_Que Tlacaellél no quiso ser Rey, y de la eleccion y sucesos de
Tizocíc._
Juntáronse los cuatro Diputados con los Señores de Tezcuco y Tacuba;
y presidiendo Tlacaellél, procedieron á hacer eleccion de Rey, y
encaminando todos sus votos á Tlacaellél, como quien merecia mejor
aquel cargo que otro alguno, él lo rehusó con razones eficaces, que
persuadieron á elegir otro. Porque decia él, que era mejor para la
República que otro fuese Rey, y él fuese su ejecutor y coadjutor, como
lo habia sido hasta entonces, que no cargar todo sobre él solo, pues
sin ser Rey, era cierto que habia de trabajar por su República, no
menos que si lo fuese. No es cosa muy usada no admitir el supremo lugar
y mando, y querer el cuidado y trabajo, y no la honra y potestad; ni
aun acaece que el que puede por sí manejarlo todo, huelgue que otro
tenga la principal mano, á trueque que el negocio de la República salga
mejor. Este bárbaro en esto hizo ventaja á los muy sabios Romanos y
Griegos, y sino díganlo Alejandro y Julio Cesar, que al uno se le hizo
poco mandar un mundo, y á los mas queridos y leales de los suyos sacó
la vida á crueles tormentos, por livianas sospechas de que querian
reinar. Y el otro se declaró por enemigo de su patria, diciendo, que
si se habia de torcer del derecho, por solo reinar se habia de torcer:
tanta es la sed que los hombres tienen de mandar. Aunque el hecho
de Tlacaellél tambien pudo nacer de una demasiada confianza de sí,
pareciéndole que sin ser Rey lo era, pues cuasi mandaba á los Reyes; y
aun ellos le permitian traer cierta insignia como tiara, que á solos
los Reyes pertenecia. Mas con todo, merece alabanza este hecho, y mayor
su consideracion, de tener en mas el poder mejor ayudar á la República
siendo súbdito, que siendo supremo Señor; pues en efecto es ello asi,
que como en una comedia aquél merece mas gloria, que toma y representa
el personage que mas importa, aunque sea de pastor ó villano, y deja
el de Rey ó Capitan á otro que lo sabe hacer, así en buena Filosofía
deben los hombres mirar mas el bien comun, y aplicarse al oficio y
estado que entienden mejor. Pero esta Filosofía es mas remontada de
lo que al presente se platica. Y con tanto, pasemos á nuestro cuento
con decir, que en pago de su modestia, y por el respeto que le tenian
los Electores Mejicanos, pidieron á Tlacaellél, que pues no queria
reinar, dijese quien le parecia reinase. El dió su voto á un hijo del
Rey muerto, muy muchacho, por nombre Tizocíc, y respondiéronle, que
eran muy flacos hombros para tanto peso: respondió, que los suyos
estaban allí para ayudarle á llevar la carga, como habia hecho con los
pasados; con esto se resumieron, y salió electo el Tizocíc, y con él
se hicieron las ceremonias acostumbradas. Horadáronle la nariz, y por
gala pusiéronle allí una esmeralda, y esa es la causa que en sus libros
de los Mejicanos se denota este Rey por la nariz horadada. Este salió
muy diferente de su padre y antecesor, porque le notaron por hombre
poco belicoso y cobarde: fue para coronarse á debelar una provincia
que estaba alzada; y en la jornada perdió mucho mas de su gente, que
cautivó de sus enemigos; con todo eso volvió diciendo traia el número
de cautivos que se requeria para los sacrificios de su coronacion; y
así se coronó con gran solemnidad. Pero los Mejicanos, descontentos de
tener Rey poco animoso y guerrero, trataron de darle fin con ponzoña,
y así no duró en el Reino mas de cuatro años. Donde se ve bien, que
los hijos no siempre sacan con la sangre el valor de los padres, y
que cuanto mayor ha sido la gloria de los predecesores, tanto mas es
aborrecible el desvalor y vileza de los que suceden en el mando, y no
en el merecimiento. Pero restauró bien esta pérdida otro hermano del
muerto, hijo tambien del gran Motezuma, el cual se llamó Axayaca, y por
parecer de Tlacaellél fue electo, acertando mas en éste que el pasado.