_De los bailes y fiestas de los Indios._
Porque es parte de buen gobierno tener la república sus recreaciones
y pasatiempos, cuando conviene, es bien digamos algo de lo que cuanto
á esto usaron los Indios, mayormente los Mejicanos. Ningun linage de
hombres que vivan en comun, se ha descubierto, que no tenga su modo
de entretenimiento y recreacion, con juegos ó bailes, ó ejercicios de
gusto. En el Perú ví un género de pelea hecha en juego, que se encendia
con tanta porfia de los bandos, que venia á ser bien peligrosa su
puella, que así la llamaban. Ví tambien mil diferencias de danzas,
en que imitan diversos oficios, como de ovejeros, labradores, de
pescadores, de monteros; ordinariamente eran todas con sonido, paso y
compás muy espacioso y flemático. Otras danzas habia de enmascarados,
que llaman guacónes; y las máscaras y su gesto eran del puro demonio.
Tambien danzaban unos hombres sobre los hombros de los otros, al modo
que en Portugal llevan las Pelas, que ellos llaman. De estas danzas
la mayor parte era superstición y género de idolatría, porque así
veneraban sus Idolos y Guácas; por lo cual han procurado los Prelados
evitarles lo mas que pueden semejantes danzas, aunque por ser mucha
parte de ella pura recreacion, les dejan que todavia dancen y bailen
á su modo. Tañen diversos instrumentos para estas danzas: unas como
flautillas ó cañutillos: otros como atambores: otros como caracoles:
lo mas ordinario es en voz cantar todos, yendo uno ó dos diciendo sus
poesías, y acudiendo los demas á responder con el pie de la copla.
Algunos de estos romances eran muy artificiosos, y contenian historia:
otros eran llenos de supersticion: otros eran puros disparates. Los
nuestros que andan entre ellos, han probado ponerles las cosas de
nuestra santa Fé en su modo de canto, y es cosa grande el provecho que
se halla, porque con el gusto del canto y tonada están dias enteros
oyendo y repitiendo sin cansarse. Tambien han puesto en su lengua
composiciones y tonadas nuestras, como de octavas y canciones, de
romances, de redondillas; y es maravilla cuán bien las toman los
Indios, y cuanto gustan: es cierto gran medio éste, y muy necesario
para esta gente. En el Perú llamaban estos bailes comunmente Taquí:
en otras Provincias de Indias se llamaban Areytos: en Méjico se dicen
Mitotes. En ninguna parte hubo tanta curiosidad de juegos y bailes
como en la Nueva-España, donde hoy dia se ven Indios volteadores, que
admiran, sobre una cuerda: otros sobre un palo alto derecho puestos
de pies danzan y hacen mil mudanzas: otros con las plantas de los
pies y con las corvas menean y echan en alto, y revuelven un tronco
pesadísimo, que no parece cosa creíble, sino es viéndolo: hacen otras
mil pruebas de gran sutileza en trepar, saltar, voltear, llevar
grandísimo peso, sufrir golpes, que bastan á quebrantar hierro, de todo
lo cual se ven pruebas harto donosas. Mas el ejercicio de recreacion
mas tenido de los Mejicanos es el solemne Mitote, que es un baile que
tenian por tan autorizado, que entraban á veces en él los Reyes; y no
por fuerza, como el Rey Don Pedro de Aragon con el Barbero de Valencia.
Hacíase este baile ó Mitote de ordinario en los patios de los templos
y de las casas Reales, que eran los mas espaciosos. Ponian en medio
del patio dos instrumentos: uno de hechura de atambor, y otro de forma
de barril hecho de una pieza hueco por de dentro, y puesto como sobre
una figura de hombre ó de animal, ó de una columna. Estaban ambos
templados de suerte, que hacian entre si buena consonancia. Hacían con
ellos diversos sones, y eran muchos y varios los cantores: todos iban
cantando y bailando al son, con tanto concierto, que no discrepaba el
uno del otro, yendo todos á una, así en las voces, como en el mover los
pies, con tal destreza, que era de ver. En estos bailes se hacian dos
ruedas de gente: en medio, donde estaban los instrumentos, se ponian
los ancianos, señores y gente mas grave, y allí cuasi á pie quieto
bailaban y cantaban. Al derredor de éstos, bien desviados, salian de
dos en dos los demás, bailando en corro con mas ligereza, y haciendo
diversas mudanzas, y ciertos saltos á propósito, y entre sí venian á
hacer una rueda muy ancha y espaciosa. Sacaban en estos bailes las
ropas mas preciosas, y diversas joyas, segun que cada uno podia. Tenian
en esto gran punto, y así desde niños se enseñaban á este género de
danzas, aunque muchas de estas danzas se hacian en honra de sus Idolos;
pero no era eso de su institucion, sino, como está dicho, un género
de recreacion y regocijo para el pueblo, y así no es bien quitárselas
á los Indios, sino procurar no se mezcle supersticion alguna. En
Tepotzotlan, que es un pueblo siete leguas de Méjico, ví hacer el
baile ó Mitote, que he dicho, en el patio de la Iglesia, y me pareció
bien ocupar y entretener los Indios los dias de fiesta, pues tienen
necesidad de alguna recreacion; y en aquella que es pública y sin
perjuicio de nadie hay menos inconvenientes que en otras, que podrian
hacer á sus solas, si les quitasen éstas; y generalmente es digno de
admitir, que lo que se pudiere dejar á los Indios de sus costumbres y
usos (no habiendo mezcla de sus errores antiguos), es bien dejarlo; y
conforme al consejo de San Gregorio, Papa, procurar que sus fiestas y
regocijos se encaminen al honor de Dios y de los Santos, cuyas fiestas
celebran. Esto podrá bastar así en comun de los usos y costumbres
políticas de los Mejicanos: de su origen, acrecentamiento é Imperio,
porque es negocio más largo, y que será de gusto entenderse de raíz,
quedará el tratarse para otro libro.