venia armada, peleando y matando. Mandó llamar sus agoreros, que
tenia muchos, y habiendo visto lo mismo, y no sabiendo dar razon de lo
que eran preguntados, al mejor tiempo desapareció el ave, que nunca
mas la vieron, de que quedó tristísimo, y todo turbado el Motezuma. Lo
otro que sucedió fué, que le vino á hablar un labrador, que tenía fama
de hombre de bien, y llano, y éste le refirió que estando el día antes
haciendo su sementera, vino una grandísima águila volando hácia él,
y tomóle en peso sin lastimarle, y llevóle á una cierta cueva, donde
le metió, diciendo el águila: Poderosísimo Señor, ya traje á quien
me mandaste. Y el Indio labrador miró á todas partes á ver con quien
hablaba, y no vió á nadie, y en esto oyó una voz que le dijo: ¿Conoces
á ese hombre, que está ahí tendido en el suelo? y mirando al suelo vió
un hombre adormecido, y muy vencido de sueño, con insignias Reales, y
unas flores en la mano, con un pebete de olor ardiendo segun el uso de
aquella tierra, y reconociéndole el labrador, entendió que era el gran
Rey Motezuma. Respondió el labrador, luego despues de haberle mirado:
Gran Señor, éste parece á nuestro Rey Motezuma. Volvió á sonar la voz;
verdad dices, mírale cual está, tan dormido y descuidado de los grandes
trabajos y males que han de venir sobre él. Ya es tiempo que pague las
muchas ofensas que ha hecho á Dios, y las tiranías de su gran soberbia,
y está tan descuidado de esto, y tan ciego en sus miserias, que ya no
siente. Y para que lo veas, toma ese pebete que tiene ardiendo en la
mano, y pégaselo en el muslo, y verás que no siente. El pobre labrador
no osó llegar ni hacer lo que decian, por el gran miedo que todos
tenían á aquel Rey. Mas volvió á decir la voz: No temas, que yo soy mas
sin comparacion que ese Rey: yo le puedo destruir y defenderte á tí,
por eso haz lo que te mando. Con esto el villano, tomando el pebete de
la mano del Rey, pegóselo ardiendo al muslo, y no se meneó, ni mostró
sentimiento. Hecho esto, le dijo la voz, que pues veía cuan dormido
estaba aquel Rey, que le fuese á despertar, y le contase todo lo que
habia pasado y que el águila por el mismo mandado le volvió á llevar
en peso, y le puso en el propio lugar de donde lo habia traído: y en
cumplimiento de lo que se le habia dicho, venia á avisarle. Dicen, que
se miró entonces Motezuma el muslo, y vió que lo tenia quemado, que
hasta entonces no lo habia sentido, de que quedó en extremo triste y
congojado. Pudo ser, que esto que el rústico refirió, le hubiese á
él pasado en imaginaria vision. Y no es increíble, que Dios ordenase
por medio de Angel bueno, ó permitiese, por medio de Angel malo, dar
aquel aviso al rústico (aunque infiel) para castigo de el Rey. Pues
semejantes apariciones leemos en la divina Escritura[56] haberlas
tenido tambien hombres infieles y pecadores, como Nabucodonosor, y
Balam, y la Pithonisa de Saúl. Y cuando algo de estas cosas no hubiese
acaecido tan puntualmente, á lo menos es cierto que Motezuma tuvo
grandes tristezas y congojas por muchos y varios anuncios, de que su
Reino y su ley habian de acabarse presto.