_Del quinto Rey de Méjico, llamado Motezuma, primero de este nombre._
La eleccion del nuevo Rey tocaba á los cuatro Electores principales
(como en otra parte se dijo), y juntamente, por especial privilegio, al
Rey de Tezcuco y al Rey de Tacuba. A estos seis juntó Tlacaellél, como
quien tenia suprema autoridad, y propuesto el negocio, salió electo
Motezuma, primero de este nombre, sobrino del mismo Tlacaellél. Fue su
eleccion muy acepta, y así se hicieron solemnísimas fiestas con mayor
aparato que á los pasados. Luego que lo eligieron, le llevaron con gran
acompañamiento al templo, y delante del brasero, que llamaban divino,
en que siempre habia fuego de dia y de noche, le pusieron un trono
Real, y atavíos de Rey: allí con unas puntas de tigre y de venado, que
para esto tenian, sacrificó el Rey á su Idolo sacándose sangre de las
orejas, de los molledos y de las espinillas, que así gustaba el Demonio
de ser honrado. Hicieron sus arengas allí los Sacerdotes, y ancianos
y Capitanes, dándole todos el parabien. Usábanse en tales elecciones
grandes banquetes y bailes, y mucha cosa de luminarias. E introdújose
en tiempo de este Rey, que para la fiesta de su coronacion fuese él
mismo en persona á mover guerra á alguna parte, de donde trajese
cautivos, con que se hiciesen solemnes sacrificios, y desde aquel
dia quedó esto por ley. Así fue Motezuma á la Provincia de Chálco,
que se habian declarado por enemigos, donde peleando valerosamente
hubo gran suma de cautivos, con que ofreció un insigne sacrificio el
dia de su coronacion, aunque por entonces no dejó del todo rendida y
allanada la Provincia de Chálco, que era de gente belicosa. Este dia
de la coronacion acudian de diversas tierras, cercanas y remotas, á
ver las fiestas, y á todos daban abundantes y principales comidas, y
vestian á todos, especialmente á los pobres, de ropas nuevas. Para
lo cual el mismo dia entraban por la ciudad los tributos del Rey
con gran órden y aparato, ropa de toda suerte, cacao, oro, plata,
plumería rica, grandes fardos de algodón, ají, pepitas, diversidad de
legumbres, muchos géneros de pescados de mar y de rios, cuantidad de
frutas, y caza sin cuento, sin los innumerables presentes, que los
Reyes y Señores enviaban al nuevo Rey. Venia todo el tributo por sus
cuadrillas, segun diversas Provincias: iban delante los Mayordomos
y Cobradores con diversas insignias: todo esto con tanto órden y con
tanta policía, que era no menos de ver la entrada de los tributos, que
toda la demas fiesta. Coronado el Rey, dióse á conquistar diversas
Provincias, y siendo valeroso y virtuoso llegó de mar á mar, valiéndose
en todo del consejo y astucia de su General Tlacaellél, á quien amó y
estimó mucho, como era razon. La guerra en que mas se ocupó, y con mas
dificultad, fue la de la Provincia de Chálco, en la cual acaecieron
grandes cosas. Fue una bien notable, que habiéndole cautivado un
hermano suyo, pretendieron los Chálcas hacerle su Rey, y para ello le
enviaron recados muy comedidos y obligatorios. El viendo su porfia les
dijo, que si en efecto querian alzarle por Rey, levantasen en la plaza
un madero altísimo, y en lo alto de él le hiciesen un tabladillo, donde
él subiese. Creyendo era ceremonia de quererse mas ensalzar, lo cual
pusieron así por obra, y juntando él todos sus Mejicanos al derredor
del madero, subió en lo alto con un ramillete de flores en la mano, y
desde allí habló á los suyos en esta forma: ¡O valerosos Mejicanos!
éstos me quieren alzar por Rey suyo; mas no permitan los Dioses, que
yo por ser Rey, haga traicion á mi patria: antes quiero que aprendais
de mí; dejaros antes morir, que pasaros á vuestros enemigos: diciendo
esto, se arrojó é hizo mil pedazos. De cuyo espectáculo cobraron tanto
horror y enojo los Chálcas, que luego dieron en los Mejicanos, y allí
los acabaron á lanzadas como á gente fiera é inexorable, diciendo,
que tenian endemoniados corazones. La noche siguiente acaeció oir dos
buhos dando ahullidos tristes el uno al otro, con que los de Chálco
tomaron por agüero, que habian de ser presto destruidos. Y fue así,
que el Rey Motezuma vino en persona sobre ellos con todo su poder, y
los venció, y arruinó todo su Reino: y pasando la sierra nevada fue
conquistando hasta la mar del Norte, y dando vuelta hácia la del Sur
tambien ganó y sujetó diversas Provincias, de manera, que se hizo
poderosísimo Rey: todo esto con el ayuda y consejo de Tlacaellél, á
quien se debe cuasi todo el Imperio Mejicano. Con todo fue de parecer
(y así se hizo) que no se conquistase la Provincia de Tlascala, porque
tuviesen allí los Mejicanos frontera de enemigos, donde ejercitasen
las armas los mancebos de Méjico, y juntamente tuviesen copia de
cautivos, de que hacer sacrificios á sus Idolos, que como ya se ha
visto, consumian gran suma de hombres en ellos, y éstos habian de ser
forzoso tomados en guerra. A este Rey Motezuma, ó por mejor decir, á su
General Tlacaellél, se debe todo el orden y policía que tuvo Méjico,
de Consejos, Consistorios y Tribunales para diversas causas, en que
hubo gran órden, y tanto número de Consejos, y de Jueces, como en
cualquiera República de las mas floridas de Europa. Este mismo Rey puso
su casa Real en gran autoridad, haciendo muchos y diversos Oficiales,
y servíase con gran ceremonia y aparato. En el culto de sus Idolos
no se señaló menos, ampliando el número de Ministros, é instituyendo
nuevas ceremonias, y teniendo observancia extraña en su ley y vana
supersticion. Edificó aquel gran templo á su Dios Vitzilipúztli, de que
en otro libro se hizo mencion. En la dedicacion de el templo ofreció
innumerables sacrificios de hombres, que él en varias victorias habia
habido. Finalmente, gozando de grande prosperidad de su Imperio,
adoleció y murió habiendo reinado veinte y ocho años, bien diferente de
su sucesor Tizocíc, que ni en valor, ni en buena dicha le pareció.