_De la guerra que tuvieron con los de Culhuacán._
Por consejo del Idolo enviaron sus mensageros al Señor de Culhuacán,
pidiéndole sitio donde poblar; y despues de haberlo consultado con
los suyos, les señaló á Tizaapán, que quiere decir Aguas-Blancas, con
intento de que se perdiesen y muriesen, porque en aquel sitio habia
grande suma de vívoras, culebras y otros animales ponzoñosos, que se
criaban en un cerro cercano; mas ellos, persuadidos y enseñados de su
Demonio, admitieron de buena gana lo que les ofrecieron, y por arte
diabólica amansaron todos aquellos animales, sin que les hiciesen
daño alguno, y aun los convirtieron en mantenimiento, comiendo muy á
su salvo y placer de ellos. Visto esto por el Señor de Culhuacán, y
que habian hecho sementeras, y cultivaban la tierra, tuvo por bien
admitirlos á su ciudad, y contratar con ellos muy de amistad; mas el
Dios que los Mejicanos adoraban (como suele) no hacia bien, sino para
hacerles mal. Dijo, pues, á sus sacerdotes, que no era aquél el sitio
adonde él queria que permaneciesen, y que el salir de allí habia de
ser trabando guerra; y para esto se habia de buscar una muger, que se
habia de llamar la Diosa de la Discordia, y fue la traza enviar á pedir
al Rey de Culhuacán su hija para Reina de los Mejicanos, y madre de
su Dios: á él le pareció bien la embajada, y luego la dió con mucho
aderezo y acompañamiento. Aquella misma noche que llegó, por órden del
homicida á quien adoraban, mataron cruelmente la moza, y desollándole
el cuero, como lo hacen delicadamente, vistiéronle á un mancebo, y
encima sus ropas de ella, y de esta suerte le pusieron junto al Idolo,
dedicándola por Diosa, y madre de su Dios; y siempre de allí adelante
la adoraban, haciéndole despues Idolo, que llamaron Tozi, que es
nuestra abuela. No contentos con esta crueldad, convidaron con engaño
al Rey de Culhuacán, padre de la moza, que viniese á adorar á su hija,
que estaba ya consagrada Diosa; y viniendo él con grandes presentes
y mucho acompañamiento de los suyos, metiéronle á la capilla donde
estaba su Idolo, que era muy obscura, para que ofreciese sacrificio
á su hija, que estaba allí; mas acaeció encenderse el incienso que
ofrecian en un brasero á su usanza, y con la llama reconoció el pellejo
de su hija, y entendida la crueldad y engaño, salió dando voces, y con
toda su gente dió en los Mejicanos con rabia y furia, hasta hacerles
retirar á la laguna, tanto, que cuasi se hundian en ella. Los Mejicanos
defendiéndose, y arrojando ciertas varas, que usaban, con que herian
reciamente á sus contrarios, en fin cobraron la tierra, y desamparando
aquel sitio, se fueron bajando la laguna, muy destrozados y mojados,
llorando, y dando alaridos los niños y mugeres contra ellos, y contra
su Dios, que en tales pasos los traía. Hubieron de pasar un rio, que
no se pudo vadear, y de sus rodelas, fisgas y juncia hicieron unas
balsillas, en que pasaron: en fin, rodeando de Culhuacán, vinieron
á Iztapalápa, y de allí á Acatzintitlán, y despues á Iztacálco, y
finalmente al lugar donde está hoy la Hermita de San Anton, á la
entrada de Méjico, y al barrio que se llama al presente de San Pablo,
consolándoles su Idolo en los trabajos, y animándoles con promesas de
cosas grandes.