_De la fiesta de los Mercaderes que usaron los Cholutécas._
Aunque se ha dicho harto del culto que los Mejicanos daban á sus
Dioses; pero porque el que se llamaba Quetzaálcoátl, y era Dios de
gente rica, tenia particular veneracion y solemnidad, se dirá aquí lo
que de su fiesta refieren. Solemnizábase la fiesta de este Idolo en
esta forma: Cuarenta dias antes compraban los Mercaderes un esclavo
bien hecho, sin mácula, ni señal alguna, así de enfermedad, como de
herida ó golpe: á éste le vestian con los atavios del mismo Idolo, para
que le representase estos cuarenta dias; y antes que le vistiesen,
le purificaban, lavándole dos veces en un lago, que llamaban de los
Dioses; y despues de purificado, le vestian en la forma que el Idolo
estaba vestido. Era muy reverenciado en estos cuarenta dias, por lo que
representaba: enjaulábanle de noche, como queda dicho, porque no se
fuese, y luego de mañana lo sacaban de la jaula, y le ponian en lugar
preeminente, y allí le servian, dándole á comer preciosas viandas.
Despues de haber comido, poníanle sartales de flores al cuello, y
muchos ramilletes en las manos: traía su guardia muy cumplida, con
otra mucha gente que le acompañaba, y salian con él por la ciudad,
el cual iba cantando y bailando por toda ella, para ser conocido por
semejanza de su Dios; y en comenzando á cantar, salian de sus casas las
mugeres y niños á saludarle y ofrecerle ofrendas como á Dios. Nueve
dias antes de la fiesta venian ante él dos viejos muy venerables de
las dignidades del templo; y humillándose ante él, le decian con una
voz muy humilde y baja: Señor, sabrás que de aquí á nueve dias se te
acaba el trabajo de bailar y cantar, porque entonces has de morir; y
él habia de responder, que fuese mucho de enhorabuena. Llamaban á esta
ceremonia Neyólo Maxílt Iléztli, que quiere decir el apercibimiento; y
cuando le apercibian, mirábanle con mucha atencion, si se entristecia,
ó si bailaba con el contento que solía; y si no lo hacia con la
alegría que ellos deseaban, hacian una supersticion asquerosa, y era,
que iban luego y tomaban las navajas del sacrificio, y lavábanles la
sangre humana que estaba en ellas pegada de los sacrificios pasados,
y con aquellas lavazas, hacianle una bebida mezclada con otra de
cacao, y dabánsela á beber, porque decian, que hacía tal operacion
en él, que quedaba sin alguna memoria de lo que le habian dicho, y
cuasi insensible, volviendo luego al ordinario canto; y aun dicen, que
con este medio él mismo con mucha alegría se ofrecia á morir, siendo
hechizado con aquel brebage. La causa porque procuraban quitar á éste
la tristeza era, porque lo tenian por muy mal agüero, y pronóstico de
algun gran mal. Llegado el dia de la fiesta, á media noche, despues
de haberle hecho mucha honra de música é incienso, tomábanle los
Sacrificadores, y sacrificaban al modo arriba dicho, haciendo ofrenda
de su corazon á la Luna; y despues arrojándolo al Idolo, dejando caer
el cuerpo por las gradas del templo abajo, de donde lo alzaban los
que le habian ofrecido, que eran los Mercaderes, cuya fiesta era
ésta; y llevándolo á la casa del mas principal, lo hacian aderezar en
diferentes manjares, para celebrar en amaneciendo el banquete y comida
de la fiesta, dando primero los buenos dias al Idolo, con un pequeño
baile que hacian mientras amanecia, y se guisaba el sacrificado.
Juntábanse despues todos los Mercaderes á este banquete, especialmente
los que tenian trato de vender y comprar esclavos, á cuyo cargo era
ofrecer cada año un esclavo para la semejanza de su Dios. Era este
Idolo de los mas principales de aquella tierra, como queda referido;
y así el templo en que estaba era de mucha autoridad, el cual tenia
sesenta gradas para subir á él, y en la cumbre de ellas se formaba
un patio de mediana anchura, muy curiosamente encalado: en medio de
él habia una pieza grande y redonda á manera de horno, y la entrada
estrecha y baja, que para entrar era menester inclinarse mucho. Tenia
este templo los aposentos que los demas, donde habia recogimiento de
Sacerdotes, mozos y mozas, y de muchachos, como queda dicho, á los
cuales asistia solo un Sacerdote, que continuamente residia allí, el
cual era como semanero, porque puesto caso que habia de ordinario tres
ó cuatro curas ó dignidades en cualquiera templo, servia cada uno una
semana sin salir de allí. El oficio del semanero de este templo,
despues de la doctrina de los mozos, era, que todos los dias, á la hora
que se pone el Sol, tañía un grande atambor, haciendo señal con él,
como nosotros usamos tañer á la oracion. Era tan grande este atambor,
que su sonido ronco se oía por toda la ciudad; y en oyéndolo, se ponian
todos en tanto silencio, que parecia no haber hombre, desbaratándose
los mercados, y recogiéndose la gente, con que quedaba todo en grande
quietud y sosiego. Al alba, cuando ya amanecia, le volvia á tocar, con
que se daba señal de que ya amanecia; y así los caminantes y forasteros
se aprestaban con aquella señal, para hacer sus viages, estando hasta
entonces impedidos para poder salir de la ciudad. Este templo tenia un
patio mediano, donde el dia de su fiesta se hacian grandes bailes y
regocijos, y muy graciosos entremeses, para lo cual habia en medio de
este patio un pequeño teatro de á treinta pies en cuadro, curiosamente
encalado, el cual enramaban y aderezaban para aquel dia, con toda la
policía posible, cercándolo todo de arcos hechos de diversidad de
flores y plumería, colgando á trechos muchos pájaros, conejos, y otras
cosas apacibles, donde, despues de haber comido, se juntaba toda la
gente. Salian los representantes, y hacian entremeses, haciéndose
sordos, arromadizados, cojos, ciegos y mancos, viniendo á pedir sanidad
al Idolo: los sordos respondiendo adefesios; y los arromadizados
tosiendo: los cojos cojeando decian sus miserias y quejas, con que
hacian reir grandemente al pueblo. Otros salian en nombre de las
sabandijas: unos vestidos como escarabajos, y otros como sapos, y otros
como lagartijas, &c.; y encontrándose allí, referian sus oficios; y
volviendo cada uno por sí, tocaban algunas flautillas, de que gustaban
sumamente los oyentes, porque eran muy ingeniosas: fingian asimismo
muchas mariposas y pájaros de muy diversos colores, sacando vestidos á
los muchachos del templo en aquestas formas, los cuales subiéndose en
una arboleda, que allí plantaban, los Sacerdotes del templo les tiraban
con cebratanas, donde habia en defensa de los unos, y ofensa de los
otros, graciosos dichos, con que entretenian los circunstantes; lo cual
concluído, hacian un mitote ó baile con todos estos personages, y se
concluía la fiesta; y esto acostumbraban hacer en las mas principales
fiestas.